{"id":188260,"date":"2014-09-05T00:00:49","date_gmt":"2014-09-05T05:00:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=188260"},"modified":"2014-09-05T04:29:42","modified_gmt":"2014-09-05T09:29:42","slug":"reflexiones-en-los-cuarentas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=188260","title":{"rendered":"Reflexiones en los cuarentas"},"content":{"rendered":"<h2>Cu\u00e9ntame algo para no morir<\/h2>\n<h5>Edgar G\u00f3mez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><em><strong>En ese momento solt\u00f3 la navaja y pudo ver c\u00f3mo un hilo de <\/strong><\/em><strong>sangre<\/strong><em><strong> se corri\u00f3 hasta el pecho. Inmediatamente se meti\u00f3 a ba\u00f1ar y fue el agua tibia que le baj\u00f3 el hervor de la sangre<\/strong><\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p><a href=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/Suicide-letter-2437.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-188299\" src=\"http:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/Suicide-letter-2437-420x315.jpg\" alt=\"Suicide-letter-2437\" width=\"420\" height=\"315\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/Suicide-letter-2437-420x315.jpg 420w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/Suicide-letter-2437-240x180.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/Suicide-letter-2437.jpg 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 420px) 100vw, 420px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Estaba a unos momentos de mis 40 a\u00f1os, con la ansiedad que lleva el cambio de d\u00e9cada. No s\u00e9 si uno le tiene m\u00e1s miedo a la muerte o a la vejez o si la vejez se parece tanto a la muerte que es el pre\u00e1mbulo evitado a como d\u00e9 lugar. Desde los 36 empec\u00e9 a hacer algunos planes de vida distintos: Me separ\u00e9 de mi mujer, Vanessa, ella era enfermera en el Centro M\u00e9dico en la ciudad de M\u00e9xico, guapa, atractiva, siete a\u00f1os m\u00e1s chica que yo. Era buena madre de nuestros dos hijos: Leonardo y Adri\u00e1n, quienes no se percataban de nuestros problemas, ni de nuestra desgaste de la edad. Quiz\u00e1s Adri\u00e1n, el m\u00e1s chico, de tres a\u00f1os en ese entonces, si sent\u00eda un poco los estragos de mi ansiedad, era como algo que me quemaba desde el vientre hasta la cabeza. Por momentos \u00e9l me tomaba de la mano como si quisiera darme tranquilidad o si quisiera que mi paternidad me pusiera otra vez con los pies en la tierra. Lo lograba por minutos o algunos segundos tal vez y nuevamente regresaba con esas ganas de correr sin rumbo alguno.<\/p>\n<p>Otro de los cambios que hice en mi vida fue el de mandar a volar al gerente de ventas de la empresa de neum\u00e1ticos donde trabajaba, muy cerca del aeropuerto. M\u00e1s cuando empez\u00f3 a entrometerse en mi vida personal y en algunas decisiones de salud. Era justo un lunes cuando llegu\u00e9 a mi cub\u00edculo en la empresa y se acerc\u00f3 sigilosamente: \u201c\u00bfya viste la hora que es, Carlos?\u201d S\u00ed, justamente la estaba viendo; las nueve y trece. Le contest\u00e9, sin un gesto de altaner\u00eda, pero s\u00ed con la seriedad necesaria para abordar el tema. \u201cSer\u00e1 que otra vez se te enfermaron los ni\u00f1os y tenemos &lt;&lt;todos&gt;&gt; que pagar tu mala planeaci\u00f3n familiar\u201d. En ese momento todo se me nubl\u00f3 y con una fluidez al hablar que no hab\u00eda experimentado le dije: \u201cy usted ya se dio cuenta que tiene la habilidad de convertir una pl\u00e1tica rutinaria en una discusi\u00f3n sin sentido, ya se dio cuenta que no tiene respeto por las personas porque se mete hasta en las cosas que no le interesan. Pero bueno, lo \u00fanico que puedo decir en estos cinco a\u00f1os de usted es que tiene destellos de buena persona, pero es tan est\u00fapido que no deja que esos destellos tintineen sobre usted. En ese momento tom\u00e9 mis cosas, pocas por cierto. Pas\u00e9 junto a \u00e9l como si no existiera. Y camin\u00e9 por el pasillo con la libertad a cuestas, algo que no se puede cambiar. D\u00edas despu\u00e9s me mandaron llamar para recoger mi liquidaci\u00f3n y mis comisiones del a\u00f1o que ten\u00eda pendiente. Con esto abr\u00ed mi taller de neum\u00e1ticos en la colonia Escand\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora, soltero, sentimental y laboralmente, empec\u00e9 mi vida. Desde los 36. Pensaba encontrar un mundo distinto al que me hab\u00eda encontrado o que hab\u00eda formado hasta ahora. Y as\u00ed empec\u00e9 a salir con mujeres de distintas caracter\u00edsticas: unas rom\u00e1nticas, cari\u00f1osas que no me las quitaba del tel\u00e9fono, me escrib\u00edan con una rapidez, la cual superaba mis pensamientos y por supuesto mis sentimientos. Otras apasionadas, me prend\u00edan en la primera cita, pero despu\u00e9s, cuando quer\u00eda decirle algo sobre mi forma de ver la vida, mi forma de pensar o quiz\u00e1s alg\u00fan bosquejo de sentimiento que empezaba a tomarme, hac\u00eda que se alejaran o simplemente les importaba poco y empezaban a utilizar sus manos con esta torpeza generada por la pasi\u00f3n cuando \u00e9sta se tiene poco controlada.<\/p>\n<p>El primer a\u00f1o fue magn\u00edfico, las nuevas experiencias amorosas, sexuales, los nuevos clientes. Mis aires de \u201cempresario\u201d me dieron un aspecto de frescura a mi vida. Pero despu\u00e9s ese aire se empez\u00f3 a entibiar y despu\u00e9s a calentarse y a hacerme sudar.<\/p>\n<p>Me di cuenta que la vida es la misma. As\u00ed como la vida tiene un ciclo de nacer, crecer, reproducirse y morir, as\u00ed lo es en todos sus elementos, el amor, el trabajo, el sexo. Algunos elementos m\u00e1s mon\u00f3tonos que otros, pero todos corren en c\u00edrculo. As\u00ed me ve\u00eda a m\u00ed. As\u00ed ve\u00eda a mis padres. Tambi\u00e9n as\u00ed ve\u00eda a Vanessa con su nueva pareja, Jos\u00e9 Miguel, quienes en un principio mostraban amarse de tal forma que hasta me daba cierto recelo verlos tan acaramelados despedirse de los ni\u00f1os cuando los recog\u00eda el fin de semana, pero ahora el trato de \u00e9l hacia ella era menos atento y ella parec\u00eda cada vez m\u00e1s pesarle la mano que siempre le tomaba.<\/p>\n<p>Por momentos parec\u00eda que hab\u00eda corrido por un bosque, pasando laderas, brincando arroyos, esquivando algunos animalejos de mi camino, entre la lluvia y el viento fresco y despu\u00e9s de toda una tarde perdida, encuentro que estoy en el mismo lugar de donde part\u00ed. As\u00ed me siento. Y creo, como lo platicaba con Vanessa, que esto de los cuarentas tiene su encanto. Porque seguramente \u00e9sta es la edad natural en que los hombres mor\u00edan cuando no hab\u00eda medicinas ni operaciones, ni algo parecido y por eso hacemos un \u201ccorte natural\u201d de nuestra vida al acercarnos a esta edad como me encuentro hoy.<\/p>\n<p>Pero hoy, frente al espejo, rasur\u00e1ndome, pienso en mi pasado, en mi infancia, en todo lo que he aprendido y aquello que seguro dejar\u00e9 de conocer. Ahora me doy cuenta del error que tenemos los padres al educar. Creamos expectativas infinitas de nuestros hijos, las cuales quedar\u00e1n siempre muy por encima de la realidad y entonces llegan estos vac\u00edos, nada nos llena. Ninguna personas que haya sido educada como rey le queda bien el puesto de Duque, Conde o cualquier t\u00edtulo nobiliario inferior. As\u00ed ha pasado conmigo, no lo achaco a mis padres, quiz\u00e1s se lo reprochar\u00eda m\u00e1s a mi generaci\u00f3n que siempre trajo palabras tan huecas como el \u00e9xito, la superaci\u00f3n, la competencia y todo lo que tuviera que ver con ser distinto a los dem\u00e1s. Cuando en este momento lo que m\u00e1s quisiera es ser uno m\u00e1s y perderme en el anonimato.<\/p>\n<p>Y sigo pensando, como siempre lo he hecho. Mi vida est\u00e1 m\u00e1s llena de pensamientos y de sentimientos que de vivencias . \u00a1Y vaya que he vivido!. Pero tambi\u00e9n me ha merodeado por la cabeza el problema de los hombres de sentirnos el centro del universo, no como especie si no en lo individual. Pero a esta edad te das cuenta que eres uno m\u00e1s. Y que la especie y el mundo sin ti puede seguir adelante.<\/p>\n<p>En ese momento le surgi\u00f3 una vez m\u00e1s la idea de apretar m\u00e1s la navaja de afeitar sobre su cuello. En verdad la vida le empezaba a pesar. Se percat\u00f3 que el amor que pod\u00eda ofrecer a una mujer, a sus hijos y a sus padres era menor con lo que \u00e9stos pod\u00edan esperar de \u00e9l. Asimismo, si quitaba su taller, seguro habr\u00e1 otros 200 en la ciudad de M\u00e9xico que dar\u00edan su servicio y seguramente mucho mejor. Lleg\u00f3 a pensar que en lugar de quitarse la vida se deber\u00eda ir a provincia donde cualquier tinte de innovaci\u00f3n empresarial o amorosa se notar\u00eda y le dar\u00eda ese aire de grandeza que requieren los hombres para mantenerse en el camino. As\u00ed se qued\u00f3 asiendo la navaja con firmeza.<\/p>\n<p>Un silencio complement\u00f3 el pensamiento de Carlos, mientras termin\u00f3 de rasurarse. A este silencio un golpeteo en la puerta le quit\u00f3 la concentraci\u00f3n. Toc, toc, \u201cCarlos, ap\u00farate que ya nos est\u00e1n esperando\u201d, era Imelda, su nueva pareja, quien hab\u00eda conocido en el bautizo de la hija de uno de sus amigos de la universidad. Llevaba tres meses con ella y hab\u00eda encontrado una mujer tan neutra que hasta le gustaba. Belleza discreta, buen tono de voz, inteligente y principalmente met\u00f3dica en su pensar, lo que le ayudaba a ordenar las ideas revueltas de los cuarentas. \u201cPor favor Carlos, ap\u00farate\u201d recuerda que siempre llegamos tarde\u201d.<\/p>\n<p>En ese momento solt\u00f3 la navaja y pudo ver como un hilo de sangre se corri\u00f3 hasta el pecho. Inmediatamente se meti\u00f3 a ba\u00f1ar y fue el agua tibia que le baj\u00f3 el hervor de la sangre. Se calm\u00f3. Tom\u00f3 su ducha y la disfrut\u00f3 como hace tiempo no lo hac\u00eda. En eso record\u00f3 la carta que hab\u00eda escrito para el momento de quitarse la vida: \u201cPor favor, no culpen a nadie de mi muerte, porque la muerte de alguien como yo no merece un culpable, sino un valiente y ese valiente quiero ser yo. Me quito la vida porque la vida es un producto que nos han vendido como \u00fanico e inigualable y es tan parecida a la vida de cualquiera que me quema las manos tenerla y hoy quiero soltarla. Espero me entiendan. A mis padres y a mis hijos, no sufran por m\u00ed ausencia. Si piensan sinceramente mi presencia siempre fue poca cosa. Los buenos momentos ll\u00e9venselos, eso si le ser\u00e1 \u00fatil recordarlos\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed dej\u00f3 pasar el tiempo. Termin\u00f3 su ba\u00f1o. Se puso algo en el cuello para disimular su intenci\u00f3n. Puso loci\u00f3n en su cuerpo y se visti\u00f3 con la ropa que Imelda le hab\u00eda acomodado en su cama. Se encaminaron al restaurante donde le celebrar\u00edan su cumplea\u00f1os, baj\u00f3 del carro al llegar y de la mano de Imelda entraron. Ah\u00ed estaban sus padres, sus hijos, sus dos hermanas, cu\u00f1ados, sobrinos y muchos amigos. La primera en pararse fue su mam\u00e1 y le dijo: \u201cQu\u00e9 guapo est\u00e1 este cuarent\u00f3n\u201d le plant\u00f3 un beso que le dej\u00f3 marcados los labios con el labial rojo quemado que siempre usaba. Con este buen sabor de boca pas\u00f3 esta velada, con una fiesta de cumplea\u00f1os que le daba la bienvenida a su nueva d\u00e9cada, con dos tragos encima, una comida exquisita y el cari\u00f1o de mucha gente que ten\u00eda tiempo de no ver. Los minutos se esfumaron entre sus manos.<\/p>\n<p>En la noche al llegar a su casa, fue a su carta. La quiso romper, pero no pudo, la volvi\u00f3 a leer. En verdad sab\u00eda que estos buenos momentos son el espejismo de la vida. Lo que nos ata a ella. Se percat\u00f3 que los detalles del d\u00eda a d\u00eda nos mantienen aqu\u00ed unidos. Durmi\u00f3 desnudo, a Imelda quien le tomaba de la mano con un cari\u00f1o que se percib\u00eda. Justo antes de caer rendido, pens\u00f3 que quiz\u00e1s los cincuentas le dieron el valor de despedirse de esto que le molestaba tanto. Sentirse bien a secas.<\/p>\n<p><a href=\"mailto:edgargomez_cide@yahoo.com.mx\"><em>edgargomez_cide@yahoo.com.mx<\/em><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Edgar G\u00f3mez<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nEstaba a unos momentos de mis 40 a\u00f1os, con la ansiedad que lleva el cambio de d\u00e9cada. No s\u00e9 si uno le tiene m\u00e1s miedo a la muerte o a la vejez o si la vejez se parece tanto a la muerte que es el pre\u00e1mbulo evitado a como d\u00e9 lugar. 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