Venezuela: la agresión que reaviva las sombras del imperio
Hans Salazar domingo 4, Ene 2026HANS SALAZAR
– México levanta la voz: condena la intervención militar de EU en suelo venezolano y defiende el principio de no intervención
Los primeros días de este 2026 no serán recordados como días de fiesta, sino de profunda reflexión. Las imágenes de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela abrieron un nuevo capítulo de tensión internacional y un doloroso recordatorio en la historia de América Latina. Son días para pensar, para analizar y para construir escenarios que permitan mejorar nuestro entorno inmediato, con la mirada puesta en la paz, la soberanía y la justicia entre las naciones.
Más que buenos deseos, se trata de abonar desde la conciencia ciudadana al fortalecimiento de las políticas públicas y del gobierno que hoy encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en una etapa crucial para México y para el continente. Porque lo ocurrido en Venezuela no sólo es un ataque a un país hermano: es un golpe directo a los principios de coexistencia pacífica que sostienen el orden mundial desde hace más de siete décadas.
El retorno del imperio y la violación de la Carta de la ONU
La primera lección que deja este hecho es evidente: el poder imperial estadounidense sigue actuando por encima de la ley internacional. El Artículo 2, párrafo 4, de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe expresamente el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, fue ignorado de manera abierta y cínica.
“Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.”
Pese a ser signatario fundador de las Naciones Unidas, Estados Unidos ha utilizado durante décadas el mismo guion: fabricar pretextos morales o de seguridad para justificar invasiones o derrocamientos de gobiernos soberanos.
Bajo el pretexto de combatir el narcotráfico -en especial el tráfico de fentanilo, droga que, según su propio discurso, cobra la vida de más de 100 mil estadounidenses al año-, Washington ha decidido convertir a Venezuela en su nuevo enemigo público.
Pero el problema del consumo, la producción y la distribución de drogas tiene raíces profundas dentro del propio territorio estadounidense. No existen informes transparentes sobre el control de sustancias, ni sobre el lavado de dinero que nutre su sistema financiero, ni sobre las redes de distribución que operan impunemente en sus ciudades.
La intervención militar en Venezuela no busca resolver el problema del fentanilo: busca abrir una nueva etapa de dominación geopolítica sobre América Latina.
Narrativas de manipulación y guerra mediática
La construcción de narrativas desde la Casa Blanca y sus aparatos mediáticos, donde se criminaliza a gobiernos elegidos democráticamente y se convierte a sus líderes en “dictadores” o “narcosocialistas”.
La maquinaria comunicacional, financiada por grandes corporaciones informativas y desplegada a través de granjas de bots con costos millonarios en las redes sociodigitales, construye una matriz de opinión uniforme destinada a preparar a la opinión pública mundial para justificar la agresión.
El guion se repite: primero la “alerta humanitaria”, luego la “intervención quirúrgica”, más tarde la “transición democrática supervisada” y finalmente la entrega de los recursos naturales al capital extranjero.
En este caso, el petróleo venezolano vuelve a ser el botín.
El espectáculo mediático de la llamada “operación quirúrgica” fue transmitido al mundo como si se tratara de un videojuego: helicópteros, misiles teledirigidos, conferencias de prensa en tiempo real y el mensaje implícito de que “los buenos” habían restaurado el orden.
Detrás de esa narrativa, lo que realmente se destruye es la autodeterminación de un pueblo que, con sus errores y desafíos, ha defendido su soberanía.
El discurso de Trump y su amenaza regional
El presidente estadounidense Donald Trump dijo amenazante que algo se tiene que hacer con México, pues el país -aseguró- “es gobernado por los cárteles de la droga”.
Sus declaraciones, cargadas de prepotencia e injerencia, no se limitan a México. El ex presidente Trump, hoy nuevamente al frente del poder en Washington, levantó el dedo no sólo para justificar el ataque a Venezuela, sino para anunciar que el siguiente objetivo sería Colombia, acusando a su mandatario, Gustavo Petro, de “debilitar la seguridad continental”.
Sus palabras no son un exabrupto, sino una advertencia: el regreso de la Doctrina Monroe, aquella que en el siglo XIX resumió el espíritu expansionista estadounidense bajo la frase “América para los americanos”.
Hoy, ese credo se disfraza de lucha contra las drogas, defensa de la democracia y protección de los derechos humanos, pero en el fondo persiste la misma lógica: el control político y económico del continente, el acceso a sus recursos naturales y la imposición de gobiernos afines a sus intereses.
México: dignidad, coherencia y firmeza diplomática
Ante este escenario, México ha sido firme y congruente. El Gobierno de México, mediante un comunicado oficial, condenó y rechazó enérgicamente las acciones militares ejecutadas unilateralmente por fuerzas armadas de los Estados Unidos contra objetivos en territorio venezolano, al considerarlas una violación directa del artículo 2 de la Carta de la ONU.
Con base en sus principios de política exterior —no intervención, autodeterminación de los pueblos, solución pacífica de las controversias y cooperación para el desarrollo—, México hizo un llamado urgente a respetar el derecho internacional y a cesar toda agresión contra el pueblo venezolano.
El comunicado subraya que América Latina y el Caribe es una zona de paz, construida sobre el respeto mutuo y la solución pacífica de las controversias. Cualquier acción militar, advierte, pone en grave riesgo la estabilidad regional y amenaza con desatar una nueva era de tensiones y conflictos.
México reafirmó que el diálogo y la negociación son las únicas vías legítimas y eficaces para resolver diferencias, y expresó su disposición a participar en cualquier esfuerzo de mediación o acompañamiento que contribuya a preservar la paz.
Asimismo, instó a la Organización de las Naciones Unidas a actuar de inmediato para desescalar las tensiones y generar condiciones que permitan una solución sostenible y conforme al derecho internacional.
El mensaje de Sheinbaum y la reaparición de López Obrador
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reafirmó con claridad la posición histórica de México y el sentido profundo de nuestra diplomacia pacifista. En su mensaje del 3 de enero de 2026, publicado en la plataforma X, recordó la enseñanza universal de Benito Juárez, guía moral y política de la soberanía mexicana:
“La gran enseñanza de Benito Juárez en estos momentos debe guiar también a Estados Unidos: entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.”
Con esas palabras, la mandataria mexicana no sólo cita la historia: la actualiza.
Retoma el pensamiento juarista como principio vivo de una nación que ha sabido defender su independencia frente a las invasiones extranjeras, desde la Intervención Francesa hasta las presiones contemporáneas del poder económico global.
Su mensaje no es retórico, sino profundamente político: la paz no se impone con armas, se construye con respeto.
Y casi en sincronía con la voz presidencial, Andrés Manuel López Obrador —quien se mantenía retirado de la política— reapareció públicamente también el 3 de enero, para emitir un mensaje que resonó en todo el continente. En su publicación, el expresidente denunció con firmeza el atentado a la soberanía de Venezuela y el secuestro de su presidente, y habló con la autoridad moral que le otorga haber encabezado la Cuarta Transformación de México:
“Estoy retirado de la política, pero mis convicciones libertarias me impiden callar ante el prepotente atentado a la soberanía del pueblo de Venezuela y el secuestro de su presidente. Ni Bolívar ni Lincoln aceptarían que el gobierno de Estados Unidos actuara como una tiranía mundial.”
“Presidente Trump: no caiga en la autocomplacencia ni escuche el canto de las sirenas. Mande al carajo a los halcones; usted tiene capacidad para actuar con juicio práctico. No olvide que la efímera victoria de hoy puede ser la contundente derrota del mañana. La política no es imposición.”
“Recuerde que ‘el respeto al derecho ajeno es la paz’, como nos enseñó Benito Juárez en el siglo XIX. Soy mexicano con mucho orgullo, pero también latinoamericano. Apoyo incondicionalmente a mi presidenta Claudia Sheinbaum.”
“Por ahora no le mando un abrazo.”
El mensaje fue interpretado como una reaparición histórica, cargada de sentido moral y político. AMLO volvió a hablar no como exmandatario, sino como referente ético de una corriente latinoamericana que defiende la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Su voz, junto con la de Sheinbaum, consolidó una posición mexicana unida frente al intervencionismo.
Ecos del pasado: las heridas que no deben repetirse
Las imágenes de las tropas estadounidenses en suelo venezolano evocan los años setenta y ochenta, cuando las dictaduras militares en el Cono Sur —respaldadas por la CIA y el Pentágono— sembraron muerte, tortura y desaparición.
Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia vivieron décadas de terror bajo el argumento de “defender la libertad” frente al comunismo.
Hoy, esa misma retórica reaparece con otros nombres, pero con los mismos fines.
Las heridas de aquellas décadas aún no sanan, y los pueblos latinoamericanos aprendieron que la paz se conquista con dignidad y memoria. Reflexión final: soberanía, conciencia y futuro
Es momento de reflexionar en familia, en comunidad, en nuestras colonias y centros de trabajo. Lo ocurrido en Venezuela no es un hecho aislado, sino un espejo que nos obliga a pensar en el valor de la independencia nacional y en la necesidad de una América Latina unida.
México, con una voz clara y soberana, ha hecho lo correcto: defender el derecho internacional, alzar la voz por la paz y negarse a legitimar la guerra.
En tiempos donde el cinismo político intenta travestirse de justicia, recordar las palabras de Juárez no es una cita histórica: es un acto de resistencia moral.
“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.”
Ese principio -vigente, luminoso, latinoamericano- debe guiar los pasos de los pueblos que todavía creen en la libertad y en la dignidad humana.
La historia, tarde o temprano, pondrá a cada quien en su lugar: a quienes invaden y a quienes defienden el derecho a existir en paz.











