Folclor político
Alberto Vieyra G. martes 12, Sep 2023De pe a pa
Alberto Vieyra G.
“Estamos en el año de Hidalgo o de Carranza, por aquello de que el de Hidalgo ya no alcanza”. ¡La nación mexicana tiene miedo!
El gobierno de la tan llevada y traída austeridad republicana tendrá un presupuesto de 8.3 billones de pesos, casi 3 billones más que en 2023 y es que 2024 será un año electoral y para el gobierno de AMLO será el año de Hidalgo o de Carranza, porque el de Hidalgo ya no alcanza.
No faltarán quienes están agarrados de la ubre presupuestal, que dirán a los 4 vientos: “¡Hay que llevarse todo porque los que llegarán son bien ladrones!”.
Mediante el folclore político, los mexicanos suelen capotear sus desdichas y su mala suerte, haciendo cera y pabilo de los gobernantes que ultrajan su dignidad a los que muchas veces llegan a llamar “pulpos chupeteadores” como lo hacía el inolvidable cómico de la política Jesús Martínez Palillo o el inolvidable Salvador Novo, cronista de la Ciudad de México, quien solía calificar de gandules a los politicastros diciendo que “la ociosidad es el vicio de todas las madres” o el satanizado periodista del porfiriato Pancho Bulnes, quien solía calificar a quienes viven a toda máquina con nuestros impuestos de “politicastros ladronzuelos”.
Fíjese usted, que el folclore político no perdona. Los mexicanos suelen cobrarles a los gobernantes todos los ultrajes a su dignidad mediante las famosas calaveras en Día de Muertos, la quema de los Judas durante la Semana Santa, en la sátira teatral, las puntillosas críticas de los caricaturistas, los inolvidables apodos como aquel de Antonio López de Santa Anna, quien pasó a la historia como el famosísimo quince uñas o los mordaces chistoretes políticos como aquel que retrataba al Maximato del México post revolucionario, que encabezaba Plutarco Elías Calles, y que decía: “Sí, aquí vive el señor Presidente, pero el que manda en México vive allá enfrente” o como hoy ocurre con El mesías tropical, al que el influyente The Economist de Inglaterra ha llamado El falso mesías.
Prácticamente no hay ningún Presidente de la República que se escape de pasar a la historia con uno o muchos alias que los retratan tal cual son.
Anastasio Bustamante, por ejemplo, le llamaban el come huevos porque efectivamente comía 1 kilo de huevos de gallina diariamente; al padre de la patria Miguel Gregorio Antonio le dieron el mote de el zorro, por aquello que era muy astuto e inteligente; Madero se quedó con el alias de apóstol de la democracia.
Por cierto, Madero llamó a Emiliano Zapata charrito monta perros; Pancho Villa que fue Presidente de México de a mentiritas sólo por haberse sentado en la silla presidencial recibió los motes de El centauro del norte o El bandolero divino; a Pascual Ortiz Rubio lo bautizaron con el sobrenombre de el nopalito, ya se imaginarán por qué; a López Mateos lo apodaron López paseos; a Carlos Salinas no lo bajaban de el pelón de Agualeguas o el chupacabras; a Ernesto Zedillo le recetaron el mote de la paloma, por aquello que a cada paso que daba la cacheteaba, aunque en la universidad alvaradeña se dice de otra forma; a Vicente Fox le llamaron el Chente Fax o can del imperio, pero sin duda que Andrés Manuel López Obrador pasará a la historia con la mayor carretada de alias como el Peje, el americano, la piedra, el molido, comandante Garfias, el me canso ganso, el “otros datos”, el conservador, más lo que se acumulen en esta etapa del folclore político, que dará tela de donde cortar para más de un libro.












