{"id":234715,"date":"2015-09-17T00:08:01","date_gmt":"2015-09-17T05:08:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=234715"},"modified":"2015-09-17T02:50:29","modified_gmt":"2015-09-17T07:50:29","slug":"el-grito-de-pena-nieto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=234715","title":{"rendered":"\u201cEl Grito\u201d de Pe\u00f1a Nieto"},"content":{"rendered":"<h2>\u00cdndice pol\u00edtico<\/h2>\n<h5>Francisco Rodr\u00edguez<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aunque resulte dif\u00edcil de creer, hubo un tiempo en el que la maquinaria del aparato pol\u00edtico estaba reluciente y aceitada. Su motor era como el de un Ferrari; su suspensi\u00f3n, parec\u00eda de Alfa Romeo.<\/p>\n<p>El aparato pol\u00edtico \u2014del que el llamado partido oficial era un brazo operativo m\u00e1s, s\u00f3lo una franquicia\u2014 era una serie de engranajes en los que todos los miembros del gabinete opinaban, suger\u00edan y solucionaban en su terreno las frustraciones de los candidatos.<\/p>\n<p>Asum\u00edan las responsabilidade las decisiones tomadas, aunque en ello fuera en juego la mitad de su carrera. Eran unos profesionales que, antes de pensar en el porvenir personal, sudaban la camiseta tricolor, con eficiencia y pundonor.<\/p>\n<p>S\u00ed, claro, hac\u00edan negocios. Pero dejaban algo para los dem\u00e1s y a veces hasta para el pa\u00eds. Ayudaban hasta personalmente a los pobres que se les acercaban. No se encerraban. Daban la cara.<\/p>\n<p>Las excepciones de quienes se enriquec\u00edan estaban muy se\u00f1aladas: los alemanistas y los hankistas. Aunque Alem\u00e1n \u2014Vald\u00e9s, no su hijo, ese pobre diablo con nistagmus\u2014 tuvo la precauci\u00f3n de que sus capitanes de negocios nunca ejercieran oficialmente en cargos p\u00fablicos.<\/p>\n<p>Con \u201cEl Profe\u201d Hank no pas\u00f3 lo mismo. En el Grupo Atlacomulco, el prevaricato era no s\u00f3lo consigna, sino santo y se\u00f1a. Al tomar posesi\u00f3n cualquier miembro del gabinete estatal mexiquense, por ese solo hecho, ya estaba invitado al \u201cbanquete de Petronio\u201d.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, eran habilitados como miembros efectivos de los consejos administrativos de las empresas proveedoras del Estado de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>En el famoso rejuego de destruir para volver a construir y ganarse los jugosos \u201cmoches\u201d eran unos obsesivos. Hab\u00eda carreteras que, reci\u00e9n inauguradas, eran \u201clevantadas\u201d, para volver a construir otra, con ligeras variantes.<\/p>\n<p>Lo mismo pasaba con los carros que adquir\u00edan en las ensambladoras establecidas en ese peque\u00f1o territorio. Eran desechados con poco kilometraje, para que el gobierno estatal adquiriera otras flotillas m\u00e1s nuevas, \u201cen mejores condiciones\u201d, todo a cargo del torturado erario.<\/p>\n<p>El enriquecimiento de los clanes alemanista y hankista no ten\u00eda m\u00e1s ciencia. Met\u00edan las manos a mansalva, sin alg\u00fan falso pudor, sin recato, sin compasi\u00f3n por el \u201cpor supuesto\u201d, perd\u00f3n, el presupuesto.<\/p>\n<p>A los pol\u00edticos que en ese sexenio, ya no les tocaba \u201chueso\u201d, ni consideraciones, se conformaban con ser invitados a la celebraci\u00f3n anual del cumplea\u00f1os de \u201cEl Profe\u201d, en su rancho San Catarino, donde eran objeto de tratos suavecitos, golpecitos en la espalda, un \u201cya iremos viendo c\u00f3mo se cargan los dados\u201d&#8230;y tant\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>A L\u00f3pez Mateos, lo quer\u00edan; a De Gaulle, lo necesitaban<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong>Pero era otro carro. Eran otros L\u00f3pez. Eran tiempos en los que, a una sola ocurrencia, por ejemplo, de recibir al presidente africano que aterrizaba ma\u00f1ana&#8230; &#8230; el aparato solito de la CNOP del D.F., \u201cconvocaba\u201d, en s\u00f3lo unas horas, a cientos de miles de ambulantes, taxistas, vivienderos, tianguistas y todo tipo de favorecidos con m\u00ednimas concesiones de un metro de banqueta&#8230;<\/p>\n<p>&#8230; y acud\u00edan, como un solo hombre, en cientos de miles, a vitorear, con una sinceridad y emoci\u00f3n que de fuera parec\u00eda real a los \u201cdistinguidos invitados\u201d, aunque los hu\u00e9spedes fueran caciques atrabiliarios en las estepas africanas o en las monta\u00f1as asi\u00e1ticas o sabanas latinoamericanas, bajo su mando macabro.<\/p>\n<p>Largas filas, desde el aeropuerto capitalino, en cuyas gradas s\u00f3lo se sentaban los jefes, los operadores de la gigantesca multitud, repleta la avenida Fray Servando, y ya no se diga el Z\u00f3calo capitalino, donde el barullo llegaba a ser ensordecedor y disciplinado.<\/p>\n<p>Los visitantes \u201cdistinguidos\u201d jam\u00e1s hab\u00edan visto una cosa igual, en cualquier parte del mundo que hubieran visitado. A los pocos d\u00edas, llegaba una comitiva, enviada ex profeso a aprender y asimilar las t\u00e9cnicas de \u201cpersuasi\u00f3n\u201d de masas, de \u201cbuen gobierno\u201d. Era imposible.<\/p>\n<p>As\u00ed paso con Sukarno, Tito, Nyerere, Sengor, De Gaulle, Kennedy y qui\u00e9n usted se imagine. El trato principesco y hasta rayando en lo divino, que les daban los \u201cacarreados\u201d de M\u00e9xico, era, simplemente enloquecedor.<\/p>\n<p>Al preguntarle De Gaulle a L\u00f3pez Mateos, c\u00f3mo lograba que la gente se comportara de ese modo, el mexiquense le contest\u00f3 \u2014mientras saludaba a la multitud con sus caracter\u00edsticos ademanes\u2014, la mirada al infinito:<\/p>\n<p>\u201cEs que a m\u00ed la gente de M\u00e9xico me quiere, mi General\u201d.<\/p>\n<p>El h\u00e9roe de la resistencia gala, perplejo ante tal desplante, s\u00f3lo pudo contestarle:<\/p>\n<p>\u201c A m\u00ed en Francia no me quieren, s\u00f3lo me necesitan, se\u00f1or Presidente\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Presas del delirio, los presidentes cre\u00edan sus mentiras<\/strong><\/p>\n<p>Esta an\u00e9cdota, que le dio la vuelta al mundo, lo reflejaba todo. Los mandatarios, presas del delirio se cre\u00edan sus propias mentiras, y hasta se enga\u00f1aban con una realidad prefabricada, que nunca reflej\u00f3 el fondo de los malestares, menos de las necesidades inaplazables.<\/p>\n<p>En los tiempos dorados, las elecciones, ganadas de antemano, hasta asegurando el n\u00famero de votos que se obtendr\u00edan en cada entidad y en cada regi\u00f3n. Los candidatos de la \u201coposici\u00f3n\u201d, designados previamente, sab\u00edan d\u00edas antes hasta por cu\u00e1ntos votos iban seguramente a perder, en favor de las cuentas del \u201celegido\u201d.<\/p>\n<p>El voto corporativo estaba amarrado. Los caciques regionales, subvencionados por los aparatos crediticios oficiales, eran implacables en su eficiencia electoral y de movilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los gobernadores eran s\u00f3lo los responsables de que \u201cno se alborotara la gallera \u201cen los \u201cpalenques\u201d de sus terru\u00f1os. Pero tambi\u00e9n eran gente que se dejaba ayudar y ten\u00edan la gracia de contar con dos dedos de frente.<\/p>\n<p>Los responsables sab\u00edan mover \u201clos hilos del poder\u201d. Ejecutores del \u201ctoma y daca\u201d, de la gracia y el castigo, de la ley de premios y recompensas pol\u00edticas. Parec\u00eda que gobernaba un aparato infalible.<\/p>\n<p>El pueblo mexicano \u201craso\u201d ten\u00eda un comportamiento parecido a los animalitos sujetos a los experimentos de Pavlov. Ante cualquier est\u00edmulo secretaba aires de futuro, esperanzas de ascenso, muchas veces truncadas desde el inicio.<\/p>\n<p>Pero los pol\u00edticos sab\u00edan enga\u00f1ar, lo hac\u00edan hasta con poses prosopop\u00e9yicas y palabras dignas de un Dem\u00f3stenes.\u200e En nombre de \u201cla Revoluci\u00f3n\u201d, todo se pod\u00eda hacer, nadie pod\u00eda alegar contra ese argumento, que funcionaba como freno de mano, y como palanca de amenazas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Y todav\u00eda venden hasta lo que no es suyo<\/strong><\/p>\n<p>Pero, \u201ctanto va el c\u00e1ntaro al agua, hasta que se rompe\u201d. Los gobernantes, elegidos entre la casta de los hijos de los hijos, se tornaron soberbios, se creyeron inmunes, se perdieron en los laberintos del halago y el frenes\u00ed del poder omn\u00edmodo.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el momento en que hasta una mujer despechada, como Carmen Romano de L\u00f3pez Portillo, lleg\u00f3 a ordenar a sus ayudantes que le escrituraran el inmueble de la sala Ollin Yoliztli&#8230;&#8230; al fin y al cabo ella hab\u00eda tocado el piano, en sus a\u00f1os mozos de extra cinematogr\u00e1fica. Como ese ejemplo, muchos (hasta la fecha, en que los rematadores de lo que no es suyo, confunden vender un mechero, con una zona geogr\u00e1fica de exploraci\u00f3n y explotaci\u00f3n petrolera).<\/p>\n<p>Lo hac\u00eda, bajo el argumento de que \u201cnadie pod\u00eda decirle que no&#8230; al cabo era la primera dama, la esposa del Presidente de la Rep\u00fablica\u201d. Esto, que pudiera parecer ficci\u00f3n, fue relatado por su jefe de finanzas, 35 a\u00f1os despu\u00e9s, todav\u00eda presa de la aflicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando ganaron los panistas, fueron cautivos de la molicie y la sangre, tronaron para no volver jam\u00e1s, afortunadamente. Las escenas de la noche de \u201cEl Grito\u201d en Palacio Nacional, el pasado 15 de septiembre, son el \u201cfin de fiesta\u201d. \u00bfQu\u00e9 sigue?<\/p>\n<p><strong><em>\u00cdndice Flam\u00edgero: <\/em><\/strong>El punto de vista femenino, a cargo de Rosi L.N.: \u201cDesde que abrieron las puertas al Presidente, Ang\u00e9lica Rivera saludando con la mano. Fuera de protocolo. \u00c9l entr\u00f3 bien, saludando \u00fanicamente con la cabeza. Igual, le llamaron la atenci\u00f3n porque no solt\u00f3 al Presidente en el evento. Le pon\u00eda el brazo atr\u00e1s o le agarraba la mano. Prefiri\u00f3 quedarse agarrada de su esposo. \u00c9l muy serio&#8230;\u201d. Gracias Rosi.<\/p>\n<p><em><a href=\"http:\/\/www.indicepolitico.com\" target=\"_blank\">www.indicepolitico.com<\/a><\/em><br \/>\n<em><a href=\"mailto:pacorodriguez@journalist.com\" target=\"_blank\">pacorodriguez@journalist.com<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>Francisco Rodr\u00edguez<\/strong><\/span><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[549],"tags":[43689,550,43674],"class_list":["post-234715","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-francisco-rodriguez","tag-francisco-rodriguez","tag-indice-politico","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/234715","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=234715"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/234715\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=234715"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=234715"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=234715"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}