Tercer día de agresiones
¬ Augusto Corro viernes 1, Mar 2013Punto por punto
Augusto Corro
En algunas regiones de México los medios de comunicación se encuentran sometidos a una violencia permanente.
Los periodistas, los dueños de los medios y las instalaciones son el blanco de las agresiones de los cárteles de la droga y, en algunos casos, de las propias autoridades.
Los ataques a los comunicadores crecieron al parejo de la espiral de violencia desatada con la guerra fallida contra el narco.
En medio de esa lucha sorda de Calderón contra la delincuencia organizada, decenas de periodistas perdieron la vida.
Desafortunadamente, los asesinos siguen libres. La corrupción y la impunidad no han permitido la captura de los delincuentes.
A raíz de la lucha contra la delincuencia organizada, en varias ciudades norteñas, son los hampones quienes controlan la información que debe decirse.
Obvio, se trata de amedrentar a los representantes de los medios quienes, lo hemos repetido hasta el cansancio están a merced de los hampones, por una simple y sencilla razón: los periodistas no usan armas. Su pluma es lo único que poseen para defenderse.
En Coahuila, por tercera vez consecutiva, sujetos armados balacearon la sede del diario “El Siglo” de Torreón. Durante el ataque pereció, Gerardo T. Carrera, de 37 años, quien pasaba por el lugar a la hora de la agresión. Un policía resultó lesionado.
Según informaciones de las autoridades, el miércoles a las 13:05 horas, las instalaciones del periódico fueron baleadas por sujetos no identificados. El martes a las 18.30 horas, un grupo armado, a bordo de un vehículo negro, abrió fuego contra el área comercial del diario. El lunes, los policías que resguardaban el inmueble fueron agredidos a balazos.
En la madrugada del pasado viernes 8, cinco trabajadores del periódico fueron secuestrados, torturados y luego liberados.
El acoso al diario mencionado es un ejemplo claro de los graves problemas que padecen los periodistas en México. Las presiones, agresiones y toda clase de amenazas son parte de la vida de los reporteros en varios estados. Los comunicadores, con sus propios recursos, tienen que superar los obstáculos para cumplir con su función de informar. Saben que se encuentran solos. Es una triste realidad.
Las muertes de los comunicadores y las investigaciones para aclararlas nunca les interesaron a los gobiernos panistas. De ahí que el sexenio de Calderón haya sido calificado uno de los más peligrosos y violentos para ejercer el periodismo.
Por lo menos, durante la administración panista 44 periodistas fueron asesinados y 8 desaparecidos.
En ningún momento, Calderón asumió la obligación de garantizar el derecho a la libertad de expresión. Obsesionado en su guerra fallida contra la narcodelincuencia, apenas si tenía tiempo para atender los casos de los comunicadores asesinados.
Cuando algún periodista corre peligro y solicita el auxilio de las autoridades, estas no hacen ningún esfuerzo para atender la demanda. Como todo mundo sabe, organizaciones no gubernamentales se han empeñado en la defensa de los periodistas, sin lograrlo.
En la misma condición se encuentran los organismos de derechos humanos, quienes, supuestamente, presionan para la protección de los periodistas. Tampoco han funcionado.
Siempre que un comunicador es asesinado, se prenden las luces de la demagogia y surgen los discursos para criticar a los homicidas. Pasan unos días y el asunto se olvida. El último discurso sobre el tema se dio entre los legisladores.
Recientemente en el Senado se habló de una iniciativa de Ley de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. ¿Más jarabe de pico? Parece que sí.
En tanto, los periodistas tendrán que valerse de sus propios medios para evitar las agresiones de la delincuencia organizada. No hay de otra.
Feliz fin de semana.













