{"id":177007,"date":"2014-06-06T00:00:26","date_gmt":"2014-06-06T05:00:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=177007"},"modified":"2014-06-06T04:58:39","modified_gmt":"2014-06-06T09:58:39","slug":"muerte-815-%e2%80%a2-iv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=177007","title":{"rendered":"Muerte 8:15 \u2022 (IV)"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><em><strong>\u201cNo temas a morir, recuerda la fantas\u00eda te recompensar\u00e1 a\u00fan en la muerte\u2026\u201d Volte\u00f3 y no hab\u00eda nadie<\/strong><\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Parte 4\u00a0de 4<\/strong><\/p>\n<div id=\"attachment_177057\" style=\"width: 302px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/edgar-2372.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-177057\" class=\"wp-image-177057\" src=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/edgar-2372-356x420.jpg\" alt=\"edgar-2372\" width=\"292\" height=\"344\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/edgar-2372-356x420.jpg 356w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/edgar-2372-203x240.jpg 203w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/edgar-2372.jpg 502w\" sizes=\"auto, (max-width: 292px) 100vw, 292px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-177057\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #ffffff;\">w<\/span><\/p><\/div>\n<p>En ese momento las campanas repicaron y un revuelo se escuch\u00f3 afuera de la carpa, pareciera una fiesta del pueblo. Luisa quiso caminar hacia la puerta principal, pero trompicaba en su andar. Hac\u00eda un esfuerzo inmensurable por avanzar y no lo lograba. De pronto, volteo a su reloj y vio: \u201clas 20:22\u201d. El dolor de cabeza nuevamente la tom\u00f3, ahora sin parang\u00f3n. Todo el sue\u00f1o le lleg\u00f3 en ese momento\u2026 \u201cRecuerda Luisa\u2026 el dos mil veintid\u00f3s, por favor no lo olvides\u201d, \u201c\u00bfLe tienes miedo a la muerte?\u201d, \u201c\u00bfte das cuenta? Ni para morir tienes valor, s\u00f3lo lo intentas y no lo logras\u201d\u2026 Las voces llegaron una por una primeramente, despu\u00e9s llegaron todas juntas y la tomaron.<\/p>\n<p>Luisa una vez m\u00e1s despert\u00f3 en su cama. Con desesperaci\u00f3n, corri\u00f3 hacia el lavabo del ba\u00f1o. Tom\u00f3 agua entre sus manos y se lav\u00f3 la cara. Ten\u00eda una respiraci\u00f3n agitada. Se tom\u00f3 con las dos manos del toallero, volteo hacia abajo y de manera muy lejana escuch\u00f3. \u201cNo temas a morir, recuerda la fantas\u00eda te recompensar\u00e1 aun en la muerte\u2026\u201d Volte\u00f3 y no hab\u00eda nadie. Era la ma\u00f1ana. Las 6:45 a. m. Se desvisti\u00f3 y se incorpor\u00f3 en la ducha, despu\u00e9s la rutina: el desayuno, su ropa, el beso a su compa\u00f1ero y la carrera a su despacho.<\/p>\n<p>Todo el d\u00eda fue dif\u00edcil para ella, no encontraba raz\u00f3n de su malestar y de su incomodidad. Pudo revisar algunos papeles y habl\u00f3 con Imelda para tomar un caf\u00e9. Imelda fue su compa\u00f1era de universidad con quien platicaba sus asuntos m\u00e1s \u00edntimos. Pasaron las horas y se fueron desvaneciendo los recuerdos del sue\u00f1o, s\u00f3lo quedaron las sensaciones y los malestares. Durante el d\u00eda no pudo lograr la concentraci\u00f3n requerida para concluir sus asuntos m\u00e1s relevantes. No contuvo m\u00e1s y sali\u00f3 de la oficina veinte minutos m\u00e1s temprano de lo normal. Lleg\u00f3 al caf\u00e9; muy cerca del centro de la ciudad. Mientras esperaba, una anciana se acerc\u00f3 y le dijo, d\u00e9jame leer tu mano y tu suerte. \u00a1Claro!, contest\u00f3 ella. Le puso la mano derecha a su disposici\u00f3n a la anciana. \u00c9sta abri\u00f3 los ojos con un asombro y una preocupaci\u00f3n y le dijo: Debes tener cuidado en el 2022, algo te pasar\u00e1. Trata de no alejarte mucho de m\u00ed mujer. Me necesitar\u00e1s. Luisa, en ese momento, pudo retomar paso a paso los olores y el recuerdo de su sue\u00f1o\u2026 Sinti\u00f3 helar su sangre, pero lo disimul\u00f3. \u201cGracias se\u00f1ora\u201d, tom\u00f3 una moneda de cinco pesos y se la entreg\u00f3. Levant\u00f3 la mirada como buscando a Imelda, sin embargo, lo que buscaba era distraer su atenci\u00f3n de la se\u00f1ora que con un paso lerdo se alejaba en la puerta del cafecito. Al perder de vista a la se\u00f1ora, se par\u00f3 de su silla y camin\u00f3 a la puerta\u2026 trompic\u00f3 y tir\u00f3 su monedero. Lo intent\u00f3 levantar, al igual que un se\u00f1or que pasaba. Coincidieron sus manos. La mano de este hombre estaba hirviendo. El cielo empez\u00f3 a nublarse, Luisa olvid\u00f3 la cita con Imelda y camin\u00f3 por las calles del Centro Hist\u00f3rico, su cabeza empez\u00f3 a perder cordura, las im\u00e1genes se confundieron nuevamente, el hombre de gabardina negra y manos calientes, el 2022, el sue\u00f1o, la vida, la muerte y la fantas\u00eda. Todo junto, como burl\u00e1ndose de el orden que el hombre ha dado a estos elementos.<\/p>\n<p>Camin\u00f3 por el callej\u00f3n obscuro hacia el barrio de su casa. Su desesperaci\u00f3n se acentu\u00f3. De repente en la pared observ\u00f3 de manera detenida un grafiti que dec\u00eda:<\/p>\n<p><em>\u00bfSer\u00e1 la locura cordura sin orden?<\/em><br \/>\n<em>\u00bfo ser\u00e1 maldici\u00f3n de nuestro camino?<\/em><br \/>\n<em>Hurto de lo creado por el hombre,<\/em><br \/>\n<em>despoja de tu mente, mujer, lo que es m\u00edo<\/em><\/p>\n<p>La lectura r\u00e1pida de este mensaje, la puso m\u00e1s nerviosa, quiso caminar de regreso pero la calle ya era otra. Ahora caminaba por un empedrado, confundida entre la fantas\u00eda y la realidad. O tal vez era su otra vida. Por momentos Luisa se sinti\u00f3 Ana y llor\u00f3 de dolor, otras veces de culpa. Se pos\u00f3 nuevamente en la banqueta de la calle colonial y solloz\u00f3, ahora s\u00ed de dolor; pero no f\u00edsico. \u00c9l una vez m\u00e1s ah\u00ed. \u00bfQuieres caminar? \u201cVamos, all\u00e1 a lo lejos\u2026 tal vez te pueda ayudar\u201d. Luisa supo que caminaba en la frontera de la cordura y el desquicio, de los recuerdos y la realidad. Era su mundo, todo junto, lo que se vive dentro y fuera de su mente.<\/p>\n<p>Camin\u00f3 y sigui\u00f3. A lo lejos se perdieron nuevamente. Agarrados de la mano. Las nubes en el horizonte se empezaron a abrir y dejaron desnudas a las dos lunas que aparec\u00edan en el paisaje. S\u00f3lo un hilo de sangre quedaba como estela en el andar de Luisa\u2026 Bueno, eso logr\u00f3 ver \u00e9ste, quien ahora narra lo vivido, lo pensado, lo recordado, por Luisa o quiz\u00e1s era Ana en una presentaci\u00f3n m\u00e1s tersa. No lo s\u00e9 y estoy seguro\u2026 nunca lo sabr\u00e9.<\/p>\n<p><a href=\"mailto:edgargomez_cide@yahoo.com.mx\"><em>edgargomez_cide@yahoo.com.mx<\/em><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Las tres\u00a0primeras partes pueden verse en <a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?cat=156\" target=\"_blank\">www.diarioimagen.net<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nEn ese momento las campanas repicaron y un revuelo se escuch\u00f3 afuera de la carpa, pareciera una fiesta del pueblo. Luisa quiso caminar hacia la puerta principal, pero trompicaba en su andar. Hac\u00eda un esfuerzo inmensurable por avanzar y no lo lograba. De pronto, volteo a su reloj y vio: \u201clas 20:22\u201d. El dolor de cabeza nuevamente la tom\u00f3, ahora sin parang\u00f3n. Todo el sue\u00f1o le lleg\u00f3 en ese momento\u2026 \u201cRecuerda Luisa\u2026 el dos mil veintid\u00f3s, por favor no lo olvides\u201d, \u201c\u00bfLe tienes miedo a la muerte?\u201d, \u201c\u00bfte das cuenta? Ni para morir tienes valor, s\u00f3lo lo intentas y no lo logras\u201d\u2026 Las voces llegaron una por una primeramente, despu\u00e9s llegaron todas juntas y la tomaron.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":177057,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[156,3819],"tags":[31551,43685,1922,43696,43674],"class_list":["post-177007","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-edgar-gomez-flores","tag-cuentame-algo-para-no-morir","tag-cultura","tag-dolor","tag-edgar-gomez","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/177007","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=177007"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/177007\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/177057"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=177007"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=177007"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=177007"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}