Autocrítica
¬ Augusto Corro jueves 5, Jul 2012Punto por punto
Augusto Corro
Es muy difícil reconocer nuestros propios errores. Aceptar la derrota resulta imposible. A veces no se entiende el fracaso, por una sencilla razón: rechazamos la autocritica. No nos agrada perder.
Si Andrés Manuel López Obrador analizara, objetivamente, los resultados de su derrota, se daría cuenta de los errores que cometió desde que se inició la contienda.
Su estrategia estuvo mal planteada. Recorrió todos los municipios de México con discursos que no mitigaban el hambre de los pobres. Luego de la instalación de su “gobierno legítimo” que no tuvo ningún fin práctico, el tabasqueño volvió a plantear su deseo de competir otra vez en las elecciones presidenciales.
La experiencia que adquirió en el 2006 no le sirvió.
Otra vez vuelve a quejarse de irregularidades en los comicios. Aunque en esta ocasión, las cosas son diferentes, porque ya no son sus intereses personales los únicos que están en juego. Hay otros igual o más importantes que los suyos.
La izquierda mexicana ya se dio cuenta que el ciclo político de López Obrador ya terminó.
Al 1 de julio del 2012, el tabasqueño llegó arropado por todos los izquierdistas (inexplicablemente unidos) pues sabían que se trataba de su última oportunidad de llegar a Los Pinos. No lo logró. Ante este fracaso, López Obrador debe reflexionar, sobre el futuro de la izquierda mexicana que continuará con nuevos personajes, tan importantes como el propio López Obrador.
Uno de estos personajes es Marcelo Ebrard Causabon, actual jefe del gobierno capitalino. Este mandatario tiene esperanzas de participar en las elecciones presidenciales del 2018 y en esa aspiración invertirá su capital político.
¿Le conviene a Ebrard que López Obrador continúe con sus impugnaciones que a nada bueno conducen? Seguro que no. ¿Quiere el tabasqueño llevarse entre las espuelas a Ebrard y a Mancera?
El tabasqueño debe entender que Ebrard busca realizar su propio proyecto político y que necesita las condiciones propicias para concretarlo.
Por eso, inteligentemente, le cedió a López Obrador la oportunidad de competir en las presidenciales.
López Obrador está obligado a reconocer la disposición de solidaridad de Ebrard y no afectarlo con su necedad e inconformidad ante los resultados de los comicios del 1 de julio. En la misma situación de Ebrard se encuentra Miguel Angel Mancera, el próximo jefe del gobierno capitalino. El abanderado de las izquierdas, quien logró un triunfo histórico sobre sus adversarios políticos, ya dejó entrever que no quiere problemas poselectorales.
Como señalamos al inicio, López Obrador debe empezar sus impugnaciones a los resultados electorales con una autocrítica.
Esta le ayudará a encontrar las causas de sus errores. A todo esto ¿dónde estaban los representantes de casilla de la izquierda que no se dieron cuenta de las irregularidades, dónde estaba la tan cacareada “Morena”?
El derecho al pataleo es sagrado, pero debe tener un límite.
REMORDIMIENTO
La jerarquía panista se reunió antier con el presidente Calderón, en la residencia oficial de Los Pinos. Se trató de una comida privada, según dijo Cecilia Romero, para agradecerle a Josefina Vázquez Mota el gran trabajo que hizo en los 90 días de campaña.
Más bien pareció que dicha reunión tuvo como fin, que Calderón empezara a dejar de sentir ese remordimiento por haber dejado a su suerte a la candidata presidencial panista. Lo que el michoacano se negó a hacer durante la contienda electoral, decidió llevarlo a cabo cuando ya no se necesitaba.
A la comida asistieron cartuchos quemados como Diego Fernández de Cevallos, Luis Felipe Bravo Mena, Alberto Cárdenas, y el gobernador de Morelos, Antonio Tenorio Adame, quien disfruta su libertad, antes de entregar el gobierno al perredista Graco Ramírez.
La jerarquía panista tuvo la oportunidad de tomarse la foto del recuerdo en la escalinata de la residencia presidencial: todos aparecieron sonrientes, como si la derrota electoral le hubiera ocurrido a un partido político de la Patagonia. Es fácil entender la postura de los panistas, principalmente la de Calderón.
Por supuesto que a Calderón le agradó saber que ya no tendrá la responsabilidad de seguir como presidente. Desde luego, sintió tal alivió que invitó a la dirigencia panista a participar de esa alegría.
Porque eso de consolar a Vázquez Mota nadie lo creyó.
Por cierto, la foto del recuerdo servirá como testimonio de los panistas que llevaron a su partido a la caótica situación en la que se encuentra y de la que no saldrá tan fácilmente. El futuro del PAN empezará a definirse el próximo 11 de agosto, en la primera reunión oficial de la dirigencia panista, después de las elecciones.
NARCOTERRORISMO
Otra vez se registró un acto de narcoterrorismo; un coche-bomba estalló a las afueras de la residencia del titular de la Secretaría de Seguridad Pública de Tamaulipas, Rafael Lomelí Martínez. Murieron dos policías y cuatro personas más resultaron lesionadas. Los hechos se registraron en Ciudad Victoria, Tamaulipas. En menos de una semana, otro coche con explosivos estalló en un estacionamiento de la alcaldía de Nuevo Laredo.
Durante la presente administración estatal se registraron siete explosiones de coches-bomba. Una vez más las autoridades se encuentran incapacitadas para contrarrestar las acciones de los grupos criminales.
Los embates de la delincuencia organizada caen en el terreno del terrorismo que pone en peligro la vida de quien la combate y de civiles ajenos a la lucha contra la narcodelincuencia.
Por cierto, el secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, dijo que incidentes como el de la explosión del carro bomba “demuestran que la lucha contra el crimen organizado iniciada por esta administración no está concluida”. Para empezar no sabíamos que alguien hubiera manifestado el fin de la guerra contra la delincuencia organizada. Lo que sí tenemos presente es que se trata de una guerra fallida a la que no se le ve fin.












