{"id":482276,"date":"2020-10-07T00:05:04","date_gmt":"2020-10-07T05:05:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=482276"},"modified":"2020-10-07T22:33:54","modified_gmt":"2020-10-08T03:33:54","slug":"oceano-de-nada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=482276","title":{"rendered":"<em>Oc\u00e9ano de nada<\/em>"},"content":{"rendered":"<h2>Filosof\u00eda Millennial<\/h2>\n<h5>H. R. Aquino Cruz<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong>La Maldici\u00f3n de Hill House<em> nos propondr\u00e1 una reflexi\u00f3n sobre el miedo, sobre su ra\u00edz en el trauma (en el trauma infantil en este caso) y sobre el oc\u00e9ano de nada en el que puede convertirse cuando nos permitimos abrazarnos por \u00e9l<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_482355\" style=\"width: 470px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?attachment_id=482355\" rel=\"attachment wp-att-482355\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-482355\" class=\"size-full wp-image-482355\" src=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/filosofia-millennial-7-de-octubre.jpg\" alt=\"\" width=\"460\" height=\"270\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-482355\" class=\"wp-caption-text\">\u201cOc\u00e9ano de nada\u201d como se le llama durante la serie a la radical entrega al dolor, a la pena, a la tristeza, a la depresi\u00f3n. Vac\u00edo puro.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con la pr\u00f3xima llegada de <em>La Maldici\u00f3n de Bly Manor<\/em> a Netflix y como previo a la \u00e9poca del a\u00f1o que promueve las series y pel\u00edculas de terror, al fin decid\u00ed acercarme a la aclamada <em>La Maldici\u00f3n de Hill House<\/em> del director Mike Flanagan quien poco despu\u00e9s del estreno de la serie de streaming se encargar\u00eda de la adaptaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica de la secuela de <em>El Resplandor<\/em>: <em>Doctor Sleep<\/em>.<\/p>\n<p>De <em>Hill House<\/em> me sorprendieron varias cualidades positivas. Su t\u00e9cnica, su estilo narrativo, su construcci\u00f3n dram\u00e1tica y de personajes pero, especialmente, los ecos que hace del singular estilo de Stephen King. En espec\u00edfico, algunos ecos de <em>It<\/em> y, precisamente, de <em>The Shining<\/em>. Reconocibles, para el primero, por la estructura narrativa que vincula a adultos con su pasado y con lo vivido durante su condicionante infancia. Para el segundo, por el sutil modo en el que lo paranormal se entremezcla con los laberintos psicol\u00f3gicos a partir de una noci\u00f3n amplia de intuici\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo t\u00e9cnico podr\u00eda describirse como la solidez de algunas secuencias de plano continuo y por la precisi\u00f3n con la que construye la atm\u00f3sfera de la mansi\u00f3n Hill: l\u00fagubre, oscura, siempre en el pasado (a\u00fan en el presente), sombr\u00eda, imprevisible y viva en sus espacios que, con h\u00e1bil pericia de su realizador, siempre encuentran la manera de preocuparnos por las peque\u00f1as sombras, los peque\u00f1os objetos, las formas apenas visibles y, b\u00e1sicamente, todo lo que puede convertirse en un potencial susto inesperado.<\/p>\n<p>Y justo ah\u00ed entra una de las mejores cualidades del estilo narrativo de Flanagan en esta serie que no depende del scare jump (el cl\u00e1sico susto estridente y repetitivo). Aunque en varias ocasiones lo usa, la construcci\u00f3n con la que Flanagan llega a esos momentos de susto no es para nada habitual. Primero, porque privilegia la narrativa dram\u00e1tica, es decir, privilegia la construcci\u00f3n de su historia y las psicolog\u00edas de sus personajes y, segundo, porque logra escabullirse de maneras imprevistas, posicion\u00e1ndose justo donde no se espera, justo un paso antes de donde usualmente se dan los sustos de las pel\u00edculas de terror convencionales.<\/p>\n<p>Por su parte, el terror narrativo o psicol\u00f3gico se convierte en una tensi\u00f3n familiar espesa que elabora el suspenso de la trama central del show que, al final, resuelve de manera adecuada y refiguradora. Satisfactoria. No es un terror opresivo y omnipresente, pues se cuelan incluso algunos momentos con claro sentido del humor. Es un terror narrativo dram\u00e1tico. Disuelto en el episodio traum\u00e1tico que vincula a los hermanos Crain a un verano de su infancia en una hambrienta, paranormal, misteriosa, inhabitable y vieja mansi\u00f3n.<\/p>\n<p>Ese es, quiz\u00e1, uno de los puntos menos convencionales del terror de Flanagan en este trabajo: el tiempo que se da para desarrollar a cada uno de sus personajes y explicarnos su papel espec\u00edfico dentro de la familia Crain y, m\u00e1s interesante a\u00fan, dentro del misterioso y extrahumano episodio medular de su trama. Episodio que nos ir\u00e1 dejando entrever, paso a paso, desde las interacciones de cada uno de los hermanos Crain, sus singulares puntos de vista y las cualidades perceptivas que cada uno desarrolla de manera independiente.<\/p>\n<p>De este modo, el terror se presenta de manera creciente durante los diez episodios de la primera historia de esta antolog\u00eda. Creciendo a la par de su estructura dram\u00e1tica. La estructura de una familia fragmentada, separada, dispersa, contrapuesta. La historia de siete individuos, cinco ni\u00f1os y sus padres, que, a pesar de los a\u00f1os, se encuentran vinculados a un lugar. A un espacio compartido. A una historia com\u00fan. A la tragedia compartida.<\/p>\n<p>As\u00ed, se representar\u00e1 un trauma familiar en las consecuencias de cada uno de sus miembros: el escepticismo contra cualquier cosa m\u00e1s all\u00e1 de la evidencia emp\u00edrica, la necesidad de controlar cada detalle de la propia vida y la de los propios, la hipersensibilidad convertida en apat\u00eda y anestesia elegida, la sensibilidad de lo paranormal acallada por la anestesia de las drogas y la depresi\u00f3n autoaniquiladora como respuesta al desconsuelo de la p\u00e9rdida. La dificultad para hallar sentido ante la tragedia. La imposibilidad de encontrar paz personal en una vida marcada por el suicidio y la muerte repentina.<\/p>\n<p>Desde ah\u00ed, entonces, <em>La Maldici\u00f3n de Hill House<\/em> nos propondr\u00e1 una reflexi\u00f3n sobre el miedo, sobre su ra\u00edz en el trauma (en el trauma infantil en este caso) y sobre el oc\u00e9ano de nada en el que puede convertirse cuando nos permitimos abrazarnos por \u00e9l. Extinguirnos bajo su incesante presencia. Bajo la imagen de nuestra propia muerte anunciada por un espectro que no somos capaces de descifrar hasta que nos tiene al borde del precipicio.<\/p>\n<p>\u201cOc\u00e9ano de nada\u201d como se le llama durante la serie a la radical entrega al dolor, a la pena, a la tristeza, a la depresi\u00f3n. Vac\u00edo puro. Vac\u00edo homicida. Vac\u00edo suicida. Oc\u00e9ano de nada creado por la apat\u00eda, por la soledad, por la subjetivaci\u00f3n absoluta. Oc\u00e9ano de nada creado por la aversi\u00f3n al dolor. Por la distancia creada entre familiares para evitar revivir las penas compartidas. Distancia que cobrar\u00e1 factura carcomiendo a cada uno de sus participantes. Distancia creada por no enfrentar juntos al miedo que se comparte; al dolor que construye la historia compartida que hace familia a cualquier familia.<\/p>\n<p>En consecuencia, nos dir\u00e1 la propia historia de <em>Hill House<\/em>, nos queda s\u00f3lo una alternativa: reconocer nuestro dolor. Reconocer el trauma. Volver a casa, es decir, volver a nuestro propio interior, a nuestra intimidad, conscientes de lo que la construye. Sabiendo que ning\u00fan episodio la determina plenamente. Sabiendo que ninguna cicatriz cerrar\u00e1 realmente por completo. Plant\u00e1ndole cara al dolor compartido; convirti\u00e9ndolo en amor.<\/p>\n<p>Porque tanto el amor, como el miedo que compromete nuestra intimidad se erigen como disruptores de cualquier l\u00f3gica y como renuncias voluntarias ante patrones razonables y racionales. Porque s\u00f3lo as\u00ed podemos romper con los muros que levantamos para ocultar nuestra intimidad y vulnerabilidad. Derribar los muros que ponemos ante la gente que nos ama y que queremos amar. Porque lo \u00fanico que nos queda ante el trauma es decidir si nos atreveremos a vivir un amor que acepta y enfrenta los componentes de dolor que lo preceden, por irracional que suene, o si preferimos ahogarnos en el oc\u00e9ano de nada que alimenta el miedo.<\/p>\n<p><em>Twitter<\/em>: <em><a href=\"https:\/\/twitter.com\/FilosMillennial\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">@FilosMillennial<\/a><\/em><br \/>\n<em>Facebook<\/em>: <em><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/Filosof%C3%ADa-Millennial-350637645547048\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Filosof\u00eda Millennial<\/a><\/em><br \/>\n<em>Instagram: <a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/filosofia.millennial\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">filosof\u00eda.millennial<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>H. R. Aquino Cruz<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\nCon la pr\u00f3xima llegada de <em>La Maldici\u00f3n de Bly Manor<\/em> a Netflix y como previo a la \u00e9poca del a\u00f1o que promueve las series y pel\u00edculas de terror, al fin decid\u00ed acercarme a la aclamada <em>La Maldici\u00f3n de Hill House<\/em> del director Mike Flanagan quien poco despu\u00e9s del estreno de la serie de streaming se encargar\u00eda de la adaptaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica de la secuela de <em>El Resplandor<\/em>: <em>Doctor Sleep<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":482355,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[30291],"tags":[81965,81966,43674],"class_list":["post-482276","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion-espectaculos","tag-filosofia-millennial","tag-h-r-aquino-cruz","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/482276","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=482276"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/482276\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/482355"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=482276"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=482276"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=482276"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}