{"id":171837,"date":"2014-04-25T00:00:57","date_gmt":"2014-04-25T05:00:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=171837"},"modified":"2014-04-25T05:22:11","modified_gmt":"2014-04-25T10:22:11","slug":"la-ultima-noticia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=171837","title":{"rendered":"La \u00faltima noticia"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong><em>\u201cCuando la muerte toca a la puerta s\u00f3lo debes salir y acompa\u00f1arla, por eso siempre debes tener a la mano lo que te quieres llevar\u201d <\/em><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<div id=\"attachment_171922\" style=\"width: 250px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Death_found_an_author_writing_his_life-2342.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-171922\" class=\"size-medium wp-image-171922\" src=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Death_found_an_author_writing_his_life-2342-240x199.jpg\" alt=\"w\" width=\"240\" height=\"199\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Death_found_an_author_writing_his_life-2342-240x199.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Death_found_an_author_writing_his_life-2342-420x349.jpg 420w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Death_found_an_author_writing_his_life-2342.jpg 700w\" sizes=\"auto, (max-width: 240px) 100vw, 240px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-171922\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #ffffff;\">w<\/span><\/p><\/div>\n<p>El humo se esparc\u00eda por toda la habitaci\u00f3n de Juventino. Cigarro a cigarro se iban consumiendo sus pensamientos, sus sentimientos y quiz\u00e1s alguno que otro ideal de juventud. De esos ideales que exaltan la soberbia de quien los abandera y hacen pensar que los problemas del mundo se resuelven con una actitud revolucionaria o como dir\u00eda su abuelo \u201cactitud echada pa\u2019 delante\u201d.<\/p>\n<p>El reloj marcaba la una y veinticinco, estaba a minutos de cerrar la redacci\u00f3n del peri\u00f3dico, Juventino por diez a\u00f1os encabezaba la secci\u00f3n policiaca. Por esa raz\u00f3n se hab\u00eda vuelto el estr\u00e9s natural del jefe de redacci\u00f3n, Juan Vicente, quien esperaba la \u00faltima nota con las \u00faltimas fotos de Juventino para cerrar y mandar a imprimir. Las noticias de media noche \u201ceran las que ten\u00edan mejor ponch\u201d comentaba el director del peri\u00f3dico y ten\u00eda raz\u00f3n. \u201cPienso que las personas se transforman despu\u00e9s de las doce de la noche\u201d dec\u00eda Juventino en las pl\u00e1ticas nocturnas en el caf\u00e9 de la colonia Tabacalera en el centro de la ciudad de M\u00e9xico donde se reun\u00eda con los compa\u00f1eros del peri\u00f3dico. \u201cEl alcohol, la nostalgia combinadas con las maldades de la luna hacen que los asesinatos, accidentes y todo tipo de \u201cfechor\u00edas\u201d tomen un tinte dram\u00e1tico\u201d. Si no hubiera sido por las fotos y las narraciones tan descriptivas de la secci\u00f3n policiaca, cualquiera hubiera pensado que lo que comentaba en esos caf\u00e9s de la Tabacalera eran producto de las fantas\u00edas de un desquiciado o de un \u201clobo estepario\u201d como lo describi\u00f3 Herman Hesse a mediados del siglo pasado. Pero no\u2026 Juventino hab\u00eda cubierto con su c\u00e1mara, su libreta y sus ojos asesinatos realizados por locos de ira, de celos, por mediocres sin suerte que no ten\u00edan algo mejor qu\u00e9 hacer en esa noche. Violadores de mujeres, de ni\u00f1os, de monjas y todo tipo de espect\u00e1culos que s\u00f3lo en la mente de Hitchcock pod\u00edan surgir.<\/p>\n<p>As\u00ed fue recorriendo las calles de la Doctores, de la Guerrero, de Tacubaya, del pueblo de Santa Fe, de Los Reyes La Paz o Texcoco con su Caribe modelo ochenta y cuatro. Esto de cubrir la nota roja le hab\u00eda generado una disciplina estricta en su actuar. Recib\u00eda la instrucci\u00f3n de la redacci\u00f3n para llegar al lugar indicado, en el trayecto le gustaba dibujar en su mente la escena. Aun cuando no lo aceptaba, ten\u00eda una predilecci\u00f3n por los asesinatos de mujeres, esto le causaba un morbo inexplicable que le alteraba y que trataba de evadir. Tan as\u00ed que buscaba fingir la voz de alegr\u00eda cuando Juan Vicente le dec\u00eda por tel\u00e9fono: \u201cEs por la avenida Jalisco, justo atr\u00e1s del mercado de Tacubaya, anota por favor\u2026 Ana Jim\u00e9nez, asesinada por su marido. Pero p\u00e9lale, no vaya a ser que esos del Semefo la levanten y no traigas las fotos que los lectores esperan\u201d. As\u00ed deambulaba todas las noches de evento en evento, o como dec\u00eda \u00e9l\u2026 de cita en cita. Con las im\u00e1genes en la cabeza se bajaba del carro, tomaba un frasco de aguardiente que llevaba siempre en la guantera del autom\u00f3vil y sorb\u00eda unos tragos. Despu\u00e9s encend\u00eda un cigarro y se dirig\u00eda hacia \u201clos guardianes\u201d, as\u00ed les llamaba a los polic\u00edas. Todos los d\u00edas era ese ritual, porque despu\u00e9s de ver la muerte cada noche y saludarla \u201ccasi de mano\u201d impone una rutina que cansa, \u201cpero que tambi\u00e9n genera obligaciones\u201d dec\u00eda Juventino a su esposa Valentina, quien lo esperaba impaciente cada noche. Lo \u00fanico que romp\u00eda su rutina era comparar sus im\u00e1genes con lo que en realidad ve\u00eda. \u201cMmm\u2026 esperaba ver m\u00e1s sangre\u201d coment\u00f3 una vez para s\u00ed mismo. Y lo dijo como con cierto desprecio al evento. Pero en uno de esos d\u00edas, entre la decepci\u00f3n y \u201cla rutina\u201d, empat\u00f3 sus sentimientos laborales con sus sentimientos m\u00e1s personales que, esos s\u00ed, nunca comparti\u00f3 con persona alguna. Lo tom\u00f3 por sorpresa el sentimiento de adolescencia de pensar que hab\u00eda un futuro fat\u00eddico para \u00e9l, que su muerte era inminente y que esa muerte tambi\u00e9n podr\u00eda dar nota en alg\u00fan peri\u00f3dico amarillista. Por eso, a partir de ese d\u00eda, se dedic\u00f3 a colectar de cada v\u00edctima una parte de ellos: Empez\u00f3 con un mech\u00f3n de cabello, un trozo de tela de la ropa, un arete y termin\u00f3 cortando parte de la piel y algunas muestras de sangre. Todo esto permitido por los \u201cguardianes\u201d que con doscientos pesos pod\u00edan hacer estos macabros favores. Juventino en principio no entend\u00eda bien esta \u201cexcentricidad\u201d; pero poco a poco se dio cuenta que armaba un rompecabezas de su vida; cuando despu\u00e9s de m\u00e1s de cincuenta eventos empez\u00f3 a hojear su \u201c\u00e1lbum\u201d que iniciaba con una portada y una frase:<\/p>\n<p>Buscarle sentido a la vida a espaldas de la muerte, porque est\u00e1n tan juntas que parecen una.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 que la muerte, el aliento nos hurta.<\/p>\n<p>Y la vida parece el juego de lucir siempre inerte\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed se adentraba en los episodios y en cada una de las historias que hab\u00eda vivido, que hab\u00eda escrito para el peri\u00f3dico y que ahora tambi\u00e9n escrib\u00eda para \u00e9l, con un poco de fantas\u00eda, pero tambi\u00e9n con un tinte apocal\u00edptico personal.<\/p>\n<p>\u201cRosa Elena, cuarenta y dos a\u00f1os\u2026 encontrada muerta, con una ligera sonrisa pintada en sus labios. Pareciera que se burlaba del asesino, a\u00fan en su muerte. Como si quisiera hacer su venganza eterna. Ten\u00eda un cutis como si hubiera amado profundamente y unos ojos, que a\u00fan cerrados, mostraban el cansancio de amar y no ser correspondida\u2026\u201d.<\/p>\n<p>\u201cFelipe Ju\u00e1rez, veintisiete a\u00f1os, con la muestra del alcohol en la cara. Con la expresi\u00f3n de haber buscado y nunca haber encontrado. Creo que el abandono es su caracter\u00edstica principal. Me llena el alma de nostalgia con solo verlo, me recuerda tanto a m\u00ed\u2026 que podr\u00eda partirlo en pedazos y desaparecerlo. Creo que \u00e9ste, parece m\u00e1s espejo que muerto\u201d.<\/p>\n<p>Esa noche, pasando cada hoja, record\u00f3 sus dolores, la muerte de su madre hace diez a\u00f1os con la enfermedad que carcome, primero el alma y luego todo aquello que est\u00e1 vivo o que aparenta estarlo. Despu\u00e9s a su padre que todav\u00eda caminaba por las calles de Tlatelolco con una botella en la mano, como queriendo sostener la vida que se le iba a cada paso. Record\u00f3 a Mar\u00eda, su hermana menor, a quien quer\u00eda tanto pero no pudo ponerle atenci\u00f3n cuando le platicaba de sus pensamientos, de sus dolores, de sus aspiraciones y un buen d\u00eda la encontr\u00f3 tendida en la cocina con las venas cortadas, batida en el piso con su propia sangre. Ten\u00eda poco de haber sucedido, la sangre segu\u00eda caliente y con esto la necesidad de hacerla volver a la vida, pero no pudo. \u201cCuando la muerte toca a la puerta s\u00f3lo debes salir y acompa\u00f1arla, por eso siempre debes tener a la mano lo que te quieres llevar\u201d. Esa idea nunca lo dejo de ah\u00ed en adelante.<\/p>\n<p>Entre los cabellos, la ropa, la sangre, la piel, las fotograf\u00edas, los ep\u00edgrafes escritos por \u00e9l, se pas\u00f3 esta noche. Avanzaba una p\u00e1gina y regresaba dos, era la lectura de su \u00e1rbol geneal\u00f3gico, de su historia personal, sentimental. Era un rompecabezas de lo que hab\u00eda vivido hacia adentro, de aquello que no se platica con alguien, pero que se siente. Por momento se sinti\u00f3 leyendo el libro de los Buend\u00eda en<em> Cien a\u00f1os de soledad<\/em>. Y le hubiera gustado acabar con la misma espectacularidad. Con vientos que vuelen los techos, remolinos\u2026 pero no. Esta vez era Juventino con su g\u00e9nesis; era Juventino con su realidad y su depresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 una pluma y escribi\u00f3 la \u00faltima nota:<\/p>\n<p>\u201cEra la una veintisiete, en la madrugada, entr\u00e9 al departamento de Juventino Garc\u00eda y lo encontr\u00e9 tendido sobre su mesa con una pluma en la mano y un libro de recuerdos personales. Parece que quiso forzar una sonrisa para su \u00faltimo momento pero no lo logr\u00f3. Sosten\u00eda en su mano izquierda un cigarro que todav\u00eda humeaba. La sangre le corr\u00eda por la sien derecha y corr\u00eda por toda la mesa. En medio una nota que dec\u00eda<\/p>\n<p>\u201cY as\u00ed como lo que empieza, termina.<\/p>\n<p>As\u00ed tambi\u00e9n lo que vive, muere.<\/p>\n<p>Estoy aqu\u00ed para verte\u2026 de frente.<\/p>\n<p>Muerte\u2026 tras de ti seguro hay vida\u201d.<\/p>\n<p>Puntualmente la redacci\u00f3n recibi\u00f3 la nota. La public\u00f3 con el nombre de Ernesto Garc\u00eda. Esta vez sin foto. Y al final firmada por\u2026 Valentina.<\/p>\n<p><a href=\"mailto:edgargomez_cide@yahoo.com.mx\"><em>edgargomez_cide@yahoo.com.mx<\/em><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\n El humo se esparc\u00eda por toda la habitaci\u00f3n de Juventino. Cigarro a cigarro se iban consumiendo sus pensamientos, sus sentimientos y quiz\u00e1s alguno que otro ideal de juventud. De esos ideales que exaltan la soberbia de quien los abandera y hacen pensar que los problemas del mundo se resuelven con una actitud revolucionaria o como dir\u00eda su abuelo \u201cactitud echada pa\u2019 delante\u201d.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":171922,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[156,3819],"tags":[31551,43685,43696],"class_list":["post-171837","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-edgar-gomez-flores","tag-cuentame-algo-para-no-morir","tag-cultura","tag-edgar-gomez"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/171837","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=171837"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/171837\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/171922"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=171837"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=171837"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=171837"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}