“Argentina y sus tres estrellas: Un gigante que se vistió de campeón”
Deportes, Mundial 2026, Sin categoría miércoles 15, Abr 2026- Desde el primer golazo en Montevideo 1930 hasta la noche de Lusail 2022
- Tres títulos FIFA, seis finales, 18 participaciones y más de un siglo de pasión

Mario Kempes celebra en el Estadio Monumental, después de levantar la Copa del Mundo 1978.
Por Arturo Arellano
Desde el primer golazo en Montevideo 1930 hasta la noche de Lusail 2022, la selección argentina ha convertido la Copa del Mundo en su más grande batalla sentimental. Tres títulos FIFA, seis finales, 18 participaciones y más de un siglo de pasión marcan a la Albiceleste como uno de los gigantes del fútbol mundial. En cada uno de sus campeonatos —1978, 1986 y 2022— la Argentina ha sido epopeya, drama y arte; un equipo que no solo se consagró campeón, sino que dejó leyendas vivas en el corazón de sus hinchas.
Argentina ha ganado tres Copas del Mundo de la FIFA: 1978, 1986 y 2022. En hoy repasaremos, con detalle y rigor histórico, el camino completo de la Albiceleste en cada uno de esos torneos: desde el debut en la fase de grupos hasta el último pitazo que les dio la gloria. Revivimos los goles, los duelos decisivos, los partidos clave y, sobre todo, a las figuras que marcaron cada época: Mario Kempes y Daniel Passarella en 1978; Diego Maradona, Jorge Burruchaga y Jorge Valdano en 1986; y Lionel Messi, Emiliano Martínez, Julián Álvarez y Enzo Fernández en 2022.
1978: el primer abrazo al mundo
Cuando Argentina acogió el Mundial de 1978 en su propia casa, la Albiceleste tenía como misión redimir décadas de cerca pero sin coronas. Desde la final perdida ante Uruguay en 1930 hasta varias ausencias y eliminaciones tempranas, el sueño de levantar la Copa del Mundo parecía eterno. La selección de César Luis Menotti, con un estilo ofensivo y un liderazgo sereno, se convirtió en el instrumento de ese deseo colectivo.
En el debut del equipo, el 2 junio de 1978 en el estadio monumental de Buenos Aires, Argentina venció 2–1 a Hungría, con goles de Leopoldo Luque y el capitán Daniel Passarella, transformando el arranque en fiesta nacional. El 6 de junio, en el mismo estadio, Argentina superó 2–1 a Francia, con un tanto de Mario Kempes y otro de Passarella, que ratificó la superioridad albiceleste en una fase de grupos donde también se midió con Italia y terminó segundo en el grupo tras perder 1–0.
Al acceder a la segunda vuelta, el equipo argentino se topó con un camino de milagros y polémicas. En Rosario, Argentina venció 2–0 a Polonia, con un doblete de Mario Kempes, elevando la figura del “Matador” como el goleador del país. El 21 de junio, ante Brasil, el partido terminó 0–0, una igualdad que dejaba todo abierto para el cierre de la ronda.
La última jornada fue épica: Argentina necesitaba ganarle a Perú por al menos cuatro goles para alcanzar la final, mientras esperaba el resultado de Brasil–Polonia. Con victoria de Brasil 3–1, la Albiceleste se enfrentó a Perú el 21 de junio en el estadio Gigante de Arroyito y desnudó un 6–0 inolvidable, también conocido como el “matrazo” de Rosario: dos goles de Kempes, dos de Leopoldo Luque, uno de Alberto Tarantini y otro de René Houseman. Ese triunfo colocó a Argentina en la final.
En la final del 25 de junio de 1978, frente a Holanda, el Monumental de Buenos Aires vivió una de sus noches más intensas. Argentina abrió el marcador en el primer tiempo con un gol de Mario Kempes, pero los europeos igualaron con Dick Nanninga, y las últimas jugadas de Rensenbrink estuvieron a centímetros de cambiar el destino. El partido se extendió a tiempo extra: en el minuto 105, Kempes volvió a marcar, y luego Daniel Bertoni clavó el 3–1 definitivo, sellando el primer título mundial argentino. Kempes terminó como goleador del torneo con seis goles y Passarella, como capitán, fue el primer argentino en levantar la Copa del Mundo.
Más allá de la estrella mediática de Kempes, el equipo de Menotti se sostenía en una base sólida: el arquero Ubaldo Fillol, el capitán Passarella, el defensor Alberto Tarantini, el lateral Jorge Olguín, y los volantes Norberto Alonso y Ricardo Villa, entre otros, formaban un conjunto donde el trabajo colectivo era tan importante como el genio individual.
1986: el Mundial de un hombre que se convirtió en equipo
Ocho años después, en México 1986, el mundo entero tenía sus ojos clavados en una sola figura: Diego Armando Maradona. Pero el título de Argentina fue mucho más que la genialidad de uno: fue un equipo armado por Carlos Salvador Bilardo, que supo proteger y potenciar a su capitán en un recorrido que marcó la historia del fútbol.
El debut en el Estadio Azteca, el 31 de mayo de 1986, fue un contundente 3–1 ante Corea del Sur, con dos goles de Jorge Valdano y uno de Oscar Ruggeri, instalando a Argentina como candidata desde el arranque. Frente a Italia, el equipo se recuperó de un gol inicial y empató 1–1 con un tanto de Maradona desde el borde del área, demostrando que el Diez ya era el eje de todo. El 8 de junio, Argentina cerró la fase de grupos con un 2–0 ante Bulgaria, con goles de Valdano y Jorge Burruchaga, asegurando el primer puesto.
En octavos de final, Argentina venció 1–0 a Uruguay, con un gol de Pedro Pasculli, en un partido de enorme tension y dureza, donde el trabajo defensivo de Ruggeri, José Luis Brown y compañeros fue clave para neutralizar al rival. La cuartofinal, ante Inglaterra, se convirtió en la historia más recordada de los tres títulos: el 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca, Maradona marcó el famoso gol de la “Mano de Dios” y luego el “Gol del Siglo”, un recorrido de casi medio campo que dejó a cinco ingleses atrás. Argentina ganó 2–1, transformando el partido en mito.
Semifinales y final fueron duelo de titanes: Argentina derrotó 2–0 a Bélgica, con un gol de Burucho y otro de Valdano, en un partido donde el equipo combinó racionalidad táctica y brillo de sus jugadores. La final del 29 de junio, también en el Estadio Azteca, fue un partido emocional frente a Alemania Federal: José Luis Brown abrió el marcador en el primer tiempo, y Jorge Valdano amplió a 2–0, pero el resurgir alemán con goles de Karl‑Heinz Rummenigge y Rudi Völler empujó el marcador a 2–2. En el minuto 84, Maradona lanzó un pase perfecto a Jorge Burruchaga, quien definió cruzado para el 3–2, sellando el segundo título mundial argentino.
Junto a Maradona brillaron nombres que hoy tienen menos foco mediático pero fueron fundamentales: el capitán Daniel Passarella (aunque en el 86 no fue el referente de campo como en 1978), el central José Luis Brown, el defensor Néstor Clausen, el arquero Nery Pumpido, el mediocampista Ricardo Giusti y el goleador Jorge Valdano. La columna vertebral de Bilardo fue construida para proteger a Maradona, pero sin renunciar a la colectividad, y eso fue clave para que el Mundial se contara como equipo, no solo como una sola figura.
2022: la consagración de Messi y el renacer de la Albiceleste
Tras 36 años sin levantar la Copa del Mundo, la Albiceleste llegó a Qatar 2022 con un peso emocional enorme: Lionel Messi, a los 35 años, disputaba su quinto Mundial y la última chance de cerrar su carrera con la gloria máxima. La selección de Lionel Scaloni, con una mezcla de veteranos como Messi y Ángel Di María y jóvenes como Enzo Fernández, Julián Álvarez y Alexis Mac Allister, construyó un camino de sufrimiento, remontadas y drama total.
En el debut del 22 de noviembre, Argentina recibió un golpe durísimo: derrota 1–2 ante Arabia Saudita, tras un inexplicable colapso defensivo en la segunda parte. Pero el equipo reaccionó: el 26 de noviembre, Messi abrió el marcador en una victoria 2–0 ante México, mientras Enzo Fernández cerraba el resultado, consolidando el resurgimiento. El 30 de noviembre, Argentina venció 2–0 a Polonia, con goles de Alexis Mac Allister y Julián Álvarez, y terminó primera de su grupo C.
En octavos de final, Argentina venció 2–1 a Australia, con un golazo de Messi y otro de Julián Álvarez, en un partido donde el equipo comenzó a mostrar la madurez emocional que necesitaría en la recta final. En cuartos de final, el 9 de diciembre, Argentina enfrentó a los Países Bajos en un partido que se volvió locura: el 2–2 final tras un gol de último minuto holandés y el posterior 4–3 en penaltis tuvo a Emiliano Martínez entre los mejores, con tres atajadas decisivas y un liderazgo psicológico de gran nivel.
En semifinales, el 13 de diciembre, Argentina goleó 3–0 a Croacia, con un gol de Messi desde el punto penal y dos de Julián Álvarez, que exhibieron la potencia ofensiva de un equipo que ya se sentía invencible. La final del 18 de diciembre contra Francia fue probablemente el partido más intenso de la historia reciente de la Copa del Mundo: Argentina se puso 2–0 en el primer tiempo, con un gol en propia puerta de Ousmane Dembélé, corrección de Antoine Griezmann y un penalti de Messi, y luego un gol de gol de Di María que cerraba el 3–0. Francia, sin embargo, reaccionó con un doblete de Kylian Mbappé en pocos minutos y empató 3–3, llevando el partido a tiempo suplementario. En el alargue, Messi volvió a marcar, pero Mbappé también completó su hat‑trick; el 3–3 se mantuvo hasta el final de los 120 minutos. En la tanda de penaltis, Argentina se impuso 4–2, con Martínez atrapando dos lanzamientos, y la Argentina se coronó campeona por tercera vez.
Aquella Copa no perteneció solo a Messi, que terminó con siete goles y tres asistencias, sino también a pilares como Emiliano Martínez, el capitán de la última línea; Cristian Romero y Nicolas Otamendi, centrales de enorme peso; Rodrigo De Paul, volante de armado y sacrificio; Enzo Fernández, raza y visión de juego; y el ala Ángel Di María, que cerró su carrera mundialista con un gol histórico en la final. Fue la victoria de una generación tardía, de jugadores que crecieron bajo la sombra de un ídolo, pero que aprendieron a brillar a la luz de su propia calidad.
De Kempes a Messi: las estrellas y los que no están en el ojo mediático
Si la historia de los tres títulos argentinos se puede resumir en tres nombres, serían Mario Kempes, Diego Maradona y Lionel Messi, porque cada uno representó un ciclo, un discurso y un estilo de jugar. Kempes fue el matador nato, el goleador que marcó con izquierda y cabeza, el delantero que firmó la primera estrella en la Madre Patria. Maradona fue el génio indomable, el hombre que llevó el fútbol a otro nivel y convirtió el Mundial 86 en un relato donde él era autor, protagonista y guionista. Messi fue el ídolo moderno, el futbolista de precisión, endurecido por años de derrotas y premios individuales, que al final tuvo la fuerza colectiva para levantar la Copa con todo el país detrás.
Pero junto a ellos siempre hubo hombres clave que hoy no tienen tanta luz en la memoria mediática. En 1978, Daniel Passarella fue el capitán autoritario, el defensor que paraba el juego y movía el equipo; Ubaldo Fillol, el arquero de carácter y reflejos; el lateral Alberto Tarantini, salvaje en la marcación; y jugadores como Ricardo Villa, cuyo talento ofensivo fue decisivo en muchos partidos. En 1986, el eje defensivo de Brown, Clausen y Ruggeri, el arquero Pumpido, el volante Giusti y el goleador Valdano fueron el andamio que sostuvo a Maradona. En 2022, el rol de Rodrigo De Paul, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Nicolás Otamendi y el propio Martínez ha sido tan central como el de Messi, porque le dieron al cuerpo técnico la versatilidad y la contundencia que necesitaba para llegar a la gloria.
Argentina en el 2026
El Mundial 2026 será el primer escenario donde la Argentina jugará como campeona vigente desde la consagración de Qatar 2022. La Albiceleste será uno de los grandes atractivos del torneo que se extenderá del 11 de junio al 19 de julio de 2026, repartido entre Estados Unidos, México y Canadá, con el Estadio Banorte (Antes Azteca) como sede del partido inaugural. Para la hinchada argentina, el hecho de que el torneo arranque en México añade un halo especial: es el mismo estadio donde Diego Maradona levantó la Copa en 1986, y donde ahora la generación de Messi trata de revalidar su trono.
Argentina integrará el Grupo J, que junto a Argelia, Austria y Jordania conformará uno de los sectores más vistos del torneo, tanto por el peso histórico del equipo de Scaloni como por el rol de la Albiceleste como campeona defensora.
Los encuentros confirmados de Argentina en la fase de grupos son tres. El primero será Argentina vs Argelia, el martes 16 de junio de 2026, en el Arrowhead Stadium de Kansas City, con inicio programado a las 9:00 p.m. hora de la costa este de EE. UU. (equivalente a las 7:00 p.m. hora de México). Cuatro días después, el lunes 22 de junio, la Albiceleste se enfrentará a Austria en el AT&T Stadium de Arlington, Texas, con un kick‑off a las 1:00 p.m. hora de la costa este de EE. UU. (es decir, a las 12:00 p.m. hora de México). El cierre de la fase de grupos será el sábado 27 de junio, cuando Argentina se mida a Jordania a las 8:00 p.m. hora de México.
Si el equipo logra clasificarse a la ronda de 32, la Albiceleste podría pisar tierra mexicana en el camino hacia la gloria. Entre los cruces potenciales, uno de los partidos que se ha programado en el Estadio Azteca de México City es el ganador del Grupo J vs el subcampeón del Grupo H, un encuentro que podría concretarse en la fase de eliminatorias si Argentina termina primero en su grupo y se cruza con el equipo que llegue segundo en H. En ese caso, el partido se jugaría en la capital mexicana.
Las expectativas para Argentina en 2026 son altas, pero también cargadas de realismo: el equipo de Scaloni tendrá que lidiar con la madurez de Messi y la renovación generacional que ya se ha iniciado con jugadores como Enzo Fernández, Julián Álvarez, Alexis Mac Allister y otros jóvenes que han ganado experiencia en Ligas europeas. La Albiceleste llegará al Mundial como uno de los referentes técnicos del continente, con un estilo de juego que combina presión alta, circuitos ofensivos y defensa ordenada, pero sabiendo que enfrentará a rivales adaptados a su juego y con la motivación extra de doblegar a la campeona.
En México, el ambiente puede ser decisivo si Argentina llega a la CDMX: el Estadio Azteca ya ha sido escenario de grandes duelos y de la consagración de Maradona, y volver a ver una camiseta albiceleste en su césped en un Mundial 2026 alimenta la ilusión de que la historia pueda repetirse, aunque con otra generación, otra época y otro disco duro de emociones, porque Argentina no solo juega Mundiales, juega relatos de un país que se mira en la mirada de sus hinchas.













