{"id":440640,"date":"2019-08-27T00:03:12","date_gmt":"2019-08-27T05:03:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=440640"},"modified":"2019-08-28T04:43:16","modified_gmt":"2019-08-28T09:43:16","slug":"talento-rampante-y-genuino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=440640","title":{"rendered":"Ta(lento) ra(mpa)nt(e y genu)ino"},"content":{"rendered":"<h2>Filosof\u00eda Millennial<\/h2>\n<h5>H. R. Aquino Cruz<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong><em>Quentin Tarantino destaca a la violencia como un recurso, fundamental quiz\u00e1, pero al final recurso, para contar sus historias, pero nunca como algo deseable para la vida real. Y creo que justo en \u201cOnce Upon a Time\u2026 in Hollywood\u201d, su m\u00e1s reciente pel\u00edcula, esto se demuestra en varios sentidos<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_440678\" style=\"width: 470px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?attachment_id=440678\" rel=\"attachment wp-att-440678\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-440678\" class=\"size-large wp-image-440678\" src=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/filosofia-millennial-28-de-agosto-460x259.jpg\" alt=\"\" width=\"460\" height=\"259\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/filosofia-millennial-28-de-agosto-460x259.jpg 460w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/filosofia-millennial-28-de-agosto-240x135.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/filosofia-millennial-28-de-agosto-235x132.jpg 235w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/filosofia-millennial-28-de-agosto-202x114.jpg 202w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/filosofia-millennial-28-de-agosto-350x196.jpg 350w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/filosofia-millennial-28-de-agosto-220x123.jpg 220w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/filosofia-millennial-28-de-agosto-237x132.jpg 237w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/filosofia-millennial-28-de-agosto.jpg 480w\" sizes=\"auto, (max-width: 460px) 100vw, 460px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-440678\" class=\"wp-caption-text\">Cuentos como <em>Hab\u00eda una vez\u2026en Hollywood<\/em>, s\u00f3lo digno de un talento rampante y genuino, como el de Tarantino.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La primera vez que tuve noticia de Tarantino habr\u00e9 tenido unos ocho, diez a\u00f1os de edad. Fue aqu\u00e9l clip de <em>Los Simpsons <\/em>en el que el director es mencionado, representado y parodiado en un cap\u00edtulo de la ficticia serie <em>Tommy &amp; Daly<\/em>. Como aficionado a la familia amarilla, y sin saberlo, segu\u00ed absorbiendo los varios y variados homenajes a la obra del director estadounidense que la serie animada (y muchas otras producciones) hace. Ser\u00eda hasta mi adultez, quiz\u00e1 mis 20 a\u00f1os, que vi mi primer pel\u00edcula de Quentin Tarantino: <em>Pulp Fiction<\/em>.<\/p>\n<p>Como muchos, qued\u00e9 impresionado por el \u00e9nfasis en la espectacularidad de la violencia en la que algunos llaman la obra maestra del director. De inmediato, dos consecuencias: primero, ver cu\u00e1ntas pel\u00edculas fuera posible del cineasta y, segundo, reflexionar sobre aqu\u00e9l furor por la violencia. Siempre pens\u00e9 que se trataba de una b\u00fasqueda por mostrar a la violencia como algo absurdo, de ah\u00ed, el exceso de sangre, de iron\u00eda y de sadismo cinematogr\u00e1fico caracter\u00edsticos de la genialidad tarantinesca. Teor\u00eda que tuve el gusto de confirmar (al menos parcialmente) hace poco con una entrevista en la que el cineasta explica que su gusto por los efectos especiales tan contundentes y marcados tiene que ver con el valor de entretenimiento, con una apuesta por lo m\u00e1s atractivo de ver, lo que cualquiera que vaya al cine est\u00e1 esperando encontrar (adem\u00e1s de ser, claro est\u00e1, una de las herencias de su tan amado spaghetti western).<\/p>\n<p>Dicho de otro modo, el gran gusto de las pel\u00edculas de Tarantino por la violencia no descansa en el sentido mismo de la violencia, quiz\u00e1 ni siquiera tanto as\u00ed como en el absurdo de la violencia, sino en la irrealidad de lo que estamos viendo, es decir, la frontera entre lo real y lo ficticio. Entre el cine, la narrativa, una historia y la vida real. La construcci\u00f3n desde la que lo querido y deseado en pantalla no necesariamente puede (ni debe) ser querido en la vida real. Muchas veces se le ha planteado este cuestionamiento al director, mismo ante el que suele molestarse: \u201c\u00bfno te preocupa que el excesivo uso de violencia en tus pel\u00edculas provoque actitudes violentas en el mundo real por parte de los j\u00f3venes que gustan de tu cine?\u201d.\u00a0 A lo que el director contesta siempre destacando a la violencia como un recurso, fundamental quiz\u00e1, pero al final recurso, para contar sus historias, pero nunca como algo deseable para la vida real. Y creo que justo en <em>Once Upon a Time\u2026 in Hollywood<\/em>, su m\u00e1s reciente pel\u00edcula, esto se demuestra en varios sentidos.<\/p>\n<p>La pel\u00edcula es un homenaje a los diferentes canales desde los que abreva el cine de Tarantino, desde las artes marciales de Bruce Lee hasta el hippiesmo de los 60s casi 70s y la era de los h\u00e9roes del western y sus narrativas. De manera focal, la tr\u00e1gica muerte de Sharon Tate a manos de los seguidores de Charles Manson en agosto de 1969. Todos estos, eventos y sucesos con los que el cineasta creci\u00f3, que moldearon la precisa sensibilidad desde la que hace hoy sus pel\u00edculas y que en esta ocasi\u00f3n nos narra, jugando primordialmente con el espectador.<\/p>\n<p>Los especialistas suelen decir que los homenajes al mundo del cine, los \u201cba\u00f1os de sangre\u201d, sus extraordinarios<em> soundtracks<\/em> (con una inigualable sensibilidad para jugar con la relaci\u00f3n m\u00fasica\/escena) y su particular estilo de tejer una trama son las notas esenciales del trabajo del exitoso director. En lo que toca a sus historias, en espec\u00edfico, ese binomio formado por la venganza y la actuaci\u00f3n de quien oculta un secreto, es decir, el hecho de que, en las pel\u00edculas de Tarantino, es siempre recurrente el perfil de personajes que buscan venganza y que necesitan ocultar algo de alguien para conseguirla; elementos que garantizan la tensi\u00f3n, cautivadora, que hace a sus cintas tan adictivas.<\/p>\n<p>Tarantino ha llegado a comparar su trabajo con el de un director de orquesta, insinuando que su tarea es controlar el ritmo con el que se siguen las emociones de su audiencia por medio de un l\u00facido trabajo visual, narrativo y sonoro. Por ejemplo, como lo pone \u00e9l en alguna entrevista, marcando un cierto paso: \u201cr\u00ede, r\u00ede, r\u00ede, deja de re\u00edrte\u2026deja de re\u00edrte, ahora ten miedo\u201d.<\/p>\n<p>En <em>Once Upon a Time\u2026in Hollywood<\/em> estas caracter\u00edsticas se potencian con un par de movimientos simples por parte del director pero que tienen un efecto profundamente innovador en el resultado final. Posponer el cl\u00edmax de su trama hace que el modo en que uno se sumerge en la experiencia de este film sea mucho m\u00e1s puramente entretenida. En esta ocasi\u00f3n, los recursos que suelen caracterizar a las pel\u00edculas de Tarantino se dejan al final, de manera que quien oculta un secreto esta vez es el propio narrador de la historia (i.e, el director), quien ahora tiene que jugar con esta realidad fantasiosa, con esta f\u00e1bula de la vida real, para encontrar venganza. La venganza del tr\u00e1gico agosto de 1969 ejercida de una manera genial, magistral y casi po\u00e9tica. Mostr\u00e1ndonos lo que pudo ser y, en el camino, llev\u00e1ndonos a tres entornos distintos de Hollywood: el de Sharon Tate, del \u00e9xito en ascenso que parece no tener fin y al que nada puede detenerlo, el de Rick Dalton, de la carrera en descenso, que ya no va a m\u00e1s pero que tampoco es tan triste como parecer\u00eda, y el de Cliff Booth, de todos aquellos que hacen al gran Hollywood posible pero que est\u00e1n fuera del reflector, del glamour y del reconocimiento (incluso, fuera de las adulaciones, la autocomplacencia y las falsas necesidades que genera el tenerlo todo).<\/p>\n<p>Nos recuerda tambi\u00e9n, con su pel\u00edcula, que nuestro libre albedr\u00edo siempre puede darle la espalda a la violencia (o, para ser m\u00e1s precisos, salir corriendo de ella en un autom\u00f3vil). Que por realista que sea una pel\u00edcula, por buena que sea, siempre tiene el halo nost\u00e1lgico (o a veces reconfortante) de no ser real. De ser s\u00f3lo un cuento que nos contamos, de ser una mentira que nos gusta que nos digan y de ser una ficci\u00f3n de la que disfrutamos ser parte.<\/p>\n<p>Cosa aparte es el mundo real, que exige muchas m\u00e1s atenciones. Donde los secretos, las posposiciones o las venganzas no son cosa de juegos o sorpresas agradables, donde lo que vivimos de hecho tiene consecuencias irreparables y patentes; concretas e imborrables. Donde elegir darle la espalda a la violencia no es un hecho lamentable, por el contrario, es lo mejor que podr\u00edamos hacer: porque no hay nadie a qui\u00e9n entretener, porque la vida no es una pel\u00edcula. Porque aunque debamos encontrar el modo de narrarnos nuestra propia historia para poder ser operativos y para construir un mundo que podamos desear universalmente (es decir, que podamos desear que sea el caso para todos y cada uno de los individuos que lo componen); nunca debemos confundir la fantas\u00eda con la realidad.<\/p>\n<p>Porque borrar las l\u00edneas entre lo que es y lo que no es, entre esos dos polos que nos atraen a cada paso de nuestra existencia: la fantas\u00eda y la realidad, puede costarnos la oportunidad de perdernos de un mundo real, demasiado real. Pero, sobre todo, perdernos de f\u00e1bulas, fantas\u00edas, historias y cuentos que tienen su gracia en pertenecer al dominio de lo irreal. Cuentos como <em>Hab\u00eda una vez\u2026en Hollywood<\/em>, s\u00f3lo digno de un talento rampante y genuino, como el de Tarantino.<\/p>\n<p><em>Twitter<\/em>: <em><a href=\"https:\/\/twitter.com\/FilosMillennial\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">@FilosMillennial<\/a><\/em><br \/>\n<em>Facebook<\/em>: <em><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/Filosof%C3%ADa-Millennial-350637645547048\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Filosof\u00eda Millennial<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>H. R. Aquino Cruz<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nLa primera vez que tuve noticia de Tarantino habr\u00e9 tenido unos ocho, diez a\u00f1os de edad. Fue aqu\u00e9l clip de <em>Los Simpsons <\/em>en el que el director es mencionado, representado y parodiado en un cap\u00edtulo de la ficticia serie <em>Tommy &amp; Daly<\/em>. Como aficionado a la familia amarilla, y sin saberlo, segu\u00ed absorbiendo los varios y variados homenajes a la obra del director estadounidense que la serie animada (y muchas otras producciones) hace. Ser\u00eda hasta mi adultez, quiz\u00e1 mis 20 a\u00f1os, que vi mi primer pel\u00edcula de Quentin Tarantino: <em>Pulp Fiction<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":440678,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[30291],"tags":[81965,81966,43674],"class_list":["post-440640","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion-espectaculos","tag-filosofia-millennial","tag-h-r-aquino-cruz","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/440640","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=440640"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/440640\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/440678"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=440640"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=440640"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=440640"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}