{"id":454257,"date":"2019-12-18T00:03:11","date_gmt":"2019-12-18T06:03:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=454257"},"modified":"2019-12-18T23:24:50","modified_gmt":"2019-12-19T05:24:50","slug":"everything-happens-to-me","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=454257","title":{"rendered":"<em>Everything happens to me<\/em>"},"content":{"rendered":"<h2>Filosof\u00eda Millennial<\/h2>\n<h5>H. R. Aquino Cruz<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong><em>La secuencia, sencilla en su realizaci\u00f3n t\u00e9cnica pero elegante y poderosa en su expresividad narrativa, me parece esclarecedora para el que yo pondr\u00eda como el punto central de muchos de los trabajos de Allen<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_454329\" style=\"width: 470px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?attachment_id=454329\" rel=\"attachment wp-att-454329\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-454329\" class=\"size-large wp-image-454329\" src=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/FILOSOFIA-460x259.jpg\" alt=\"\" width=\"460\" height=\"259\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/FILOSOFIA-460x259.jpg 460w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/FILOSOFIA-240x135.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/FILOSOFIA-235x132.jpg 235w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/FILOSOFIA-202x114.jpg 202w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/FILOSOFIA-350x196.jpg 350w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/FILOSOFIA-220x123.jpg 220w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/FILOSOFIA-237x132.jpg 237w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/FILOSOFIA.jpg 480w\" sizes=\"auto, (max-width: 460px) 100vw, 460px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-454329\" class=\"wp-caption-text\">El film, que nos narra una historia que no camina como se esperaba, como \u201cdebiera\u201d, apunta a nuestra muchas veces inconsciente tendencia de alejarnos de aquello con lo que nos identificamos.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lejos de ser la mejor pel\u00edcula de Woody Allen, quiz\u00e1 ni siquiera digna de contarse entre las primeras cinco del director neoyorkino, <em>Un D\u00eda Lluvioso en Nueva York<\/em> resulta una s\u00f3lida muestra de que la experiencia no desarrolla cualidades en vano y que las habilidades c\u00f3mica, sarc\u00e1stica, ir\u00f3nica, \u00e1cida, rom\u00e1ntica y narrativa del guionismo de Allen siguen vivas.<\/p>\n<p>Con esa naturalidad que s\u00f3lo \u00e9l puede imprimirle a lo casuales y, al tiempo, ontol\u00f3gicos que resultan los episodios que se dan cita en la estructura de las comedias de enredos a la que suele recurrir, Allen nos presenta una vez m\u00e1s una historia de romances y de coincidencias; de juventud y de amor\u00edos; de distancias que acercan y planes fallidos que construyen los planes correctos; los momentos, lugares e instantes adecuados.<\/p>\n<p>Este sabor casual\/causal, determinante y determinado se construye a partir de los planes fallidos de Gatsby y Ashleigh, una joven pareja de universitarios que decide pasar un fin de semana en Nueva York con la esperanza de compartir una velada rom\u00e1ntica y de cumplir con tareas laborales. El improvisado viaje se transforma en la lupa que nos permite ver a detalle la diferencia entre el estar en pareja por el simple estar (por el simple no estar solo) y los verdaderos amores inasibles e inalcanzables que paso a paso nos van llamando. No necesariamente porque estemos destinados a ellos, pero porque no podemos m\u00e1s que caminar en su direcci\u00f3n, queramos o no queramos, nos demos cuenta o no.<\/p>\n<p>Vemos, pues, a una joven aspirante a reportera y a un indeciso joven adinerado amante de las apuestas perderse en una gran, confusa y ca\u00f3tica ciudad que, ir\u00f3nicamente, mientras m\u00e1s los sumerge en sus propios caminos individuales y m\u00e1s los separa como pareja, mejor revela los motores primarios de sus b\u00fasquedas personales y exhibe sus verdaderas pasiones como individuos.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que uno de los momentos clave de esta comedia rom\u00e1ntica (ni c\u00f3mica ni rom\u00e1ntica de manera convencional) sea, desde mi punto de vista, la escena en que Gatsby, interpretado por Timoth\u00e9e Chalamet, decide sentarse al piano a cantar, por el mero hacer tiempo, <em>Everything Happens To Me<\/em> compuesta por Tom Adair y Matt Dennis.<\/p>\n<p>El \u00e9xito del jazz pop de los a\u00f1os 40 nos cuenta la historia infortunada de un hombre que est\u00e1 convencido de tener la peor de las suertes posibles, situaci\u00f3n referida en el propio t\u00edtulo de la canci\u00f3n diciendo \u201ctodo me pasa a m\u00ed\u201d. Con la melod\u00eda conocemos sus desventuras y c\u00f3mo ellas abren paso al mayor de sus desafortunados desatinos: el amor; el amor fuera de lugar y tiempo; el amor inadecuado; el amor descolocado.<\/p>\n<p>De este modo, el tema musical resulta contrastante y emotivo dentro del ecosistema que construye la pel\u00edcula del experimentado cineasta estadounidense pues delata el cansancio y la pasi\u00f3n de un Gatsby lament\u00e1ndose (tampoco demasiado) por los planes que ten\u00eda con su novia y que por una u otra raz\u00f3n (uno u otro enredo) simplemente no est\u00e1n caminando como \u00e9l esperaba mientras que, sin el m\u00ednimo asomo de sospecha, se fragua para \u00e9l una coincidencia reveladora, transformadora y reconstructora por la que, de inicio, parece poco interesado y con la que parece poco conectado en una vida que se pierde en un cierto sinsentido existencial propio de su edad.<\/p>\n<p>La secuencia, sencilla en su realizaci\u00f3n t\u00e9cnica pero elegante y poderosa en su expresividad narrativa, me parece esclarecedora para el que yo pondr\u00eda como el punto central de muchos de los trabajos de Allen (incluida esta cinta, por supuesto): el simple, quiz\u00e1 de Perogrullo, adagio de que \u201clo que llamas te llama\u201d (y su subalterna l\u00f3gica de que \u201clo que no llamas no te llama\u201d). El principio griego cl\u00e1sico de que \u201clo semejante conoce a lo semejante\u201d porque s\u00f3lo\u00a0 lo semejante es capaz de tener las condiciones de posibilidad de aquello a lo que se asemeja y s\u00f3lo ello puede captar en el mismo modo y sentido a su igual.<\/p>\n<p>En otras palabras, el film, que nos narra una historia que no camina como se esperaba, como \u201cdebiera\u201d, apunta a nuestra muchas veces inconsciente tendencia de alejarnos de aquello con lo que nos identificamos, de separarnos de los caminos que, vistos de otro modo, en la casualidad, resultan ser los caminos en los que m\u00e1s nos encontramos a nosotros mismos como realmente nos queremos tener aunque no sepamos admitirlo o no seamos capaces de verlo.<\/p>\n<p>Sin atribuir a ello cualidades providenciales ni pretender encerrarlo bajo la noci\u00f3n abrupta de un cierto determinismo, me refiero a esa inexpresable \u201cmano invisible\u201d (como la llamar\u00edan algunos fil\u00f3sofos) de la raz\u00f3n, del destino, de la psique, de nuestras emociones, de la causalidad simple y llana, de Dios o de lo que sea que sea, que parece ponernos en los lugares, momentos y situaciones adecuadas para ser consecuentes con las personas que somos y que hemos sido, independientemente de si sabemos entenderlo o no.<\/p>\n<p>Si me lo preguntan no hay, para m\u00ed, nada m\u00e1s rom\u00e1ntico (con las imprecisiones, fantas\u00edas e irrealidades que pueden envolver lo romantizado) que eso: el inconsciente camino que cada leve episodio de nuestra vida va construyendo hacia lo que nos hemos armado, hacia lo que hemos sembrado, hacia lo que hemos trabajado a sabiendas o sin saberlo. La ed\u00edpica pulsi\u00f3n humana de la profec\u00eda autocumplida. La invisible causalidad de nuestros m\u00e1s sinceros deseos. La cruda consecuencia de nuestro actuar m\u00e1s objetivo. Nuestra capacidad humana de patentar con lo fortuito el punto ciego de nuestro ser.<\/p>\n<p><em>Twitter<\/em>: <em><a href=\"https:\/\/twitter.com\/FilosMillennial\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">@FilosMillennial<\/a><\/em><br \/>\n<em>Facebook<\/em>: <em><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/Filosof%C3%ADa-Millennial-350637645547048\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Filosof\u00eda Millennial<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>H. R. Aquino Cruz<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nLejos de ser la mejor pel\u00edcula de Woody Allen, quiz\u00e1 ni siquiera digna de contarse entre las primeras cinco del director neoyorkino, <em>Un D\u00eda Lluvioso en Nueva York<\/em> resulta una s\u00f3lida muestra de que la experiencia no desarrolla cualidades en vano y que las habilidades c\u00f3mica, sarc\u00e1stica, ir\u00f3nica, \u00e1cida, rom\u00e1ntica y narrativa del guionismo de Allen siguen vivas.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":454329,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[30291],"tags":[81965,81966,43674],"class_list":["post-454257","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion-espectaculos","tag-filosofia-millennial","tag-h-r-aquino-cruz","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/454257","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=454257"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/454257\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/454329"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=454257"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=454257"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=454257"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}