¿Hasta cuándo?
Ramón Zurita Sahagún miércoles 2, Jul 2014De frente y de perfil
Ramón Zurita Sahagún
El futbol es efectivamente el deporte más jugado en México y el que mantiene las preferencias de la población.
La práctica del mismo se desarrolla, principalmente, en los estados del centro del país y en las ciudades consideradas medias y mayormente pobladas.
También es el más difundido en los medios de comunicación y a nivel de selecciones mayores, el que menos satisfacciones a nivel internacional proporciona.
Con todo y ello, este deporte prende a una población que busca encontrar entre los jugadores una representatividad e identificación que los propios deportistas evaden.
Muchos de los principales personajes dedicados a la práctica profesional del futbol son elevados dentro del país a planos que jamás imaginaron y a los que posiblemente no accederán los practicantes de otros deportes que dan satisfacción con sus logros.
Los futbolistas gozan de toda la atención mediática, sus hazañas y alcances son magnificados en la mayor parte de las veces, pero también sus andanzas, travesuras y errores, son amplificados a lo máximo.
La comunión entre la población y este deporte es sumamente conocida.
Cada cuatro años, el fenómeno se repite, los jugadores seleccionados participan en una eliminatoria, la que, bien o mal, superan con algunas dificultades y llegan a la gran fiesta mundialista, generando nuevas expectativas entre los aficionados de este deporte. Hace unos cuantos días, la selección nacional fue eliminada de la justa mundial, mostrando que mantiene el mismo nivel de siempre, es decir, pasa el primer corte, pero en el segundo es eliminado. Como sucede cada ocasión de éstas, se buscan responsables de la derrota y se dan una serie de justificaciones para aliviar el dolor que provocan entre los aficionados.
Siempre se lanzan acusaciones en contra de otros, sin aceptar los errores propios y las responsabilidades de cada uno.
Los jugadores de futbol mexicanos son sumamente consentidos por sus dirigentes, por sus técnicos y por los aficionados, a lo que no responden con sus actitudes.
Para que los jugadores profesionales pudieran concentrarse en las tareas propias de este deporte, las familias de cada uno de ellos fueron invitadas para mantenerse cerca de ellos y no extrañaran el hogar familiar.
Los familiares fueron trasladados hasta Brasil, los aficionados que gastaron grandes cantidades de dinero en su desplazamiento los apapacharon en grande, les aplaudían en los lugares en que se hospedaban, esperaban largas horas para verlos de lejos y hasta música mexicana les llevaron, para darles muestras de ese cariño que no parece recíproco.
Alejados de su tierra, los futbolistas mexicanos esbozaban eventualmente una sonrisa para sus seguidores y hasta, en alguna ocasión, llegaron a dar autógrafos o les permitieron tomarse una foto con ellos.
Los chiquearon hasta lo máximo, sin importar que ellos no respondieran a esa expectativa, ganando el partido que les haría diferente a tantas otras selecciones que han representando a México en ese deporte.
No lo consiguieron, el paso definitivo no pudo darse y con todo y ello, los aficionados los justificaron y compraron sus argumentos de que los árbitros no los querían y se había armado un complot en contra de ellos, sin aceptar jamás que se equivocaron. El entrenador del equipo mostró de nueva cuenta que no es buen deportista que sabe aceptar su derrota y buscó un enemigo a quien cobrarle la afrenta recibida, aunque, para fortuna de él, nadie le respondió a esas provocaciones.
Con malestar, pero la afición mexicana aceptó la derrota y continuó otorgando méritos y reconocimientos a sus jugadores y les preparó un gran recibimiento en el aeropuerto de la ciudad de México. Sin embargo, esos aficionados que se desplazaron para aplaudir y lanzar vivas a sus estoicos jugadores se topó con la triste realidad de que los jugadores fueron sacados por una puerta distinta para que no pudieran verlos. Como siempre juegan con los sentimientos de esa afición que confiada les da el respaldo que requieren, pero que son alejados cuando ya no los requieren.
ISSSTE
Sebastián Lerdo de Tejada, director del ISSSTE, mostró sus dotes de operador político y conciliador durante el pasado fin de semana, cuando logró algo que parecía sumamente remoto, sentar en la misma reunión al dirigente del SNTE, Juan Díaz de la Torre y al senador Joel Ayala Almeida, dirigente de la FSTSE.
Desde los tiempos en que Elba Esther Gordillo separó a su gremio de la Federación de Sindicato de Trabajadores del Estado y formó su propia agrupación, la distancia entre FSTSE y SNTE se hizo profunda.
Ahora, con la intervención de Lerdo de Tejada se construyen los puentes para que SNTE y FSTSE se reunifiquen.
ALÍ, FUERA DE SEDESOL
Jesús Alí de la Torre, frustrado aspirante al gobierno de Tabasco salió de la Secretaría de Desarrollo Social, donde venía desempeñando las tareas de coordinador de Políticas Públicas.
Luego de perder los comicios por el gobierno de Tabasco en julio del 2012, Alí de la Torre fue incorporado a las tareas de la Secretaría que encabeza Rosario Robles Berlanga, como parte de la operación cicatriz, aprovechando para designar a los principales cuadros que operan en Tabasco.
Desde esa posición, Alí de la Torre intentó convertirse en factótum para las candidaturas que presentará su partido el año próximo en Tabasco.
El propio Alí de la Torre pretende competir por una de esas posiciones, donde quiere convertirse nuevamente en candidato a la alcaldía de la capital del estado. Desde la alcaldía saltó hace tres años a la candidatura al gobierno del estado, ante la falta de cuadros priístas en Tabasco, aunque fue derrotado ampliamente por el candidato de la izquierda y actual gobernador, Arturo Núñez Jiménez.












