Morena necesita los votos del PT y PVEM para reforma que los pone en riesgo de desaparecer
Miguel Ángel Rivera, Opinión lunes 12, Ene 2026CLASE POLITICA Miguel Ángel Rivera
El principal asunto pendiente de la llamada Cuarta Transformación para el año actual es la reforma electoral, la cual, a pesar de tratarse de reformas a las leyes, incluida la Constitución nacional, se ha reducido a cuestión de números.
En efecto, de lo que se trata es de que el partido oficial, Morena, logre tener la seguridad de alcanzar por sí solo la mayoría calificada en las dos cámaras del Congreso de la Unión.
Esto porque todo indica que el gobierno, que dice construir el segundo piso de la llamada Cuarta Transformación, parece estar dispuesto a deshacerse de sus rémoras, los partidos del Trabajo (PT) y Verde Ecologista (PVEM) y consolidar su dominio total de todos los poderes de la República, el Ejecutivo que ya tiene, el Judicial del que se apoderó con las reformas del año pasado y del Legislativo que también controla, pero para ello tiene que negociar con sus satélites.
Todo indica que el partido oficial, Morena, ya se fastidió de tener que pedir el respaldo de sus “socios”, pues, aunque no se trata de asuntos fundamentales, tanto el PT como el PVEM ya han dado muestras de que sus votos son indispensables para que se cumplan los deseos del gobierno federal.
Apenas en la reciente primera sesión del año de la Comisión Permanente se dio el caso de que una moción impulsada por el partido oficial no pudo ser aprobada en la Permanente.
Como ya mencioné en este espacio, los miembros de las bancadas de Morena quisieron “quedar bien” con la presidenta (con A) Claudia Sheinbaum Pardo al ofrecerle contundente respaldo a su rechazo a las exigencias del gobernante de los Estados Unidos, Donald Trump, de que permita que fuerzas armadas de su país actúen en México en contra de los cárteles del narcotráfico.
Para dar mayor fuerza a su propuesta, los mandos de Morena en el Congreso decidieron que el punto de acuerdo en respaldo a la posición de la jefa del Ejecutivo fuese presentado nada menos que por la presidenta del Senado -el órgano que debe regular la política exterior de nuestro país- Laura Itzel Castillo.
Extrañamente, aunque la mayoría de los legisladores, como gran parte de la población nacional, estamos en contra de la intromisión de extranjeros en asuntos internos, la propuesta no fue ni siquiera sometida a votación, por lo que en vez de ser aprobada en automático como deseaban los jerarcas de la llamada Cuarta Transformación, fue enviada a comisiones, lo que equivale a demorar el trámite, cuando no de plano dejarlo en la “congeladora”.
No hubo explicación oficial acerca de este apenas disfrazado rechazo, pero en medios del Congreso circuló la versión, no desmentida, de que el PVEM no dio su beneplácito y, con ese rechazo se habría perdido el impacto de la protesta, pues mostraría divisiones internas.
Otro caso de rechazo de una iniciativa oficial se derivó de una inconformidad del otro satélite, el PT.
Cuando se discutían las leyes de Impuestos Generales de Importación y Exportación y la General de Salud -propuestos por la presidenta Sheinbaum-, un sector de legisladores del PT votó en contra de prohibir los vapeadores y luego todos se abstuvieron en las medidas arancelarias, mientras sus aliados de Morena y PVEM lo hicieron en favor.
“Somos aliados de Morena y Claudia Sheinbaum es nuestra Presidenta, pero somos un partido independiente”, afirmó el coordinador de la bancada del PT en la Cámara de Diputados, Reginaldo Sandoval Flores, quien en muchas sesiones legislativas se ha erigido en principal defensor del gobierno de la llamada Cuarta Transformación
Esa actitud mereció una reprimenda de parte del coordinador de la mayoría en la Cámara y presidente de la Junta de Coordinación Política, Ricardo Monreal Ávila, quien afirmó que “Morena y el Verde estamos en el camino correcto. Lo hacemos totalmente convencidos por apoyar a esta gran Presidenta que nos apoyó a nosotros en el momento electoral. Quizás, sin ella, no estaríamos aquí ocupando esa curul”.
El desacuerdo que ha recibido más publicidad es el referente a una de las iniciativas emblemáticas de la presidenta (con A) Sheinbaum, la de proscribir el nepotismo.
Esa propuesta generó resistencias dentro del morenismo (Félix Salgado es prueba sobresaliente), pero sobre todo de sus aliados, tanto del PVEM como del PT. En el caso del primer partido, destaca el caso de San Luis Potosí, donde el actual gobernador, Ricardo Gallardo Carmona, pretende heredar a su esposa, Ruth González Silva, a quien ya promovió como senadora. Por cierto, el heredar los cargos públicos entre familia ya es una costumbre en la familia Gallardo, pues el actual mandatario estatal fue anteriormente presidente municipal de Soledad de Graciano Sánchez, cargo que recibió de manos de su padre, Ricardo Gallardo Juárez.
El Partido Verde pretende, además, conservar el gobierno de Quintana Roo, aunque allí no se trata de traspaso familiar, pero sí entre militantes de esa organización.
En el caso del PT, no hay un caso específico donde se vislumbre el nepotismo, pero existe la posibilidad de que abandere a “morenos” inconformes, como es el también senador Saúl Monreal, que pretende suceder a su hermano David en el palacio de gobierno de Zacatecas. Aquí el nepotismo también es tradición, pues anteriormente esa entidad fue gobernada por el actual coordinador de la diputación federal de Morena, Ricardo, aunque no le entregó directamente a David y, además, en respeto a la iniciativa presidencial, ha recomendado públicamente a su hermano Saúl esperar a otro periodo, pues aún está joven (cumplió 48 años en agosto anterior).
También es de considerar que el PT aspira a tener el respaldo de la coalición oficialista para gobernar al menos dos estados, entre los cuales se menciona a Baja California Sur y Colima.
El resultado de todas estas pugnas dentro de la coalición oficialista fue que la iniciativa presidencial en contra del nepotismo fue modificada, particularmente en su fecha de inicio, pues la presidenta Sheinbaum había propuesto que entrara en vigor en 2027, pero los legisladores la pospusieron para 2030.
Todo lo anterior resulta menor ante lo que se avecina, pues ha trascendido que dos de los puntos principales de la reforma electoral que propone la jefa de la llamada Cuarta Transformación, reducir (o eliminar) el financiamiento público a los partidos políticos y, además recortar el número o desaparecer a los senadores y diputados de representación proporcional, aparecen como sumamente conflictivos, pues, si bien afectan a la reducida oposición, ponen en riesgo a sus rémoras.
Los dos “satélites” han estado en riesgo de perder el registro oficial por no alcanzar por sí solos el mínimo del 3 por ciento que exige la legislación electoral, pero se han salvado desde 2018 por su alianza con Morena, coalición que ha arrasado en las dos últimas votaciones presidenciales, las de 2018 y 2024.
Morena, por su parte, ha logrado superar en corto plazo a los partidos otrora dominantes, como el PAN y PRI, pero no ha logrado la mayoría, mucho menos la que lleva el apellido “calificada”. Por ejemplo, en los comicios de 2024, donde su candidata presidencial sumó más de 35 millones de votos, sus abanderados para diputados y senadores no lograron igualar la cifra, por lo que tuvieron que echar mano de sus rémoras para superar más de la mitad de curules y escaños.
Por ejemplo, para la Cámara de Diputados, el dominante Morena obtuvo 236 diputados, pero no alcanzó la meta de 251 para tener la mayoría, por lo que tuvo que sumar a los legisladores que llegaron con los colores del PT y PVEM. Después vino el viciado proceso para integrar la mayoría calificada, por la cual se incorporó a candidatos que triunfaron por otros partidos, algunos con premios y lisonjas, pero otros presionados.
Además, fue necesaria la coptación de los dos pricipales organismos electorales, el Instituto (INE) y el Tribunal (TEPJF) que, mediante una tergiversada interpretación de las leyes concedieron al partido oficial muchas más posiciones que las que les corresponden, pues la Constitución autoriza una sobrerrepresentación de cuando más el ocho por ciento, límite que fue ampliamente rebasado.
Aquí es donde se entra al terreno de los números: ¿podrá Morena conservar su mayoría calificada sin sus rémoras?
Pero, sobre todo, los “satélites” ¿darán sus votos para una reforma que los pone en peligro de extinción?












