Volver al poder del ser: cuando la vida moderna nos lleva al límite
Opinión lunes 1, Dic 2025REGINA
En tiempos donde todo parece ir más rápido que nuestra propia capacidad para comprenderlo, la sociedad vive un fenómeno silencioso pero profundo: el agotamiento colectivo. Hoy, millones de personas se encuentran atrapadas en una rutina que normaliza el estrés, glorifica la productividad extrema y maquilla el malestar emocional bajo filtros de redes sociales. Y lo más peligroso es que casi nunca lo vemos venir.
El estrés, ese viejo conocido que muchos consideran parte natural de la vida adulta, se ha convertido en el protagonista oculto de síntomas que pasan por “normales”: dolores de cabeza frecuentes, falta de energía, apatía, irritabilidad, trastornos del sueño, ansiedad, depresión y, en casos más avanzados, verdaderos colapsos emocionales y físicos. Cuando no lo hacemos consciente, el cuerpo lo hace por nosotros… y suele cobrarnos la factura más alta.
Un ambiente que parece normal, pero no lo es
Vivimos en un escenario sociológico y socioeconómico donde todo está diseñado para atraer nuestra atención, pero no para nutrir nuestra mente.
Las redes sociales —ese universo que prometía conexión— se han vuelto un escape disfrazado de entretenimiento. Entramos para “relajarnos”, pero salimos comparándonos, sintiendo que no hacemos lo suficiente, o peor aún, desconectados de nuestra propia vida real.
En el día a día también normalizamos otras vías de evasión:
- Probamos drogas “experimentales” sin considerar que degradan el cuerpo y la estabilidad emocional.
- Consumimos comida rápida como “premio” o antojo, cuando en realidad estamos intoxicando un organismo que pide auxilio.
- Nos dejamos llevar por tendencias virales que dictan cómo vestir, qué pensar, qué sentir y hasta cuál debería ser nuestro propósito.
Todo este entorno, que a simple vista parece inofensivo, nos carcome en silencio. Se mueve despacio, como un veneno cotidiano que no mata de inmediato, pero que deteriora nuestra capacidad de estar presentes, conscientes y en paz.
La desconexión del propósito: el verdadero costo
En medio del ruido, muchos han olvidado quiénes son y hacia dónde van.
No porque no lo sepan, sino porque el mundo digital y la presión social desvían la atención de lo esencial: el propósito de vida, ese motor interno que no se encuentra en pantallas, ni en likes, ni en validación externa.
Cuando nos apartamos de ese propósito, surge la sensación de vacío, de caminar sin rumbo, de vivir en automático. Y ese vacío se llena con lo que haya a la mano: trabajo excesivo, distracciones, sustancias, relaciones superficiales, o cualquier cosa que evite mirar hacia adentro.
Regresar al poder escénico: la libertad del ser
Frente a esta realidad, el llamado es urgente y profundo: volver al poder escénico, a esa capacidad de ser protagonistas de nuestra historia, no espectadores de la de otros.
Volver al poder del ser implica:
- Hacer consciente lo que sentimos.
- Reconocer cuándo estamos actuando desde el vacío y no desde el propósito.
- Entender que lo externo es solo un reflejo de cómo estamos por dentro.
- Elegir entornos que nutran y no que consuman.
- Recuperar la atención, la presencia y la intención.
En otras palabras, volver a la verdadera libertad, esa que no depende del sistema ni de la aprobación del mundo, sino de nuestro alineamiento interno.
Sanar para avanzar
Sanar no es un lujo. Es una necesidad colectiva.
Y empieza por aceptar que la vida moderna, con todo su brillo y su inmediatez, puede llevarnos a los extremos si no sabemos detenernos.
La invitación es a que cada lector, cada miembro de la comunidad, se pregunte:
¿Qué de lo que hago cada día me acerca a mí mismo y qué me aleja?
Porque, aunque el mundo siga presionando, comparando y distrayendo, siempre habrá una puerta de regreso a nosotros mismos.
Solo hace falta la valentía de abrirla.
C O M U N I C A T E
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IG; @almasagradacorp











