Calderón, reprobado
¬ Augusto Corro lunes 26, Nov 2012Punto por punto
Augusto Corro
Faltan cinco días para cerrar el ciclo de dos sexenios panistas en el poder.
Doce años perdidos en los que México se mantuvo lejos de convertirse en una nación próspera y fuerte. Vicente Fox desperdició la gran oportunidad del cambio en nuestro país. Su frivolidad echó por la borda su capital político.
Después, con toda la fuerza del presidencialismo hizo primer mandatario a Calderón. Esta acción -ilegítima a todas luces- polarizó a México. Calderón, en busca de su legitimidad, desató una guerra contra la delincuencia. Los resultados, todos los conocemos: más de 60 mil muertos; 15 mil o más desaparecidos; miles de viudas y huérfanos y un sinnúmero de desplazados. El tejido social se pulverizó. Las bandas delincuenciales, estimuladas por la corrupción y la impunidad multiplicaron sus delitos que se expandieron a la extorsión, secuestros y asesinatos.
La tortura, propia de la violencia incontrolable, volvió a reinstalarse en nuestro país. Todo junto se convirtió en una orgía de muerte. La guerra contra la delincuencia organizada resultó fallida. Calderón no supo a lo que se enfrentaba y los resultados los tenemos a la vista.
DERECHOS HUMANOS
Como si lo anterior no fuera suficiente, los derechos humanos fueron violados por propios y extraños. La ley de la selva se activó y el más fuerte se convirtió en dueño de vidas y haciendas: la sociedad civil fue la más afectada en esta lucha sanguinaria. Como nunca en la historia de México, los periodistas también aportaron su cuota de sangre. Decenas de comunicadores fueron asesinados por los narcos y los caciques pueblerinos. Corrupción e impunidad tiene a miles de personas desaparecidas en todo el territorio nacional.
Agrupaciones de familiares de desaparecidos recorren el país en busca de las víctimas. Tienen la esperanza de encontrar al padre, hijo, hermano o amigo. Se trata del viacrucis de miles de personas que no pierden la fe de que se realice un milagro.
Aunque conforme pasa el tiempo, las esperanzas se diluyen, porque las autoridades no llevaron el registro de las víctimas. En las fosas comunes o en los cementerios clandestinos quedaron los restos no identificados de miles de desaparecidos.
En el análisis global de la lucha contra el crimen organizado queda claro que Calderón no supo de la capacidad del enemigo al que enfrentaba. Tan es así, que a seis años de guerra, los cárteles de la droga parecen imbatibles.
Acciones de corrupción e impunidad permitieron que una cantidad incalculable de representantes de la ley, principalmente policías, prestaran sus servicios al crimen organizado.
ACCIONES DÉBILES
Desde luego, son muchos los puntos débiles de la estrategia belicista de Calderón. Entre otros se encuentran la aplicación de la ley en el lavado de dinero. Los narcos manejan miles de millones de dólares y poco o nada se sabe de los prestanombres o lavadores de esas cuantiosas fortunas.
Apenas, en el presente año se aprobaron leyes, según dicen más severas contra el lavado de dinero, después de varios años del enriquecimiento de los cárteles.
El propio Joaquín “El Chapo” Guzmán aparece en las listas de los hombres más ricos del mundo, en la revista “Forbes”. Si bien es cierto que se persiguió a los capos de los cárteles, estos resintieron los daños en sus capitales o en sus propiedades. Extraña guerra aquella en la que al enemigo no se le ataca su fuente de mantenimiento o poder.
MÁS DEBILIDADES
En la lucha internacional contra las drogas, México fue abandonado por su principal socio: Estados Unidos. Aparentemente, el país vecino colabora con México a través del Plan Mérida. Pero esta ayuda no se traduce en propósitos reales.
Nos referimos a la resistencia de EU a terminar o por lo menos controlar el contrabando de armas en la frontera norte.
Los narcos nunca tuvieron problema alguno para abastecerse del armamento suficiente para su lucha. Y si no obtenían el armamento en Estados, Unidos, también podrían conseguir rifles de alto poder en el mercado alemán. Total que por falta de armas, la guerra no se detendrá.
A partir de ya, Calderón tendrá que enfrentar dos juicios: el de la sociedad mexicana y el de la Historia, con mayúscula. En el primer caso está reprobado y en el segundo correrá la misma suerte, aunque esto se llevará su tiempo.
Mientras, Calderón se monta en su bicicleta e imprime velocidad como si se tratará de huir de un presente ominoso derivado de su mal gobierno.













