{"id":172680,"date":"2014-05-02T00:00:53","date_gmt":"2014-05-02T05:00:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=172680"},"modified":"2014-05-02T04:51:44","modified_gmt":"2014-05-02T09:51:44","slug":"un-dia-mas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=172680","title":{"rendered":"Un d\u00eda m\u00e1s"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_172766\" style=\"width: 250px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/bohemian-para-no-morir-2347.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-172766\" class=\"size-medium wp-image-172766\" src=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/bohemian-para-no-morir-2347-240x240.jpg\" alt=\"w\" width=\"240\" height=\"240\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/bohemian-para-no-morir-2347-240x240.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/bohemian-para-no-morir-2347-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/bohemian-para-no-morir-2347-420x420.jpg 420w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/bohemian-para-no-morir-2347-50x50.jpg 50w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/bohemian-para-no-morir-2347-75x75.jpg 75w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/bohemian-para-no-morir-2347-70x70.jpg 70w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/bohemian-para-no-morir-2347.jpg 500w\" sizes=\"auto, (max-width: 240px) 100vw, 240px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-172766\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #ffffff;\">w<\/span><\/p><\/div>\n<p>Desde las cuatro de la ma\u00f1ana Don Fernando hab\u00eda salido de su casa, en el oriente de la ciudad de M\u00e9xico. Esto era lo que diario hac\u00eda, levantarse, tomar una ducha con agua fr\u00eda, revisar de manera r\u00e1pida la lista de sus compras y de ah\u00ed part\u00eda a una velocidad moderada a la Central de Abasto en la delegaci\u00f3n Iztapalapa del Distrito Federal. Don Fernando hered\u00f3 el negocio de su padre; la recauder\u00eda de Santa Mar\u00eda la Ribera, a dos cuadras del Kiosco Morisco. Varias veces intent\u00f3 dejar abandonado el local para dedicarse a sus sue\u00f1os de m\u00fasico que tuvo en su juventud hasta que tuvo que abandonar los estudios de preparatoria. Pero en alg\u00fan momento acept\u00f3 para s\u00ed: \u201cla rutina de la vida es como un salvavidas en medio del oc\u00e9ano, o sigues pegado a \u00e9l hasta que te mueras o lo abandonas para nadar e intentar encontrar la playa\u201d. Y fue entonces que le empez\u00f3 a tomar cari\u00f1o a su salvavidas y empez\u00f3 a volverse experto en esto de la fruta y la verdura. Las tomaba entre sus manos, las ol\u00eda, revisaba la textura y pieza por pieza iba armando las cajas que depositaba en su \u201cdiablito\u201d para llevarlas a su camioneta.<\/p>\n<p>En el trayecto de la Central de Abasto a la Santa Mar\u00eda la Ribera, a las seis y media de la ma\u00f1ana aproximadamente, le gustaba escuchar las noticias, m\u00e1s cuando se refer\u00edan a asuntos internacionales, atentados en Chechenia, violaciones de derechos humanos en China o en Medio Oriente, excesos dictatoriales del presidente Maduro en Venezuela, del presidente Correa en Ecuador o de la presidenta Cristina Fern\u00e1ndez en Argentina. Estos asuntos internacionales le hac\u00edan volar sus pensamientos hacia otros territorios. Pensaba en cada uno de los lugares que se mencionaban: la Casa Rosada, la Plaza Roja, la Moneda, los jardines de Campo David y de ah\u00ed le ven\u00edan los aires de grandeza que la m\u00fasica le trajo durante el per\u00edodo que mantuvo el grupo de rock, pero que hab\u00eda abandonado hace mucho, que se hab\u00edan desvanecido con los olores matutinos del d\u00eda a d\u00eda en la Central de Abasto, con el ir y venir de monedas hasta de cincuenta centavos que lo alejaban tanto de los millones de d\u00f3lares que se escuchaban en la secci\u00f3n financiera. En estos trayectos aprendi\u00f3 lo que significaba la OTAN, la UNICEF, la OCDE y esto le reconfortaba. Pero cuando llegaban las noticias nacionales, m\u00e1s las de la ciudad de M\u00e9xico con accidentes, asaltos, manifestaciones, asesinatos, obras mal construidas, fugas de agua y otras tantas realidades, se desesperaba y se daba cuenta que era \u00e9l, con una camioneta que no hab\u00eda podido cambiar de modelo desde hace diez a\u00f1os, con un cargamento de fruta y verdura que le permitir\u00eda sobrevivir ese d\u00eda y con una vida condicionada a la inercia de su padre.<\/p>\n<p>As\u00ed, metro a metro, mientras los neum\u00e1ticos de su camioneta recorr\u00edan el asfalto desde el oriente hasta la zona centro-norte de la ciudad de M\u00e9xico, Don Fernando iba mezclando su rutina con sus sue\u00f1os, sus pensamientos y sus fracasos silenciosos. Sin embargo, esto no le duraba mucho tiempo ya que arribaba a su local y Alberto ya lo esperaba, su ayudante en la recauder\u00eda. Ambos bajaban caja por caja, acomodaban la fruta y la verdura, iban tambi\u00e9n desechando aquella que se iniciaba su putrefacci\u00f3n y as\u00ed en punto de las siete de la ma\u00f1ana abr\u00edan el local para atender a las madrugadoras amas de casa de la zona. Este era un d\u00eda com\u00fan, con la humedad del verano de la ciudad de M\u00e9xico, con esos amaneceres de nubes pintadas por el Dr. Atl y un fresco matutino que daba br\u00edos para seguir aun con los dolores causados por la vida, \u201caunque \u00e9sta fuera buena con uno.\u201d<\/p>\n<p>Empezaron a llegar las clientas y uno que otro cliente. Don Fernando era una persona amable, por momentos sus aspiraciones frustradas se le olvidaban y en verdad parec\u00eda que atender a la gente le gustaba. De esta forma, el d\u00eda se fue desenvolviendo, el reloj marcaba los minutos que se desvanec\u00edan y tambi\u00e9n parec\u00eda que iba contando los pesos que llegaban a la caja del peque\u00f1o negocio. Esto lo anim\u00f3 y puso un disco compacto en su aparato de sonido. Era Queen, era Freddie Mercury, el que le inspir\u00f3 a formar su grupo de rock. Empez\u00f3 la m\u00fasica con <em>Somebody to love<\/em> y pudo recordar sus \u201cveintes\u201d y esa necesidad de ser amado que satisfizo en sus primeros diez a\u00f1os de matrimonio con Estela su esposa; despu\u00e9s, al despachar a la se\u00f1ora Aurora lleg\u00f3 \u201cI want to break free\u201d y revivi\u00f3 los conciertos en Cuajimalpa donde entonaba esa canci\u00f3n sintiendo los vientos de la libertad\u2026 \u201cDon Fernando, \u00bfcu\u00e1nto le debo?\u201d\u2026 \u201c\u00bfDisculpe?.. \u00a1Ah si!. Ciento cincuenta pesos\u201d contest\u00f3 de manera apresurada y tom\u00f3 el billete de 200 pesos que le entreg\u00f3 do\u00f1a Aurora. Disfrutaba, en verdad, la m\u00fasica de este grupo ingl\u00e9s hasta que lleg\u00f3 <em>We are the champions<\/em> y pens\u00f3 que era un exceso los aires de grandeza inglesa que no compaginaban con \u00e9l.<\/p>\n<p>Todo este d\u00eda parec\u00eda un d\u00eda normal con tintes de \u201cun buen d\u00eda\u201d. Las noticias internacionales del d\u00eda de hoy, la m\u00fasica inglesa, las clientas, el dinero adicional que le hab\u00eda llegado a las manos producto de las buenas ventas era algo que lo manten\u00eda de buen humor, adem\u00e1s del buen clima del verano fresco.<\/p>\n<p>Llegaron las siete de la noche y a punto de bajar la cortina met\u00e1lica de su local record\u00f3 lavarse las manos y pasar a la trastienda donde se encontraba un peque\u00f1o ba\u00f1o que ten\u00eda un letrero de sanitario de restaurante que dec\u00eda \u201cle petit toillete\u201d. Alberto se hab\u00eda quedado en la parte de enfrente escogiendo algunas manzanas que Don Fernando le hab\u00eda permitido tomar para llevar a su casa. Al caer el agua del lavabo, escucho caer algunas cajas en la parte de enfrente, todav\u00eda le dio tiempo de secarse las manos y cara y lentamente se asom\u00f3 para ver qu\u00e9 pasaba. Apenas puso parte de su rostro fuera del ba\u00f1o, sinti\u00f3 en la mejilla derecha un metal que de reojo pudo observar un rev\u00f3lver calibre 22. \u201c\u00bfLlevas prisa cabr\u00f3n?\u201d\u2026 le pregunt\u00f3 el delincuente. \u201cNo para morir\u201d contest\u00f3 Don Fernando. \u201cHazte el chistoso pendejo, que ahorita s\u00ed te parto tu madre y no nada m\u00e1s me llevo tu pinche dinero, sino tambi\u00e9n tu jodida vida\u201d. Don Fernando se qued\u00f3 viendo los ojos de lumbre del que ahora se enteraba le dec\u00edan \u201cEl Negro\u201d y le recordaron tanto a los de su padre cuando le propinaba las palizas injustificadas con el cintur\u00f3n de hebilla gruesa, trat\u00f3 de buscar algo para defenderse, pero fue innecesario. Sent\u00eda tan cerca el metal en el rostro que sab\u00eda que cualquier movimiento lo pondr\u00eda fulminado con el m\u00ednimo apret\u00f3n del gatillo de la calibre 22. \u201cDeja de verme idiota y mejor dime donde est\u00e1 el dinero\u201d. Trat\u00f3 de recordar y sinti\u00f3 como una gota le escurr\u00eda de la sien hasta el cuello. Con voz entrecortada le dijo: \u201cDebajo de la b\u00e1scula, quita todo ese peri\u00f3dico y lo vas a ver y se\u00f1al\u00f3 de manera imprecisa porque no se sinti\u00f3 c\u00f3modo de levantar la mirada\u201d. \u201cEl Negro\u201d volte\u00f3 hacia su otro compinche que husmeaba entre los peri\u00f3dicos, le hizo unas se\u00f1as, el bandido empez\u00f3 a agitar su respiraci\u00f3n y le restreg\u00f3 la pistola en el p\u00f3mulo izquierdo con un golpe que dej\u00f3 escuchar la uni\u00f3n del metal con el hueso. Despu\u00e9s le puso la pistola en el cuello y se acerc\u00f3 a un cent\u00edmetro de su o\u00eddo para susurrarle: \u201cEstoy llegando a mi l\u00edmite. \u00bfno te gustar\u00eda ver al \u201cNegro\u201d enojado? Espero no. Crees que vine a este pinche changarro por 2 mil pesos. No te hagas pendejo o estar\u00e1s por dar el \u00faltimo aliento\u201d. En eso, respir\u00f3; dos grandes l\u00e1grimas le resbalaron por la mejilla; era entre la humillaci\u00f3n, el dolor, la p\u00e9rdida de sus ahorros de un a\u00f1o para llevar a su esposa y sus tres hijos de vacaciones antes de que entraran a la escuela. Tambi\u00e9n le vino a la mente la <em>Rapsodia Bohemia<\/em>\u2026 \u201c\u2026just killed a man,\u00a0put a gun against his head, pulled my trigger, now he\u2019s dead\u201d y cu\u00e1nto sentido le encontr\u00f3 ahora. Esta vez s\u00ed levant\u00f3 la cara y se\u00f1al\u00f3 hacia una caja azul que se encontraba junto a la fruta seca en la parte superior de un anaquel. Tomaron la caja y se la llevaron. Hasta ese momento pudo identificar que Alberto estaba amordazado y amarrado con cinta canela de mu\u00f1ecas y tobillos. Lo abraz\u00f3 como si fuera su hijo, no dijo nada s\u00f3lo lo vio a los ojos con el fin de ver si ten\u00eda alg\u00fan da\u00f1o aparte del susto.<\/p>\n<p>Se fueron en su camioneta en silencio como si fueran invisibles para todos, se pas\u00f3 todos los sem\u00e1foros en rojo, pas\u00f3 a dejar a Alberto a su casa cerca de la Cabeza de Ju\u00e1rez en Iztapalapa y de ah\u00ed se enfil\u00f3 a Texcoco. Parec\u00eda que su camioneta o \u00e9l levitaban. Hasta ese momento se vio ba\u00f1ado en sangre del p\u00f3mulo izquierdo. S\u00f3lo tom\u00f3 una franela que humedeci\u00f3 con una botella de agua que llevaba cerca de \u00e9l. La apret\u00f3 y sinti\u00f3 un dolor que le record\u00f3 su desgracia.<\/p>\n<p>Hace tiempo se ve\u00eda como un m\u00fasico consolidado, despu\u00e9s decidi\u00f3 casarse con Estela y pens\u00f3 que amarla era una gran moneda de cambio para dejar la m\u00fasica\u2026 pero el amor se esfum\u00f3, lo cual duele y ante esto tom\u00f3 la figura de su padre en la recauder\u00eda lo cual le daba tranquilidad econ\u00f3mica y tambi\u00e9n tranquilidad de saber que ten\u00eda al menos \u201calgo qu\u00e9 hacer en el d\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a su casa, por suerte su mujer y tres hijos hab\u00edan ido con Georgina, la mam\u00e1 de Estela, quien viv\u00eda a tres cuadras. Esto le permiti\u00f3 llegar, ba\u00f1arse con todo y ropa para limpiar toda la sangre de su camisa blanca y sus jeans azules. Sali\u00f3 de ba\u00f1arse y se recost\u00f3 viendo al techo de su rec\u00e1mara. En ese momento se puso a llorar y record\u00f3 el suceso. Quiso rehacer los hechos tomando la mano del <em>Negro<\/em> y despu\u00e9s de forcejear dispararle en la boca y de ah\u00ed desquitar no s\u00f3lo este coraje sino el de toda su vida o quiz\u00e1s tomando el perfil de aluminio que ten\u00eda en el ba\u00f1o propin\u00e1ndole un golpe en la cabeza que le recuerde para toda su vida que el dinero requiere un esfuerzo para ganarlo. Pero fue in\u00fatil, el dolor y la p\u00e9rdida de los treinta mil pesos, le recordaban que no ten\u00eda vuelta de hoja su historia. En ese instante, lleg\u00f3 su mujer y el murmullo de sus hijos, dos adolescentes y un ni\u00f1o de diez a\u00f1os. Estela entr\u00f3 al cuarto y le dijo: \u201c\u00bfTe has ba\u00f1ado?, hace mucho calor \u00bfno?\u201d Don Fernando qued\u00f3 callado. \u00bfTe pasa algo Fernando?. \u00c9l con la cara recargada en el p\u00f3mulo izquierdo para no ser visto y fingiendo dormir le murmur\u00f3: Nada s\u00f3lo un d\u00eda complicado en esta ciudad. Estela se acerc\u00f3 a \u00e9l, le bes\u00f3 la mejilla derecha, apag\u00f3 la luz y se alej\u00f3 de la rec\u00e1mara. Don Fernando sinti\u00f3 el dolor en el centro del abdomen, pero el beso le permiti\u00f3 recuperar la respiraci\u00f3n y dormir por esa noche.<\/p>\n<p><a href=\"mailto:edgargomez_cide@yahoo.com.mx\"><em>edgargomez_cide@yahoo.com.mx<\/em><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nDesde las cuatro de la ma\u00f1ana Don Fernando hab\u00eda salido de su casa, en el oriente de la ciudad de M\u00e9xico. 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