Prevalece la violencia
Ramón Zurita Sahagún viernes 12, Feb 2016De frente y de perfil
Ramón Zurita Sahagún
49 muertos después, Jaime Rodríguez Calderón asomó la cara y asumió el control de lo sucedido en el penal de Topo Chico.
Eso sí dejó en claro que había 52 muertos y una docena de heridos, pero ninguna fuga, con lo que mostró que las autoridades cumplen con su tarea de no dejar escapar presos.
Una vez más, el cada vez menos popular “Bronco”, mostró que se encuentra cortado con la misma tijera de aquellos políticos que criticaba y que le sirvieron de trampolín para encumbrarse en el poder.
Nuevo León como en los cercanos tiempos que no se acaban de ir (El Bronco fue uno de sus principales exponentes) sigue dejando ejemplo de los alcances de la violencia e inseguridad que privan en gran parte del país.
Si antes fueron los muertos del Casino Royale, los bloqueos de avenidas, los asesinatos de mandos policíacos y políticos, aunado a los de ciudadanos comunes como abogados y otros profesionistas, ahora tocó el turno a un motín en un penal, quedando claro que las prisiones de México dan mucho de qué hablar. Es una constante los motines, enfrentamientos y fugas de las principales cárceles del país, sin importar si estas son de alta seguridad o prisiones normales.
De acuerdo con el gobierno mexicano se terminó, hace mucho tiempo, con los autogobiernos en las prisiones nacionales, así como con los grandes privilegios de los que gozaban los prisioneros con grandes recursos económicos.
Eso sí, los reos de mayor peligrosidad, lo mismo salen y entran con gran facilidad de las prisiones de alta seguridad, como sucedió con Joaquín Guzmán Loera (El Chapo) quien se escabulló de las dos de mayor seguridad, situada una en Jalisco y otra en el Estado de México.
A diferencia de los dichos de las autoridades, los enfrentamientos entre reos son de una frecuencia inusitada, ya que ocurren lo mismo en Nuevo León, que en Sonora, Veracruz, Jalisco, Coahuila o Sinaloa.
Incluso hay quienes dicen que las autoridades dejan que sucedan esos enfrentamientos, como un método para depurar las cárceles, algo que Derechos Humanos deberá investigar.
La realidad de esto es que donde menos se piense salta la liebre y la constante se mantiene, sin que las autoridades de todos los niveles puedan frenar estos sistemáticos enfrentamientos que horrorizan a la población y dejan en la orfandad a decenas de personas, sin importar que sean los descendientes de delincuentes encarcelados por delitos varios.
Pero los hechos insólitos de sangre continúan apareciendo por todos los estados del país, al margen de lo ocurrido en Ayotzinapa y otros lugares de la república mexicana.
En Veracruz, la indignación sacude consciencias con lo sucedido con cinco jóvenes levantados y, presuntamente, asesinados y cremados, sumado al crimen de una periodista en receso. Los hechos en crudo sacuden a la sociedad y rebasan el universo estatal, aunque hay mucho que investigar detrás de lo ocurrido.
Es cierto que el asesinato de cualquier persona es terrible, más tratándose de cuatro jóvenes, entre ellos una menor de edad, pero a raíz de lo ocurrido saltan historias de todo tipo.
Playa Vicente, Veracruz (el lugar de origen de los jóvenes) y Lombardo en Oaxaca, son dos zonas conocidas por la gran inseguridad que prevalece, donde, se afirma, existen grupos delincuenciales fáciles de detectar. Dentro de las historias que se conocen, se sabe que los jóvenes fueron detenidos por policías y entregados a uno de los capos, el correspondiente a Tierra Blanca, sitio donde ocurrió el hecho.
Entre las hipótesis que se plantean están las de venganza, represalia y hasta se llega al extremo de señalarlos como parte de alguna organización delincuencial, algo que parece remoto.
La realidad de esto es que las autoridades muestran nuevamente su incapacidad para resolver un suceso delictivo, ni siquiera con la participación de las autoridades federales.
Como sucedió con el caso Ayotzinapa, el de Tierra Blanca, mantiene en prisión a los secuestradores de los jóvenes, pero eso no arroja ninguna luz.
En el asunto de Guerrero hay varias decenas de detenidos, autoridades, policías, delincuentes y en el de Veracruz los secuestradores, sin que sus declaraciones sirvan para esclarecer lo ocurrido.
Dos restos encontrados en Tlalixcoyan dejan en claro que pertenecen a dos de los jóvenes sustraídos por los policías de Veracruz, aunque se desconoce la forma en que fueron asesinados y donde se ubican los otros tres desparecidos y si fueron asesinados también o se encuentran todavía con vida.
En el caso de la periodista asesinada, como ha sucedido en otra ocasiones, salen a relucir algunas relaciones con la delincuencia (en su caso, aparentemente, estuvo casada con uno de ellos). Lo curioso de esto es que de los diarios en los que trabajó, ambos en Orizaba, se deslindaron pronto de una relación contractual con ella y asentaron que fue despedida por esas relaciones peligrosas.
Con todo y ello, su asesinato se suma al de otras 15 personas vinculadas al medio periodístico que han sido asesinadas en esa entidad, sin que muchos de esos crímenes hayan sido resueltos.
LLEGA EL PAPA
Serán varios los días en que la atención estará focalizada con la llegada del Papa Francisco, quien hará base en la naciente Ciudad de México y no en el Distrito Federal como estaba planeado y se trasladará a Michoacán, Chiapas, Chihuahua y el Estado de México.
Veremos si durante esos días, las autoridades son capaces de sacar algunos de los asuntos pendientes, aprovechando que la atención se centra en el guía de la religión católica.













