{"id":170218,"date":"2014-04-11T00:00:50","date_gmt":"2014-04-11T05:00:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=170218"},"modified":"2014-04-25T03:22:13","modified_gmt":"2014-04-25T08:22:13","slug":"el-ultimo-cuento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=170218","title":{"rendered":"El \u00faltimo cuento"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/edgar-2333.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-170234\" style=\"margin-right: 9px; margin-bottom: 9px;\" src=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/edgar-2333-240x134.jpg\" alt=\"edgar-2333\" width=\"240\" height=\"134\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/edgar-2333-240x134.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/edgar-2333-420x236.jpg 420w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/edgar-2333-480x270.jpg 480w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/edgar-2333-235x132.jpg 235w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/edgar-2333-202x114.jpg 202w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/edgar-2333-350x196.jpg 350w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/edgar-2333-220x123.jpg 220w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/edgar-2333-237x132.jpg 237w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/edgar-2333.jpg 500w\" sizes=\"auto, (max-width: 240px) 100vw, 240px\" \/><\/a>Eran las tres de la ma\u00f1ana. Ernesto se levantaba con dificultad de su cama. Parece que la botella de mezcal oaxaque\u00f1o hab\u00eda recorrido todo su cuerpo, de ida y vuelta. No recordaba bien c\u00f3mo hab\u00eda llegado a ese momento. En su ligero recuerdo ten\u00eda algunas visiones; ella solt\u00e1ndose de su mano, gritando y manoteando como quien quisiera golpear al aire. Ese recuerdo le permiti\u00f3 penetrar en un recuerdo previo; la cena de cumplea\u00f1os de Andrea, su pareja de seis a\u00f1os. Esa cena hab\u00eda sido un ritual para ella durante ese tiempo. Esperaba el regalo de Ernesto, el cuento, la poes\u00eda, el ramo de flores y la conversaci\u00f3n de \u00e9l, quien con palabras rimbombantes persuad\u00eda y enamoraba o con esa forma de desarrollar las ideas y los sentimientos que por momentos la llevaban por un paseo mental hist\u00f3rico, pol\u00edtico y literario o en algunos momentos la llevaba de la mano por un paseo interno a su intimidad, a su ser. Pero este encuentro fue distinto, Andrea hab\u00eda abierto los ojos ante Ernesto, el novio poeta que toda mujer quisiera tener, pero que se levantaba a las once de la ma\u00f1ana, el hombre que siempre ten\u00eda un piropo finamente estructurado, pero que viv\u00eda en una melancol\u00eda perenne, la cual robaba la energ\u00eda de quien estuviera a su lado.<\/p>\n<p>Se sentaron a la mesa. Ernesto la tom\u00f3 de la mano y le dio un beso en la mejilla, mientras con la mano izquierda le entreg\u00f3 un rollo de papel con un cuento llamado \u201cLa soledad de mi compa\u00f1\u00eda\u201d. Eran cinco cuartillas. Como siempre Andrea lo ley\u00f3, por momentos parec\u00eda que estaba en el primer encuentro rom\u00e1ntico con \u00e9l. Empez\u00f3 a leer y sus sentidos parec\u00edan percibir el entorno de manera delicada. Sudaron sus manos, tom\u00f3 a Ernesto, le comparti\u00f3 el beso en la mejilla como si le hubiera regresado algo prestado. Y continu\u00f3 leyendo hasta el p\u00e1rrafo que dec\u00eda: \u201c\u2026y frente al espejo me vi y no me reconoc\u00ed porque parece que uno no es el que es ni tampoco se es lo que uno esperar\u00eda ser. Y cuando uno no puede ser lo que espera ni tampoco ser lo que uno conoce, la vida se convierte en un infierno. Porque vivir con un desconocido de una forma tan cercana es algo que duele, es algo que incomoda. Empec\u00e9 a desconfiar de m\u00ed mismo porque encontraba en m\u00ed a un intruso en mi vida. De ah\u00ed empez\u00f3 el desquicio, de ah\u00ed mi soledad, generada por mi compa\u00f1\u00eda\u2026\u201d<\/p>\n<p>El cuento sigui\u00f3 y termin\u00f3. Se qued\u00f3 un silencio que por momentos parec\u00eda durar de forma eterna. Se apretaron las manos, juntaron sus labios y entonces, la funci\u00f3n nocturna estaba a punto de comenzar. Andrea tom\u00f3 una copa de vino, mojo sus labios y dijo: \u201cErnesto, creo que ha sido un placer compartir estos a\u00f1os contigo y m\u00e1s estos cumplea\u00f1os. Te agradezco el amor, el tiempo, los regalos, los cuentos y tu incondicionalidad. Pero lo caminos se bifurcan, los caminos concluyen, los caminos se vuelven empedrados, los caminos se vuelven m\u00e1s r\u00e1pidos pero\u2026, que te quede muy claro, todos los caminos llevan a alg\u00fan lugar y nuestro camino no lleva a lugar alguno. Terminamos dando c\u00edrculos, nuestro camino por momentos termina en un acantilado. Ernesto, no podemos seguir juntos, yo he pensado en una familia, he pensado en seguir un camino conocido que me d\u00e9 certidumbre. Entiende Ernesto\u2026 \u00a1No quiero amor, quiero una vida!<\/p>\n<p>Ernesto no recuerda qui\u00e9n pag\u00f3 la cuenta, no recuerda c\u00f3mo salieron del restaurante, pero ya estaba de nueva cuenta ah\u00ed en el primer recuerdo, donde ella manoteaba y hablaba de sus ideales de mujer, de sus hijos, de sus nietos, de una casa, de un marido y de las sonrisas en los labios de su familia. C\u00f3mo le explicaba que en la melancol\u00eda las pasiones se viven de manera natural, c\u00f3mo hacerle saber que este dolor natural de su existencia era su motor de vida. C\u00f3mo explicarle que la amaba con todo su coraz\u00f3n y que eso era importante. Pero no pudo, sus palabras se ahogaron antes de salir y s\u00f3lo permiti\u00f3 el silencio.<\/p>\n<p>Ella se fue perdiendo en esa noche por las calles de la ciudad, noche que a partir de ese momento parec\u00eda m\u00e1s melanc\u00f3lica, m\u00e1s oscura y una noche en verdad distinta. De ah\u00ed camin\u00f3, cabizbajo acompa\u00f1ado del viento fr\u00edo de finales de oto\u00f1o en la ciudad de M\u00e9xico. Recorri\u00f3 una buena parte de avenida Universidad desde Copilco hasta los Viveros en Coyoac\u00e1n. De ah\u00ed baj\u00f3 las escaleras del Metro, parece en el \u00faltimo tren de la noche. Sali\u00f3 a la superficie en la estaci\u00f3n Etiop\u00eda y camin\u00f3 ahora por las calles de la colonia Narvarte hasta llegar a su departamento. Abri\u00f3 con dificultad, como siempre, m\u00e1s cuando la mano le temblaba, cuando algo le preocupaba o algo le dol\u00eda. Subi\u00f3 los dos pisos para llegar a su buhardilla. Tom\u00f3 del librero algunas hojas, una pluma vieja y una botella de mezcal que hab\u00eda comprado en su \u00faltima visita a Oaxaca, justo atr\u00e1s de la catedral. Intent\u00f3 poner m\u00fasica estruendosa de su \u00e9poca que le ayudara a escuchar su mundo interno, pero no pudo. Cuando la m\u00fasica lo fastidiaba, media botella hab\u00eda tomado su cuerpo y sigui\u00f3 la m\u00fasica y ahora empez\u00f3 su sue\u00f1o. Ten\u00eda la intenci\u00f3n de hablar con Andrea pero no lo crey\u00f3 prudente. Quer\u00eda mandarla a la chingada y ese pensamiento le gust\u00f3, pero no lo iba a hacer como \u201cesos gorilas que exigen los derechos arrebatados por nuestro g\u00e9nero\u201d. Entonces se levant\u00f3 a la mesa, se sirvi\u00f3 otros tragos de mezcal y empez\u00f3 a escribir lo que llam\u00f3 \u201cEl \u00faltimo cuento\u201d. Tom\u00f3 la pluma, la cual le sorprendi\u00f3 porque estaba casi vac\u00eda y su aspecto, mordida y sucia, le hac\u00edan identificarse con ella. Esto le dio m\u00e1s valor para empezar a escribir. Antes de recargar la pluma en las hojas, hizo una pausa y cambi\u00f3 la m\u00fasica. Puso el disco pirata de los Beatles que hab\u00eda comprado en el Metro Miguel \u00c1ngel de Quevedo d\u00edas atr\u00e1s. Se dio tres minutos para armar la historia de su amor con Andrea.<\/p>\n<p>Inici\u00f3 con el amor a primera vista. Sab\u00eda que ah\u00ed pod\u00eda desarrollar una novela o un tratado sobre la belleza. Andrea lo merec\u00eda. Mientras, a lo lejos, se escuchaba Something\u2026 \u201csomething in the way she moves\u2026\u201d la m\u00fasica lo inspir\u00f3. De manera repentina un golpe en el coraz\u00f3n lo dej\u00f3 helado. Nunca lo hab\u00eda sentido. Del coraz\u00f3n el dolor se extendi\u00f3 al brazo derecho. Trat\u00f3 de no ponerle importancia y sigui\u00f3\u2026 \u201cy pens\u00e9 que era una especie de hipnosis cuando pasaste junto a m\u00ed, yo desentendido del mundo real y tu tan de aqu\u00ed. Cuando caminabas frente a m\u00ed parec\u00edas como burl\u00e1ndote de lo que nunca podr\u00eda tener y me aferr\u00e9 a tenerte porque eras diosa entre los hombres, y tan real entre mis sue\u00f1os\u201d.<\/p>\n<p>Siguieron las palabras y la tinta de la pluma ya parec\u00eda imperceptible, le extra\u00f1\u00f3 a Ernesto, nunca se hab\u00eda terminado una pluma en su vida. Siempre las perd\u00eda.<\/p>\n<p>Ahora el cuento recorr\u00eda parques, encuentros sexuales apasionados, besos, caricias y como fondo \u201cAll you need is love\u201d. Ahora si \u201cesto, es el para\u00edso\u201d pens\u00f3 Ernesto y por primera vez su semblante se hizo m\u00e1s ligero, m\u00e1s natural. Pero el dolor del pecho lo volvi\u00f3 a detener en su fluida escritura. Se par\u00f3 al ba\u00f1o y quiso tomar unas pastillas, pero no estaban en su lugar. El dolor se acompa\u00f1\u00f3 de una p\u00e9rdida de aire y as\u00ed regres\u00f3 a escribir. Tuvo que agitar la pluma que tambi\u00e9n hab\u00eda perdido casi toda la tinta. Volvi\u00f3 a leer lo que llevaba del cuento. En ese momento se parti\u00f3 en dos; uno se reconfortaba de la cr\u00f3nica de su amor, otra parte de \u00e9l se molestaba por no tener ingenio literario y s\u00f3lo haber replicado lo vivido. Pero no tom\u00f3 atenci\u00f3n a este segundo y sigui\u00f3 escribiendo lo que \u201calguien\u201d le dictaba. Pasaron encuentros y desencuentros, pasaron ausencias y cercan\u00edas todo lo escribi\u00f3 y vivi\u00f3 con intensidad. As\u00ed tambi\u00e9n lo acompa\u00f1aron \u201cLucy in the sky of diamonds\u201d, \u201cI am the walrus\u201d y \u201cAcross the universe\u201d.<\/p>\n<p>Pero lleg\u00f3 la cena de cumplea\u00f1os, la describi\u00f3 como si estuviera en un set de televisi\u00f3n, empez\u00f3 a ver que las letras se mov\u00edan. El dolor en el pecho segu\u00eda y parec\u00eda que la vida se iba. Tuvo que exagerar el acto de Andrea para mostrar su sentimiento.<\/p>\n<p>\u201cY caminaste por la vereda de asfalto, la noche llen\u00f3 todos los espacios, hasta los del sentimiento y se hizo de noche por tu obra y gracias. As\u00ed como Dios hizo la luz t\u00fa has hecho la oscuridad\u2026 y lo peor es que me gusta y pasar\u00eda en tinieblas la vida junto a ti porque la luz sin ti\u2026\u201d.<\/p>\n<p>En ese momento la pluma dej\u00f3 de escribir, Ernesto quiso agitarla, pero no pudo levantarla; se hizo de plomo, como todo \u00e9l. Se nubl\u00f3 su vista y cay\u00f3 sobre la mesa con la \u00faltima gota de tinta en el papel, con el \u00faltimo aliento de vida y el \u00faltimo cuento que nunca supo, se llev\u00f3 su amor y su ser. A lo lejos \u201cA day in the life\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"mailto:edgargomez_cide@yahoo.com.mx\"><em>edgargomez_cide@yahoo.com.mx<\/em><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nEran las tres de la ma\u00f1ana. Ernesto se levantaba con dificultad de su cama. Parece que la botella de mezcal oaxaque\u00f1o hab\u00eda recorrido todo su cuerpo, de ida y vuelta. No recordaba bien c\u00f3mo hab\u00eda llegado a ese momento. En su ligero recuerdo ten\u00eda algunas visiones; ella solt\u00e1ndose de su mano, gritando y manoteando como quien quisiera golpear al aire. Ese recuerdo le permiti\u00f3 penetrar en un recuerdo previo; la cena de cumplea\u00f1os de Andrea, su pareja de seis a\u00f1os. 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