{"id":178904,"date":"2014-06-20T00:00:09","date_gmt":"2014-06-20T05:00:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=178904"},"modified":"2014-06-20T04:00:20","modified_gmt":"2014-06-20T09:00:20","slug":"renata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=178904","title":{"rendered":"Renata"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong><em>Fue hasta esta altura de su vida que se dio cuenta lo sola que estaba. Quiso identificar la realidad y le ven\u00eda a la mente Roberto<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p><a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/alone-2382.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-178962\" src=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/alone-2382-420x259.jpg\" alt=\"alone-2382\" width=\"420\" height=\"259\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/alone-2382-420x259.jpg 420w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/alone-2382-240x148.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/alone-2382.jpg 700w\" sizes=\"auto, (max-width: 420px) 100vw, 420px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por momentos se escriben cuentos por necesidad de comunicar, de dar a la luz un sentimiento complejo o de impulsar una idea que se mete como piedra en el zapato. En algunos casos se cuentan an\u00e9cdotas distorsionadas por la narrativa, en otros se cuentan mentiras para que en boca de todos se conviertan en verdades. As\u00ed llegan a nuestra mente historias, realidades y en un sinn\u00famero de estos escritos, nos llegan ficciones que transformamos en realidades al ponerlas en un papel, el cual se puede tocar y sentir. Tal y como las ficciones de las personas se convierten en realidades cuando estos et\u00e9reos s\u00edmbolos nos toman con un pensamiento o un sentimiento que vivimos, sufrimos o gozamos y con esto se vuelven terrenales.<\/p>\n<p>Este es el caso de Renata quien desde los doce a\u00f1os devoraba libros. Uno por uno pasaba las hojas. Siempre trataba de guardar una cronolog\u00eda en todo lo que le\u00eda. Empez\u00f3 a tomar historias divinas de libros sagrados. Despu\u00e9s se adentr\u00f3 al teatro griego y ley\u00f3 Medea, Electra, Agamen\u00f3n (la versi\u00f3n de Electra de Esquilo) y de ah\u00ed tom\u00f3 libros cl\u00e1sicos de siglos despu\u00e9s: la Divina Comedia, el Cantar de los Nibelungos, ley\u00f3 con detenimiento el teatro de Sor Juana y pasaron muchos a\u00f1os y muchos libros, muchas hojas y much\u00edsimas ilusiones y dolores. Siempre ajenos. Dolores de los personajes que \u201cuno sufre m\u00e1s\u201d dec\u00eda. \u201cCuando uno voltea la p\u00e1gina, el dolor se ha ido para ellos, pero uno se queda con el pensamiento, con el dolor, con el sabor a muerte, con la guerra ganada o p\u00e9rdida, con la depresi\u00f3n de la soledad\u201d. Este pensamiento era ambivalente para ella; le incomodaba tener que \u201ccargar\u201d con la muerte de los hijos de Medea, o con la muerte de Clitemnestra de la mano de sus hijos, Electra y Orestes. Por otro lado, esto era lo que le daba valor de tomar un libro, cruzar la pierna tom\u00e1ndose un caf\u00e9 y adentrarse en los m\u00faltiples mundos alternos que viv\u00eda.<\/p>\n<p>As\u00ed, con esa informaci\u00f3n y esa inspiraci\u00f3n recorri\u00f3 su adolescencia, pasaron estos a\u00f1os y al llegar cerca de sus veintes tambi\u00e9n se hab\u00eda adentrado en el cine donde empez\u00f3 a encarnar sus fantas\u00edas, con personajes predise\u00f1ados y bien trabajados. Mas no s\u00f3lo fueron libros y pel\u00edculas, tambi\u00e9n tuvo algunos encuentros con hombres que le dieron cari\u00f1o y alguno que otro por momentos le fingi\u00f3 amor, lo cual agradec\u00eda. Fue Jos\u00e9 Francisco quien la adentr\u00f3 en su sexualidad, con ocho a\u00f1os m\u00e1s que ella, aprendi\u00f3 t\u00e9cnicas b\u00e1sicas para tener el control de su cuerpo y sus placeres. Pero tambi\u00e9n estuvieron los rom\u00e1nticos y los intelectuales, los barbajanes y los engre\u00eddos, los ap\u00e1ticos y los depresivos. As\u00ed desfilaron cada uno, con una caracter\u00edstica com\u00fan; ninguno de ellos se acercaba a la perfecci\u00f3n de hombre que necesitaba y pensar\u00edamos todos, a\u00f1oraba. Fue en ese sue\u00f1o que tuvo, justo despu\u00e9s de haber sido aceptada en la empresa de autoservicio como cajera, donde empez\u00f3 la realidad que la acompa\u00f1ar\u00eda una vida. Trajo a su sue\u00f1o todas sus aspiraciones f\u00edsicas, sexuales, intelectuales y rom\u00e1nticas de su hombre ideal. S\u00f3lo agreg\u00f3 los ojos color miel del pasante de recursos humanos que en manos le entreg\u00f3 la hoja de aceptaci\u00f3n y le dijo: \u201cFelicidades Renata\u2026 Bienvenida\u201d aunque le pareci\u00f3 un hombre bobo y poco sensual, le impresionaron sus pesta\u00f1as y el brillo de sus ojos.<\/p>\n<p>\u2026Era una tarde de invierno en la Ciudad de M\u00e9xico, Renata se hab\u00eda recibido como arquitecta y se dispon\u00eda a recoger su diploma en el Instituto Tecnol\u00f3gico de la Ciudad. Esperaba el autob\u00fas que la llevara a dos cuadras de la escuela. A lo lejos sinti\u00f3 la cercan\u00eda de Alberto con ojos color miel y pesta\u00f1as grandes, le tom\u00f3 la mano y le dijo: \u201cte he esperado tanto, para que en un sue\u00f1o nos veamos\u201d. Ella sinti\u00f3 que le herv\u00eda la sangre y lo bes\u00f3, con la pasi\u00f3n con la que bes\u00f3 a Roberto en su fiesta de quince a\u00f1os, justo detr\u00e1s de los tinacos de agua en la azotea del departamento de sus padres. Y despu\u00e9s la calle de su sue\u00f1o se transform\u00f3 en una rec\u00e1mara majestuosa como las habitaciones del Castillo de Chapultepec o \u00bfpor qu\u00e9 no? como los cuartos de Napole\u00f3n en el Museo de Louvre en Paris. Y \u00e9l ahora vest\u00eda como cadete, le hablaba al o\u00eddo con el lenguaje de Pablo Neruda, la tomaba del brazo con la fortaleza de Ulises \u201cel Odiseo\u201d y ah\u00ed sinti\u00f3 el amor y la admiraci\u00f3n de la perfecci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>Se despert\u00f3 y fue directamente a su mesa de dibujo, tom\u00f3 una hoja y escribi\u00f3:<\/p>\n<p><em>Tenme paciencia amor de mi vida,<br \/>\nllegar\u00e9 a ti en camino nuevo.<br \/>\nQuiz\u00e1s montada en la fantas\u00eda,<br \/>\no en las palabras que son verbo.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed pasaron los a\u00f1os, no tuvo valor de iniciar una relaci\u00f3n. Hombres la persuad\u00edan y le hac\u00edan ver sus atributos f\u00edsicos e intelectuales. Pero hab\u00eda una barrera natural. Una aberraci\u00f3n a la imperfecci\u00f3n. Cada hombre que llegaba le mostraba el abismo entre Alberto y ellos. M\u00e1s de uno cuestion\u00f3 su preferencia sexual, situaci\u00f3n que no la incomodaba. Hablaba d\u00eda y noche con \u00e9l. Nada cambiaba. Alberto y su trabajo en la tienda departamental, la hac\u00edan sentir segura y confortable. Pasaban los art\u00edculos y los pesos por sus manos y manten\u00eda di\u00e1logos con \u00e9l: \u201c C\u00f3mo aguantas la rutina Renata, es necesario que sigas aqu\u00ed, deber\u00edas ejercer como arquitecta\u2026 creo que te har\u00eda bien\u201d, a lo que contest\u00f3 &#8211; en su mente \u2013 \u201cno Roberto, este trabajo es m\u00e1s divertido, hablo con gente, no trabajo en la noche y tengo tiempo para los dos\u201d.<\/p>\n<p>Sus amigos, compa\u00f1eros de trabajo y su familia le preguntaban por este gran hombre que Renata describ\u00eda. Con toda seriedad hablaba de los viajes del ahora su esposo y de sus logros profesionales. Se embaraz\u00f3 de \u00e9l y tuvo un aborto \u201cdif\u00edcil para los dos\u201d. Caminaba d\u00eda a d\u00eda con aud\u00edfonos en sus o\u00eddos, en el trayecto a su trabajo, como queriendo mantener distancia con la realidad que amenazaba la perfecci\u00f3n tra\u00edda a su mente. Manten\u00eda todo el tiempo di\u00e1logos con \u00e9l, compart\u00eda cartas mutuas que presum\u00eda con pensamientos de ambos. Tiempo despu\u00e9s perdi\u00f3 su trabajo en una de las infinitas crisis latinoamericanas que hemos padecido. Fue pasando de la edad adulta al inicio de su vejez y continuo, cada vez m\u00e1s sola, pero \u201cbien acompa\u00f1ada\u201d dec\u00eda ella.<\/p>\n<p>Adentrada en el inicio de sus sesentas, empez\u00f3 a sentir algunos dolores en el pecho, situaci\u00f3n que por meses no le tom\u00f3 importancia. Pero sus amigas la convencieron de visitar al doctor. Era una tarde de esas rojizas y fr\u00edas que hac\u00edan sentir la v\u00edspera de las fiestas de Navidad. Esper\u00f3 dos horas a que el doctor Jim\u00e9nez la recibiera. Tom\u00f3 los estudios que le solicit\u00f3 y le dijo. \u201c\u00bfUsted es casada se\u00f1ora?\u201d. \u201cFelizmente casada\u201d, contest\u00f3 Renata. \u201c\u00bfPodr\u00eda hablar con su marido?\u201d, \u201cImposible, estar\u00e1 de viaje por tres meses fuera de la ciudad; pero creo que si es sobre mi salud, tendr\u00eda derecho de saberlo\u201d. Se tom\u00f3 un minuto el doctor revisando nuevamente los estudios, camin\u00f3 de un lado a otro, jal\u00f3 aire y le dijo: \u201cSe\u00f1ora\u2026 usted tiene un c\u00e1ncer de pecho muy avanzado, creo que debe hablar con su marido para que regrese de inmediato y podamos tomar acciones sobre sus cuidados\u201d. \u201c\u00bfPodr\u00e9 morir antes de que \u00e9l llegue?\u201d\u2026 el silencio del doctor le dio la contestaci\u00f3n. Por lo que se fue y camin\u00f3 por las calles. En ese momento todo la ensordeci\u00f3 y la voz de Roberto no apareci\u00f3 en sus di\u00e1logos.<\/p>\n<p>Fue hasta esta altura de su vida que se dio cuenta lo sola que estaba. Quiso identificar la realidad y le ven\u00eda a la mente Roberto: todos los di\u00e1logos, consejos y protecci\u00f3n que sent\u00eda de \u00e9l. Pero tambi\u00e9n quiso encontrar sus fantas\u00edas y aparec\u00eda nuevamente. En ese momento quiso enloquecer, estaba en v\u00edsperas de la muerte y no ten\u00eda claridad sobre aquello que hab\u00eda vivido y aquello que hab\u00eda so\u00f1ado, pensado o sentido. Lleg\u00f3 a su casa, tom\u00f3 una pluma y una hoja en blanco y escribi\u00f3:<\/p>\n<p><em>Pas\u00f3 el tiempo y te permit\u00ed en mi vida<br \/>\nHoy te necesito y s\u00e9 que no eres real<br \/>\nPor qu\u00e9 ser\u00e1 que te veo hoy con ira<br \/>\nHombre perfecto\u2026 la maldici\u00f3n de amar<\/em><\/p>\n<p>Dej\u00f3 caer la pluma y el l\u00e1piz. Llor\u00f3 recostada en su brazo y se qued\u00f3 dormida. \u00bfO quiz\u00e1s muri\u00f3? En el mundo de Renata no sabemos por qu\u00e9 la distancia entre dormir y morir puede ser tan parecida como entre so\u00f1ar y vivir.<\/p>\n<p><a href=\"mailto:edgargomez_cide@yahoo.com.mx\"><em>edgargomez_cide@yahoo.com.mx<\/em><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nPor momentos se escriben cuentos por necesidad de comunicar, de dar a la luz un sentimiento complejo o de impulsar una idea que se mete como piedra en el zapato. <\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":178962,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[156,3819],"tags":[31551,43685,43696,43674],"class_list":["post-178904","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-edgar-gomez-flores","tag-cuentame-algo-para-no-morir","tag-cultura","tag-edgar-gomez","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/178904","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=178904"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/178904\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/178962"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=178904"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=178904"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=178904"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}