“Un parto de los montes”
Francisco Rodríguez miércoles 11, Ene 2017Índice político
Francisco Rodríguez
Azorada e indignada, la sociedad mexicana recibió el tercer mensaje de EPN para solucionar el efecto pernicioso de los gasolinazos. Convocó a los representantes del sector empresarial, obrero y campesino a Los Pinos, para soltarles el Programa para la Protección de la Economía Familiar: un parto de los montes.
Irritada y con la paciencia rebasada, la población escuchó el mensaje que vuelve a confirmar que el gobierno no sabe qué hacer ante las protestas, ni quiénes son, ni dónde están parados. La tercera no fue la vencida, fue el colmo del hartazgo. .
Sólo se masculló ahí un catálogo de buenas intenciones que supuestamente insta a empresarios, obreros y campesinos –no se sabe, no se dijo cómo– a no subir precios, a defender de manera voluntarista, no obligatoria ni vinculante jurídicamente, las inversiones, el empleo, la estabilidad económica, la legalidad y el estado de Derecho. ¡Hágame usted el refabrón cavor! Para eso, ni hubieran anunciado la reunión de marras.
Esopo y Samaniego definieron “el parto de los montes”
El poeta latino Horacio, analizando una fábula de Esopo, acuñó la frase «el parto de los montes», para referirse a cualquier cosa insignificante y ridícula que sucede cuando se esperaba una grande e importante. Félix de Samaniego, el brillante escritor español, verificó la interpretación de Fedro de la siguiente forma: «Con varios ademanes horrorosos, los montes de parir dieron señales. Consintieron los hombres temerosos ver nacer los abortos más fatales. Después que con bramidos espantosos infundieron pavor a los mortales, esos montes que al mundo estremecieron un ratoncillo fue lo que parieron».
La kakistocracia de Sartori, rebasada
Si no fuera por los momentos de angustia que se viven, ante el vendaval inflacionario en todos los productos de primera necesidad y los servicios básicos para sobrevivir, que ya está generando la pavorosa alza impositiva federal de los carburantes, la risotada general hubiera sido la respuesta más sensata. Pero, no. La cuestión es demasiado delicada para pensar en eso.
Sartori, el ideólogo italiano de la democracia se hubiera quedado perplejo ante tanta ineptitud para siquiera hacer un recuento de daños de lo que se ha generado. El concepto de kakistocracia –el gobierno de los peores– queda corto ante esta demostración de nulidad absoluta.
La incapacidad y la ineptitud
Todos hemos sido rebasados. Jamás nos imaginamos que tuvieran las neuronas tan afectadas, incapacitadas no sólo para reconocer un error, sino para paliar el mínimo de sus efectos en la economía familiar. Ciento veinte millones de mexicanos no se merecen esto. Haciendo tabla rasa de todos los errores cometidos en el manejo de la cuestión pública, de todos los desaguisados y estropicios cometidos en el patrimonio y la soberanía nacionales, por la sarta de mentiras y engaños y por su corrupción galopante en grado extremo, la ineptitud pasa a la primera fila de un puñado de impedidos para cualquier tipo de responsabilidad pública.
La incapacidad ha expuesto y ubicado ante la opinión pública nacional e internacional a los que alguna vez publicitaron con costo de miles de millones, su balandronada publicitaria de que iban a salvar a México. Si acaso lo movieron, pero en su contra, haciendo de todas las voces críticas una sola: «¡lárguense y devuelvan lo que se han llevado!».
No entienden cómo un gobierno puede enfrentar retos
Hasta los humoristas gabachos la llaman ratolandia, un país donde los ratones son gobernantes, un país en medio de un cataclismo científico internacional donde en cinco o diez años serán reconvertidas a la moderna tecnología todas las industrias tradicionales existentes, como la Kodak. Se jalan los pelos, no comprenden ya quiénes somos. No entienden cómo un gobierno puede responder a tal amenaza. Se conduelen de nuestro futuro.
No se explican cómo es que temen la demagogia de Donald Trump, a quien han defenestrado los exponentes de la ciencia, la economía y la cultura, por lo menos tres de sus inteligencias consagradas: Noam Chomski, Paul Krugman y Merryl Streep. Por qué le temen, si sus estupideces han hecho un daño mayor al país del que puede imaginar el copetón anaranjado, dicen.
Carecen de interlocución con alguien que valga la pena
La gente creía que, al resistirse a acudir a ningún acuerdo privado, los representantes de los sectores firmarían con agrado propuestas que sirvieran para salvar el barco en el que naufragamos todos. Pero no fue así, se encontraron con un podercito monolítico y retardatario, aferrado a la insensatez y a las ínfulas de poder, cuando el país se encuentra en llamas.
Quedó demostrado palmariamente que no se tiene interlocución posible con nadie que valga la pena. Su mundo es el bisnes y sus moches. Sólo regentean a su modo, que sólo existe en sus menguadas capacidades, en su nulo olfato político, en su desconocimiento de la condición de los mexicanos.
Denuestan y avergüenzan a la población que dicen representar con temas sin límite, con ofertas insulsas de solución que no convencen ni a los supuestos beneficiarios, porque una economía sin poder adquisitivo, es una economía paralizada, sin posibilidad de compra, venta o transacción alguna. Destrozan el mercado interno, y su único proyecto es entregarse en manos de los gabachos, que tampoco saben hacia dónde van.
Coparmex vs la petulancia e incapacidad
Son denostados y exhibidos en cadena nacional, hasta por Carlos Aceves del Olmo, heredero de Joaquín Gamboa Pascoe en la CTM, que les llama la atención por su ligereza e ignorancia, recordando aquellas reuniones tripartitas que se celebraban con otros personajes, más sólidos y serios en su depredación.
Por la Coparmex, el sindicato nacional que incluso les lleva kilómetros de delantera en las ideas redencionistas frente a la población. Los empresarios convocados lanzan un manifiesto en desacuerdo contra la incapacidad y la fragilidad de esos personajes.
Los líderes campesinos oficialistas, rebasados en todos los terrenos por sus bases, no pueden comprometerse a seguir una línea de fracaso y de entreguismo, que ha optado por estrangular al campo y a todas las actividades productivas, simple y sencillamente porque no les reportan beneficios personales a su particular bolsillo.
Su único empeño: hacerse más ricos
El país se encamina directo al cataclismo social, a la protesta permanente, a la exigencia de que se vayan todos, antes del diluvio que se espera. A éstos no les interesa ni el control de daños, ni el recuento de yerros. Ellos viven como divinas garzas, empeñados en hacerse multimillonarios en seis años. Es su objetivo. Viven en y para su carpa del ridículo, aunque no sepan que ya nadie tiene para ni quiere comprar el boleto para ver sus actuaciones. Son el rostro de la ineptitud y de nuestra vergüenza, que hoy alcanzó niveles mundiales.
Están a cinco centímetros del juicio por lesa patria
Alguna alma piadosa de su círculo íntimo tiene que decirles qué está pasando a un metro de sus narices. Están a cinco centímetros del juicio, por traicionar los elementos fundamentales de la convivencia de los mexicanos. A menos de un minuto de la patada salvífica. ¿O usted qué haría?.
Índice Flamígero: Desdeñoso, por supuesto, el aprendiz de canciller, Luis Videgaray, dijo que su (im)posible candidatura a La Grande, en 2018, “no es algo en lo que tenga interés”. ¡Claro que no! Con todo a cuestas, hasta él sabe que la reelección está prohibida en la Constitución Política. + + + Quien, de plano, utiliza el método de arrastrarse para intentar conseguir la candidatura del tricolor al gobierno del Estado de México es el multimillonario –accionista en el “desparecidito” Banco Anáhuac, propietario de la más grande cadena de casas de empeño, especulador con terrenos en Huixquilucan, entre otros “bisnes”– Alfonso Navarrete, secretario de Trabajo. Ayer, en la reunión en Los Pinos, se deshizo en elogios hacia EPN. En Twitter alguien comentó: + + + Y quien de plano trae en la frente la “p” de perdedor es Ildefonso Guajardo. Fracasó rotundamente en sus “negociaciones” con la Coparmex que insiste en no sumarse a la propuesta del Ejecutivo y, de pilón –¡pero qué pilón!–, Jorge López Portillo, ex director de la empresa exportadora de sal ha presentado sendas denuncias en su contra. Una, en la Cámara de Diputados, a la que dice que el secretario le mintió, y otra en la PGR, por un desfalco multimillonario en la salinera más grande del mundo, la que produce la sal de inigualable calidad. Eso les pasa por rateros, ¿a poco no? + + + Un nutrido grupo de ex trabajadores petroleros preparan una denuncia penal en contra del senador Carlos Romero Deschamps (con fuero), acusándolo de ser el principal huachicolero –“chupaductos” de gasolina– del país. + + + Que el “gasolinazo” no nos haga olvidar a los pillos Duarte. Al veracruzano, quien al parecer goza de la protección de su socio y al chihuahuense, escondido bajo el saco de Emilio Gamboa Patrón + + + Y don Alfredo Álvarez Barrón sobre la tan comentada –por inusual– negativa de la Coparmex “a firmar el acuerdo económico, por considerarlo una estrategia política…”, da pie al epigrama que este día nos obsequia El Poeta del Nopal: “Tal vez la historia no cuadre, / son tiempos extraordinarios, / si admiten los empresarios: / ¡ya estamos hasta la madre!”.
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