AMLO denuncia una conspiración, pero la ONU y la Iglesia tienen otros datos
Miguel Ángel Rivera martes 5, Mar 2024Clase Política
Miguel Ángel Rivera
El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene una fórmula casi infalible para rechazar cualquier información con la cual no está de acuerdo, que consiste en decir: “yo tengo otros datos”, pero con igual seguridad se le puede aplicar esa regla cuando trata de eludir su responsabilidad.
Tal es el caso de la violencia que se aprecia en prácticamente todos los rumbos de la República a casi medio año de que termine su mandato sin que cumpla su promesa de campaña de ofrecer seguridad en apenas un plazo de seis meses.
A pesar de que el primer mandatario ha recurrido a otra de sus recetas favoritas, acusar a sus enemigos de magnificar los resultados negativos, tampoco esto resulta efectivo, pues sus críticos no se pueden considerar como rivales políticos. Por el contrario, se trata de personas e instituciones ajenas a la contienda política.
Uno de los críticos ajenos a la contienda electoral mexicana es el alto comisionado de las Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos, Volker Türk, quien le recriminó haber expuesto a la corresponsal del diario estadunidense The New York Times, Natalie Kitroeff, al dar a conocer su número telefónico.
A pesar de los pretextos de López Obrador para justificar la difusión de datos personales de la periodista estadunidense y de los intentos de justificación, Türk expresó un contundente llamado a la protección de los derechos fundamentales, la integridad de los ciudadanos y de los políticos que contienden por un puesto de elección popular.
“Este inmenso ejercicio de los derechos políticos y civiles debe salvaguardarse de la violencia”, declaró Türk.
Desde Ginebra, Suiza, el alto comisionado dio un mensaje sobre el estado que guardan los derechos humanos en el mundo, en el que aludió a diversos países, entre ellos México, del cual recordó que se elegirán más de 20 mil cargos públicos en junio, incluida la Presidencia de la República.
“Este inmenso ejercicio de los derechos políticos y civiles debe ser resguardado de la violencia”, expresó Türk.
Además, en redes sociales, la organización internacional resaltó que “proteger los datos personales es una obligación que debe ser observada por todas y todos, especialmente por quienes detentan una responsabilidad pública”.
En respuesta, López Obrador calificó al alto comisionado de la ONU de ser “muy tendencioso” y lo acusó de estar en contra de la 4T.
“El alto comisionado es muy, con todo respeto, muy tendencioso, está en contra de nosotros y hace comparsa con los que quieren demostrar que México es un país muy violento, ya ven lo que hacen nuestros adversarios y los medios de manipulación”, dijo el inquilino de Palacio Nacional, quien sigue sin darle importancia a los casi 180 mil asesinados durante su mandato, cifra que ya rebasa ampliamente la cantidad de crímenes registrados en los gobiernos de sus antecesores Felipe Calderón y Enrique Peña.
López Obrador denunció que hay grupos interesados en promover a México como un país violento, “el agravio a periodistas, a candidatos, buscando enrarecer, las elecciones de Estado, si yo les contara, algún día les voy a contar”.
De esta manera, el mandatario recurrió a otro de sus recursos defensivos: denunciar supuestas conspiraciones, en este caso internacionales, para afectar a su gobierno.
Pero sus argumentos no eliminan los hechos. Por ejemplo, la organización Data Cívica en México, tiene registros de que, desde el pasado julio hasta febrero, se registraron once homicidios de candidatos, precandidatos y ex candidatos.
La Iglesia católica manifiesta preocupación
por la violencia en gran parte de la República
Los comentarios del alto comisionado de la ONU son como un llamado a misa y todo indica que López Obrador no les concede mayor importancia. Pero lo que sí debería de provocarle una reacción son los comentarios de la jerarquía de la Iglesia Católica, que ya no se limita a las declaraciones, sino que empieza a actuar, como lo evidencia el alto al fuego promovido por los obispos de Guerrero.
En este caso, aunque se trate de una institución religiosa, el llamado contra la violencia es más que un llamado a misa, pues, aunque ha disminuido la influencia de la jerarquía, todavía muchos mexicanos atienden los llamados de sacerdotes y obispos, lo cual se puede traducir en votos.
“En este inicio de año junto con nuestra bendición queremos compartir con ustedes una palabra de consuelo, nuestra cercanía y acompañamiento para quienes sufren a merced de distintas formas de violencia que parece no se puede frenar; una palabra de aliento a quienes viven comprometidos con la construcción de la paz y a quienes son responsables del entramado institucional que permite que la paz sea posible para todos; un llamado a la conciencia de todos los que causan sufrimiento y muerte, para invitarlos al arrepentimiento y conversión de vida y una exhortación a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para que en las distintas etapas y circunstancias de la vida no olviden que el mínimo gesto en favor de una paz digna y duradera es valioso e insustituible. Tenemos voluntad de unirnos a los esfuerzos de todas y todos los constructores de la paz y nos comprometemos a caminar con ellos”, dice uno de los párrafos iniciales del documento titulado “Que el Señor nos bendiga con la paz”.
“No es la primera vez que manifestamos nuestra preocupación por la paz en nuestro país; lo hemos hecho en repetidas ocasiones en las dos décadas que van de este siglo, particularmente en el año 2010 en la exhortación pastoral Que en Cristo nuestra paz México tenga vida digna que conserva su valor de documento orientador pues lamentablemente hoy gravísimas circunstancias de violencia e inseguridad persisten en diferentes estados y ciudades del país”, advierte también el documento que establece la responsabilidad de las autoridades para garantizar la participación ciudadana y que todos desean que este proceso electoral de 2024 sea ejemplo de civilidad a la altura de la cultura democrática que los mexicanos hemos ido construyendo y perfeccionando en las últimas décadas, a través de leyes e instituciones que nos regulan, por lo que es necesario que los distintos actores políticos sin excepción, cumplan Leyes y Normas en materia electoral.
“Somos conscientes que la construcción de la paz es una tarea que nos pide atención permanente y que debemos realizar en el corto, mediano y largo plazo, por ello, en nuestro Proyecto Global de Pastoral 2031-2033, entre las seis opciones pastorales que consideramos prioritarias, señalamos en primer lugar la “opción por una Iglesia comprometida con la paz y las causas sociales”, dice el texto del Episcopado que inclusive se adelanta a posibles conflictos poselectorales, al advertir que “los verdaderos demócratas deberán reconocer los resultados sin apasionamiento, dejando de lado intereses partidistas y conductas egoístas”.
La declaración de los obispos mexicanos expresa asimismo “nuestra preocupación por la falta de paz surge de la experiencia de numerosas comunidades diocesanas que son víctimas de procesos violentos, así, en los primeros meses del año pasado más de una tercera parte de nuestras diócesis han sufrido niveles altos de homicidios y feminicidios, numerosas poblaciones viven bajo los diversos mecanismos de control de la delincuencia (secuestro, extorsión, robo, lesiones), se siguen presentando niveles de adicciones entre grupos vulnerables en un creciente número de territorios, la violencia intrafamiliar se ha incrementado en la pandemia y la cultura de la violencia y la muerte permea especialmente a los jóvenes”.
Contra las idílicas declaraciones de López Obrador y de la candidata presidencial oficialista, Claudia Sheinbaum Pardo, en el sentido de que la paz prevalece en nuestro país, los jerarcas de la Iglesia católica sostienen que “a pesar de todos los esfuerzos las causas profundas de estas situaciones siguen vigentes, pobreza y desigualdad, desempleo, injusticias de todo tipo que se perpetúan y tienen impunidad; la falta de vigencia de los derechos a alimentación y salud, falta de transmisión de una ética y la glorificación de la violencia, entre otras.
“Iniciamos un nuevo año bajo el signo de las incertidumbres y de los dolores causados por la pandemia”, sostiene también la declaración del Episcopado.













