{"id":175202,"date":"2014-05-23T00:00:02","date_gmt":"2014-05-23T05:00:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=175202"},"modified":"2014-07-04T03:30:14","modified_gmt":"2014-07-04T08:30:14","slug":"muerte-815-%e2%80%a2-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=175202","title":{"rendered":"Muerte 8:15 \u2022 (II)"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong><em>No Luisa, esto no es as\u00ed, le contest\u00f3 el anciano. \u201cLos sue\u00f1os no son de uno, uno es de los sue\u00f1os, ellos siempre est\u00e1n ah\u00ed, nosotros vamos a ellos, nosotros no los escogemos, ellos nos toman por sorpresa y nos invaden<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Parte 2 de 4<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/noir-cirque-2362.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-175279\" src=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/noir-cirque-2362.jpg\" alt=\"noir-cirque-2362\" width=\"470\" height=\"268\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/noir-cirque-2362.jpg 1200w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/noir-cirque-2362-240x137.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/noir-cirque-2362-420x239.jpg 420w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/noir-cirque-2362-202x114.jpg 202w\" sizes=\"auto, (max-width: 470px) 100vw, 470px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A lo lejos un local tipo taberna daba una vista pintoresca a la noche. El gu\u00eda le dijo; \u201cVamos, ser\u00e1 bueno el calor de la le\u00f1a\u201d, \u201centremos\u201d\u2026 Una mujer tom\u00f3 el brazo de Luisa antes de entrar y le dijo: \u201cRecuerda Luisa\u2026 el dos mil veintid\u00f3s, por favor no lo olvides\u201d\u2026 Lo escuch\u00f3 como murmullo, apenas lo pudo percibir, no le tom\u00f3 mucha atenci\u00f3n. La persuadi\u00f3 m\u00e1s la chimenea que al fondo presentaba un ambiente caluroso, su gu\u00eda la tom\u00f3 de la mano, parec\u00edan pareja, claro no lo eran, ni lo podr\u00edan ser. Lleg\u00f3 el mesero, con los dientes amarillos y mirada lacerante y les dijo: \u201cdesean tomar lo mismo\u201d, \u00bfLo mismo? Contest\u00f3 Luisa\u2026 claro Luisa, lo mismo que pides antes de intentar morir\u2026 \u00bfIntentar morir? Volvi\u00f3 a replicar\u2026 En ese momento sinti\u00f3 una bofetada que la puso en el suelo cerca de los pies del mesero y entre el bullicio, las carcajadas y gritos de ira de su agresora se escuch\u00f3. \u00bfNo escuchas bien? Intentar morir, \u00bfte das cuenta? Ni para morir tienes valor, s\u00f3lo lo intentas y no lo logras. Luisa retrocedi\u00f3 en el suelo, recargada en sus manos y se puso en una orilla de la pocilga. Desde ah\u00ed la pudo observar; era Ana, su hermana. De manera somnolienta escuch\u00f3 sus reclamos. \u00bfMe recuerdas? inquiri\u00f3 Ana; soy tu hermana, o como dir\u00edas t\u00fa, la puta de tu hermana. \u00bfTe das cuenta? Nuevamente aqu\u00ed t\u00fa y yo; t\u00fa con tu miedo, en mi mundo, yo aqu\u00ed esper\u00e1ndote una vez m\u00e1s. Luisa recordaba esta discusi\u00f3n. No sab\u00eda si la hab\u00eda presenciado en otra pesadilla o en su vida\u2026 Quiso ponerse de pie para encararla, pero nuevamente resinti\u00f3 su estabilidad al levantarse como en aquellos tiempos de los aparatos ortop\u00e9dicos, la tom\u00f3 de la quijada y la puso en la pared: \u201cmira Luisa, ese reloj marca la hora\u2026 son las 8:15, tu sabes bien que pasar\u00e1, o lo haces o lo hago\u2026<\/p>\n<p>La respiraci\u00f3n de Luisa se agit\u00f3 de repente, el lugar se vaci\u00f3. S\u00f3lo unas velas quedaron encendidas cerca de la barra donde un cantinero atend\u00eda. Se acerc\u00f3 hacia \u00e9stas; ahora quedaba claro todo\u2026 las 8:15, las 20:15.<\/p>\n<p>\u2026 el reloj detendr\u00e1 su andar al 20:22.<\/p>\n<p>La chimeneas se hab\u00eda apagado, el viento sopl\u00f3 entre la ventana que estaba nuevamente rota\u2026 le hel\u00f3 las piernas, tendr\u00eda siete minutos o tal vez seis, cinco\u2026 El tiempo se volvi\u00f3 ef\u00edmero. Entonces le vino a la mente el poema que su padre le escribi\u00f3.<\/p>\n<p>El tiempo llega en pedestal infinito, se nos va de las manos.<br \/>\nCorre y llega\u2026 se va sin permiso.<br \/>\nQueda s\u00f3lo el recuerdo vivido. Agua, aire, tiempo&#8230;.<br \/>\nPasan a\u00f1os; dulces sin gracia y amargos, todos se van, pocos&#8230;. se quedan conmigo.<\/p>\n<p>Se hinc\u00f3 y el viento empez\u00f3 a acabar con el techo del lugar, las paredes, el pueblo. Otra vez Luisa con su realidad. Despu\u00e9s de quedar a la intemperie, un viento tenue refresc\u00f3 su cara. Qued\u00f3 sola en la monta\u00f1a. Las dos lunas reflejaban su luz en toda la colina. Por primera vez en sus sue\u00f1os no tuvo miedo de los dos discos perfectamente delineados en el caprichoso cenit. En este momento sinti\u00f3 paz de contar con el reflejo que le permit\u00eda no tropezarse en su andar. Avanz\u00f3 con paso lento; algunas veces trompicaba con algunas piedras las cuales eran imperceptibles a su paso, pero nada que la pusiera nuevamente en el fango del camino. Durante este trayecto, record\u00f3 a Ana, su hermana, pudo identificar su rostro desencajado en la taberna, estaba segura que el odio reflejado en ella ya lo hab\u00eda experimentado tiempo atr\u00e1s\u2026 Otra vez le vino el dolor de cabeza, ese dolor que ten\u00eda una clara relaci\u00f3n con ella\u2026 prefiri\u00f3 evadir el recuerdo y caminar.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 a ver su reloj. Un reloj de cuerda, antiguo\u2026 justo se detuvo a las 20:20. El tiempo se congel\u00f3 y con \u00e9l su deseo de morir. Esto le permiti\u00f3 quitar un poco de peso a su existencia, la cual se desvanecer\u00eda, la cual pudo haberse esfumado con Ana, tal vez al atravesarle una daga en el pecho, o tal vez de manera m\u00e1s sofisticada, tom\u00e1ndola de los brazos, acerc\u00e1ndose de manera provocativa hacia ella e inhalando sus recuerdos, su respiraci\u00f3n, su vida, su existencia, su alma, su ser\u2026<\/p>\n<p>Dio algunos pasos m\u00e1s resignada, cabizbaja y al tratar de identificar el paso venidero, el reflejo de las lunas se confundi\u00f3 con el reflejo del horizonte; luces de colores reflejaban por doquier, era una imagen peque\u00f1a\u2026 \u201ctal vez por la distancia\u201d pens\u00f3 para s\u00ed misma. Camin\u00f3 por algunos minutos &#8211; o tal vez fueron horas- que le permitieron enfocar de manera m\u00e1s f\u00e1cil su nuevo refugio. Se llegaban a escuchar voces ocasionadas por la muchedumbre, entre aplausos, gritos y carcajadas pudo ver a lo lejos la carpa de un circo, esto lo confirm\u00f3 con el olor a excremento de los animales\u2026 Elefantes, cebras, ponies y otras tantas especies enjauladas le dieron la bienvenida a su paso. \u201c\u00bfUn circo en plena noche?\u201d \u2013 pens\u00f3. Sin embargo, no se detuvo y atraves\u00f3 la cerca del primer c\u00edrculo de contenci\u00f3n que caracteriza a estos lugares. Vio a lo lejos la taquilla con una luz casi imperceptible, mas no para ella que hab\u00eda agudizado su vista en la oscuridad del camino. A unos pasos de la taquilla donde atend\u00eda un se\u00f1or de aproximadamente setenta a\u00f1os vir\u00f3&#8230; pens\u00f3 encontrar a su gu\u00eda; pero \u00e9ste no estaba\u2026 por el momento. Regres\u00f3 la mirada y vio fijamente al taquillero y le dijo\u2026 \u201c\u00bfme puede vender un boleto?\u201d, \u00bfcon qu\u00e9 dinero pagar\u00e1s Luisa?, le contest\u00f3 el se\u00f1or\u2026 Nuevamente qued\u00f3 desconcertada, le aterraba saber que toda la gente sab\u00eda su nombre en aquellos lugares desconocidos, tal vez la idea de relacionar el nombre con el control, la hac\u00eda sentirse en desventaja. \u201cNo s\u00e9\u2026 es mi sue\u00f1o y seguramente tendr\u00e9 el dinero que me pida\u201d. No Luisa, esto no es as\u00ed, le contest\u00f3 el anciano. \u201cLos sue\u00f1os no son de uno, uno es de los sue\u00f1os, ellos siempre est\u00e1n ah\u00ed, nosotros vamos a ellos, nosotros no los escogemos, ellos nos toman por sorpresa y nos invaden, juegan con nosotros. Pero no te preocupes mujer, ellos te est\u00e1n esperando, no necesitas un ticket para entrar\u201d.<\/p>\n<p>Los ojos de Luisa se abrieron, sus fosas nasales se expandieron, sus manos empezaron a escurrir el sudor que la delataba en cada una de sus pesadillas y se enfil\u00f3 hacia el circo, el cual parec\u00eda se hab\u00eda apartado considerablemente de la taquilla. Pod\u00eda sentir en sus o\u00eddos el latir de su coraz\u00f3n. Las palabras de este se\u00f1or taladraron su caminar, \u201c\u2026 ellos te est\u00e1n esperando\u2026\u201d. No entend\u00eda claramente el significado. \u00bfQui\u00e9nes son ellos?, \u00bfPor qu\u00e9 me esperan? A unos pasos de la entrada principal, vio con claridad el circo; una carpa de color rojo con amarillo, con un suelo tapizado de aserr\u00edn y el f\u00e9tido olor que la acompa\u00f1\u00f3 desde su llegada, el cual poco a poco era menos perceptible. Con su mano derecha desplaz\u00f3 la cortina de pl\u00e1stico de la entrada y pudo identificar una voz conocida a lo lejos, la cual se perd\u00eda por el crujir de las tarimas de madera que formaban el anfiteatro.<br \/>\nDe manera inexplicable, para ella, se tornaron los murmullos y la algarab\u00eda en silencio\u2026 luces plet\u00f3ricas de colores se extinguieron instant\u00e1neamente en el \u00faltimo paso, al dejarse ver ante todos, en v\u00edsperas de la pista. Poco a poco una luz alumbr\u00f3 la parte superior de la carpa, dej\u00f3 ver los trapecios, las caras imp\u00e1vidas de los espectadores y al final ella\u2026 Paulatinamente Luisa empez\u00f3 a ver que el circo se expand\u00eda\u2026 el techo se alejaba, la pista incrementaba su di\u00e1metro\u2026 Las personas se hac\u00edan m\u00e1s grandes a sus ojos. No pod\u00eda explicar este fen\u00f3meno. La cara de las personas empez\u00f3 a cambiar, ahora se encontraban asombradas de lo que sus ojos ve\u00edan. Ella no contuvo esto. Cay\u00f3 al suelo. Sin embargo, pudo percibir en su ca\u00edda que el suelo no estaba tan lejos como lo pens\u00f3. Ya en \u00e9l, pudo ver su mano derecha. El lunar que hab\u00eda visto d\u00edas atr\u00e1s no lo percibi\u00f3, con la otra mano pudo palpar su piel tersa, rosada, sin aspereza alguna. Era la mano de una ni\u00f1a. De repente tuvo la sensaci\u00f3n de caer en un vac\u00edo y de manera zigzagueante sus recuerdos, sus miedos olvidados y sus dolores, la tomaron f\u00edsicamente y tambi\u00e9n en sus ideas. Fue aqu\u00ed cuando la luz se enfoc\u00f3 a su rostro, asimismo otro destello se perfil\u00f3 al otro lado de la pista donde se encontraba el hombre de traje con sombrero negro de copa, el cual portaba un altavoz en la mano izquierda\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Continuar\u00e1\u2026<\/em><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"mailto:edgargomez_cide@yahoo.com.mx\"><em>edgargomez_cide@yahoo.com.mx<\/em><br \/>\n<\/a><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">La primera parte puede verse en <a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?cat=156\" target=\"_blank\">www.diarioimagen.net<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nA lo lejos un local tipo taberna daba una vista pintoresca a la noche. El gu\u00eda le dijo; \u201cVamos, ser\u00e1 bueno el calor de la le\u00f1a\u201d, \u201centremos\u201d\u2026 Una mujer tom\u00f3 el brazo de Luisa antes de entrar y le dijo: \u201cRecuerda Luisa\u2026 el dos mil veintid\u00f3s, por favor no lo olvides\u201d\u2026 Lo escuch\u00f3 como murmullo, apenas lo pudo percibir, no le tom\u00f3 mucha atenci\u00f3n. <\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":175279,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[156,3819],"tags":[31551,43685,43696,8034],"class_list":["post-175202","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-edgar-gomez-flores","tag-cuentame-algo-para-no-morir","tag-cultura","tag-edgar-gomez","tag-ojos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/175202","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=175202"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/175202\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/175279"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=175202"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=175202"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=175202"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}