{"id":174356,"date":"2014-05-16T00:00:02","date_gmt":"2014-05-16T05:00:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=174356"},"modified":"2014-05-23T01:53:33","modified_gmt":"2014-05-23T06:53:33","slug":"muerte-815","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=174356","title":{"rendered":"Muerte 8:15 \u2022 (I)"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><em><strong>Los que estamos fuera de estas hojas blancas s\u00f3lo pudimos percibir un rostro desencajado de angustia, dolor y miedo<\/strong><\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Parte 1 de 4<\/strong><\/p>\n<div id=\"attachment_174429\" style=\"width: 332px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/double-moon-2357.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-174429\" class=\"size-large wp-image-174429\" src=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/double-moon-2357-322x420.jpg\" alt=\"Morir\u00e1s dando vida\u2026 de tu vientre saldr\u00e1 el amor; ver\u00e1s las dos lunas en el rojo horizonte, donde el mundo d\u00eda a d\u00eda se esconde el reloj detendr\u00e1 su andar al dos mil veintid\u00f3s.\" width=\"322\" height=\"420\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/double-moon-2357-322x420.jpg 322w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/double-moon-2357-184x240.jpg 184w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/double-moon-2357.jpg 538w\" sizes=\"auto, (max-width: 322px) 100vw, 322px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-174429\" class=\"wp-caption-text\"><em>Morir\u00e1s dando vida\u2026 de tu vientre saldr\u00e1 el amor;<\/em><br \/><em>ver\u00e1s las dos lunas en el rojo horizonte,<\/em><br \/><em>donde el mundo d\u00eda a d\u00eda se esconde<\/em><br \/><em>el reloj detendr\u00e1 su andar al dos mil veintid\u00f3s.<\/em><\/p><\/div>\n<p>Eran cerca de las 10 de la noche, ella estaba empapada con ese sudor que s\u00f3lo lo puede ocasionar los malos momentos o los malos sue\u00f1os. Se acerc\u00f3 al peque\u00f1o balc\u00f3n que ten\u00eda su rec\u00e1mara. Apenas pudo abrir los ojos\u2026 pasaron algunos segundos, uno, dos, tres, los tall\u00f3 tan fuerte que las im\u00e1genes que estaban frente a ella empezaron a tomar tintes de fantas\u00eda.<\/p>\n<p>Un aire fresco le invadi\u00f3 el rostro\u2026 poco a poco el paisaje se fue esclareciendo, levant\u00f3 la cara. Unas nubes densas y altas estaban ah\u00ed, casi listas para ser tocadas. Resaltaba su blancura en la tiniebla de la noche. En medio de ellas dos discos brillantes sal\u00edan a relucir. \u00bfDos lunas? Se pregunt\u00f3. Empez\u00f3 a latir su coraz\u00f3n. Varias veces la tomaron por sorpresa estos sue\u00f1os. Eran tan reales. Luisa era una mujer de treinta a\u00f1os. Hab\u00eda tenido problemas motrices durante su desarrollo, unos aparatos ortop\u00e9dicos la acompa\u00f1aron cinco a\u00f1os de su vida hasta que se hart\u00f3 y los puso en la puerta de su cuarto. En ese lugar que resguarda los malos recuerdos. Cotidianamente ten\u00eda sue\u00f1os de fantas\u00eda. Pero siempre hab\u00eda algo en com\u00fan, las dos lunas, el fantasma de la mujer que en bata le arrebataba las preguntas m\u00e1s puntiagudas que le costaba trabajo contestar y \u00e9l, el hombre de gabardina negra, el hombre que aparec\u00eda y desaparec\u00eda, del que nada m\u00e1s pod\u00eda recordar su mano, siempre caliente y aquellas palabras que la tranquilizaban cuando se topaba con las fantas\u00edas de su vida, con lo indescriptible de sus potenciales vicios, con la locura que siempre la hab\u00eda acompa\u00f1ado.<\/p>\n<p>Cuando pens\u00f3 estar cerca de despertar quiso regresar a su cuarto, pero la puerta estaba cerrada. Ah\u00ed iba otra vez, a la aventura de la pesadilla. La primera vez el coraz\u00f3n le lat\u00eda de una forma tan r\u00e1pida que sent\u00eda que de un momento a otro quedar\u00eda tendida en la senda que culminaba en ese agujero oscuro que se ve\u00eda a lo lejos. Ahora, despu\u00e9s de tantas noches con estos sue\u00f1os, era un poco m\u00e1s la incertidumbre de lo que vivir\u00eda que el miedo al asombro, a las im\u00e1genes atroces que pasaban por sus ojos y que, como parte de estos sue\u00f1os densos, era imposible escapar.<\/p>\n<p>Camin\u00f3 algunos pasos y encontr\u00f3 el reloj de pared que su abuelo le hab\u00eda regalado, era ese regalo el que le trajo a su mente la muerte de Don Hern\u00e1n. Ese se\u00f1or que hab\u00eda tenido varias mujeres en su vida. Su abuela, la mujer dulce que le entregaba el amor con la incondicionalidad de la mujer de campo. Ella que pod\u00eda dar todo por \u00e9l y no recibir m\u00e1s que ciertos piropos cuando pasaba junto al abuelo, con su delantal y su aroma a mujer aseada. De las otras tres mujeres no hablaremos m\u00e1s, \u00e9l les inventaba siempre distintas cualidades para justificar sus amor\u00edos, para justificar su descendencia con ellas. Era ese momento donde los murmullos del rosario de las mujeres, la abuela y de todo el pueblo se escuchaba en un ambiente l\u00fagubre. Parec\u00eda que el aire entonaba la sinfon\u00eda de despedida. El olor del caf\u00e9 de olla, las nubes en medio del cielo y el c\u00e1ntico eclesi\u00e1stico pintaban la escena junto con el reloj que tomaba en sus manos.<\/p>\n<p>Anda vamos! le dijo \u00e9l. Nuevamente su gu\u00eda se hinc\u00f3 junto a Luisa. Se qued\u00f3 agachada en el piso, en cuclillas. Percibi\u00f3 que las dos lunas se acercaron m\u00e1s hacia ella. No pudo contener el llanto y el miedo. Siempre le tuvo terror, no sabemos si era por nunca haber visto su cara, o por la maldita forma de identificar sus sentimientos, de comunic\u00e1rselos, de pon\u00e9rselos enfrente. Como en todos los sue\u00f1os, lo tom\u00f3 de la mano, nuevamente hirviendo \u2013 pero sin sudar \u2013 y le dijo: \u00bfA qu\u00e9 has venido?, a ayudarte\u2026 \u00bfacaso no tienes otra cosa qu\u00e9 hacer?, la tuve, ya no. \u00bfPor qu\u00e9 nos encontramos aqu\u00ed?, si estuvieras all\u00e1 te encontrar\u00eda en ese lugar\u2026<\/p>\n<p>Caminaron dos pasos y el gu\u00eda la solt\u00f3 nuevamente, se desvaneci\u00f3; mas no su voz. No se dieron cuenta pero hab\u00edan avanzado aproximadamente dos kil\u00f3metros. Luisa sinti\u00f3 soledad en su andar y le dijo, \u00bfPor qu\u00e9 nunca me has dicho tu nombre?, \u00bfCambiar\u00edan las cosas?, contest\u00f3 \u00e9l. En verdad no s\u00e9, pero me sentir\u00eda m\u00e1s tranquila con tu compa\u00f1\u00eda. \u00bfAcaso est\u00e1s m\u00e1s tranquila sin m\u00ed? Estar en este lugar, en esta condici\u00f3n es intranquilo para cualquiera. Cuando se sabe el nombre de las cosas o las personas, se puede lograr el control de \u00e9stas. \u00bfRecuerdas a Ad\u00e1n cuando nombr\u00f3 a todos los animales?, fue una forma de someterlos a los designios del hombre. \u00bfQuisieras controlarme?, a t\u00ed no, a estos sue\u00f1os, a mi condici\u00f3n de v\u00edctima en la que me encuentro, a disposici\u00f3n de los sucesos que me esperan. Entonces, \u00bfa trav\u00e9s de mi nombre quieres controlar lo que no conoces? No s\u00e9, piensas demasiado s\u00f3lo quisiera decirte Ernesto, Daniel, Gonzalo, Armando o Ricardo para poder sentir m\u00e1s c\u00e1lida tu compa\u00f1\u00eda. No conocer tu rostro y tu nombre me inquieta, me genera desconfianza. \u00bfConf\u00edas en alguien m\u00e1s aqu\u00ed en este lugar? En verdad no\u2026 entonces caminemos. Mira se abre esa vereda, donde las lunas forman el destello de luz en la copa de los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>Ellos caminaron\u2026 por un momento la noche parec\u00eda enternecedora para cualquier caminante nocturno. Se pusieron a los pies de un hermoso pino; se lograba sentir la humedad en las suelas de los zapatos y en el ambiente. Luisa quiso reposar y nuevamente regresaba el dolor en el brazo izquierdo. Quiso gritar y no pudo, quiso llorar y fue imposible que sus l\u00e1grimas rodaran. Los que estamos fuera de estas hojas blancas s\u00f3lo pudimos percibir un rostro desencajadado de angustia, dolor y de miedo. Nuevamente su gu\u00eda con una voz suave, pero con un cinismo cuidadosamente elaborado le dijo: \u201crecorre la manga del su\u00e9ter y ve aquello que te causa dolor\u201d. \u201cNo puedo\u201d, contest\u00f3 ella. \u201cSabes lo que es, \u00bfverdad?\u201d. Hace un tiempo soslay\u00e9 hacia mi brazo y pude ver unos n\u00fameros que brotaban como salpullido de mi piel\u2026 y he pensado en estos malditos sue\u00f1os que se refieren a la fecha de mi muerte. \u201c\u00bfLe tienes miedo a la muerte?\u201d, acentu\u00f3 su cinismo. Le tengo miedo a la agon\u00eda, a la p\u00e9rdida de vida, a la frontera entre ser y dejar de existir, tengo miedo a\u2026 Se arm\u00f3 de valor y logr\u00f3 percibir un 2022. Cerr\u00f3 los ojos. Ahora s\u00ed las l\u00e1grimas brotaron y vino a su mente el verso que le dijo la se\u00f1ora de vestido negro que la tom\u00f3 del hombro repentinamente en su anterior pesadilla; cuando no la dej\u00f3 voltear, para distinguirla\u2026 le dej\u00f3 un vaho cercano al o\u00eddo y le dijo\u2026<\/p>\n<p><em>Morir\u00e1s dando vida\u2026 de tu vientre saldr\u00e1 el amor;<br \/>\nver\u00e1s las dos lunas en el rojo horizonte,<br \/>\ndonde el mundo d\u00eda a d\u00eda se esconde<br \/>\nel reloj detendr\u00e1 su andar al dos mil veintid\u00f3s.<\/em><\/p>\n<p>Ella no se dio cuenta, pero el verso lo repiti\u00f3 en voz alta. Un eco le dio cadencia a su voz, la muerte se oy\u00f3 distinta cuando retumb\u00f3 en las monta\u00f1as lejanas. No puedo expresarles estimados lectores el sentimiento que recorri\u00f3 la sangre de Luisa. Su piel se \u201cenchin\u00f3\u201d, la sangre cambiaba de temperatura en cada cent\u00edmetro que recorr\u00eda\u2026 Cay\u00f3 en el fango del bosque\u2026 la humedad fue tomando su cuerpo.<\/p>\n<p>Luisa despert\u00f3 repentinamente y de nuevo en su cama, estaba empapada, la cama estaba humedecida como si se hubiera derramado el vaso de agua que acostumbraba poner en la repisa lateral a su lecho. No sab\u00eda si el despertar le daba tranquilidad o la pon\u00eda frente a la realidad de su desdicha, de su soledad, de su vulnerable condici\u00f3n\u2026 quiso corroborar el a\u00f1o en su brazo, no estaba\u2026 Pero, algo la dej\u00f3 helada, al punto del fin\u2026 su coraz\u00f3n se aceler\u00f3; la palma de sus manos ten\u00eda el fango del bosque. Apret\u00f3 los ojos nuevamente, quiso gritar y otra vez, no pudo. Despert\u00f3 en medio del bosque con una llovizna espaciada y la mirada de \u00e9l con el mismo cinismo, pero con un poco m\u00e1s de compasi\u00f3n. \u201cNo intentes despertar, recuerda siempre que puede ser tu \u00faltimo sue\u00f1o, la fantas\u00eda es maravillosa aunque en ella mueras, no la abandones, que ella nunca lo har\u00e1\u201d.<\/p>\n<p>La vereda se fue espaciando, la noche se fue templando y a lo lejos se identificaron luces, las cuales daban una idea vaga de un pueblo encallado en las monta\u00f1as. El gu\u00eda y Luisa subieron algunos metros en la pendiente de los mont\u00edculos que a su paso se encontraban. La maleza los recibi\u00f3, algunos crujidos de le\u00f1a ardiendo daban armon\u00eda a sus pasos. De repente el olor a ma\u00edz se percibi\u00f3 en el ambiente. Por primera vez en este andar Luisa esboz\u00f3 una sonrisa, tal vez pareciera fingida, pero seguro estoy que no lo era.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Continuar\u00e1\u2026<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><a href=\"mailto:edgargomez_cide@yahoo.com.mx\"><em>edgargomez_cide@yahoo.com.mx<\/em><\/a><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nEran cerca de las 10 de la noche, ella estaba empapada con ese sudor que s\u00f3lo lo puede ocasionar los malos momentos o los malos sue\u00f1os. Se acerc\u00f3 al peque\u00f1o balc\u00f3n que ten\u00eda su rec\u00e1mara. Apenas pudo abrir los ojos\u2026 pasaron algunos segundos, uno, dos, tres, los tall\u00f3 tan fuerte que las im\u00e1genes que estaban frente a ella empezaron a tomar tintes de fantas\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":174430,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[156,3819],"tags":[31551,43685,43696,9672,43674],"class_list":["post-174356","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-edgar-gomez-flores","tag-cuentame-algo-para-no-morir","tag-cultura","tag-edgar-gomez","tag-luna","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/174356","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=174356"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/174356\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/174430"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=174356"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=174356"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=174356"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}