{"id":173556,"date":"2014-05-09T00:00:34","date_gmt":"2014-05-09T05:00:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=173556"},"modified":"2014-05-09T04:30:22","modified_gmt":"2014-05-09T09:30:22","slug":"una-historia-mas-para-contar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=173556","title":{"rendered":"Una historia m\u00e1s para contar"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_173611\" style=\"width: 250px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/cultura-2352.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-173611\" class=\"size-medium wp-image-173611\" src=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/cultura-2352-240x168.jpg\" alt=\"Camina por esos senderos oscuros, toma el arma y ap\u00fantate en la sien derecha, mi\u00e9ntale la madre a Dios para sentir despu\u00e9s de esto lo tan solo que te encuentras\u2026\" width=\"240\" height=\"168\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/cultura-2352-240x168.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/cultura-2352-420x295.jpg 420w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/cultura-2352.jpg 900w\" sizes=\"auto, (max-width: 240px) 100vw, 240px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-173611\" class=\"wp-caption-text\">Camina por esos senderos oscuros, toma el arma y ap\u00fantate en la sien derecha, mi\u00e9ntale la madre a <strong>Dios<\/strong> para sentir despu\u00e9s de esto lo tan solo que te encuentras\u2026<\/p><\/div>\n<p>Parec\u00eda que estaba obsesionado por decir algo. Llevaba dos d\u00edas escribiendo d\u00eda y noche. Bernardo Aretia era un escritor que hab\u00eda decidido a los veintid\u00f3s a\u00f1os llevar su vida hacia lo que la gente nombraba arte y el llamaba \u201cterapia\u201d. El escribir. Empez\u00f3 haciendo cr\u00f3nicas pol\u00edticas y sociales despu\u00e9s de terminar la carrera de letras en la Universidad estatal. Sin embargo, se dio cuenta que el complemento sentimental y espiritual lo llenaba escribiendo historias vividas o contadas, sentidas o perdidas o quiz\u00e1s por momentos aspiradas. Se la pasaba desparramando letras como enajenado en una hoja de papel o como lo hac\u00eda \u00faltimamente en su computadora de escritorio que ten\u00eda junto a su cama para no tener que esforzarse cuando agotado la apagaba y daba s\u00f3lo dos pasos para empezar a dormir.<\/p>\n<p>Pero esos d\u00edas, con ese escrito, se hab\u00eda apasionado con la sangre y la muerte, con la tristeza y el dolor, situaci\u00f3n que en los \u00faltimos a\u00f1os le hab\u00eda dado vueltas en la cabeza. Tal vez por su diagn\u00f3stico de c\u00e1ncer en los pulmones o por lo com\u00fan que resultaba encontrar en las pl\u00e1ticas de familiares o amigos las palabras muerte, mutilaci\u00f3n, secuestro y suicidio. Todo esto lo hizo reflexionar y tomar la pluma para hacer sentir la soledad de los personajes, lo t\u00e9trico de los paisajes, el fr\u00edo del clima y el tiempo que, en estos escritos, parec\u00eda ten\u00eda su propia duraci\u00f3n. As\u00ed, en este segundo d\u00eda escrib\u00eda:<\/p>\n<p>\u201c\u2026y lo pens\u00f3\u2026 despu\u00e9s del dolor de la p\u00e9rdida, de las cosas que m\u00e1s quer\u00eda, decidi\u00f3 hacerlo ahora, s\u00f3lo faltaba encontrar el lugar y el medio con el cual se quitar\u00eda la vida. Graciela, ten\u00eda s\u00f3lo diecinueve a\u00f1os de edad, pero cu\u00e1nto hab\u00eda madurado despu\u00e9s de la muerte de su padre, a los doce. Su muerte le hizo pensar en lo finito de la eternidad. Despu\u00e9s se fueron dando los sucesos, uno por uno, como si se seleccionaran por a\u00f1o. El abandono de su mam\u00e1 que, con la muerte de Don Gerardo, su padre, enloqueci\u00f3 y se fue caminando un d\u00eda con bolsa en mano, zapatos de tac\u00f3n y bata de dormir por la acera del camino que llevaba al mercado. Quiz\u00e1s por eso no decidi\u00f3 seguirla y s\u00ed esperarla\u2026 hasta que desisti\u00f3 d\u00edas despu\u00e9s y empez\u00f3 su realidad a carcomerla por dentro\u2026\u201d<\/p>\n<p>As\u00ed llevaba cincuenta cuartillas escribiendo. Describ\u00eda los rostros de tristeza y tormento, los paisajes nublados con tintes rojizos, los ideales y los dolores, como si tuvieran rostros, color y olor. Pasaron esos dos d\u00edas en estado hipn\u00f3tico para Bernardo, como si alguien le dictara lo que escrib\u00eda, situaci\u00f3n que siempre lo tuvo presente. Dec\u00eda a sus amigos que le preguntaban sobre el motor que lo hac\u00eda escribir: \u201ces algo que no est\u00e1 en mi, llevo el mensaje de muy dentro, la historia se crea en otro lado que no soy yo y s\u00f3lo me encargo de replicarla. En pocas palabras, el talento no est\u00e1 en mi pluma, ni en mis dedos. Est\u00e1 en un mundo plat\u00f3nico que ya tiene forma y seguramente muchas m\u00e1s preguntas contestadas que \u00e9ste donde vivimos\u201d<\/p>\n<p>Pasaron los segundos martillando su cabeza con el reloj de pared que hab\u00eda comprado con Er\u00e9ndira, su ex esposa, justo un a\u00f1o despu\u00e9s de casarse. Ten\u00eda frescos los sentimientos, como si hubiera platicado con ella, Graciela. Y por momentos Graciela se le confund\u00eda con Er\u00e9ndira y quiso replicar su forma de actuar y su forma de mirar en su mente para fusionar la melancol\u00eda de ambas, que por ahora lo persuad\u00edan para continuar con la escritura. Siguieron los segundos, y los minutos, quiz\u00e1s algunas horas tambi\u00e9n se completaron, hasta llegar al pasaje final:<\/p>\n<p>\u201cTom\u00f3 diez pesos que ten\u00eda en la bolsa del pantal\u00f3n camin\u00f3 por la calle y se perdi\u00f3 en la bruma nocturna. Por suerte, para su desgracia venidera, encontr\u00f3 la estaci\u00f3n del Metro Allende abierta, en el coraz\u00f3n del centro hist\u00f3rico de la ciudad de M\u00e9xico. Baj\u00f3 las escaleras, como brinc\u00e1ndolas, como si algo bueno la esperara m\u00e1s all\u00e1. Ya en el and\u00e9n recorri\u00f3 de ida y vuelta el pasillo esperando su destino. Al ver la luz lejana del \u00faltimo metro de la noche, se puso de espaldas al and\u00e9n, extendi\u00f3 los brazos como en un s\u00edmbolo de libertad y a unos metros del tren color naranja se dej\u00f3 caer\u2026\u201d<\/p>\n<p>En ese momento se escuch\u00f3 un sonido ensordecedor en el pasillo del departamento de Bernardo, como si se hubiera azotado la puerta de una de las rec\u00e1maras. Con un solo brinco se puso de pie y quiso, entrecerrando los ojos, echar un vistazo al pasillo, pero la bruma del cigarro que ten\u00eda en su mano y de otro que consum\u00eda en el cenicero se lo impidieron. Dio dos pasos hacia el lugar que hab\u00eda provocado el sonido y qued\u00f3 helado cuando identific\u00f3 una silueta de mujer en el fondo del departamento que se acercaba a \u00e9l.<\/p>\n<p>\u201cTe has dado cuenta lo que has hecho de m\u00ed\u201d Pregunt\u00f3 con un tono agresivo la mujer que aparec\u00eda a sus ojos. Bernardo se qued\u00f3 mudo y empez\u00f3 a notar que la respiraci\u00f3n se agitaba y poco a poco se empezaba a disminuir. \u201c\u00bfGraciela?\u201d pregunt\u00f3 Bernardo con voz titubeante. \u201cSi soy Graciela, pero quiz\u00e1s algunos de tus lectores me recuerden como la loca. O como la mujer inmadura que no pudo soportar la p\u00e9rdida de sus padres. Te has puesto a pensar el dolor de una ni\u00f1a de perder a su padre y ver como su madre poco a poco se desvanece y entrega su cordura a sus recuerdos. \u00bfEn qu\u00e9 estabas pensando genio escritor cuando me diste esta trama para actuar, acaso te habr\u00edas dado ese gui\u00f3n si el destino de \u00e9ste hubiera sido tu vida? Seguro no, porque parece que todas las estupideces que escribes tienen como fin hacerte vivir las m\u00faltiples vidas que no te atreves a recorrer. Porque segura estoy que no tendr\u00edas los pantalones para tomar una pistola, una navaja o cualquiera de los artefactos que ocupas en tus cuentos o novelas para quitarte la vida. Te falta mucho valor para vivir y nos pones a nosotros en medio para que te contemos el dolor o el placer, en algunos casos, de quitarse la vida o de arrancarle la vida a mordidas a otro con el sentimiento de ira en los ojos.<\/p>\n<p>Bernardo, en un principio sinti\u00f3 miedo que se transform\u00f3 en dolor, por la verdad de las palabras pronunciadas por Graciela. Pero, poco a poco, ambos sentimientos se fueron acumulando en una rabia, por la facilidad con la que esta mujer lo criticaba y lo despreciaba con su mirada altiva. Entonces, respir\u00f3 profundamente y le dijo: \u201cGraciela, cuan ciertas son tus palabras. Y son tan ciertas que no solo me tomo la libertad de decidir sobre tu vida, sino sobre tu aspecto. S\u00f3lo me extra\u00f1a que tengas unos ojos m\u00e1s agresivos que los que imagin\u00e9 para ti. Pero en verdad espero que puedas asimilar que eres nadie sin mi. Pero m\u00e1s all\u00e1 debes aceptar que esta vida que tienes es gracias a mi imaginaci\u00f3n. Y como los hombres le rinden tributo a su Dios as\u00ed deber\u00edas guardar respeto por quien te dio vida\u201d En ese momento, la silueta de Graciela dio dos pasos atr\u00e1s y parec\u00eda como si se diluyera entre el humo del cigarro. En ese momento se escuch\u00f3 una voz a su espalda. \u201c\u00a1Qu\u00e9 banal eres Bernardo!, \u00bfo debo llamarte escritor, o quiz\u00e1s Dios? En verdad quisiera re\u00edr a carcajadas pero \u00bfqu\u00e9 crees? Se te ocurri\u00f3 escribir un personaje lleno de miedos y de dolor. Lleno de l\u00e1grimas y de frustraci\u00f3n. Por eso no puedo re\u00edr como quisiera y hoy necesito burlarme de ti.\u201d<\/p>\n<p>\u201cPero no tengas esa cara de est\u00fapido. \u00bfMe recuerdas? soy Luisa o quiz\u00e1s Ana, como tambi\u00e9n quisiste llamarme. Esa mujer de la cual s\u00f3lo escrib\u00edas de sus pesadillas, nunca dibujaste sus sue\u00f1os tiernos o er\u00f3ticos y mucho menos su vida real. Y \u00bfsabes por qu\u00e9?, seguramente porque soy el espejo de alguien o de ti. Y eso me duele porque me diste una parte de ti y creo me diste la peor parte. Pero no te preocupes tienes el s\u00edndrome de los Dioses. \u00bfRecuerdas a Judas Iscariote? Con todo el poder de Jehov\u00e1 y a \u00e9ste se le ocurri\u00f3 dignificar a su hijo con el odio a \u00e9l o igual pas\u00f3 con Ca\u00edn quien ayud\u00f3 a resaltar la bondad de Abel. \u00bfAcaso crees que a Ca\u00edn y a Judas les gusta el papel que tomaron en el libro de historias que Dios ha creado para entretenimiento de los hombres? Parece que no. Y te lo podr\u00eda asegurar porque es mi caso. Me siento usada por ti y cuando alguien toma tus libros quisiera cambiar mi destino, pero he sido sentenciada a vivir en una melancol\u00eda perenne y lo peor es que al final nunca s\u00e9 si he muerto o no. Porque tampoco tienes el valor de concluir tus historias y dejas el morbo del desenlace a la imaginaci\u00f3n de cada uno de los lectores. Es por esto que te detesto, juegas con los personajes y juegas con tus lectores. Pero lo que no sabes es que terminar\u00e1s jugando contigo. Eres un Dios venido a menos, eres un Dios terrenal que mira al cielo pero con los pies anclados al piso.\u201d<\/p>\n<p>Por otro momento siguieron los reproches y los \u201cenvalentonamientos\u201d de los personajes. Esa noche tomaron vida. No s\u00f3lo fueron Graciela y Luisa o Ana. Tambi\u00e9n habl\u00f3 el homicida, la prostituta, el ni\u00f1o abandonado desde los tres a\u00f1os en una casa hogar y cada una de las im\u00e1genes que Bernardo cre\u00f3 pero que ahora se revelaban. Eran sus criaturas y a la vez sus hijos. Abandonados a su suerte y a su imaginaci\u00f3n. El reloj hab\u00eda detenido su andar, o eso parec\u00eda. El humo del cigarro se empez\u00f3 a esfumar y entre el humo diluido, las siluetas se iban perdiendo y con \u00e9stas, la grandeza del creador en su papel de escritor, que ahora despu\u00e9s de mucho tiempo segu\u00eda con una pluma en mano y frente a muchas hojas de papel. S\u00f3lo una en blanco, todas las dem\u00e1s ya escritas. Sin embargo, una resaltaba por tener letra distinta y estar separada de las dem\u00e1s. Volte\u00f3 la hoja y pudo leer: \u201csomos uno solo. Tu imaginaci\u00f3n, tus personajes; son tus verdaderos sentimientos. Trata de vivir s\u00f3lo una peque\u00f1a parte de lo que imaginas y te dar\u00e1s cuenta cu\u00e1n poco has vivido. Camina por esos senderos oscuros, toma el arma y ap\u00fantate en la sien derecha, mi\u00e9ntale la madre a Dios para sentir despu\u00e9s de esto lo tan solo que te encuentras\u2026\u201d Cerr\u00f3 los ojos, tom\u00f3 la hoja y la apret\u00f3 con toda su fuerza y la hizo rodar por el piso del departamento. Despu\u00e9s tom\u00f3 la hoja en blanco, de manera arrebatada y escribi\u00f3: \u201cla tormenta pas\u00f3. Pareciera como si las nubes abrieran el paso a los rayos del sol de forma solemne. El d\u00eda aclaraba y ella, Graciela, tom\u00f3 la carta de su padre recordando cu\u00e1nto la am\u00f3. Volte\u00f3 a su derecha y su madre la acompa\u00f1aba. Se tomaron de la mano y caminaron juntas por el jard\u00edn de la ciudad. Despu\u00e9s se perdieron en el horizonte con un reconfortante fresco de la tarde\u2026\u201d Y as\u00ed\u2026 inici\u00f3 otra historia m\u00e1s.<\/p>\n<p><a href=\"mailto:edgargomez_cide@yahoo.com.mx\"><em>edgargomez_cide@yahoo.com.mx<\/em><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nParec\u00eda que estaba obsesionado por decir algo. Llevaba dos d\u00edas escribiendo d\u00eda y noche. Bernardo Aretia era un escritor que hab\u00eda decidido a los veintid\u00f3s a\u00f1os llevar su vida hacia lo que la gente nombraba arte y el llamaba \u201cterapia\u201d. <\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":173611,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[156,3819],"tags":[31551,43685,43696,43674],"class_list":["post-173556","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-edgar-gomez-flores","tag-cuentame-algo-para-no-morir","tag-cultura","tag-edgar-gomez","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/173556","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=173556"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/173556\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/173611"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=173556"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=173556"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=173556"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}