{"id":456968,"date":"2020-01-22T00:03:17","date_gmt":"2020-01-22T06:03:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=456968"},"modified":"2020-01-29T00:59:42","modified_gmt":"2020-01-29T06:59:42","slug":"guerra-mundial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=456968","title":{"rendered":"Guerra Mundial"},"content":{"rendered":"<h2>Filosof\u00eda Millennial<\/h2>\n<h5>H. R. Aquino Cruz<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong><em>\u201c1917\u201d abre espacio para la intimidad, para el contacto humano de ente sobreviviendo a ente sobreviviendo, de sacrificios personales en favor del futuro, de lo que viene, de algo mejor. Abre el espacio para su reflexi\u00f3n medular: el contacto consistente entre la vida y la muerte<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_457016\" style=\"width: 470px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?attachment_id=457016\" rel=\"attachment wp-att-457016\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-457016\" class=\"wp-image-457016 size-large\" src=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/filosofia-460x279.jpg\" alt=\"\" width=\"460\" height=\"279\" srcset=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/filosofia-460x279.jpg 460w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/filosofia-240x146.jpg 240w, https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/filosofia.jpg 700w\" sizes=\"auto, (max-width: 460px) 100vw, 460px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-457016\" class=\"wp-caption-text\">\u201c1917\u201d, una soberbia pel\u00edcula que retrata la Primera Guerra Mundial.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Resulta imposible acercarse sin cierto escepticismo a cualquier expresi\u00f3n narrativa centrada en las Grandes Guerras Mundiales puesto que cada uno de nosotros cuenta con una posici\u00f3n al respecto. Ambas son conflictos en los que, en mayor o menor medida, cada uno de nuestros pa\u00edses se vio involucrado (quiz\u00e1 no en el campo de batalla pero s\u00ed en la aceptaci\u00f3n de refugiados o en la llegada de inmigraci\u00f3n internacional o, simplemente, como herederos de las condiciones que conformaron la pol\u00edtica mundial a partir de estos dos grandes enfrentamientos).<\/p>\n<p>Para la Historia de la Filosof\u00eda, ambas guerras fueron un parteaguas en las preocupaciones humanas; la pregunta por el hombre se trastoc\u00f3 profundamente cuando vimos los niveles de autodestrucci\u00f3n de los que \u00e9ramos capaces como humanidad e, incluso, los niveles de utilitarismo, desensibilizaci\u00f3n y frialdad con la que unos fueron capaces de quitarle la vida a otros, ya no por necesidad o sobrevivencia sino por el burdo impulso de dominio.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que cierto halo de escepticismo (sano y riguroso, bien documentado) deba acompa\u00f1ar a cualquier apreciaci\u00f3n del belicismo, a\u00fan en sus expresiones art\u00edsticas m\u00e1s acabadas, pues, obviamente, siempre se contar\u00e1 la historia desde un punto de vista personal y desde una reconstrucci\u00f3n ideologizada de los hechos (a\u00fan en los casos m\u00e1s objetivos).<\/p>\n<p>Por eso ya no resulta sorprendente como t\u00f3pico recurrente en el cine de Hollywood la versi\u00f3n de la Historia en la que existe un bando indiscutiblemente malo y traicionero y otro indiscutiblemente her\u00f3ico y defensor del bien. Y quiz\u00e1s esa sea la \u00fanica simpleza que se le pueda achacar a <em>1917<\/em> del director brit\u00e1nico Sam Mendes; ya que, por una practicidad narrativa, en la estructura de su historia queda poco espacio para un an\u00e1lisis hondo de psicolog\u00edas epocales y del choque de convicciones sobre el que se mont\u00f3 la Primera Guerra Mundial.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, la pel\u00edcula es enorme. Una muestra magistral de la efectividad del lenguaje visual, de la capacidad de la c\u00e1mara (m\u00e1s all\u00e1 de los di\u00e1lgos y guiones espec\u00edficos) de transmitir emotividad, dolor, cansancio, confusi\u00f3n, tristeza, paz, angustia, etc\u00e9tera. Es, sin lugar a dudas, una obra pict\u00f3rica en movimiento, con una fotograf\u00eda soberbia que lo mismo aprovecha la luz natural que los encuadres pedidos por una ventana o la falta de iluminaci\u00f3n de la noche; todo ello en servicio de una est\u00e9tica profunda, efectiva, certera y potente. Deslumbrante, envolvente e inmersiva. Capaz de hacernos sentir dentro de la historia que atestiguamos con un ojo relator, que nos va pintando cada uno de los escenarios que es la guerra con simples casualidades, eventualidades y, como es l\u00f3gico, tragedias propias de una situaci\u00f3n como aquella.<\/p>\n<p>En lo narrativo, contin\u00fao, la estructura de la historia es simple pues sigue el camino de un par de cabos, Schofield y Blake, a los que se les asigna la misi\u00f3n de advertir a un regimiento cercano de una trampa que se les ha tendido, convirti\u00e9ndola en una historia que consiste, basicamente, en llevar el objeto \u201cX\u201d del punto A al punto B en determinada ventana temporal. Punto desde el que resulta claro por qu\u00e9 la exploraci\u00f3n psicol\u00f3gica profunda queda reservada para sus protagonistas.<\/p>\n<p>Dicho de otro modo, esta pel\u00edcula no es un insight (una visi\u00f3n interna y detallada) narrativo de los motores internos de sus partes sino que es un insight visual de una parte de sus involucrados, a saber, los brit\u00e1nicos y, en espec\u00edfico, esta dupla de cabos. Por eso antes que destacar discursos espec\u00edficos o fragmentos narrativos, de <em>1917<\/em> hay que destacar la comunicaci\u00f3n visual; el ojo preciso que nos permite ser testigos de primera mano de todo lo que sucede en el campo de batalla y, por si fuera poco, todo hecho en una sola toma din\u00e1mica sin cortes (\u201cuna sola toma\u201d artificial, claro est\u00e1, pero soberbiamente lograda).<\/p>\n<p>As\u00ed, adem\u00e1s de secuencias t\u00e9cnicamente arriesgadas (dif\u00edciles de descifrar para el ojo que se pregunta por c\u00f3mo fueron rodadas), atestiguamos met\u00e1foras visuales sobre el renacimiento de quien est\u00e1 por perder la esperanza (como cuando nuestro protagonista debe moverse entre cad\u00e1veres para cruzar un r\u00edo), sobre la p\u00e9rdida de sue\u00f1os y expectativas que implica la guerra (como cuando vemos a los animales de carga en descomposici\u00f3n) y sobre el ardiente, destructor y asolador fuego que todo lo consume que es la ira humana embriagada por el deseo de dominio y volcada a sus semejantes.<\/p>\n<p>Con todo, en tal escenario inh\u00f3spito para las \u00e9ticas y las virtudes, <em>1917<\/em> abre espacio para la intimidad, para el contacto humano de ente sobreviviendo a ente sobreviviendo, de sacrificios personales en favor del futuro, de lo que viene, de algo mejor. Abre el espacio para su reflexi\u00f3n medular: el contacto consistente entre la vida y la muerte.<\/p>\n<p>La incapacidad humana de descifrar en qu\u00e9 momento todo lo que tenemos puede sucumbir ante la desgracia y la posterior aniquilaci\u00f3n. La fr\u00eda realidad de que la vida es tambi\u00e9n muerte constante. Pero aqu\u00ed, en <em>1917<\/em>,\u00a0 radicalizada en la aprisionante guerra. Que nos encierra en un mundo donde este hecho de la vida que solemos obviar con ligereza se vuelve asfixiante, inevitable e incapaz de no ser visto.<\/p>\n<p>La guerra ha existido desde tiempos inmemorables. Quiz\u00e1 porque nuestra naturaleza humana nos hace incapaces de renunciar a cierto impulso instintivo m\u00ednimo de violencia, quiz\u00e1s porque en un mundo con recurso limitados es imposible coincidir en la competencia con nuestros iguales por un territorio o un recurso, quiz\u00e1 porque nuestro deseo, que siempre imita los deseos de otros, inevitablemente choca con otras voluntades.<\/p>\n<p>La guerra ha existido desde tiempos inmemorables y seguira existiendo mientras existan seres humanos que encuentren en ella una raz\u00f3n, una industria, un negocio, un medio de dominio, un medio de engrandecimiento personal y ensorbecimiento. Mientras seamos incapaces de comprobar que, como humanos m\u00e1s que como animales, somos capaces de sanjar nuestras diferencias sin un recurso a la maquinaria econ\u00f3mica y mercadol\u00f3gica de la violencia.<\/p>\n<p>La guerra ha existido desde tiempos inmemorables, quiz\u00e1, por nuestra certeza de que toda vida es muchas muertes (convicciones que van y vienen, etapas de desarrollo, intereses, amores, desamores, alegr\u00edas, tragedias, fortunas e infortunios: proceso continuo; proceso perpetuo). Por nuestra certeza de que la guerra empieza en nosotros, en lo inaprehensibles que resultamos para nosotros mismos: en el continuo choque entre nuestra raz\u00f3n y nuestra voluntad.<\/p>\n<p>La guerra ha existido desde tiempos inmemorables y qu\u00e9 bueno. Porque mientras exista nuestra consciencia de que la vida y la muerte son dos caras de la misma moneda, tenemos la esperanza de avivar nuestro humanismo, nuestra capacidad de una trascendencia interpersonal, y darle, poco a poco, una piadosa y pertiente muerte a nuestros impulsos de dominio.<\/p>\n<p>La guerra ha existido desde tiempos inmemorables y qu\u00e9 bueno. Porque mientras exista nuestra conciencia de que la vida y la muerte son hermanas, tendremos la esperanza de entender que no hay vida alguna que justifique dar muerte a un semejante.<\/p>\n<p><em>Twitter<\/em>: <em><a href=\"https:\/\/twitter.com\/FilosMillennial\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">@FilosMillennial<\/a><\/em><br \/>\n<em>Facebook<\/em>: <em><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/Filosof%C3%ADa-Millennial-350637645547048\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Filosof\u00eda Millennial<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>H. R. 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