México, entre la nostalgia la falta de resultados y la exigencia
Deportes, Mundial 2026 lunes 30, Mar 2026- ¡Oleeeeeeeeeeee!
- Tres mundiales, muchas dudas y un 2026 que exige compromiso

La Selección Mexicana quedó fuera en fase de grupos en Qatar 2022, su peor resultado en décadas.
Por Arturo Arellano
La Selección Mexicana llega al Mundial de 2026 como anfitriona, pero arrastra una relación tensa con su afición: los últimos tres Mundiales dejaron más frustración que ilusión, y el reciente 0-0 ante Portugal en el Azteca terminó entre abucheos y cánticos de “ole” contra el equipo.
Y es que, hay camisetas que se juegan con técnica, y otras que se juegan con el alma. La de México pertenece, en la memoria de muchos aficionados, a esa segunda categoría, la de los equipos que se partían el cuerpo por cada balón y que salían a enfrentar a potencias mundiales sin complejos, con entrega y la firme convicción de salir vencedores ante cada Goliat que se presentara, pero eso quedó en el pasado.
Por eso duele tanto el presente. La comparación con generaciones pasadas aparece una y otra vez porque el aficionado recuerda a futbolistas que transmitían rebeldía, personalidad y entrega, mientras hoy percibe un equipo sin claridad, sin una identidad sólida y sin señales suficientes para ilusionar de cara al Mundial de 2026.
En Brasil 2014, México firmó una fase de grupos muy competitiva y volvió a caer en octavos de final, esta vez contra Países Bajos; fue una eliminación dolorosa, pero al menos con una versión ordenada y combativa.
En Rusia 2018, el Tri volvió a avanzar a octavos, tras vencer a Alemania y Corea del Sur, aunque cerró la primera ronda con una derrota ante Suecia y después fue superado por Brasil.
El golpe más duro llegó en Qatar 2022, cuando México terminó tercero del Grupo C con 4 puntos, detrás de Argentina y Polonia, y se quedó fuera en la fase de grupos por primera vez desde 1978.
La herida reciente vs “Los Migajeros”
La molestia de la afición no es un invento ni una pose: en el más reciente enfrentamiento ante Portugal, México empató 0-0, pero el cierre del partido se vivió con abucheos y con el “ole” dirigido contra su propia selección, una muestra clara de impaciencia y desencanto.
Ese episodio dice más que cualquier discurso. Cuando el público deja de celebrar incluso un empate ante un rival de jerarquía, lo que aparece no es simple mal humor: aparece una ruptura emocional entre la tribuna y el equipo.
No obstante, por otro lado, están “Los Migajeros”, una afición conformista y ciega, respaldada por el discurso de influencers como Mike Maquina del Mal, que sin fundamentos futbolísticos ni estadísticos siguen apoyando resultados mediocres, lo que le hace un daño enorme al deporte porque normalizan los malos resultados. Y es que, cuando el público aplaude la apatía, justifica la falta de entrega y perdona actitudes indiferentes de los jugadores, manda el mensaje de que competir sin hambre, sin carácter y sin respeto por la camiseta es suficiente. Ese tipo de tolerancia no construye una selección más fuerte; al contrario, la debilita, porque le quita exigencia a quienes deberían representar a un país con compromiso total.
Igual de dañino es ese discurso de que “hay que apoyar en las buenas y en las malas” cuando, en la práctica, lo que menos parece importarles a directivos y seleccionados es la afición y el deporte mismo. Si las prioridades están en el negocio, la mercadotecnia y el lucro antes que, en el proyecto deportivo, entonces el aficionado no está obligado a fingir entusiasmo ni a celebrar procesos vacíos. Al final, lo verdaderamente importante siguen siendo los resultados, la dignidad de la competencia y la ilusión —todavía pendiente— de soñar con ser campeones del mundo algún día.
Francia 98, la memoria viva y el futuro gris
Si hay una generación que todavía alimenta la nostalgia, esa es la de Francia 98. Aquel Mundial dejó imágenes que siguen vivas en la memoria colectiva: Jorge Campos bajo los tres palos, Cuauhtémoc Blanco con su descaro, y Luis Hernández como símbolo de un ataque que supo competirle a cualquiera.
México empujó en aquel torneo, remontó partidos y se instaló en octavos, pero sobre todo dejó la sensación de un equipo con carácter y personalidad. Esa es justamente la vara con la que muchos comparan a las selecciones actuales, y la distancia entre una época y otra explica buena parte del malestar social alrededor del Tri.
El Mundial de 2026 pondrá a México en el centro del escaparate, con el Estadio Azteca como sede del partido inaugural el 11 de junio y con tres partidos de fase de grupos en territorio mexicano.
Eso, que podría ser una fiesta nacional, también puede convertirse en una prueba durísima: jugar en casa no garantiza nada, y menos cuando el equipo llega con dudas, sin una narrativa convincente y con una afición que ya no compra promesas, sino resultados.
La expectativa, por ahora, no es alentadora. Si México no encuentra pronto una idea clara, una base competitiva y una actitud que devuelva confianza, el riesgo de un fracaso rotundo está sobre la mesa, no como exageración, sino como posibilidad real dentro de un contexto cargado de presión.
Congruencia de cara al Mundial
Más allá de ofenderse por los cánticos en la tribuna o por la exigencia de la afición, jugadores y cuerpo técnico deberían entender que la camiseta de la Selección no se porta por inercia, sino con respeto, pasión y amor por el país, por la gente y por el deporte.
La historia de México en los Mundiales recuerda que el público puede perdonar una derrota, pero difícilmente perdona la indiferencia. Y en 2026, cuando el balón empiece a rodar en casa, el Tri no solo estará obligado a competir: estará obligado a merecer otra vez el apoyo de un país que ya se cansó de esperar.
México ya tiene trazado el camino inmediato rumbo al Mundial de 2026: antes de la competencia, ya enfrentó a Portugal el 28 (empate 0-0) y a Bélgica lo enfretará el día de hoy, dos rivales europeos de élite para medir competitividad.
Los tres confirmados de la recta final son contra Ghana (22 de mayo en México), Australia (30 de mayo en Rose Bowl, Pasadena) y Serbia (4 de junio en México). Estos partidos son ideales porque simulan el perfil de los rivales del Grupo A: África, Asia/Oceanía y Europa.
La expectativa es alta en intensidad: Ghana y Serbia ofrecen físico y táctica europea; Australia, velocidad y presión. México debe mostrar orden y gol para llegar con confianza.
Estos compromisos no son solo partidos: son la última chance para definir un once titular, un sistema y una mentalidad ganadora. Si el Tri repite la tibieza de Portugal, la ilusión se desinflará rápido. El reto es convertir la localía en fortaleza y no en carga.
Más tarde, el debut es contra Sudáfrica el 11 de junio en el Azteca, un partido inaugural que exige victoria clara para calmar nervios. Corea del Sur (19 de junio en Guadalajara) será un duelo táctico, donde México busca explotar espacios contra un rival veloz y disciplinado.
El tercero es contra el ganador del repechaje UEFA, un europeo impredecible que puede complicar la clasificación. La expectativa general del grupo es avanzar, pero con la presión de jugar en casa, cualquier tropiezo generará un ruido del que será dificl levantarse.













