{"id":561639,"date":"2022-10-05T00:01:35","date_gmt":"2022-10-05T05:01:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=561639"},"modified":"2022-10-12T00:54:31","modified_gmt":"2022-10-12T05:54:31","slug":"norma-jeane","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=561639","title":{"rendered":"<em>Norma Jeane<\/em>"},"content":{"rendered":"<h2>Filosof\u00eda Millennial<\/h2>\n<h5>H. R. Aquino Cruz<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong><em>Un s\u00edmbolo, mito y fen\u00f3meno que para muchos de nosotros resulta un incontestable referente de sensualidad que, sin embargo, no hemos visto en ninguna pel\u00edcula sino que hemos simplemente heredado<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-561681\" src=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/Filosofia.jpg\" alt=\"\" width=\"460\" height=\"270\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEn medio del desfase entre la realidad y las apariencias guardadas naci\u00f3 el mito conocido como Marilyn Monroe. La presencia m\u00e1s er\u00f3tica del cine estadounidense brill\u00f3 en una d\u00e9cada en la que, en teor\u00eda, el cine segu\u00eda controlando cualquier referencia al deseo carnal. [\u2026] La ingenuidad y el candor de sus personajes \u2014su retrato de la \u201crubia tonta\u201d\u2014 hac\u00eda m\u00e1s complicado censurar sus pel\u00edculas\u201d.<\/p>\n<p>Con estas palabras en su libro <em>Misterios de la sala oscura<\/em> y en el contexto de un recuento sobre la Historia de la Censura en Hollywood, la ensayista y cr\u00edtica mexicana de cine Fernanda Sol\u00f3rzano hace una descripci\u00f3n tangencial del significado que la figura de Marylin Monroe tuvo como parte del progreso de una expresi\u00f3n de la sexualidad \u2014en general y de la femenina en particular\u2014 en la cinematograf\u00eda.<\/p>\n<p>En el alter ego de Norma Jeane Baker, en el personaje inmortalizado por el pop art de Andy Warhol, en la rubia que famosamente mostr\u00f3 sus piernas como el efecto de la falda de un vestido blanco levantada por el aire resoplado por una alcantarilla; sucede un fen\u00f3meno sin precedentes y, probablemente, sin sucesores equiparables: el fen\u00f3meno del chivo expiatorio de una pulsi\u00f3n contenida materializado en un pelo casta\u00f1o te\u00f1ido de rubio, en una sonrisa permanente como fachada de un ser humano complejo, en una voz aguda, chillante e inocente que escond\u00eda la profundidad de un esp\u00edritu, en un \u201cs\u00edmbolo sexual\u201d que desborda la subjetividad de una aspirante a actriz; el fen\u00f3meno de Marylin Monroe como la v\u00e1lvula de escape de la sexualidad reprimida por la cultura popular de los a\u00f1os cincuenta pero exudada por cada uno de sus poros.<\/p>\n<p>Un s\u00edmbolo, mito y fen\u00f3meno que para muchos de nosotros resulta un incontestable referente de sensualidad que, sin embargo, no hemos visto en ninguna pel\u00edcula sino que hemos simplemente heredado. Un s\u00edmbolo, mito y fen\u00f3meno que hemos asimilado del modo particular en el que apelan las ficciones de Hollywood. Un s\u00edmbolo antes que una actriz que nos hayamos topado en un film, un concepto antes que una persona con una psicolog\u00eda honda, matizada y, seguramente, contrariada, un fen\u00f3meno dado antes que la respuesta a una necesidad particular. En el siglo XXI, a Monroe la conocemos antes como mito que como cualquier otra cosa.<\/p>\n<p>Ante esta consigna recibida, ante esta leyenda empaquetada y vendida, nuestro espacio de re-creaci\u00f3n y re-construcci\u00f3n apunta a su cuestionamiento. Queda, para nosotros, la pregunta por aquello que queda oculto detr\u00e1s de los destellos, de los retratos, de las im\u00e1genes, de las parodias, de los esc\u00e1ndalos y de los glamoures. Queda la pregunta por Norma Jeane y por el costo humano que habr\u00e1 hecho posible esa imagen universal.<\/p>\n<p>Como parte de ese ejercicio, en el a\u00f1o 2000, la autora estadounidense Joyce Carol Oates se dio a la tarea de imaginar esas lagunas narrativas, esos episodios a-hist\u00f3ricos, esas incidencias no registrables que compusieron la vida de uno de los m\u00e1s preciados s\u00edmbolos del deseo estadounidense y sus particulares formas de tentar los l\u00edmites entre lo real y lo ficticio y los l\u00edmites entre espectador y espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>Surgi\u00f3 entonces su novela de ficci\u00f3n biogr\u00e1fica <em>Blonde<\/em>, donde se encuentran la investigaci\u00f3n documental y la pura creaci\u00f3n literaria, donde se entrecruzan las verdades hist\u00f3ricas y las fabulaciones de la empat\u00eda creativa, donde se descubre una verosimilitud oculta en los laberintos de la ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es desde esta obra desde donde el cineasta Andrew Domink buscar\u00e1 recomponer y reconstruir el legado cinematogr\u00e1fico de uno de los mitos m\u00e1s preciados del \u201csue\u00f1o americano\u201d en la pel\u00edcula hom\u00f3nima <em>Blonde<\/em> o <em>Rubia<\/em>. Es desde esta obra de ficci\u00f3n entremezclada con eventos documentados desde donde el director australiano-neozeland\u00e9s buscar\u00e1 extraer alguna verosimilitud sobre la persona olvidada por los reflectores, Norma Jeane Baker.<\/p>\n<p>En la l\u00ednea de obras recientes como <em>Spencer<\/em> o como <em>Elvis<\/em>, el trabajo del director buscar\u00e1 desentra\u00f1ar, por un lado, las honduras y vaivenes espec\u00edficos de una droga tan potente como la fama y revelar, por otro, las singularidades de una mente enfrascada en un mundo de apariencias sostenidas.<\/p>\n<p>Como la pel\u00edcula de Larra\u00edn, Domink elegir\u00e1 el tono del drama psicol\u00f3gico para plasmar una imaginaria visi\u00f3n subjetiva. Retratar\u00e1 un \u201cc\u00f3mo se habr\u00eda sentido ser Marylin Monroe\u201d desde una posici\u00f3n personal. Hurgar\u00e1 en las verdades conocidas sobre el mito para descubrir con ficciones algo semejante a una verdad o una verosimilitud.<\/p>\n<p>Como la pel\u00edcula de Luhrman, Domink desplegar\u00e1 paso a paso una interminable espiral delirante. La espiral de una fama exigente, de una fama despojadora de identidad y de una fama adictiva, viciosa, evasora. Desenvolver\u00e1, desde la hip\u00f3tesis de la b\u00fasqueda de aprobaci\u00f3n de Monroe, los pasos disonantes pero cadenciosos de una pesadilla devoradora.<\/p>\n<p>Devoradora de la persona detr\u00e1s de la imagen. Negadora de su voluntad. Negadora de su cualidades intelectuales. Negadora de su valor como persona. Negadora de su valor como una mujer de familia. La pesadilla creadora de la fantas\u00eda llamada Marylin Monroe ejecutada por los hombres a su alrededor.<\/p>\n<p>Los hombres negadores de sus deseos m\u00e1s \u00edntimos, negadores de su voz, negadores de su inteligencia, negadores de su mundo emocional. Los hombres obsesionados con una imagen, con una persona transformada en fetiche. Los programadores de la \u201cbomba sexual\u201d que detonar\u00eda, para el legado futuro, cualquier vestigio de Norma Jeane Baker.<\/p>\n<p>De este modo, partiendo de un esbozo general de la historia objetiva de Marylin Monroe y completando algunos espacios en blanco con una ficci\u00f3n robusta, <em>Blonde<\/em> nos sumergir\u00e1 en la desgarradora historia de una mujer tratada como objeto por el mundo que la rodea. La historia de una persona juzgada simple y llanamente por su cuerpo, por su cara y por el modo en que estimula los sentidos y las pasiones del p\u00fablico de masas.<\/p>\n<p>La historia de la gran actriz de Hollywood, el gran mito estadounidense, que para nacer debe obviar su car\u00e1cter humano. La transformaci\u00f3n simb\u00f3lica y material de una mujer en el objeto de deseo de una generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ir\u00f3nicamente, seg\u00fan algunos, la puesta en escena de la deconstrucci\u00f3n de un mito ha implicado la r\u00e9plica de lo mismo que se critica. Ir\u00f3nicamente para narrar la historia de Norma Jeane, Domink ha tenido que echar mano de una espectacularizaci\u00f3n del dolor de esta mujer y, al tiempo, ha echado mano de la sexualizaci\u00f3n de su actriz protagonista, Ana De Armas.<\/p>\n<p>En el tintero queda la pregunta por la mirada masculina, por la posibilidad o imposibilidad de que las estructuras mismas que construyeron un objeto-fetiche sobre los restos de una mujer sean superados a trav\u00e9s del lenguaje cinematogr\u00e1fico.<\/p>\n<p>En el trabajo de Dominik por momentos se atisba alguna esperanza de visi\u00f3n humana m\u00e1s que masculina. En la historia contada se palpa la materializaci\u00f3n comprometida de una representaci\u00f3n atenta. Se materializa una psicolog\u00eda representada y representativa. Se materializan, a espaldas del mito, algunos destellos de la persona en que habit\u00f3.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s, al respecto, el mayor m\u00e9rito sea de De Armas quien reafirma su versatilidad actoral como Norma Jeane pero tambi\u00e9n como la Norma Jeane que se esconde detr\u00e1s de Marylin Monroe. Como Norma Jeane pero tambi\u00e9n como la amenazante figura que la desvanece. Como Norma Jeane pero tambi\u00e9n como la espeluznante fantas\u00eda-objeto que termina por aniquilar a ambas.<\/p>\n<p>Como producto del palpitante conflicto entre realidad y ficci\u00f3n, como expresi\u00f3n de una lucha encarnecida entre deseos animales y formalidades guardadas y como uno de los primeros casos de la objetivizaci\u00f3n colectiva de una persona, nace Marylin Monroe. Monroe como el sacrificio ofrendado a una sociedad de masas \u00e1vida de sexo. Monroe como el pretexto para justificar una neurosis comunal. Monroe como el mito transepocal de una mujer hecha a la medida de la libido masculina.<\/p>\n<p>Como nos ense\u00f1aron los primeros fil\u00f3sofos, todo mito es un llamado a filosofar. Todo filosofar, a su vez, es un preguntar que requiere de una formulaci\u00f3n meticulosa, met\u00f3dica y bien confeccionada. Queda, entonces, reflexionar sobre la pregunta detr\u00e1s de la mujer-objeto, el deseo y su chivo expiatorio, la persona negada para sostener al s\u00edmbolo; queda entonces preguntar por el llamado espec\u00edfico a filosofar que nos hace el mito de Marylin Monroe.<\/p>\n<p>En palabras de Domink: \u201c[\u2026] Marylin Monroe [\u2026] era el s\u00edmbolo de algo. Era la Afrodita del siglo XX, la diosa estadounidense del amor. Y se suicid\u00f3. As\u00ed que, \u00bfeso qu\u00e9 significa?\u201d.<\/p>\n<p><em>Twitter: <a href=\"https:\/\/twitter.com\/FilosMillennial\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">@FilosMillennial<\/a><br \/>\nFacebook: <a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/Filosof%C3%ADa-Millennial-350637645547048\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Filosof\u00eda Millennial<\/a><br \/>\nInstagram: <a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/filosofia.millennial\/?hl=es\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">filosof\u00eda.millennial<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>H. R. Aquino Cruz<\/strong><\/span><br \/>\n<br \/>\n\u201cEn medio del desfase entre la realidad y las apariencias guardadas naci\u00f3 el mito conocido como Marilyn Monroe. La presencia m\u00e1s er\u00f3tica del cine estadounidense brill\u00f3 en una d\u00e9cada en la que, en teor\u00eda, el cine segu\u00eda controlando cualquier referencia al deseo carnal. [\u2026] La ingenuidad y el candor de sus personajes \u2014su retrato de la \u201crubia tonta\u201d\u2014 hac\u00eda m\u00e1s complicado censurar sus pel\u00edculas\u201d.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":561681,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[30291],"tags":[81965,81966,43674],"class_list":["post-561639","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion-espectaculos","tag-filosofia-millennial","tag-h-r-aquino-cruz","tag-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/561639","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=561639"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/561639\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/561681"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=561639"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=561639"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=561639"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}