{"id":187405,"date":"2014-08-29T00:00:08","date_gmt":"2014-08-29T05:00:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=187405"},"modified":"2014-08-29T06:39:42","modified_gmt":"2014-08-29T11:39:42","slug":"el-ultimo-trago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=187405","title":{"rendered":"El \u00faltimo trago"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><em><strong>Segu\u00ed leyendo y me dio escalofr\u00edo pensar en el amor y sentir la muerte. Percibir el aroma de la loci\u00f3n de Ricardo, junto con el olor a hierro de la sangre que dej\u00f3 huella entre mis manos<\/strong><\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/suicide-2432.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-187470\" src=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/suicide-2432-420x236.jpg\" alt=\"suicide-2432\" width=\"420\" height=\"236\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/suicide-2432-420x236.jpg 420w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/suicide-2432-240x135.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/suicide-2432-480x270.jpg 480w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/suicide-2432-235x132.jpg 235w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/suicide-2432-202x114.jpg 202w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/suicide-2432-350x196.jpg 350w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/suicide-2432-220x123.jpg 220w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/suicide-2432-237x132.jpg 237w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/suicide-2432.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 420px) 100vw, 420px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hab\u00eda insistido durante mucho tiempo para que comi\u00e9ramos en aquel restaurante de la colonia Roma, en la avenida Durango en el Distrito Federal. No quer\u00eda hacerlo, lo hab\u00eda evadido hasta ese d\u00eda. Siempre supe que hab\u00eda una atracci\u00f3n mutua. \u00c9l era mi complemento, Ricardo Ju\u00e1rez Hern\u00e1ndez, alegre en mis momentos de melancol\u00eda. Directo en sus conversaciones cuando yo quer\u00eda esconder mi persona y mis frustraciones, enamoradizo cuando yo hab\u00eda perdido toda esperanza sobre el amor y sobre todo echaba a volar la imaginaci\u00f3n cuando la raz\u00f3n y la desesperaci\u00f3n de una psicosis latente se acercaban a m\u00ed.<\/p>\n<p>Trat\u00e9 de evadir sus conversaciones cada vez m\u00e1s atrevidas, hac\u00eda el esfuerzo de no poner una sonrisa en mis labios cuando recib\u00eda sus mensajes en el celular. Menos cuando Alberto, mi marido, se encontraba junto a m\u00ed. Sin embargo, fue cuando Alberto empez\u00f3 a llegar tarde a la casa, aventando su ropa, azotando la puerta, queriendo coger a la fuerza con el aliento y el olor de su sudor al alcohol que hab\u00eda tomado; cuando empec\u00e9 a ver a Ricardo distinto, m\u00e1s sensual. Gesticulaba y mov\u00eda las manos como queriendo acariciar al viento y por ah\u00ed a m\u00ed. Eso me empez\u00f3 a poner nerviosa. Saber que el matrimonio tiene un l\u00edmite y yo estaba muy cerca de \u00e9l. M\u00e1s con los acercamientos sexuales de los \u00faltimos d\u00edas, donde Alberto, s\u00f3lo entraba y as\u00ed por la misma puerta (la de la casa y la de mis piernas) se iba.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed que llegu\u00e9 con muchas dudas. Parec\u00eda que entre los dos hab\u00eda una orden del d\u00eda que segu\u00edamos a la perfecci\u00f3n. Primero el beso en la mejilla un poco pegado a la boca, lo cual recib\u00ed con un estremecimiento que trat\u00e9 de esconder, luego la pl\u00e1tica otra vez sobre la vida, sobre el clima, sobre todo aquello banal que nos atrapa cuando no queremos saber de los pensamientos y los sentimientos. Y pedimos algo para tomar, un mezcal y dos tequilas. La pl\u00e1tica segu\u00eda y por momentos olvid\u00e9 la sangre que un d\u00eda anterior ten\u00eda en mis manos. Olvid\u00e9 el odio, soslay\u00e9 el miedo a ser delatada, a tener que dar una explicaci\u00f3n a mi hija, Valentina, de cinco a\u00f1os\u2026 \u201cmira Valentina, cuando seas grande conocer\u00e1s el odio a un hombre que toca cierta partes de tu cuerpo, y si ese hombre te ignoraba el odio es un poco mayor. No me juzgues por haberle quitado la vida a tu padre. Creo que te hice y me hice un favor. Adem\u00e1s puedes estar tranquila que s\u00f3lo quise desaparecerlo de mi vista, nunca quise verlo sufrir. Entonces su muerte fue instant\u00e1nea\u201d. Fueron algunas palabras m\u00e1s que complementaron el discurso hacia Valentina, tuve la necesidad de seguir en mi vida despu\u00e9s de haber arrebatado la de Alberto y una peque\u00f1a parte de ella. De manera repentina, Ricardo me arrebat\u00f3 el sentimiento y el pensamiento de mi mente para decirme: \u201cLuc\u00eda, \u00bfqu\u00e9 te sucede? Tienes cara de muerta. \u00bfya te viste esas ojeras?. \u201cNo tengo nada, contest\u00e9. S\u00f3lo que la paz de este lugar y de tu compa\u00f1\u00eda me recuerda un poco la tranquilidad que no sent\u00eda desde mi infancia. La cara de muerta seguro es porque, cuando uno siente despu\u00e9s de mucho tiempo la felicidad, seguro estar\u00e1 m\u00e1s cerca de morir que de la vida. Pero contin\u00faa me encanta que me platiques de tu d\u00eda. Tienes una forma de hablar que persuades hasta al silencio\u2026\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed pasaron algunos momentos. Quiz\u00e1s pasaron varias vidas en la mesa del restaurante. Y quiz\u00e1s vivimos la eternidad en todas las vidas de los comensales. Algunos re\u00edan, otros sollozaban en un mesa lejana, mientras otros jugaban a tocarse debajo de la mesa. Me inspir\u00f3 a acercarme a Ricardo. Pero fue tan despistado que nos se percat\u00f3 de mi humedad bajo la ropa interior y me dijo: \u201cLuc\u00eda\u2026 quer\u00eda decirte esto, en alg\u00fan otro momento, pero para qu\u00e9 esperar si m\u00e1s adelante tambi\u00e9n existen pretextos para no hacerlo\u2026 soy malo para conquistar, pero bueno para ser sincero\u201d. Extendi\u00f3 un papel en mis manos, el cual tom\u00f3 en la bolsa interna de su chaqueta. Not\u00e9 que los ojos le brillaron y tambi\u00e9n me percat\u00e9 de una ligera vibraci\u00f3n de la mano derecha como un \u201ctic\u201d nervioso.<\/p>\n<p>L\u00e9elo es algo par ti que ya no me pertenece\u201d. Desdobl\u00e9 de manera r\u00e1pida el papel y le\u00ed junto al o\u00eddo de Ricardo:<\/p>\n<p>\u201cTe he querido tomar pero no he podido<br \/>\nhe querido conquistarte al verte a los ojos<br \/>\nHoy quiero decidir por tus besos todos<br \/>\nHacer la amistad, de nuestro amor el nido.<\/p>\n<p>Pasaron a\u00f1os para dar el paso firme<br \/>\nFrente a ti lo reitero sin duda alguna<br \/>\n\u00c1mame sin culpa mujer, hazte una<br \/>\nJusto en el instante, antes de irme.<br \/>\nSi tienes otro plan muy lejos del m\u00edo<br \/>\nAc\u00e9rcate a mi o\u00eddo y d\u00edmelo sin dolor,<br \/>\nQuiz\u00e1s el tiempo logre unir el camino<br \/>\nDe un beso al cari\u00f1o y despu\u00e9s el amor\u2026\u201d<\/p>\n<p>Segu\u00ed leyendo y me dio escalofr\u00edo pensar en el amor y sentir la muerte. Percibir el aroma de la loci\u00f3n de Ricardo, junto con el olor a hierro de la sangre que dej\u00f3 huella entre mis manos. Recuerdo los ojos de Alberto viendo como se desangraba con el sentimiento de inferioridad que deja el desvanecimiento de la vida. Me apret\u00f3 la mano con un odio que concentraba el amor, el perd\u00f3n, el descaro y la clara pretensi\u00f3n de hacerme da\u00f1o. Yo sonre\u00ed y vi como se alejaba mi dolor. \u201cAl fin llegar\u00e1s al lugar donde nunca debiste haber salido\u201d le dije a los ojos y claramente not\u00e9 miedo en su cara. Eso me hizo sentir grande, poderosa, amada, querida y fue con esos ojos del d\u00eda anterior con los que ve\u00eda ahora el amor de Ricardo. Quien sin percatarme posaba sus labios, junto a los m\u00edos y su mano husmeaba mi pierna, debajo de la falda.<\/p>\n<p>Me sent\u00ed mujer, amada, por primera vez. Sent\u00ed el desperdicio de mi vida y ahora la tristeza me embargaba por Valentina, como explicarle que no tuve capacidad de darle un padre honorable y s\u00f3lo pude conseguirle \u201ceso\u201d.<\/p>\n<p>Cuando todos los sentimientos llegaron y la cabeza empez\u00f3 a perderse entre ideas y suposiciones, tuve la intenci\u00f3n de hacerle el amor a Ricardo, de tomar sus manos y escuchar, ahora de sus labios, los poemas que hab\u00eda escrito desde hace algunos a\u00f1os para m\u00ed. Pero Ricardo llevaba otro camino, siempre distra\u00eddo, siempre ensimismado en sus emociones y no me permiti\u00f3 proponerle sutilmente mi sentimiento y mi ansia de \u00e9l y me dijo: \u201cte quedaste muy seria. Pero no me contestes. S\u00f3lo quer\u00eda dar un paso hacia ti. En verdad no quer\u00eda llegar a lugar alguno. He sentido el amor y aqu\u00ed est\u00e1 junto a ti, para ti.\u201d Esperaba alg\u00fan roce er\u00f3tico de sus manos en mis labios, en mi espalda, pero no. Pag\u00f3 la cuenta y con gentileza me tom\u00f3 del brazo y nos encaminamos en su veh\u00edculo hac\u00eda mi casa, en el norte de la ciudad de M\u00e9xico. Se hizo un silencio agradable como dando el espacio de pensar. \u00c9l en m\u00ed y yo en la muerte, en el amor, en mi libertad, en Valentina, en todo lo que las mujeres pensamos con una velocidad impetuosa.<\/p>\n<p>Cinco minutos antes de llegar a mi casa le dije: \u201cD\u00e9jame unas cuadras antes, no me gustar\u00eda que me vieran llegar contigo\u201d. Con un beso tierno me despidi\u00f3 y baj\u00e9 en el sitio de taxis, tom\u00e9 el primero que estaba en la fila. Me dej\u00f3 a una cuadra de mi casa. Baj\u00e9 y camin\u00e9, abr\u00ed la puerta, el aroma del hierro se hab\u00eda transformado en un olor pestilente. No tuve precauci\u00f3n de dejar las huellas de mis zapatos en el batidero del suelo, tom\u00e9 un vaso y me serv\u00ed el \u00faltimo tequila. En mi mente di gracias a mi madre por haber cuidado a Valentina esa noche.<\/p>\n<p>Puse un poco de m\u00fasica en mi iPad, era m\u00fasica mexicana, de esa nost\u00e1lgica, con guitarras y violines. Ten\u00eda de frente lo que quedaba de Alberto..<\/p>\n<p>Lo vi a los ojos, di un sorbo al tequila. Volv\u00ed a abrir el poema de Ricardo y le\u00ed las \u00faltimas l\u00edneas:<\/p>\n<p><em>Y si te vas para siempre<br \/>\nTen mi recuerdo contigo<br \/>\nTe ir\u00e1s si lo quieres<br \/>\nToma mis brazos de abrigo<\/em><\/p>\n<p>Inmediatamente sent\u00ed c\u00f3mo sus brazos y el tequila tomaban mi cuerpo y me reconfortaban. Nuevamente los ojos de Alberto me ve\u00edan y le dije: \u201cMe podr\u00eda culpar de tu muerte pero no es necesario. Ahora me voy yo, espero no encontrarte, si no, no valdr\u00eda la pena lo que he hecho. As\u00ed tom\u00e9 las pastillas que hab\u00eda conseguido d\u00edas atr\u00e1s y me las tom\u00e9 con el \u00faltimo trago de tequila\u201d.<\/p>\n<p>Tuve poco de tiempo para morir, s\u00f3lo escrib\u00ed en el celular el \u00faltimo mensaje: \u201cRicardo, sent\u00ed tus brazos, te recordar\u00e9\u2026 siempre fuiste lo que quise. Un beso\u201d. No s\u00e9 si lleg\u00f3, pero me dio valor para cerrar los ojos e irme.<\/p>\n<p><a href=\"mailto:edgargomez_cide@yahoo.com.mx\"><em>edgargomez_cide@yahoo.com.mx<\/em><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nHab\u00eda insistido durante mucho tiempo para que comi\u00e9ramos en aquel restaurante de la colonia Roma, en la avenida Durango en el Distrito Federal. No quer\u00eda hacerlo, lo hab\u00eda evadido hasta ese d\u00eda. Siempre supe que hab\u00eda una atracci\u00f3n mutua. \u00c9l era mi complemento, Ricardo Ju\u00e1rez Hern\u00e1ndez, alegre en mis momentos de melancol\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":187470,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[156,3819],"tags":[31551,43685,43696,43674],"class_list":["post-187405","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-edgar-gomez-flores","tag-cuentame-algo-para-no-morir","tag-cultura","tag-edgar-gomez","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/187405","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=187405"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/187405\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/187470"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=187405"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=187405"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=187405"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}