La defenestración de Rubén Rocha Moya evidencia grietas en Morena
Miguel Ángel Rivera, Opinión martes 25, Ago 2026CLASE POLITICA Miguel Ángel Rivera
La desobediencia se paga muy cara. Eso lo sabe prácticamente cualquier niño desde la más tierna edad y ahora lo confirma el gobernador, nuevamente con licencia, de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
Hasta hace unos cuantos días, el político originario de Badiraguato tenía sobre sí a uno de los sistemas de justicia más implacables (con los considerados enemigos, con los amigos), el de los Estados Unidos enfocados en la persecución de los cárteles internacionales de narcotráfico, a los que han clasificado como terroristas, calificación que los ubica en lo más bajo de las categorías humanas, casi sin derecho alguno.
Rocha Moya no aparece como miembro de una de esas organizaciones, pero sí como un político que ha dedicado su poco o mucho poder a proteger a los miembros de una organización dedicada, entre otros delitos, al trasiego de drogas, en especial el mortífero fentanilo que ocasiona decenas de miles de muertes cada año en la Unión Americana.
Con base en sus pesquisas, las autoridades de los Estados Unidos solicitaron a su contraparte de México, detener, con fines de extradición, al gobernador de Sinaloa y a nueve allegados que fueron o son sus subordinados en su administración.
El gobierno encargado de la construcción del segundo piso de la llamada Cuarta Transformación, al frente del cual está la primera presidenta (con A) de México, Claudia Sheinbaum Pardo, que no aprecia mucho que digamos a los Estados Unidos, se negó a entregar a esos “distinguidos” ciudadanos por considerar que no se presentaron pruebas de sus presuntos delitos.
En realidad, se trató de una acción para demostrar la fuerza de la unidad dentro de las filas de la llamada Cuarta Transformación. Sus agremiados son intocables mientras no se convenza a sus correligionarios de que incurrieron en un delito y para eso, reiteró la presidenta Sheinbaum se requieren pruebas, pruebas y más pruebas.
El hecho es que Rocha Moya y socios resultaron intocables en los últimos meses, aunque, eso sí, debieron mantenerse en el ostracismo, pues el mandatario sinaloense tuvo que solicitar licencia para separarse del cargo (aunque se sospecha que la mandataria suplente es ese periodo, Yeraldine Bonilla Valverde, era simplemente su amanuense. Otro caso sobresaliente es el del senador Enrique Inzunza Cázares, quien conserva su escaño, por ende, el fuero, y ha cobrado durante meses sus estipendios sin presentarse ni un día en la sede de su Cámara.
La solidaridad de la llamada Cuarta Transformación fue evidente. A las declaraciones presidenciales en demanda de pruebas se sumó todo el aparato político oficial. Rocha Moya y coacusados –excepto dos, que quedaron en poder de las autoridades estadounidenses, uno voluntariamente y el otro capturado– fueron cobijados más allá del término fijado por convenios internacionales para la extradición de presuntos delincuentes.
Todo dentro de lo normal entre un gobierno que impone su fuerza a todo el mundo y otro, más débil, pero orgulloso que intenta preservar a toda costa su soberanía.
Las sorpresas surgieron cuando, primero, el inculpado gobernador sinaloense reanudó actividades al frente del gobierno de su estado, previa autorización de un sumiso Congreso estatal, y, segundo, la presunta jefa de la llamada Cuarta Transformación, Claudia Sheinbaum, denunció que ella no había autorizado ese retorno.
Además de las sorpresas, surgieron las dudas: si no fue la jefa del Ejecutivo quién autorizó la rehabilitación oficial del Rocha Moya ¿quién lo hizo? ¿Existe otra autoridad en la 4T con igual o mayor fuerza? O, Rocha Moya y las fuerzas reales que están detrás suyo ¿son tan poderosos como para retar a la Presidencia de la República?
Evidentemente, no.
Esto se comprobó en cuanto la jefa del Ejecutivo declaró en una de sus mañaneras que ella no estaba de acuerdo con el retorno de Rocha Moya al Palacio de Gobierno de Culiacán, ni mucho menos lo había autorizado.
“Yo me enteré por la publicación del propio gobernador (un video). No tuve ningún conocimiento previo de que él quisiera regresar a ejercer sus funciones en el estado de Sinaloa. La verdad no me parecía pertinente, por decir lo menos”, dijo Sheinbaum el reciente lunes 23.
La reacción de la Presidenta en turno resultó como una señal de alarma o de arranque, pero no para mantener el respaldo al mandatario perseguido por la justicia de los Estados Unidos. Por el contrario, pareció que se había desatado una jauría en pos del prófugo.
Aconsejado por quién sabe quién, Rocha Moya se encontró repentinamente con una situación totalmente contraria a lo que había disfrutado anteriormente.
Como resultado, de inicio recibió señales –no se sabe si directamente o por interpósita persona– de que su retorno al poder era una quimera. Esa reaparición fue más que efímera, apenas duró un poco más de 30 horas, menos de día y medio, sin tiempo siquiera para reordenar papeles.
Los domesticados diputados locales, tuvieron que trabajar de emergencia, para aprobar una licencia, en esta ocasión por tiempo indefinido, lo que se puede interpretar como que es definitiva, pero la Constitución de Sinaloa no valida ese recurso.
Al contrario de lo ocurrido con la primera licencia, cuando los legisladores locales aprobaron de manera expedida darle la suplencia a una allegada a Rocha Moya, su secretaria de Gobierno, Yeraldine Bonilla Valverde, ahora la señal no llegó muy clara o, tal vez, no había seguridad de que proviniera de quien realmente manda.
El hecho es que los diputados sinaloenses tuvieron que declarar un receso para recibir instrucciones precisas de quien en verdad tiene la facultad de decidir.
Mientras tanto, Rocha Moya tuvo la oportunidad no deseada de enfrentar la carga de todo el sistema político. Los mismos que antes lo encomiaban y defendían ahora aparecían en contra.
De inicio, descubrió que ya no podía colocar en su sitio a un incondicional. La voz de la presidenta Sheinbaum: “Sencillamente, que (el gobernador interino) sea una persona con la capacidad, la honestidad, el profesionalismo y la entrega al pueblo de Sinaloa que se requiere”.
“Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la nación”, insistió Sheinbaum.
Al mismo tiempo, la mandataria garantizó que habrá presencia del gobierno federal en Sinaloa en medio de una ola de violencia que afecta a la región. “Sinaloa puede saber que ahí estamos. Que el gobierno federal está ahí”, dijo Sheinbaum, y detalló que hay 15,000 efectivos del Ejército y la Guardia Nacional desplegados en el estado.
En tanto, sus ex colegas, los gobernadores surgidos de Morena que antes coreaban “no estás sólo”, le mostraron a Rocha Moya lo que es la soledad y lo mismo hicieron sus compañeros de partido.
En este espacio ya mencioné párrafos de un escrito colectivo de los gobernadores “morenos” en el cual marcan distancia el sinaloense.
Como si no fuera suficiente, la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, Citlalli Hernández Mora, quien parece ser el verdadero poder en el partido, dejó entrever que los “órganos internos del partido” puedan actuar en contra del gobernador con licencia de Sinaloa por haber tomado la decisión de retomar su cargo en medio de investigaciones penales en su contra (es decir, sin haber solicitado autorización).
“Esa es una decisión que tiene que tomar la Comisión de Honestidad y Justicia. Hay una actuación unilateral que él realizó y que hemos manifestado que no estamos de acuerdo y pues se le está investigando por delitos de los que se le acusan”.
“Una cosa es lo que le toca a la autoridad, en tanto a lo del partido, pues nosotros no compartimos esa decisión que en su momento él tomó de regresar, pero ya los órganos internos decidirán”, dijo Citlalli Hernández.
Es de recordar que Citlalli, que se desempeñaba como secretaria de la Mujer en el gobierno federal fue enviada al partido para corregir fallas atribuidas a la dirigencia nacional, entonces encabezada por Luisa María Alcalde y “No me digan Andy” Andrés Manuel López Beltrán y, luego, la mancuerna la completó la ex secretaria de Solidaridad, Ariadna Montiel Reyes.
Ellas dos, se presume, fueron enviadas por la presidenta Sheinbaum, que así reafirmó su control sobre el partido.
Pero si ella no decidió los movimientos en Sinaloa, ¿quién le disputa el control de la 4T?















