{"id":179811,"date":"2014-06-27T00:00:30","date_gmt":"2014-06-27T05:00:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=179811"},"modified":"2014-07-11T00:24:06","modified_gmt":"2014-07-11T05:24:06","slug":"el-libro-que-tenia-corazon-%e2%80%a2-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=179811","title":{"rendered":"El libro que ten\u00eda coraz\u00f3n \u2022 (I)"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong><em>De momento llegaba al libro con una duda y \u00e9l contestaba con una ternura delicada que la iba involucrando. No podr\u00edamos asegurar si \u00e9l sal\u00eda del libro o era ella la que se incorporaba a las hojas<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Parte 1 de 3<\/strong><\/p>\n<div id=\"attachment_179855\" style=\"width: 430px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/GhostBook-2387.jpg\" target=\"_blank\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-179855\" class=\"wp-image-179855 size-large\" src=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/GhostBook-2387-420x275.jpg\" alt=\"GhostBook-2387\" width=\"420\" height=\"275\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/GhostBook-2387-420x275.jpg 420w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/GhostBook-2387-240x157.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/GhostBook-2387.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 420px) 100vw, 420px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-179855\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #ffffff;\">w<\/span><\/p><\/div>\n<p>Un aire fr\u00edo se internaba en la casa de Mar\u00eda por debajo de la puerta, por esa parte donde entran los sue\u00f1os y se van las ideas. Justo por esa peque\u00f1a rendija sopl\u00f3 el viento helado que la hizo despertar. Hab\u00edan pasado tres horas despu\u00e9s de haberse dormido.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 dif\u00edciles han sido esos 17 d\u00edas! pens\u00f3, s\u00f3lo tuve un instante para caer en las manos de lo desconocido, de la locura, de la pasi\u00f3n y ahora me siento atrapada en este laberinto de sentimientos, en donde me esperar\u00e1 el mitol\u00f3gico minotauro, tal vez listo para matarme, tal vez listo para amarme o quiz\u00e1s para hacerme a un lado y seguir su camino.<\/p>\n<p>Mar\u00eda ten\u00eda 7 a\u00f1os de casada en uno de esos matrimonios burgueses donde todo tiene soluci\u00f3n, donde todos los eventos son tomados con el molde de la sociedad y cuando se acerca un destello de innovaci\u00f3n, tambi\u00e9n se realiza con un manual establecido. Era envidiable su vida; mujer guapa, inteligente, entregada a la rutina y a la decencia del amor, a aquellos h\u00e1bitos que no pod\u00edan ser condenados por persona alguna. Levantarse temprano, preparar el desayuno, despedir con un beso fugaz a su esposo, hacer el amor las veces que sea necesario para mantener el matrimonio estable, entre otras \u201cbuenas costumbres\u201d. Sin embargo, hab\u00edan pasado 17 d\u00edas desde que ella abri\u00f3 aquel libro que hab\u00eda sido guardado desde sus a\u00f1os de secundaria en esa escuela donde se llegan a eliminar las perversiones iniciales de la juventud, escuela religiosa, donde se castran los benditos pensamientos imp\u00fadicos que hacen de la adolescencia el motor de la vida futura, donde los sue\u00f1os son gu\u00edas espirituales del hombre, donde los seres humanos se reconocen mediante instintos animales; el olor, el sonido de la voz.<\/p>\n<p>Es por eso que al abrir el libro y llegar a su nariz el olor de las hojas amarillas, sinti\u00f3 la humedad entre sus piernas y se sonroj\u00f3, pens\u00f3 en sus pasiones infantiles, en sus perversiones sensuales que la hicieron por primera vez identificar la diferencia abismal de los g\u00e9neros. Pero ahora hab\u00eda encontrado algo m\u00e1s, hab\u00eda pasado de la hoja 5 del libro y empez\u00f3 a desmenuzar la psicolog\u00eda del personaje principal, un hombre bohemio de porte com\u00fan; que ten\u00eda en su personalidad tintes de locura y de serenidad, de fortaleza y de ternura, un hombre que empez\u00f3 a conocer en cada una de las p\u00e1ginas del libro, cada p\u00e1gina era una forma de comulgar con \u00e9l, empez\u00f3 a sentir que se comunicaba, que le hablaba, la lectura se convirti\u00f3 en di\u00e1logo, el roce de sus dedos con las hojas de papel eran excitantes a sus sentidos. De momento llegaba al libro con una duda y \u00e9l contestaba con una ternura delicada que la iba involucrando. No podr\u00edamos asegurar si \u00e9l sal\u00eda del libro o era ella la que se incorporaba a las hojas. Dej\u00f3 primero algunas notas en la \u00faltima hoja, despu\u00e9s dej\u00f3 sus ojos en cada palabra le\u00edda, pero al \u00faltimo se estaba quedando su coraz\u00f3n, la humedad de sus dedos, la vida. Hab\u00edan pasado 17 d\u00edas. Ella no era la misma, hab\u00eda perdido 3 kilos, se ve\u00eda demacrada, preocupada por su realidad. Enamorada de un libro \u00a1\u00a1qu\u00e9 estupidez!! se dec\u00eda a ella en un principio. Ahora en la p\u00e1gina 77 ten\u00eda sobre sus manos a su \u201camado\u201d a punto de morir, parec\u00eda que en lugar de sostener el libro estaba sosteniendo el cuerpo del hombre que deseaba, pasaba las hojas con melancol\u00eda, a veces re\u00eda, a veces lloraba.<\/p>\n<p>Algunos pensaron que guardaba dinero en el libro, ya que no se apart\u00f3 de \u00e9l, cualquier momento era bueno para abrirlo y reencontrarse con el amor&#8230; Cuando ve\u00eda a su esposo por la noche&#8230; se sent\u00eda delatada, nerviosa. En uno de esos momentos se dio cuenta que las personas no son desplazadas por otras personas sino por sentimientos nuevos, nobles, que hacen al esp\u00edritu de los hombres liberarse de las reglas de la burgues\u00eda donde la igualdad es un valor, donde la creaci\u00f3n es una rebeld\u00eda.<\/p>\n<p>Cada noche ten\u00eda que llegar a su casa y repetir el ritual del saludo, de la pl\u00e1tica trivial sobre los asuntos del d\u00eda. Esos asuntos que podr\u00edan platicarse en cualquier parte de la vida sin generar una marginal modificaci\u00f3n a lo trascendente, a aquellos pensamientos o sentimientos que hacen del hombre un ser superior.<\/p>\n<p><em>Haz del amor un ritual eterno<br \/>\ndeja pasar las banalidades,<br \/>\nhaz del amor un huerto<br \/>\ny diario recoge del suelo sus bondades<\/em><\/p>\n<p>Sin embargo, hab\u00eda algo que la incomodaba y era la presencial del libro en sus manos. Sent\u00eda que cuando abr\u00eda las p\u00e1ginas del libro el brillo de sus ojos la delatar\u00edan, el sudor en sus manos, su humedad, ese olor que desprenden las mujeres al amar&#8230; Pero no, estaba sola, era el libro y ella, era su sentimiento y su culpabilidad su \u00fanica compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Ahora le viene el recuerdo del porqu\u00e9 nunca, en sus a\u00f1os de adolescencia, pudo pasar de la p\u00e1gina cinco. Era ese dolor que le alcanzaba el pecho cuando encontraba respuesta a sus m\u00e1s ardientes dudas que le quemaban el cuerpo. Era la concepci\u00f3n que sobre Dios ten\u00eda el personaje de nuestro libro. Ese d\u00eda por la ma\u00f1ana ella hab\u00eda tenido una duda. Pens\u00f3; \u00bfC\u00f3mo puede \u00c9l ponerme el amor enfrente, cuando frente a \u00c9l decid\u00ed y jur\u00e9 amor a otra persona? En la p\u00e1gina 99, despu\u00e9s de que nuestro protagonista hab\u00eda librado la muerte en un accidente de autom\u00f3vil y un d\u00eda despu\u00e9s de haber conocido la noticia de la p\u00e9rdida paulatina de la vista, decidi\u00f3 caminar por el Parque Central se sent\u00f3 en una banca y habl\u00f3 con \u00e9l, le agradeci\u00f3 el tiempo que le hab\u00eda permitido contemplar la naturaleza, el universo y a ella. Eran momentos de paz en su alma porque sent\u00eda que el Creador estaba cerca, pens\u00f3 que en la oscuridad pod\u00eda ver lo que en la luz era imperceptible. Se hinc\u00f3, or\u00f3, comulg\u00f3 (el hombre y Dios) agradeci\u00f3 y pens\u00f3 en ella.<\/p>\n<p>Mar\u00eda sinti\u00f3 pena por las \u201cmaldiciones\u201d injustamente manifestadas y llor\u00f3, encontr\u00f3 respuesta a la forma de amar a un Ser Supremo y de amar nuevamente a un hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><strong>Continuar\u00e1&#8230;<\/strong><\/em><\/p>\n<p>\u00a0<a href=\"mailto:edgargomez_cide@yahoo.com.mx\"><em>edgargomez_cide@yahoo.com.mx<\/em><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nUn aire fr\u00edo se internaba en la casa de Mar\u00eda por debajo de la puerta, por esa parte donde entran los sue\u00f1os y se van las ideas. Justo por esa peque\u00f1a rendija sopl\u00f3 el viento helado que la hizo despertar. Hab\u00edan pasado tres horas despu\u00e9s de haberse dormido.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":179855,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[156,3819],"tags":[31551,43685,5491,43696,7545,43674],"class_list":["post-179811","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-edgar-gomez-flores","tag-cuentame-algo-para-no-morir","tag-cultura","tag-dios","tag-edgar-gomez","tag-libro","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/179811","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=179811"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/179811\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/179855"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=179811"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=179811"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=179811"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}