«Escape a la victoria»: cuando las estrellas del futbol invadieron el cine
* Destacadas, Deportes, Mundial 2026 jueves 26, Feb 2026- Un partido imposible en plena guerra
- Pelé, campeones del mundo y un club provinciano se pusieron la camiseta de “Los aliados”

«Escape a la victoria» una improbable mezcla de drama bélico y futbol que reunió a Pelé, Bobby Moore, Osvaldo Ardiles y a media plantilla del Ipswich Town.
Por Arturo Arellano
Aún recuerdo cuando de niño mi padre me mostró «Escape a la victoria», una película que parecía surreal, mostrando a Sylvester Stallone defendiendo el arco de un equipo de aliados en medio de la guerra, defendiendo también el orgullo de los países aliados, junto a grandes estrellas del futbol mundial, quienes ponían en pantalla el impacto que puede tener un partido de fútbol en el mundo. La cinta me impactó tanto que hoy casi 30 años después de que la vi por primera vez, me pareció interesante escribir acerca de ella, por los recuerdos y añorando que un día el futbol vuelva a tener la esencia apasionada que lo caracterizaba décadas atrás.
En 1981, John Huston filmó «Escape a la victoria» una improbable mezcla de drama bélico y futbol que reunió a Pelé, Bobby Moore, Osvaldo Ardiles y a media plantilla del Ipswich Town en un campo húngaro que simulaba la Europa ocupada por los nazis. Cuatro décadas después, la película sigue viva no solo por su mensaje de resistencia, sino por el carácter irrepetible de su alineación, una verdadera selección mundial dentro de un largometraje.
«Escape a la victoria» (Victory en inglés) es un filme ambientado en un campo de prisioneros de guerra alemán durante la Segunda Guerra Mundial. La trama sigue a un grupo de prisioneros aliados que acepta disputar un partido de exhibición contra un equipo alemán, mientras prepara en secreto una fuga masiva aprovechando el caos del estadio.
Más allá de la intriga bélica, la película es recordada porque su plantel aliado se pobló de futbolistas de élite: Pelé, Bobby Moore, Osvaldo Ardiles, Kazimierz Deyna, Paul Van Himst, Mike Summerbee y otros profesionales, quienes compartieron vestuario con Sylvester Stallone y Michael Caine. El rodaje se realizó principalmente en Budapest durante el verano de 1980, con las gradas llenas de extras húngaros que recreaban a una afición francesa bajo ocupación.
Un casting pensado como selección mundial
La idea de Huston y los productores fue simple pero audaz: si el clímax de la película iba a ser un gran partido de futbol, la autenticidad debía venir de los pies, no de los primeros planos. Por eso, además de entrenar a los actores, ficharon a catorce futbolistas profesionales en activo o recién retirados.
El resultado fue una especie de «Mundial paralelo»: Brasil aportaba a Pelé, Inglaterra a Bobby Moore y a figuras de liga, Argentina al reciente campeón Osvaldo Ardiles, Bélgica a su leyenda Paul Van Himst, Polonia a Kazimierz Deyna y el Ipswich Town inglés ponía buena parte del resto del reparto futbolístico. Nunca antes ni después una película comercial reunió tanto talento de canchas reales en una sola ficción.
Pelé: el rey que cambió la cámara por el balón
Pelé interpreta al cabo Luis Fernández, atacante brasileño del equipo aliado que firma la jugada más recordada del filme: una tijera acrobática en el área que empata el partido ante los alemanes. La coreografía de esa chilena fue diseñada en torno a sus capacidades reales, para que el cine no traicionara al mito que el mundo ya conocía.
Cuando Pelé rodó la película ya era tres veces campeón del mundo con Brasil (1958, 1962 y 1970), había ganado dos Copas Libertadores y seis campeonatos brasileños con Santos, además de un título de la NASL con New York Cosmos. Para entonces sumaba más de 600 goles oficiales con Santos y era considerado por FIFA y por la prensa como uno de los máximos futbolistas de la historia.
Bobby Moore: el capitán que cambió Wembley por Colombes
Bobby Moore da vida a Terry Brady, zaguero inglés del equipo aliado que aporta jerarquía en la última línea. En la ficción defiende hombro a hombro con prisioneros de diversos países, pero su presencia real conectaba directamente con la memoria del público británico: quince años antes, Moore había levantado la Copa del Mundo de 1966 como capitán de Inglaterra en Wembley.
Moore fue líder de West Ham United durante más de una década, con más de 600 partidos con el club, un título de FA Cup y una Recopa de Europa a mediados de los sesenta. Su lectura de juego y temple lo convirtieron en uno de los mejores defensores de la historia, al punto de que Pelé lo señaló como el zaguero más elegante al que había enfrentado.
Osvaldo Ardiles: el argentino campeón del 78
Osvaldo «Ossie» Ardiles interpreta a Carlos Rey, mediocampista argentino del combinado aliado que da pausa y claridad en la circulación. Al momento del rodaje, Ardiles ya era campeón del mundo con Argentina en 1978 y se había convertido en símbolo del desembarco de futbolistas sudamericanos en la liga inglesa gracias a su fichaje por el Tottenham Hotspur ese mismo año.
Huston lo colocó en el corazón del mediocampo fílmico para que la estética del juego coincidiera con la realidad: Rey es el enlace que recibe de Moore, combina con Pelé y marca el ritmo del equipo, como Ardiles hacía en White Hart Lane. Su figura también simboliza una nueva ola de globalización del futbol, en la que un argentino podía ser ídolo en Londres y estrella de una superproducción norteamericana a la vez.
Paul Van Himst: leyenda de Anderlecht
El belga Paul Van Himst interpreta a Michel Fileu (o Fileu/Flieu, según las fuentes), un delantero talentoso que, en la película, sufre una entrada durísima que refleja el trato que recibía en la realidad. Van Himst es considerado uno de los más grandes futbolistas belgas del siglo XX, y con el Anderlecht ganó ocho títulos de liga, consolidándose como ídolo del club.
Kazimierz Deyna: talento polaco y culto de media distancia
Kazimierz Deyna da vida a Paul Wolchek, un mediapunta polaco con gran disparo desde fuera del área. En la realidad, Deyna fue una de las grandes figuras de la generación dorada de Polonia de los setenta, destacando en el Legia Varsovia y la selección, con la que obtuvo una medalla de oro olímpica en 1972.
El guion y la puesta en escena de «Escape a la victoria» subrayan su capacidad para el disparo lejano, mostrando jugadas preparadas que explotan su golpeo, tal como ocurría en su trayectoria real.
Mike Summerbee: bandera del viejo Manchester City
Mike Summerbee interpreta a Sid Harmer, un extremo derecho fogoso y competitivo. En la vida real, Summerbee fue una pieza clave del Manchester City de finales de los sesenta y principios de los setenta, con el que conquistó liga inglesa, FA Cup, Copa de la Liga y Recopa de Europa.
Hallvar Thoresen: goleador noruego en clave aliada
El noruego Hallvar Thoresen interpreta a Gunnar Hilsson, mediocampista ofensivo que aporta llegada desde segunda línea. Thoresen fue un prolífico goleador en la Eredivisie holandesa con FC Twente y PSV Eindhoven, acumulando 152 tantos en 314 partidos ligueros.
Co Prins: pionero neerlandés que cruzó fronteras
Jacobus «Co» Prins aparece como Pieter van Beck, un jugador neerlandés del equipo aliado. Prins fue un delantero importante del Ajax en los años sesenta, con 60 goles en seis temporadas antes de un traspaso al Kaiserslautern alemán.
Søren Lindsted: De Holbæk Boldklub al set de Budapest
El danés Søren Lindsted encarna a Erik Ball, uno de los delanteros aliados. Antes de la película, Lindsted jugaba como semiprofesional con Holbæk Boldklub, con el que llegó a disputar la final de Copa danesa en 1976.
Aunque su nombre no tiene el peso mediático de otros compañeros, su caso simboliza a la perfección cómo la producción mezcló superestrellas con jugadores más modestos para completar una plantilla creíble en términos de nivel futbolístico.
Werner Roth: defensor y del salón de la fama
Werner Roth aparece como Baumann, defensa del equipo alemán que se enfrenta a los aliados. Nacido en la Yugoslavia de preguerra y criado en Estados Unidos, Roth fue internacional con la selección estadounidense y figura del New York Cosmos antes de retirarse. Su trayectoria le valió un lugar en el National Soccer Hall of Fame, reconocimiento reservado a las figuras más influyentes del futbol en Estados Unidos.
Ipswich Town se cuela en Hollywood
Buena parte del esqueleto del equipo aliado procede del Ipswich Town, un club inglés de provincia que vivía su época dorada a finales de los setenta y principios de los ochenta bajo la dirección de Bobby Robson. Russell Osman, John Wark, Kevin O’Callaghan y el portero Laurie Sivell aparecen en la película en distintos roles dentro del plantel prisionero.
Ipswich había ganado la FA Cup en 1978 y conquistó la Copa de la UEFA en 1981, apenas dos meses antes del estreno estadounidense de la cinta. En la ficción, sus personajes representan al jugador profesional de clase trabajadora británico que, sin grandes discursos, se planta ante la máquina propagandística nazi con la única herramienta que conoce: jugar bien al futbol.
Kevin Beattie y Paul Cooper: los dobles invisibles de Caine y Stallone
Además de los futbolistas con línea de diálogo, la producción necesitaba pies expertos que sustituyeran a los actores principales en las escenas más complejas. Kevin Beattie, otro referente del Ipswich de Robson, fue el doble futbolístico de Michael Caine, mientras que el portero Paul Cooper hizo lo propio con Sylvester Stallone. Beattie había sido internacional con Inglaterra y pieza clave en los éxitos domésticos de Ipswich, mientras que Cooper era uno de los arqueros más fiables de la First Division.
Stallone: un héroe de acción convertido en portero
En medio de tantas figuras del balompié real, la estrella de taquilla era un actor: Sylvester Stallone, que venía del éxito mundial de «Rocky» y aceptó interpretar al capitán Robert Hatch, un soldado estadounidense que termina como portero del equipo aliado. Su personaje es un outsider: al inicio no sabe jugar futbol, pero se convierte en pieza clave al detener un penalti decisivo en el clímax del partido.
El rodaje de «Escape a la victoria» en Budapest implicó coordinar a actores de renombre, futbolistas en plena actividad y cientos de extras que llenaban las gradas del improvisado estadio. La producción recreó no solo el terreno de juego, sino también túneles, alambradas y una atmósfera de ocupación que contrastaba con la alegría del balón en movimiento.
Muchos de los jugadores recordaron años después la experiencia como algo «fuera de su zona de confort»: pasaron de seguir las instrucciones tácticas de Robson a repetir tomas bajo las órdenes de Huston, con el sol húngaro como testigo y un balón que tenía que entrar por el ángulo correcto… de la cámara. Los Ipswich, en particular, regresaron del set para coronarse en Europa, cerrando un año irrepetible en el que fueron campeones en los dos frentes, el futbolístico y el cinematográfico.
Un legado de culto para futboleros y cinéfilos
A nivel crítico, la película ha recibido comentarios mixtos por su trama algo previsible y ciertas licencias narrativas propias del cine comercial de la época. Sin embargo, entre aficionados al futbol, «Escape a la victoria» se ha convertido en obra de culto, sobre todo por la posibilidad de ver a Pelé, Moore y Ardiles compartiendo equipo en un contexto dramático cargado de simbología.
La cinta también dialoga con la tradición de relatos sobre futbol como herramienta de dignidad y resistencia, inspirándose libremente en historias reales de partidos disputados en condiciones extremas durante la Segunda Guerra Mundial. Vista hoy, funciona como cápsula del tiempo de un futbol previo a la hipercomercialización global, donde un club como Ipswich Town podía ganar la UEFA y mandar a medio plantel a rodar en Hungría con la misma naturalidad con la que hoy un gigante europeo anuncia una gira asiática.
¿Y si «Escape a la victoria» se filmara en 2026?
Al final, queda una tentación inevitable: imaginar cómo sería «Escape a la victoria» si se rodara en 2026, en plena era del futbol‑espectáculo, redes sociales y ligas globalizadas.
Pensando en el espíritu original de la cinta —una «selección mundial» de estilos y procedencias diversas, más cercana al romanticismo que al marketing—, podría imaginarse una nueva alineación con figuras que combinan talento, carisma y ciertas afinidades con los perfiles de 1981.
En el rol simbólico de Pelé, el nombre más lógico es Lionel Messi, campeón del mundo con Argentina, múltiple ganador del Balón de Oro y dueño de una lista casi inigualable de títulos y récords con Barcelona, PSG, Inter Miami y la selección Argentina. Por peso histórico, su figura es lo más cercano en el siglo XXI al lugar que ocupaba Pelé en 1981.
Como alternativas igualmente legendarias, podrían mencionarse Cristiano Ronaldo, multicampeón de Champions y campeón de la Eurocopa con Portugal, o incluso Neymar como heredero directo de la camiseta 10 de Brasil y máximo goleador histórico de su selección.
Para el puesto de Ardiles, los paralelos apuntarían a un Ángel Di Maria ya en fase crepuscular pero con aura total de leyenda, o a volantes campeones del mundo como Rodrigo De Paul o Antoine Griezmann, capaces de mezclar sacrificio, técnica y personalidad dentro y fuera del campo.
En la zaga, el equivalente moderno de Bobby Moore podría encontrarse en defensores como Virgil van Dijk o Rúben Dias, centrales elegantes, con liderazgo natural y autoridad para ordenar una línea defensiva.
Los «Ipswich» de hoy podrían ser jugadores de clubes sin el peso histórico de los más ricos, pero protagonistas en competiciones europeas recientes: futbolistas de equipos como Atalanta, Brighton, Porto o Real Sociedad, que representan al profesional de élite que, sin ser megaestrella de mercadotecnia, sostiene el nivel competitivo del futbol actual.
Reemplazar a Stallone implica pensar en alguien capaz de combinar físico de héroe de acción, cierta torpeza inicial futbolística (creíble en la pantalla) y un arco dramático de redención. Entre los actores de acción contemporáneos, nombres como Tom Hardy o Chris Hemsworth podrían encajar en el arquetipo del soldado reacio que termina tirándose de cabeza a detener un penalti en el último minuto.
En cualquier caso, el desafío sería el mismo que en 1981: rodear a la estrella de Hollywood con suficientes profesionales del balón para que, cuando la cámara se abra y el partido empiece, el futbol vuelva a ser el auténtico protagonista.













