{"id":168425,"date":"2014-03-28T00:00:44","date_gmt":"2014-03-28T06:00:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=168425"},"modified":"2014-04-04T02:56:18","modified_gmt":"2014-04-04T08:56:18","slug":"los-dias-de-laura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=168425","title":{"rendered":"Los d\u00edas de Laura"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los setentas corr\u00edan por su mitad, el siglo pasado, el letargo del movimiento estudiantil hac\u00eda da\u00f1o al ambiente. Se empezaban a petrificar las palabras libertad, dolor, lucha, guerrilla. Todo el sistema estaba listo para iniciar otra historia a partir de soslayar la que hab\u00eda pasado o vivido el M\u00e9xico de algunos a\u00f1os atr\u00e1s, principalmente el de la ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>En este duelo social, se desarrollaban historias personales que se aletargaban en su realidad econ\u00f3mica, social, familiar y lo que es peor estas historias se adormilaban sin que sus protagonistas lo pudieran identificar. As\u00ed pasaban los d\u00edas de Laura que bien pod\u00eda haber sido protagonista de la lucha estudiantil. Hab\u00eda nacido en el cuarenta y cinco, seguramente habr\u00eda terminado su carrera de medicina y seguir\u00eda los pasos de Ernesto Guevara; o quiz\u00e1, habr\u00eda preparado las bombas <i>Molotov<\/i> que, aun cuando no hac\u00edan da\u00f1o real a sus oponentes, s\u00ed daban un espect\u00e1culo urbano en el espejismo de los medios de comunicaci\u00f3n que pod\u00edan filtrar alguna nota morbosa. Pero Laura desde los dieciocho supo que no pod\u00eda hacer algo m\u00e1s que entregarse a la \u201cmaldita inercia de la vida\u201d\u2026 Se embaraz\u00f3 y con esto, hasta pens\u00f3 haberse enamorado de Juan Carlos, su marido, el auxiliar de mec\u00e1nico de Tacubaya. Qu\u00e9 raz\u00f3n ten\u00eda Conchita su amiga del barrio de la Escand\u00f3n. \u201cNo Laura, si piensas que te has enamorado est\u00e1s fregada, porque el amor no se piensa, se siente y no s\u00f3lo debes sentirlo entre las piernas, debes sentirlo bonito, c\u00f3mo si te hubieran puesto una madriza y no puedas reaccionar. No pienses si te has enamorado de Juan Carlos, menos cuando est\u00e1s embarazada. Ahora no tienes tiempo de saber si es amor o no, si debes seguir o no\u2026 tienes que vivir para \u00e9l, para el ni\u00f1o\u2026 pasar\u00e1s unos a\u00f1os para dejar de pensar en ti.<\/p>\n<p>Ya tendr\u00e1s tiempo para ti y si no lo tienes ya te abandonar\u00e1s sin preguntarte por qu\u00e9 y seguro avanzar\u00e1s mejor, voltea hacia tu derredor, ve a mi mam\u00e1, a tu abuela\u2026 \u00bfo no?\u201d.<\/p>\n<p>Laura la escuchaba y no pod\u00eda entenderlo del todo y pasaron algunos a\u00f1os con esto, d\u00e1ndole vueltas por la cabeza, y as\u00ed, con la cabeza revoloteando como en un sue\u00f1o de opio, tuvo al segundo y al tercer hijo. Entonces se puso su grillete muy cerca de la cocina &#8212; por cierto&#8211; y empez\u00f3 a desentenderse de s\u00ed misma. Pas\u00f3 su vida entre jabones, ropa, acelgas, l\u00e1grimas, radionovelas y m\u00fasica. Porque \u00a1c\u00f3mo le gustaba la m\u00fasica! Escuchaba a la Sonora Santanera que por momentos compet\u00eda con Rigo Tovar en la vecindad y a veces hasta compet\u00eda con alg\u00fan ex\u00f3tico que escuchaba a los Carpenters y unos mexicanos nost\u00e1lgicos que o\u00edan a Jos\u00e9 Alfredo Jim\u00e9nez con todo el dolor que puede generar el vivir en este pa\u00eds y tambi\u00e9n el dolor de esa \u00e9poca que hip\u00f3critamente se guardaba detr\u00e1s de esta cultura.<\/p>\n<p>Uno de esos d\u00edas, lleg\u00f3 Laura de la escuela de los ni\u00f1os con varias mochilas sobre el hombro, casi con la incomodidad de su existencia y tambi\u00e9n cargaba su somnolencia que se perd\u00eda con los acordes de la m\u00fasica tropical. Con algunas monedas en la bolsa compr\u00f3 la comida del d\u00eda: tomates, tortillas, sopa de letras y unas ganas de mantener una rutina por un momento m\u00e1s. Los ni\u00f1os gritaban, hablaban y re\u00edan de las estupideces divinas que s\u00f3lo los ni\u00f1os pueden generar, compartir, escuchar y hacer suyas. Justo entr\u00f3 Laura por la puerta, claro despu\u00e9s de haber entrado su descendencia (como siempre hab\u00eda sido) y se program\u00f3 como robot para cocinar, limpiar las loncheras de los ni\u00f1os, limpiarle los mocos a Ernesto, el m\u00e1s chico de los ni\u00f1os de tres a\u00f1os y tambi\u00e9n se dio tiempo para educar con \u201cuna bofetada en el hocico\u201d a Pedro, el segundo, por haberle dicho pendejo al mayor, Juan Carlos, s\u00f3lo por haberse tropezado al cruzar el marco de la puerta.<\/p>\n<p>Empez\u00f3 el espect\u00e1culo de d\u00eda a d\u00eda; los cuatro en la mesa: manoteos, risas, llantos de los ni\u00f1os cuando eran reprimidos o cuando uno de ellos se avivaba y le pon\u00eda una patada en la espinilla al otro por debajo de la mesa. As\u00ed pasaron los minutos, Laura no sab\u00eda por qu\u00e9 parec\u00edan gustarle estos momentos. Quiz\u00e1s lleg\u00f3 a pensar que pod\u00eda tener una peor realidad y eso le incomodaba y disfrutaba la rutina, sin pensar que realmente viv\u00eda lo sentenciado por Conchita: \u201cYa te abandonar\u00e1s sin preguntarte por qu\u00e9\u201d. Todos se levantaron, llevaron su platos y vasos a la cocina y como hormigas continuaron en sus tareas. Laura sent\u00eda que por momentos el murmullo, las preguntas, las risas y la radio encendida le invad\u00edan su intimidad. Respir\u00f3 lento y con entereza grit\u00f3: \u201c\u00a1L\u00e1rguense a la calle condenados escuincles y traten de no volver hasta que vengan arrastr\u00e1ndose de sue\u00f1o!\u201d. Los ni\u00f1os corrieron por el pasillo de la vecindad y salieron huyendo en el juego diario de ser azotados por su mam\u00e1 si no la dejaban sola, lo cual en algunos momentos fue cierto. De hecho es la explicaci\u00f3n de la cicatriz de Juan Carlos, el mayor, en el p\u00e1rpado izquierdo. S\u00f3lo le pregunt\u00f3 a Laura, \u00bfTe pasa algo mam\u00e1? Cuando lloraba en un ataque de ansiedad, que seguro tendr\u00eda una explicaci\u00f3n de tantas de sus frustraciones, pero que, para el caso espec\u00edfico, no tuvo respuesta y la pregunta le incomod\u00f3 de principio y le encabron\u00f3 de final hasta extinguir su ardor interno con el golpe vertido en su hijo con el vaso de cristal que tra\u00eda en la mano.<\/p>\n<p>Ahora, sola nuevamente, con \u201clas luces del Nueva York\u201d en las venas, d\u00e1ndole esperanza de un mundo mejor, se levant\u00f3 con el histrionismo que siempre le acompa\u00f1\u00f3. Parec\u00eda formar parte del centro nocturno. Camin\u00f3 hacia la cocina, cojeando ligeramente, por el grillete que ella no pod\u00eda ver, pero que era evidente a los ojos de quien la ve\u00eda pasar.\u00a0 Lleg\u00f3 y empez\u00f3 a limpiar los primeros platos, despu\u00e9s vinieron los vasos, los tenedores, cucharas, las palas de madera y al final los sartenes que requieren mayor concentraci\u00f3n para despojar el cochambre. Y mientras tallaba y exprim\u00eda la fibra en sus manos, apretaba los dientes con dolor, con esperanza, con frustraci\u00f3n y con una maldita necesidad de destrozar algo. Y despu\u00e9s la esperanza. Sinti\u00f3 un vaho en su cuello, un aroma a agua de colonia, despu\u00e9s un beso, una cercan\u00eda de hombre sobre su pierna, una mano rodeaba su cintura. Se empez\u00f3 a agitar, entonces la orquesta levant\u00f3 su volumen. Se agach\u00f3 y pudo ver el grillete que sin trabajo alguno se quit\u00f3. Lo tom\u00f3 del brazo a \u00e9l y bail\u00f3 con ese vestido hermoso que siempre hab\u00eda so\u00f1ado, con ese hombre, varonil y delicado que siempre quiso acompa\u00f1ar. Por momentos despoj\u00f3 su vida, sus hijos y al idiota de Juan Carlos, el que le hab\u00eda engendrado la esclavitud en su vientre; para bailar, cantar, escuchar, oler, respirar y vivir. Todo el centro nocturno los ve\u00eda, todos ten\u00edan envidia de verla tan feliz, ah\u00ed estaba su mam\u00e1, su t\u00eda, sus hermanas, la vecinas \u201cesas envidiosas del siete\u201d as\u00ed dec\u00eda, y bailaron la Sonora Santanera y en ese \u00e9xtasis escucharon una canci\u00f3n de los Platters y cant\u00f3 al o\u00eddo de \u00e9l <i>Only You<\/i> y parece que el ingl\u00e9s le flu\u00eda como su primera lengua. Con esto mostraba que tambi\u00e9n pod\u00eda ser refinada como quien o\u00eda a los Carpenters en el vecindario.<\/p>\n<p>Todo el espect\u00e1culo se fue apagando a cada beso que recib\u00eda y en un momento qued\u00f3 desnuda frente a \u00e9l, que la ve\u00eda con un morbo seductor; situaci\u00f3n que le incomodaba en un inicio, mas no en estos momentos de desesperaci\u00f3n por sentir que hab\u00eda un espacio para llorar bailando. Lo tom\u00f3 de los hombros y se dej\u00f3 ir con \u00e9l, se acompa\u00f1aron, porque ella pensaba que tambi\u00e9n \u00e9l la necesitaba. Creo que le recordaba a Efra\u00edn, el novio del primer a\u00f1o de secundaria (\u00fanico a\u00f1o que concluy\u00f3) cuando se decidi\u00f3 por Juan Carlos y con un beso en la mejilla lo dej\u00f3 llorando en la acera por cinco d\u00edas de agosto donde llovi\u00f3 d\u00eda y noche.<\/p>\n<p>Nunca supo cu\u00e1nto duraban estos momentos, pero la se\u00f1al se la daba la orquesta que conclu\u00eda su melod\u00eda despu\u00e9s entonar danzones y sones cubanos. Despu\u00e9s escuchaba a lo lejos las trompetas, el piano y las percusiones que le marcaban el ritmo agitado de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed regresaba a su otra vida, la que para ella no era real, la de la rutina, la de Juan Carlos, la de los tres hijos, la del grillete, la de la frustraci\u00f3n, la de las l\u00e1grimas y freg\u00f3 lo pisos como queriendo encontrar oro debajo de ellos y con esto mandar a la chingada su miseria. Limpi\u00f3 los vasos de las fiestas de 15 a\u00f1os y bodas que hab\u00eda coleccionado desde los 19. Se fue a una esquina de su casa, llor\u00f3 por el dolor de vivir, se recarg\u00f3 en la escoba que hab\u00eda tomado segundos atr\u00e1s y poco a poco se fue desvaneciendo en el suelo. Donde siempre el fr\u00edo le congelaba el coraje que parec\u00eda se posicionaba en sus nalgas. Ah\u00ed se fue reconfortando y tom\u00f3 otra pieza de m\u00fasica para tomar fuerza vespertina. Prepar\u00f3 la cena. Lleg\u00f3 Juan Carlos, la bes\u00f3, se ba\u00f1\u00f3 y se sent\u00f3 a la mesa para probar bocado, platic\u00f3 con los ni\u00f1os, tom\u00f3 el protagonismo de la noche familiar. Como si nada pesara en \u00e9l. Le puso unos billetes en la mano a Laura, como siempre, era lo que hab\u00eda ganado y le permit\u00eda tomar los servicios de ella, hasta los sexuales. Todo parec\u00eda tranquilidad y desparpajo a los ojos de \u00e9l y a los ojos de Laura todo se nublaba al comp\u00e1s de la m\u00fasica. As\u00ed se fueron a dormir todos. Ellos, Juan Carlos y sus hijos con un sabor de boca de pensar que algo mejor vendr\u00eda para todos o quiz\u00e1s para cada uno. Eso ya era lo de menos.<\/p>\n<p>Laura se fue al ba\u00f1o, se tom\u00f3 una ducha para aguantar el verano de la ciudad de M\u00e9xico, quiso con el ba\u00f1o quitarse parte de vida, pero no pudo, quiso bajarse el coraje con el agua helada y s\u00f3lo logr\u00f3 un resfr\u00edo. Sali\u00f3 del ba\u00f1o y \u00e9l ya estaba dormido, roncando; como ganando batallas contra los monstruos de sus sue\u00f1os. Ella se meti\u00f3 entre las s\u00e1banas, cerr\u00f3 los ojos, con la m\u00fasica tropical en su piel, con los labios llenos de \u00e9l. S\u00f3lo cruz\u00f3 las piernas lo sinti\u00f3 cerca por un momento y durmi\u00f3 con una sonrisa discreta de haber terminado un d\u00eda m\u00e1s.<\/p>\n<blockquote>\n<p align=\"right\"><em><b>A todas aquellas mujeres que en silencio sufren la vida sin parecerlo\u2026<\/b><\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nLos setentas corr\u00edan por su mitad, el siglo pasado, el letargo del movimiento estudiantil hac\u00eda da\u00f1o al ambiente. Se empezaban a petrificar las palabras libertad, dolor, lucha, guerrilla. Todo el sistema estaba listo para iniciar otra historia a partir de soslayar la que hab\u00eda pasado o vivido el M\u00e9xico de algunos a\u00f1os atr\u00e1s, principalmente el de la ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[156,3819],"tags":[31551,43696,44,43674],"class_list":["post-168425","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura","category-edgar-gomez-flores","tag-cuentame-algo-para-no-morir","tag-edgar-gomez","tag-mexico","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/168425","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=168425"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/168425\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=168425"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=168425"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=168425"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}