{"id":512219,"date":"2021-06-30T00:05:40","date_gmt":"2021-06-30T05:05:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=512219"},"modified":"2021-07-07T01:11:31","modified_gmt":"2021-07-07T06:11:31","slug":"evasion-patetica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=512219","title":{"rendered":"Evasi\u00f3n pat\u00e9tica"},"content":{"rendered":"<h2>Filosof\u00eda Millennial<\/h2>\n<h5>H. R. Aquino Cruz<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong><em>\u201cOk, est\u00e1 bien\u201d ha sido reconocida como una de las pocas obras del cine mexicano reciente en poner en su centro, como su palpitante coraz\u00f3n, a un s\u00f3lido guion claro en las estructuras del g\u00e9nero c\u00f3mico narrativo y fluido en el retrato del lenguaje, intereses, t\u00f3picos y texturas de sus personajes<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_512304\" style=\"width: 470px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?attachment_id=512304\" rel=\"attachment wp-att-512304\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-512304\" class=\"size-full wp-image-512304\" src=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/filosofia-millennial-29.jpg\" alt=\"\" width=\"460\" height=\"270\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-512304\" class=\"wp-caption-text\">\u201cOk, est\u00e1 bien\u201d ha sido ampliamente reconocida como una l\u00facida y refrescante demostraci\u00f3n de que el cine no se agota en sus formas t\u00e9cnicas (que, dicho sea de paso, la pel\u00edcula emplea al m\u00e1s alto nivel).<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El arte y la filosof\u00eda resultan dos caras de una misma moneda que se adentra, expresa y desenvuelve el fen\u00f3meno humano hasta en sus inimaginables dimensiones. Como tales, en la Historia de la Filosof\u00eda existe una constante, pertinente y audaz tendencia a moralizar con el discurso, con la reflexi\u00f3n y con la b\u00fasqueda de significado; impulso que, tomando al cine como motivo de inspiraci\u00f3n, he tenido el gusto de subvertir parcialmente en favor de la experiencia est\u00e9tica, la narrativa (las historias bien contadas), el realismo expresivo y, m\u00e1s rico que todo, en favor de la oportunidad de ver la realidad desde perspectivas constantemente nuevas, retadoras y estimulantes. A este tipo de experiencias pertenece <em>Ok, est\u00e1 bien<\/em> del guionista mexicano Roberto Andrade C. y la directora mexicana Gabriela Ivette Sandoval.<\/p>\n<p>Un trabajo que, como el primero de sus favores, tiene el m\u00e9rito de ser independiente, pr\u00e1cticamente autogestionado y que, por medio de un largo proceso de apoyos, rechazos y proactividad pura, ha logrado distribuirse de manera efectiva por los propios medios de quienes han dado vida intelectual, material y pragm\u00e1tica al proyecto.<\/p>\n<p>Recogiendo, en el camino, cr\u00edticas favorables y destacadas de especialistas del cine latinoamericano, su inclusi\u00f3n en las listas de cineastas y expertos sobre los mejores trabajos del cine mexicano del a\u00f1o 2020 y, quiz\u00e1 su punto m\u00e1s controversial, una serie de oposiciones, contenciones y opiniones divididas nacidas de las acciones de su pat\u00e9tico protagonista: Mariano.<\/p>\n<p>Perteneciente al g\u00e9nero de la comedia, la cinta de Andrade y Sandoval tiene como punto central a un guionista de 29 a\u00f1os que, tras seis a\u00f1os de haber concluido con su preparaci\u00f3n universitaria, dedica los d\u00edas a ver pel\u00edculas echado en un sill\u00f3n en casa de su madre. Un idealizador del oficio de escritor que le tiene demasiado respeto a su arte (o eso dice); tanto que es incapaz de enfrentarse a la hoja en blanco. A la hoja en blanco, a su propio talento, a su amor por el cine: a la vida misma.<\/p>\n<p>Un hombre empeque\u00f1ecido y minimizado por su miedo al vulnerable papel de quien pone su obra en manos y ojos de otros. Paralizado por la posibilidad de que la manera tan tajante, \u00e1cida y sin escr\u00fapulos en la que \u00e9l juzga la Historia del Cine y al cine mexicano se torne contra \u00e9l en las voces de quienes vean su obra. Un t\u00edpico personaje c\u00f3mico, mostrado \u201cpeor de lo que es\u201d, dir\u00eda Arist\u00f3teles, o en sus condiciones m\u00e1s pat\u00e9ticas, podr\u00edamos refrasear.<\/p>\n<p>Y como tal, como hombre pat\u00e9tico, Mariano se asemeja a los perfiles de Isaac, Mary y Yale del <em>Manhattan<\/em> de Woody Allen (pel\u00edcula a la que la cinta mexicana homenajea, entre muchas otras referencias al cine nacional e internacional, con cierto tono par\u00f3dico; desde precisos, bellos y majestuosos encuadres del Tlatelolco de la Ciudad de M\u00e9xico al ritmo de <em>Rhapsody in Blue<\/em>, hasta tomas, conceptos e ideas calcadas del cineasta estadounidense). Se asemeja a su inmadurez emocional disfrazada de compromiso art\u00edstico-intelectual. Se asemeja a su rid\u00edculo \u00edmpetu de autojustificaci\u00f3n evasora. A ese no enfrentar el mundo, la realidad, el proceso creativo y sus naturales frustraciones. A no arriesgarse para no perder. Se asemeja a la evasi\u00f3n pat\u00e9tica del personaje cl\u00e1sico de las cintas de Allen, pero da un paso m\u00e1s a la crudeza de la realidad cambiando la neurosis de los personajes del estadounidense por la decadencia del ficticio habitante del Distrito Federal.<\/p>\n<p>Porque, a diferencia de los personajes de Allen, Mariano abraza su patetismo a los niveles de su propia autoestima. Abraza su empeque\u00f1ecimiento a niveles que retan a la moralidad y alcanzan el m\u00f3rbido placer de hacerse presente en lo que los mexicanos llamar\u00edamos po\u00e9ticamente \u201cel chingar\u201d.<\/p>\n<p>Porque a Mariano, le basta la llegada de un primo lejano de 15 a\u00f1os de edad para sentir su ego vulnerado, su hombr\u00eda amenazada y su importancia disminuida. Le basta un adolescente bien parecido para sentir la necesidad de ponerse en franca competencia con \u00e9l. Le basta la presencia de su primo para buscar contextos en los cuales sentirse superior a \u00e9l: qui\u00e9n sabe m\u00e1s de cine, qui\u00e9n sabe m\u00e1s de sexo, qui\u00e9n prefiere el mejor deporte y, el punto pol\u00e9mico, qui\u00e9n puede acostarse primero con Mariali, la novia coet\u00e1nea del menor de edad.<\/p>\n<p>Y es que el propio Mariano se lo preguntar\u00e1: \u00bfqui\u00e9n m\u00e1s puede presumir eso que \u00e9l hace?\u00bfqui\u00e9n m\u00e1s abrazar\u00eda su decadencia a un nivel tan inconsciente?\u00bfqui\u00e9n ser\u00eda capaz de, a sus 29 a\u00f1os, competir por el amor de una ni\u00f1a? S\u00f3lo \u00e9l, s\u00f3lo Mariano. S\u00f3lo alguien tan pat\u00e9tico y desesperado por evadirse de su pusilanimidad.<\/p>\n<p><em>Ok, est\u00e1 bien<\/em> ha sido ampliamente reconocida como una l\u00facida y refrescante demostraci\u00f3n de que el cine no se agota en sus formas t\u00e9cnicas (que, dicho sea de paso, la pel\u00edcula emplea al m\u00e1s alto nivel). Ha sido reconocida, pues, como una de las pocas obras del cine mexicano reciente en poner en su centro, como su palpitante coraz\u00f3n, a un s\u00f3lido guion claro en las estructuras del g\u00e9nero c\u00f3mico narrativo y fluido en el retrato del lenguaje, intereses, t\u00f3picos y texturas de sus personajes.<\/p>\n<p>Una puesta en escena org\u00e1nica que le da un lugar preeminente al patetismo evasor de su protagonista. Una cinta que m\u00e1s que hacer una apolog\u00eda de, ensalzar o enaltecer las acciones de Mariano, las muestra en su profunda decadencia: sin condescendencias; sin juicios morales. Sin respuestas finales ni moralejas.<\/p>\n<p>Para que, al final, la pregunta persista: \u00bfqui\u00e9n m\u00e1s abrazar\u00eda su decadencia a un nivel tan inconsciente como para presumir lo que Mariano se presume a s\u00ed mismo? S\u00f3lo alguien pat\u00e9tico y desesperado por evadirse de su pusilanimidad. S\u00f3lo el sujeto de un patetismo c\u00f3mico tan decadente que resulte en la tr\u00e1gica materializaci\u00f3n de una (auto)evasi\u00f3n consagrada a chingar a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p><em> Twitter: <a href=\"https:\/\/twitter.com\/FilosMillennial\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">@FilosMillennial<\/a><br \/>\nFacebook: <a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/Filosof%C3%ADa-Millennial-350637645547048\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Filosof\u00eda Millennial<\/a><br \/>\nInstagram: <a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/filosofia.millennial\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">filosof\u00eda.millennial<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>H. R. 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