Traición al “pacto”
Freddy Sánchez martes 9, Ago 2022Precios y desprecios
Freddy Sánchez
Como una pelota que cae de lo alto y sus rebotes pierden altura en poco tiempo, así parece que seguirá sucediendo con el caso de los supuestos actos de corrupción del ex presidente Enrique Peña Nieto.
Pronto pasa la sorpresa de que se le investiga con miras a mandarlo a la cárcel, lo que está ocurriendo desde inicios de la administración sexenal en curso y no termina de concretarse.
En días pasados se repitió lo mismo, aunque a decir de ciertas voces institucionales se trata de una indagatoria sólida que se encuentra en su última etapa y en los próximos meses se procederá a judicializar la acción contra Peña Nieto. Delitos electorales, lavado de dinero, transferencias sospechosas, en fin el listado de los supuestos delitos que cometió el antecesor de Andrés Manuel no es cosa menor y de probarse las acusaciones es de imaginarse que se le estaría poniendo tras las rejas por muchos años. Y si eso le pudiera ocurrir a uno de los ex presidentes, igual habría que visualizar una persecución judicial con todo rigor en contra de al menos dos más: Felipe Calderón Hinojosa y Vicente Fox Quesada, aunque “la abeja reina” de la corrupción a perseguir y encarcelar, obviamente, concierne a la persona de Carlos Salinas de Gortari.
“El padre de la corrupción moderna”, como lo ha llamado el actual jefe del Ejecutivo, el señor Salinas, ni modo de dejarlo fuera de “la lente” persecutoria de la justicia, tratándose de llegar al “epicentro de la corrupción”, según lo dicho y reiterado por Epigmenio Ibarra, auto declarado enemigo de los ex presidentes y uno de los más activos defensores de la 4T.
De ahí que lo de Peña sólo sería un primer paso para después ir contra todo y contra todos los corruptos del más alto nivel que en varias administraciones sexenales de la tecnocracia en el país junto con sus cómplices de las cúpulas empresariales (a decir de sus críticos) cedieron el patrimonio nacional, cobijaron negocios de la corrupción de los más grandes e inimaginables lucros indebidos y para ello aparentemente otorgaron una “patente de corso” a cuantos “les hablaron al oído” poniendo a su disposición fabulosas ganancias personales recurriendo a una u otra trapacería disfrazada de un convenio institucional con particulares en torno a lo que unos cuantos supuestamente se hicieron multimillonarios y el pueblo de México fue despojado de bienes nacionales descaradamente.
Larga es la lista, pues, de los latrocinios contra la nación (de los que desde la 4T se acusa a ex presidentes y sus camarillas de atracadores), por lo que si en verdad ha llegado la hora de la justicia para castigar lo que haya que castigar, eso sería digno de encomio por constituir la mayor y más trascendental obra de la administración del actual Presidente de México.
De ahí que ha recobrado gran fuerza la expectativa de que se le dará el escarmiento merecido a los ex presidentes, lo que alienta y entusiasma particularmente a un sector de la sociedad, en donde se concentra la gente que es fiel “devota” de las acciones del régimen, además de hallarse quienes quisieran ver que se cumpla lo que se ha prometido contra la corrupción política de altos vuelos, sin que hasta ahora haya ocurrido.
De modo que de judicializar las presuntas conductas irregulares de Peña Nieto (si eso significa llevarlo ante un juez y declararlo formalmente preso por su presumible corrupción), inequívocamente el gobierno de Andrés Manuel cobrará con creces los beneficios políticos que se deriven de dicha acción de la justicia. Cosa que, naturalmente, no pocos dudan que vaya a suceder, pensando que como ha sido a lo largo del sexenio de la 4T, en la lucha contra la corrupción política todo es “una llamarada de petate” para distraer la atención pública de los asuntos incómodos para el presidente o con el propósito de incrementar el valor de sus “bonos electorales” rumbo a la sucesión presidencial. El mismo Epigmenio Ibarra dijo que sí hay evidencias de la corrupción de Peña Nieto que se actúa de inmediato, pero acaso así se hará o más bien les asiste la razón a quienes siguen creyendo que hubo un acuerdo secreto entre Andrés Manuel y su antecesor y no habrá ninguna traición al “pacto”.













