Tregua del ICE, premios incómodos y boletos imposibles de pagar
Deportes, Mundial 2026, Seguridad lunes 27, Abr 2026- El otro Mundial ya se está jugando
- Cuatro tickets para la final alcanzan los 2.299.998,85 dólares cada uno

Agentes de ICE durante un operativo: la imagen que HRW quiere desterrar del entorno de los estadios en el Mundial 2026.
Por Arturo Arellano
La Copa del Mundo siempre prometió ser el lugar donde la política se quedaba en la puerta del estadio. Hoy, camino al 2026, parece que la política compró palco VIP, estacionamiento preferente y, de paso, la contraseña del WiFi del vestidor. Mientras el mundo cuenta los días para ver rodar el balón en Estados Unidos, Canadá y México, organizaciones como Human Rights Watch hablan de “clima de miedo”, la Federación Noruega cuestiona un Premio de la Paz hecho a la medida de Donald Trump y las entradas para la final alcanzan precios que harían sonrojar hasta a un jeque petrolero.
El futbol, que siempre se vendió como refugio, se encuentra ahora en el centro de tres batallas que lo desnudan: la lucha por frenar redadas migratorias del ICE en las ciudades sede, el reclamo por una FIFA que juega a ser comité de premios políticos y la indignación por un sistema de boletos que convierte el sueño de ir a la final en un lujo reservado a millonarios. En medio de todo eso, México mira al calendario: ayer 27 de abril se prometió la primera lista del Tri de Javier Aguirre, y mientras aparecen filtraciones y nombres predecibles, el país se aferra a lo único que siempre ha tenido claro: su fe en la Selección.
Es inevitable preguntarse qué tipo de Mundial estamos construyendo. Uno donde los aficionados entren sin miedo a ser detenidos, donde el organismo rector del futbol no se convierta en agencia de relaciones públicas para líderes poderosos y donde la grada no esté dividida entre quienes pueden pagar dos millones de dólares por un asiento y quienes ni siquiera logran cruzar migración.
HRW pide “tregua”: que la migra se quede fuera del estadio
Human Rights Watch (HRW) encendió otra alarma rumbo al Mundial 2026: pidió a la FIFA que presione a Estados Unidos para acordar una “tregua del ICE” durante el torneo, es decir, un compromiso público de que no se realizarán operativos de control migratorio en los partidos, sus alrededores y zonas de aficionados en las 11 ciudades estadounidenses anfitrionas.
Entre el 20 de enero de 2025 y el 10 de marzo de 2026, ICE detuvo al menos a 167,000 personas en esas ciudades y áreas aledañas, según datos proporcionados por la propia agencia al Deportation Data Project y analizados por HRW, lo que para la organización demuestra el riesgo real de que el Mundial se dispute en medio de una campaña intensiva de arrestos. En un informe reciente, HRW recordó además que en 2025 ICE detuvo a un solicitante de asilo poco antes de la final de la Copa Mundial de Clubes en Nueva Jersey, caso que ya había sido presentado como “ensayo” de los peligros que podrían replicarse en
2026.
HRW sostiene que las políticas migratorias impulsadas por la administración de Donald Trump han dado lugar a violaciones de la libertad de expresión, del derecho al debido proceso y a un entorno inseguro para minorías, migrantes y solicitantes de asilo, especialmente en ciudades donde ICE opera en coordinación con fuerzas estatales y locales.
Por eso, insta a la FIFA a usar su influencia para conseguir que Washington suspenda redadas y controles abusivos en torno a los estadios, retire vetos de viaje de carácter discriminatorio, proteja los derechos de niños y niñas y garantice libertades de reunión y expresión durante el torneo.
La propuesta de “tregua del ICE” bebe de la idea de la antigua “tregua olímpica” griega, cuando las ciudades-Estado suspendían las hostilidades para permitir que atletas y espectadores se desplazaran con seguridad a los Juegos. Para HRW, un Mundial que aspira a ser “el evento más grandioso de la historia” no puede celebrarse mientras miles de personas viven con miedo a ser detenidas por acudir a un partido.
Desde la Casa Blanca, la respuesta ha sido de confrontación: portavoces del gobierno han insistido en que el presidente Donald Trump está enfocado en hacer del Mundial “la experiencia más segura de la historia” y han descalificado las advertencias de HRW y otras ONG como “tácticas de miedo ridículas” impulsadas por grupos liberales y medios críticos.
Noruega se planta: “Premio de la Paz a Trump no tiene legitimidad”
La presidenta de la Federación Noruega de Futbol (NFF), Lise Klaveness, decidió romper el silencio y exigir formalmente a la FIFA que elimine el recién creado Premio de la Paz que fue otorgado a Donald Trump en diciembre, durante el sorteo oficial del Mundial 2026.
El galardón, presentado como “Premio de la Paz de la FIFA”, pretendía reconocer los supuestos esfuerzos del mandatario por promover el diálogo y la distensión en zonas en conflicto, según el propio discurso del presidente del organismo, Gianni Infantino. Organizaciones como FairSquare —especializada en temas de derechos humanos en el deporte— presentaron una queja formal ante la Comisión de Ética de la FIFA, acusando a Infantino de violar el principio de neutralidad política e instrumentalizar al futbol para fines de “sportswashing”.
De acuerdo con documentos de FairSquare, la queja apunta a que el premio no fue aprobado por el Congreso de la FIFA, no se anunció una lista de nominados, no se hicieron públicos los criterios de selección ni los miembros del jurado, y se otorgó de manera unilateral al presidente estadounidense. En el escenario del sorteo, Infantino se dirigió directamente a Trump, señalando que “merece el primer Premio de la Paz de la FIFA” y que podía contar con su apoyo, lo que para los denunciantes constituye un respaldo explícito a su política exterior.
Klaveness ha sido una de las figuras más críticas con la dirigencia de la FIFA desde el Mundial de Qatar 2022, donde ya había cuestionado el historial del organismo en temas de derechos humanos, igualdad y democracia. Ahora, la NFF sostiene que el Premio de la Paz “no tiene ninguna legitimidad, no tiene base en el Congreso de la FIFA y excede claramente el mandato del organismo”, y ha anunciado que llevará esta postura al próximo congreso, respaldando la denuncia de FairSquare.
Para la federación noruega, la FIFA no debería asumir el rol de premiar a líderes políticos, menos aún a figuras tan polarizantes; esa tarea —arguye Klaveness— corresponde a instituciones consolidadas como el Comité Nobel, no a un organismo deportivo que, por estatutos, está obligado a guardar neutralidad en asuntos de política.
Boletos a 2.3 millones de dólares
Como si la discusión sobre derechos humanos no fuera suficiente, la FIFA enfrenta un nuevo frente de críticas por el modelo de venta y reventa de entradas para la final del Mundial 2026. En el marketplace oficial autorizado por el organismo, cuatro localidades para el partido del 19 de julio en el MetLife Stadium de East Rutherford, Nueva Jersey, fueron listadas a un precio de 2,299,998.85 dólares cada una.
Los asientos corresponden a la grada baja, detrás de una de las porterías, en la sección 124, fila 45, lo que convierte el acceso a esa zona en un privilegio al alcance de muy pocos. El sistema implementado para esta edición permite que, en Estados Unidos y Canadá, los revendedores fijen libremente los precios en la plataforma oficial, sin tope respecto del valor original del boleto.
La FIFA, por su parte, cobra una comisión del 15% tanto al vendedor como al comprador por cada transacción realizada en ese marketplace. De acuerdo con estimaciones citadas por Sky News y otros medios, una sola operación de reventa a ese nivel podría generar alrededor de 600,000 dólares para el organismo únicamente en concepto de comisiones.
El contraste con otros mercados es evidente. En México, por ejemplo, las normas son más restrictivas: la reventa solo puede realizarse con precios iguales o inferiores al de origen y está limitada a compradores nacionales, lo que reduce la especulación y evita saltos tan abruptos entre el valor nominal y el de reventa. Aun así, en el propio portal oficial pueden encontrarse entradas de categoría alta para otros partidos por montos cercanos a los 16,000 dólares, lo que evidencia una brecha enorme entre distintas zonas del estadio y refuerza la percepción de acceso desigual.
El malestar de los aficionados no tardó en hacerse escuchar, miles de usuarios denunciaron fallas técnicas, largas filas virtuales, cambios repentinos de precio y falta de transparencia en las últimas fases de venta. Gianni Infantino defendió el sistema, argumentando que el Mundial es un “mercado muy especial”, que la FIFA es una organización “sin fines de lucro” y que los ingresos se reinvierten en el desarrollo del futbol en 211 asociaciones miembro, pero sus declaraciones no han frenado las críticas.
Desigualdad en la grada del partido más importante
La nueva categoría “Front Category 1”, incorporada por la FIFA el 9 de abril para las mejores ubicaciones del estadio, ha sido señalada como uno de los factores que impulsan precios desorbitados para la final y partidos clave del torneo. Voceros del organismo han comparado el esquema con prácticas habituales en otros grandes espectáculos en Norteamérica, defendiendo el modelo de precios variables como una forma de “optimizar ventas y asistencia” de acuerdo con la demanda.
Sin embargo, la percepción entre los hinchas es otra: lo que se prometió como el Mundial “más accesible de la historia”, con sedes cercanas a grandes diásporas y mercados fuertes, luce cada vez más como un certamen en el que la experiencia en el estadio queda reservada a quienes pueden pagar cifras de élite. En redes sociales, varios aficionados han señalado que los costos de boletos se suman a vuelos, hospedaje y gastos generales en ciudades de alto costo de vida, creando una especie de “peaje económico” que excluye a sectores populares.
Lo más llamativo es que el propio portal oficial, al permitir revender sin tope, funciona como un motor de la especulación: la FIFA no fija el precio final pero habilita un entorno donde los montos pueden despegar hasta niveles récord, mientras asegura un margen importante por comisiones en cada operación. Para críticos del modelo, esto refuerza la idea de que el futbol se acerca cada vez más a un espectáculo de lujo, desconectado de las bases que le dieron sentido.
México: En la primera lista… ya se perfila el 11
En medio de la polémica global, en México la conversación gira alrededor de un tema eterno: ¿quiénes van al Mundial? Al cierre de esta edición, la Federación Mexicana aún no hacía oficial la primera lista de seleccionados, anunciada para este lunes 27 de abril, pero distintas filtraciones y reportes permiten trazar con bastante claridad cómo se perfilaría ese primer grupo de elegidos.
Javier Aguirre daría a conocer una primera convocatoria integrada por entre 14 y 16 futbolistas de la Liga MX más un jugador que milita en el extranjero: Guillermo Ochoa, quien apunta a disputar su sexta Copa del Mundo. Esta lista inicial, que arrancaría concentración en el Centro de Alto Rendimiento el 6 de mayo, estaría conformada casi en su totalidad por jugadores que ya tendrían asegurada su presencia en la lista final de 26 para el Mundial, según se acordó con los clubes cuyos planteles disputen liguilla.
La base de nombres recurrente, cuando se habla de los “fijos” de la Liga MX para la Selección incluye: en la portería, Raúl “Tala” Rangel (Chivas), Carlos Acevedo (Santos) y el propio Ochoa. En defensa, Jesús Gallardo, Israel Reyes, Everardo López y Richard (o Ricardo) Ledezma, todos ellos con minutos importantes en sus clubes y en procesos recientes del Tri.
En el medio campo, nombres como Erik Lira (Cruz Azul), Marcel Ruiz (Toluca), Carlos Rodríguez (Cruz Azul), Brian Gutiérrez (Chivas) y Gilberto Mora (Xolos o Tijuana). Para el ataque, jugadores como Santiago Giménez, Raúl Jiménez o César Huerta parten con ventaja, aunque su incorporación queda más ligada a la etapa en la que se sumen los futbolistas que militan en Europa.
Es importante subrayar que, al momento en que se redacta este reportaje, la lista oficial aún no se ha publicado, por lo que todo lo anterior se basa en filtraciones y proyecciones, no en información confirmada por la Federación o por el propio Javier Aguirre. Lo que sí está confirmado por reglamento es que México deberá presentar una prelista amplia —de entre 33 y 55 nombres— antes del 11 de mayo, y entregar la convocatoria final de 26 futbolistas a más tardar el 1 de junio.
El Tri entre la incertidumbre y la ilusión
Mientras se espera la lista definitiva, la Selección Mexicana se prepara para un Mundial que se jugará en casa… pero también en un entorno enrarecido por temas que trascienden el futbol. Por un lado, la presión de organizaciones de derechos humanos que temen redadas migratorias en las sedes de Estados Unidos y denuncian la falta de garantías para migrantes, periodistas y comunidades locales. Por el otro, un organismo rector cuestionado por premiar a un presidente en funciones, abrir la puerta a precios millonarios en la reventa oficial y mantener un discurso de neutralidad que choca con sus propios actos.
La afición mexicana se mueve en ese vaivén: sabe que muchos de sus compatriotas en Estados Unidos viven con temor a ICE, que los boletos para los grandes partidos se disparan a niveles irreales y que la FIFA está bajo escrutinio como pocas veces antes; pero también sabe que, cuando la pelota ruede el 11 de junio, todo ese ruido quedará por un momento afuera, y el grito de gol seguirá siendo el mismo de siempre.
Lo que está en juego no es solo un título, sino la posibilidad de demostrar que el futbol todavía puede ser un espacio de encuentro y no un escaparate más de desigualdades, premios incómodos y políticas de miedo. La FIFA tiene el balón en sus pies. De lo que haga —o deje de hacer— dependerá que este Mundial se recuerde por los goles… o por todo lo que pasó alrededor de ellos.













