La libertad del ser: un ejercicio cotidiano de conciencia y elección
Opinión, Salud domingo 25, Ene 2026REGINA
Hablar de libertad suele remitir a derechos, contextos sociales o circunstancias externas. Sin embargo, existe una dimensión más profunda y, a menudo, menos explorada: la libertad del ser. Aquella que no depende exclusivamente del entorno, sino de la relación que cada persona establece consigo misma. En tiempos de incertidumbre y cambio constante, ejercer esta libertad interior se vuelve no solo deseable, sino necesaria.
La libertad del ser comienza con el autoconocimiento. Conocerse implica observarse con honestidad: reconocer creencias, emociones, miedos, deseos y patrones de conducta. No se trata de juzgar, sino de comprender. Quien se conoce puede distinguir entre lo que ha elegido conscientemente y lo que ha asumido por inercia, por mandato o por temor. Ese discernimiento es el primer acto de libertad.
A partir de ahí surge la autoformación. Formarse no es acumular información, sino integrar aprendizajes que amplíen la conciencia y fortalezcan la capacidad de decidir. Leer, cuestionar, dialogar, aprender de la experiencia propia y ajena permite construir un criterio personal. Una persona formada en sí misma no delega su vida; participa activamente en ella.
La autoexploración profundiza este proceso. Explorar es atreverse a ir más allá de lo conocido, revisar límites internos y abrirse a nuevas posibilidades. Implica escuchar la propia voz, incluso cuando no coincide con las expectativas externas. En esta exploración se redefine la identidad y se descubre que cambiar no es traicionarse, sino evolucionar.
Cuando estos tres elementos se integran —autoconocimiento, autoformación y autoexploración— se abre el camino hacia la autorrealización. No como una meta idealizada, sino como un estado dinámico de coherencia entre lo que se piensa, se siente y se hace. La autorrealización permite ejercer una libertad plena: libertad de expresión, de conexión, de elección.
En este punto, la responsabilidad es clara y personal. Cada individuo es el verdadero creador de su vida. No en el sentido de controlar todo lo que ocurre, sino en la capacidad de elegir cómo responder, qué sostener y qué transformar. La vida se elige en el presente, en cada decisión cotidiana, por pequeña que parezca.
Ser libre es, entonces, ser, expresar, comunicar y ejercer esa libertad a través de las elecciones diarias. No es un concepto abstracto ni un privilegio lejano; es una práctica constante que nace en el interior y se manifiesta en el mundo.
La libertad del ser no se concede: se construye. Y comienza cuando cada persona asume, con conciencia y responsabilidad, que su vida le pertenece y que, en cada momento, tiene la posibilidad de elegirla.
C O M U N I C A T E
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