Dos mensajes, dos realidades
Roberto Vizcaíno lunes 3, Sep 2012Tras la puerta del poder
Roberto Vizcaíno
- Con presidente electo y Congreso instalado, los mexicanos debemos decidir a quién seguimos
- A López Obrador se le acabó la República Amorosa y regresa al odio y la confrontación
- Peña Nieto, por su parte, llama al diálogo y a la negociación para hacer avanzar a México
Durante el fin de la semana pasada, en la capital del país se cumplió con varios protocolos vitales para el futuro del país:
1) El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación entregó la constancia de mayoría al mexiquense Enrique Peña Nieto y lo declaró presidente electo. Con ello concluyó el proceso electoral de 2012.
2) Previamente declaró válida la elección del 1 de julio de este año y;
3) Horas antes el mismo Tribunal desechó –luego de una amplia explicación caso por caso–, el recurso interpuesto por Andrés Manuel López Obrador que pretendía invalidar no sólo y únicamente comicios presidenciales, a pesar de que ese mismo 1 de julio y en las mismas mesas de votación, unas 140 mil, y con los mismos representantes de los partidos y los funcionarios, hubo otros muchos procesos para elegir 500 nuevos diputados federales, 120 senadores, 76 asambleístas, 6 gobernadores, cientos de diputados locales y alcaldes, 16 nuevos delegados capitalinos y un jefe de gobierno en el DF.
4) Al parejo de todo esto, se instaló la LXII Legislatura en una sesión solemne en San Lázaro;
5) Y el nuevo presidente de la Mesa Directiva de los Diputados Federales, el hidalguense Jesús Murillo Karam, recibió de manos del secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, el sexto y último informe de gobierno del presidente Felipe Calderón, así como 2 iniciativas con las cuales el mandatario saliente inauguró un nuevo recurso constitucional para darle vida a nuevas reformas y leyes en apenas 30 días.
En otras circunstancias, cada uno de estos 5 procesos hubiera llevado a una serie de análisis y a la atención de la mayoría de los mexicanos. Pero como las cosas hoy vienen juntas, todo eso lo tuvimos que procesar no sólo en paquete sino además en días inhábiles como son sábado y domingo.
Esto amortiguó un poco el impacto de cada uno de los protocolos. Es hasta hoy lunes que se comenzará a abordar lo ocurrido y sus consecuencias.
De eso se trata entonces este trabajo.
DOS MENSAJES
Sé que usted está enterado que Peña Nieto es ya Presidente Electo y que López Obrador ha decidido no reconocerlo.
Ni una cosa ni la otra son sorpresas. La verdad es que todo el rollo del recurso interpuesto por el tabasqueño no sólo surgió de una decisión tomada sobre las rodillas luego de que la noche del 1 de julio los resultados electorales le indicaron que él no era el favorecido, y de que además el mexiquense lo había arrollado con 3 millones de votos más.
Ahí se acabó el discurso de la “República Amorosa” y se desechó el compromiso firmado ante la nación, durante un acto realizado en las instalaciones del IFE, en que López Obrador se comprometió a respetar los resultados del proceso.
Todos supieron que ese acto se hizo única y exclusivamente para comprometer al tabasqueño a respetar los resultados de los comicios.
Eso se promovió porque todos sabían que los indicadores más importantes señalaban que AMLO sería derrotado de nuevo.
El único que disentía de todo eso era López Obrador, quien esgrimía que “sus datos” lo colocaban a la punta de la elección.
Sus pronósticos le volvieron a fallar y él volvió al discurso amargo, amenazante y cargado de negaciones y de odios.
Ya ni vale la pena recordar que apenas el miércoles anterior al domingo 1 de julio, entrevistado por su amigo y seguidor, el periodista Ricardo Rocha había dicho que en esta ocasión él no veía ningún indicio de fraude electoral y que todo el proceso hasta ese momento, había cumplido todas sus expectativas. Eso está asentado en la edición de El Universal de ese día.
Él volvía a estar seguro de que iba a ganar.
Pero perdió, y entonces inició una serie de acciones para ensuciar, cuestionar, crear dudas y deslegitimar este proceso que otros –observadores nacionales y extranjeros, autoridades mexicanas e internacionales, académicos, intelectuales, representantes de instituciones como el rector Narro de la UNAM–, califican del más limpio y participativo en la historia electoral de México.
A 2 meses de la elección, AMLO está de nuevo en vías de iniciar otro movimiento de obstrucción, ahora contra Peña Nieto. El tabasqueño ha hablado de comenzar la desobediencia civil. Y sus seguidores, unos 30 dentro de los 500 diputados federales, así como los del 132 y otros, toman calles y tribunas legislativas.
Lo mismo de hace 6 años. Él ha citado a otra concentración en el Zócalo capitalino, eso se realizará el domingo 9, apenas una semana antes de los tradicionales festejos del Grito y del Desfile Militar del 16 de septiembre que ocurren en ese mismo espacio.
¿Qué quiere hacer López Obrador? Lo mismo de toda su vida: crear incertidumbre, conflicto, lanzar a la gente que lo apoya a otro movimiento que rayará en el rompimiento social.
Ese es su mensaje.
El otro, surge del candidato ganador y hoy Presidente Electo, de Enrique Peña Nieto quien tanto en el acto en que recibió su calificación como luego en varios desplegados en diarios, habla de la esperanza, de construir juntos una nueva etapa de México, en donde –con el debido respeto a la división de poderes–, surja un régimen plural fuerte.
Su primera petición es dejar atrás las diferencias y comenzar a ver todos, juntos, hacia adelante. Es decir, hacia el futuro promisorio de México.
Peña Nieto ara en el mar. Su primer interlocutor político, López Obrador no quiere escucharlo, menos aceptar su mano.
Los dos hablan en sentido contrario. Sus mensajes son opuestos.
Mientras el tabasqueño quiere destruir, el mexiquense quiere construir.
“Es claro el mandato que los ciudadanos expresaron en las urnas: compartir las responsabilidades del poder democrático. Al haber optado por un Congreso plural, sin mayorías absolutas, los mexicanos esperan que seamos capaces de actuar como un solo equipo por México.
“La sociedad demanda de los políticos y representantes populares, apertura para dialogar y voluntad para alcanzar acuerdos. Es momento de impulsar juntos las reformas y transformaciones que permitan elevar la calidad de vida de los mexicanos”, explica Peña Nieto.
La respuesta a López Obrador es contundente:
“… en este propósito (el suyo, el de lograr el poder por encima de todo) no daremos ninguna tregua ni concederemos la más mínima ventaja… por eso, aunque nos sigan atacando, acusándonos de malos perdedores, de locos, mesiánicos, necios, enfermos de poder y otras lindezas, preferimos esos insultos a convalidar o formar parte de un régimen injusto, corrupto y de complicidades que está destruyendo a México”.
Dos mensajes, dos realidades sobre las que todos los mexicanos deberemos ahora asumir nuestra decisión.
Si lo ocurrido en las horas recientes es un signo de hacia dónde apunta la mayoría, es la ausencia de protestas una buena señal.
Buena señal fue la que dieron los 80 perredistas que no siguieron a los 20 que sí subieron a desplegar mantas a la tribuna.
Buena señal es la que mandaron también los coordinadores parlamentarios del partido del sol azteca, quienes refrendaron su intención de ir al diálogo pedido por Peña Nieto para avanzar hacia las reformas.
Buena señal es el mensaje de los gobernadores entrantes en Morelos y Tabasco, Graco Ramírez y Arturo Núñez quienes han señalado que ellos si irán a establecer acuerdos con el presidente Enrique Peña Nieto y buena señal es que el gobernador de Oaxaca, Gabino Cué –en su tiempo uno de los incondicionales de López Obrador–, de pedirles a los perredistas que siguen al tabasqueño a dejar atrás la rijosidad y entrar al terreno del diálogo.
Buena señal fue que las marchas lopezobradoristas realizadas para intentar impedir la instalación del Congreso, no sumaron ni los 2 mil asistentes.
Ya veremos en los siguientes días si los contingentes del tabasqueño aumentan, se mantienen o disminuyen.
Eso dirá cuál de los dos mensajes cobra más fuerza.













