{"id":563134,"date":"2022-10-19T00:01:40","date_gmt":"2022-10-19T05:01:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=563134"},"modified":"2022-10-20T01:22:50","modified_gmt":"2022-10-20T06:22:50","slug":"el-coco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.diarioimagen.net\/?p=563134","title":{"rendered":"<em>El Coco<\/em>"},"content":{"rendered":"<h2>Filosof\u00eda Millennial<\/h2>\n<h5>H. R. Aquino Cruz<\/h5>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><strong><em>Un personaje que materializa a The Bogeyman a trav\u00e9s de una violencia imparable, constante, penetrante, injustificada y que no tiene voz; que no tiene motivos para dar, que no tiene razones para explicar<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_563186\" style=\"width: 470px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-563186\" class=\"size-full wp-image-563186\" src=\"https:\/\/www.diarioimagen.net\/wp-content\/uploads\/2022\/10\/filosofia-1.jpg\" alt=\"\" width=\"460\" height=\"270\" \/><p id=\"caption-attachment-563186\" class=\"wp-caption-text\">Llegamos al esperado estreno de Halloween Ends o Halloween: la noche final, la cinta que promete un encuentro final entre Laurie Strode y Michael Myers.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para algunos mit\u00f3logos, contadores de historias, literatos y analistas, la importancia de la ficci\u00f3n estriba en la capacidad que esa mentira que nos gusta que nos cuenten tiene para ayudarnos a explorar eventos, conceptos, objetos y l\u00edmites asequibles para nuestra imaginaci\u00f3n pero no necesariamente realizables. As\u00ed, se trate de un romance ideal, un superh\u00e9roe invencible, un mundo fant\u00e1stico y m\u00e1gico, una sociedad ut\u00f3pica o hasta un conmovedor drama; la ficci\u00f3n ayuda a lidiar con las preguntas e inquietudes que tenemos como sociedades, culturas y como humanidad en general.<\/p>\n<p>La semana pasada escrib\u00ed sobre el caso de Jeffrey Dahmer \u2014asesino serial de la vida real\u2014, y el fen\u00f3meno de su ficcionalizaci\u00f3n que se inserta en un creciente gusto contempor\u00e1neo por la espectacularizaci\u00f3n del dolor. Semanas atr\u00e1s escrib\u00ed sobre el g\u00e9nero narrativo del true crime o el crimen real, escaparate contempor\u00e1neo para estas historias que ahondan \u2014en mayores o menores grados\u2014 en una espectacularizaci\u00f3n del morbo que, adem\u00e1s, se\u00f1ala \u2014y a veces trivializa y objetiviza\u2014 a casos del mundo real.<\/p>\n<p>Ahora, dando cierta continuidad al razonamiento, vale preguntarse por el correlato de la ficci\u00f3n de estas narrativas: \u00bfc\u00f3mo es que lidiamos en el reino de la ficci\u00f3n con lo que nos dejan historias como la de <em>DAHMER<\/em> o los cientos de historias que llenan podcasts, series y pel\u00edculas sobre historias reales de crimen?\u00bfcu\u00e1l es la cara fantasiosas que le damos al lado m\u00e1s oscuro y perverso del ser humano?<\/p>\n<p>Para responder esta pregunta quiz\u00e1 ser\u00eda necesario remontarnos hasta los inicios de la humanidad. Hacia esas primeras invenciones fabul\u00edsticas que engloban, en su ser, una representaci\u00f3n an\u00f3nima, multiforme y elemental del mal en su m\u00e1s patente expresi\u00f3n. Conceptos fundacionales de una idiosincrasia y de un folklor compartido a trav\u00e9s de la lengua. Entidades-ideas como El Coco, en el mundo hispanoparlante, o The Bogeyman, para los anglosajones.<\/p>\n<p>Usualmente utilizados para asustar a los ni\u00f1os cuando estos no quieren obedecer, El Coco y The Bogeyman \u2014que son una y la misma cosa s\u00f3lo que en dos idiomas distintos\u2014 son una representaci\u00f3n imaginaria del mal. Una elucubraci\u00f3n que alcanza entidad no por su existencia f\u00edsica sino por el peso espec\u00edfico de su poder persuasivo. Para algunos, como un ser que lleva un saco a todos lados en el que atrapa a ni\u00f1os para raptarlos y com\u00e9rselos; para otros, como un monstruo que se esconde en los rincones oscuros del hogar, listo para atacar a la primera provocaci\u00f3n; para todos, simple y llanamente, el ser sin cara que representa nuestro miedo al mal en estado puro. Al mal cuando no se le puede nombrar, cuando no se le puede atrapar y, sobre todo, cuando no se le puede prever.<\/p>\n<p>Desde ah\u00ed resulta l\u00f3gico que uno de los apodos utilizados por John Carpenter para nombrar al ficcional asesino serial Michael Myers en su inauguraci\u00f3n de la franquicia <em>Halloween<\/em> en 1978 haya sido \u201cThe Bogeyman\u201d o, en espa\u00f1ol, \u201cEl Coco\u201d. El entrecruzamiento de un mal real de las sociedades contempor\u00e1neas \u2014los asesinos seriales\u2014 y de una intuici\u00f3n de peligro que, desde muy peque\u00f1os, asociamos a un concepto al que dotamos de entidad al reconocer como una amenaza \u2014aunque sea una nacida de la pura imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Michael Myers, el personaje encargado de marcar la tendencia del cine de horror y terror de las dos d\u00e9cadas siguientes a su aparici\u00f3n y el primer gran \u00edcono del g\u00e9nero slasher. En su mitolog\u00eda, un paciente psiqui\u00e1trico que escapa de un manicomio para volver a su pueblo natal a desatar una furia inexplicable que se traduce en muertes sanguinarias. El primer hombre con un cuchillo que se convertir\u00eda en la pesadilla de moda de los a\u00f1os pre-ochentas.<\/p>\n<p>Un personaje que, algunos teorizan, se emparenta con El Coco a partir de su rostro desconocido; un rostro que en el caso de Myers se oculta tras una m\u00e1scara que, a su vez, es totalmente inexpresiva. Un personaje que materializa a The Bogeyman a trav\u00e9s de una violencia imparable, constante, penetrante, injustificada y que no tiene voz; que no tiene motivos para dar, que no tiene razones para explicar. Un hombre con cuchillo que sale a matar s\u00f3lo porque s\u00ed.<\/p>\n<p>Un personaje, un Coco, un Bogeyman que, como el mal mismo, parece ser una mera fuerza de la naturaleza. Inexplicable. Inabarcable para nuestra racionalidad. Imparable para nuestras manos, nuestros cuerpos y nuestras voluntades. Una sed que viene de ese misterioso rinc\u00f3n oscuro de nuestra animalidad que, por alguna raz\u00f3n, se niega a dejarnos.<\/p>\n<p>La mitolog\u00eda de <em>Halloween<\/em> y Michael Myers, sin embargo, pronto sucumbi\u00f3 a los dividendos de su \u00e9xito medi\u00e1tico. De haber nacido como un esfuerzo independiente bien logrado, el mundo del personaje pas\u00f3 a convertirse en una franquicia variada, confusa para algunos y plagada de remakes, reboots y secuelas.<\/p>\n<p>Una franquicia de \u201celige tu propia historia\u201d que ofrece varias alternativas de visionado y que, como el g\u00e9nero mismo del slasher, pasa por todas las casillas: lo absurdo, lo vistoso, lo morboso, lo cumplidor, lo nost\u00e1lgico. Una estructura mod\u00e9lica a la que, a lo largo de 40 a\u00f1os, se le ha rellenado con tramas de distintas calidades.<\/p>\n<p>En ese contexto se inserta la m\u00e1s reciente saga de la franquicia, la conocida como H40, dirigida por David Gordon Green y de la mano de la productora Blumhouse (<em>La Purga, Insidious, Actividad Paranormal<\/em>). Conformada por tres pel\u00edculas, <em>Halloween, Halloween Kills y Halloween Ends<\/em>, la trilog\u00eda propuso un nuevo giro en los conceptos recurrentes en el modo en que la franquicia de Myers transcurri\u00f3 durante tres d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>La primera cinta de esta saga (2018), por ejemplo, se entendi\u00f3 como una secuela directa de la ic\u00f3nica pel\u00edcula de 1978 y se encarg\u00f3 de replicar las formas y los favores del film original; al mismo tiempo, estableci\u00f3 un tono que, con cierta hondura, reflexionaba sobre el trauma que acarrea la violencia a trav\u00e9s de los ojos de Laurie Strode, la sobreviviente de Michael Myers. Fue recibida con cr\u00edticas positivas por la prensa especializada y marc\u00f3 el nuevo despertar de una franquicia que se cre\u00eda acabada.<\/p>\n<p>La segunda cinta (2021), perdi\u00f3 el camino de su antecesora al poner a Strode en un segundo plano. Con todo, logr\u00f3 avanzar en el lado reflexivo de su discurso al poner en el papel protag\u00f3nico a la comunidad traumatizada por un monstruo como Myers \u2014similar a lo que hace <em>DAHMER<\/em> hacia sus cap\u00edtulos finales\u2014; anuncia, lamentablemente, el germen del que despu\u00e9s padecer\u00eda su secuela: la resoluci\u00f3n de que a la violencia se le combate con violencia, o bien, la convicci\u00f3n de que cuando no hay justicia que valga hay que tomar la justicia en las propias manos.<\/p>\n<p>As\u00ed, llegamos al esperado estreno de <em>Halloween Ends<\/em> o <em>Halloween: la noche final<\/em>, la cinta que promete un encuentro final entre Laurie Strode y Michael Myers. La cinta que promete cerrar de una vez por todas y de manera definitiva con una de las franquicias m\u00e1s influyentes del cine de terror en las \u00faltimas d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>El resultado es una pel\u00edcula incoherente. Entretenida, vistosa, efectiva para provocar uno que otro buen salto de susto pero, en lo discursivo, contradictoria. Contradictoria, primero, porque a pesar de promocionar el gran encuentro final entre Strode y Myers centra su argumento en una nueva generaci\u00f3n \u2014la nieta de Laurie y un joven llamado Corey\u2014 que repetir\u00e1 las din\u00e1micas de Laurie y Myers.<\/p>\n<p>Lo har\u00e1, intentado seguirle la pista a su tono introspectivo, para hablar del origen de monstruos como Myers: las bestias de la sociedad son su propia creaci\u00f3n. Lo har\u00e1 para mostrar c\u00f3mo un joven estigmatizado y relegado no tiene otro camino que convertirse en lo mismo de lo que est\u00e1 huyendo. Lo har\u00e1 para proponer la idea de que la cosificaci\u00f3n de la violencia, el trauma individual y el trauma colectivo genera efectos adversos en los j\u00f3venes y los convierte en El Coco del que tanto hemos estado huyendo.<\/p>\n<p>Hasta ah\u00ed, la premisa es m\u00e1s o menos sostenible. Hasta ah\u00ed, aunque inexplicable y un tanto gratuito, el recurso a una nueva generaci\u00f3n que repite un patr\u00f3n de conducta se antoja comprensible. El problema vendr\u00e1 con la resoluci\u00f3n reiterativa del film que, adem\u00e1s de relegar por buena parte de su metraje a Strode y Myers, no lograr\u00e1 superar una prisi\u00f3n hecha por sus propias palabras: la prisi\u00f3n de la violencia como soluci\u00f3n a la violencia.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos filos\u00f3ficos, la pregunta no es sencilla: \u00bfqu\u00e9 hacer con la personificaci\u00f3n del mal? \u00bfqu\u00e9 hacer con un hipot\u00e9tico \u2014o real\u2014 caso de criminalidad, violencia, maldad y perversidad al que parezca no haber soluci\u00f3n? \u00bfes la c\u00e1rcel perpetua alg\u00fan tipo de soluci\u00f3n? \u00bflo es la pena de muerte?\u00bfaniquilado Myers o Dahmer o cualquier otro monstruo se acaba la violencia? \u00bfsanan las heridas que dejaron? \u00bfse olvidan sus atrocidades?<\/p>\n<p>Para <em>Halloween Ends<\/em> un sangriento enfrentamiento entre Strode y Myers y una aniquilaci\u00f3n material ser\u00e1n la forma en la que El Coco se desvanezca. All\u00ed se disolver\u00e1 el dolor, la sangre, las muertes y el trauma. Una especie de ojo por ojo que ser\u00e1 soluci\u00f3n suficiente para la ficci\u00f3n y, seguramente, catarsis suficiente para m\u00e1s de un espectador.<\/p>\n<p>Pero aquello es una mentira. Una historia no-real que disfrutamos y que nos permite proyectar nuestros miedos, enfrentarlos, aniquilarlos y cerrar el libro para seguir con nuestras vidas moment\u00e1neamente.<\/p>\n<p>Pero la vida real es mucho m\u00e1s dif\u00edcil que eso. La violencia real, el dolor real, el trauma real nos acompa\u00f1an a lo largo de nuestra vida de manera incesante. Nos condicionan pero no nos definen. Nos transforman irreversiblemente pero no nos determinan. Como El Coco, nuestros errores y horrores de la vida real no necesitan de un rostro para pervivir y, sin embargo, lo tienen; un rostro cambiante, mutable, mudable, reconocible. Un rostro con el que se aprende a vivir y al que s\u00f3lo relativamente se le supera.<\/p>\n<p>A la representaci\u00f3n m\u00e1s fehaciente del mal con la que nos ha tocado toparnos a lo largo de nuestras vidas s\u00f3lo se le sobrevive. Igual que El Coco, \u201cel mal no desaparece, s\u00f3lo cambia de forma\u201d.<\/p>\n<p><em>Twitter: <a href=\"https:\/\/twitter.com\/FilosMillennial\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">@FilosMillennial<\/a><br \/>\nFacebook: <a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/Filosof%C3%ADa-Millennial-350637645547048\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Filosof\u00eda Millennial<\/a><br \/>\nInstagram: <a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/filosofia.millennial\/?hl=es\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">filosof\u00eda.millennial<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"color: #005497;\"><strong>H. R. 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