El PT, una paradoja del poder
Opinión, Roberto Vizcaíno jueves 29, Ene 2026
TRAS LA PUERTA DEL PODER Roberto Vizcaíno
La creación del Partido del Trabajo tuvo como antecedente la frustración revolucionaria de un grupo que sencillamente no nació para hacer la revolución de masas.
El origen de sus promotores y creadores ya era en sí mismo un inédito.
Ahí se encontraban Alberto Anaya, Adolfo Orive Berlinger, Raúl y Carlos Salinas de Gortari, Hugo Andrés Araujo y un grupo que provenía en buena parte de las familias del poder político de la época de los 60.
En los años del ingreso a la UNAM de todos ellos estaba fresca la idea de una revolución que, sin duda, fue uno de los impulsores del Movimiento del 68.
Dice la narrativa que en ese momento todavía vivían los legendarios Ho-Chi-Minh, Mao Tse Tung y Charles de Gaulle. Fidel Castro y el Che Guevara eran una inmensa promesa para los jóvenes de todo el mundo.
De ahí surgió “esa” generación mexicana, ese grupo que vendría a gobernar en los 80-90 a México. En ese ambiente vivieron todos ellos.
Hoy, ya muy lejos de aquello, gran parte del grupo vive el desprestigio y la condena pública. La ideología y la lucha proletaria quedó atrás. Fueron negociadas por poder y dinero. Por eso la realidad, su realidad, son hoy los negocios ilícitos y el desprestigio político, el desmembramiento familiar y del círculo amistoso.
¿Sus nombres? Todos los hemos escuchado alguna vez:
Carlos y Raúl Salinas de Gortari; Hugo Andrés Araujo, Alberto Anaya, Gustavo Gordillo, Rolando Cordera, Emilio Lozoya Thalman, Adolfo Orive Bellinger y muchos más.
Cuando esta historia comenzó, los Salinas y Orive eran ya ricos. Desde niños supieron de comodidades y poder. Venían de padres que habían sido secretarios de Estado. Adolfo Orive Alva lo fue de Recursos Hidráulicos, con Miguel Alemán, y Raúl Salinas Lozano -papá de Raúl y Carlos– de Comercio, con Adolfo López Mateos.
Fue entonces que Orive Bellinger se enroló como alumno del francés Charles Bettelheim, teórico marxista de la Revolución Popular Cultural de China. Esto les cambió la vida a todo el grupo y quizá -sin que lo sepan aún-, a gran parte de los mexicanos. El maoísmo permeó en sus ideales. Todos en el grupo se prepararon para ser revolucionarios.
Ahí se gestó, primero, Política Popular con su consecuencia en Línea de Masas y después Línea Proletaria, origen de acción e ideología -se afirma-, de cuando menos el movimiento armado más espectacular de las épocas recientes: el del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y del mito hecho realidad, el del Subcomandante Marcos.
¿Cómo sucedió?
Pasada apenas la convulsión del Movimiento del 68, el grupo -que había participado dentro de las Brigadas “Emiliano Zapata” que operaron en ese movimiento-, que cursaba entonces sus estudios finales en las facultades de Economía y la de Ingeniería, de la UNAM, da luz a la primera versión del documento “Hacia una Política Popular”. Orive Belliger y Raúl Salinas eran el motor.
El documento es entonces la base de inicio de una serie de acciones que todavía no tienen fin. La primera repercusión es la creación de “Política Popular/Línea de Masas”, un movimiento de corte maoísta cuya cabeza es Adolfo Orive Bellinger (actual secretario Técnico del Gabinete Agropecuario, Desarrollo Social y Salud del presidente Ernesto Zedillo).
Dentro del maoísmo de “Política Popular/ Línea de Masas”, en los 70 actuaron Carlos y Raúl Salinas; Hugo Andrés Araujo, Alberto Anaya, Gustavo Gordillo , Rolando Cordera y otros muchos.
Al amparo económico y político de los Salinas y de Orive, se formaron las brigadas que luego fueron a comunidades indígenas de Guerrero, de Oaxaca, Chiapas, Durango y las ciudades de Torreón, Monterrey y Monclova, así como a la Huasteca Hidalguense para hacer trabajo de organización comunitaria.
Bajo este paraguas las acciones más importantes las encabezó Hugo Andrés Araujo en Coahuila. Durante 1972 fundó la colonia proletaria “Tierra y Libertad” en Torreón, experiencia que luego se extendió a la formación de colonias proletarias en Gómez Palacio, San Pedro de las Colonias, Emiliano Zapata y Francisco I. Madero, experiencia que Alberto Anaya -actual líder del Partido del Trabajo, ex compañero de Carlos Salinas en la facultad de Economía de la UNAM, donde trabaron una fuerte amistad-, aplicaría con éxito en Monterrey bajo el mismo nombre y teoría.
En 1976, Araujo encabezó la lucha de los trabajadores de la vitivinícola “Batopilas”, propiedad de Manuel Suárez. En enero de ese año los trabajadores con Hugo Andrés a la cabeza, se fueron a la huelga en demanda de salarios y adeudos. En abril, en una acción en que participaron los hermanos Salinas, invaden las tierras de la empresa y logran que el 21 de mayo, en pleno cierre del sexenio de Echeverría, se transforme en ejido.
El ejemplo cundió y se convirtió en una verdadera amenaza para el gobierno, terratenientes y empresarios. Por ello, el gobernador Oscar Flores Tapia ordena el encarcelamiento de Araujo, junto a 2 sacerdotes y 20 campesinos.
Pero los hechos habían pasado ya a la historia.
Carlos y Raúl Salinas ratificaron ahí sus ideales. Luego asistirían a una asamblea nacional de brigadistas de Línea de Masas celebrada durante 1977 en Monterrey. Era tanta la afinidad y vinculación con el movimiento, que ambos decidieron construirse una casa en Batopilas.
Y el pasado se volvió presente
Ese mismo año del 77 estuvo en Torreón el obispo Samuel Ruiz, quien conoció y se impresionó con la organización popular alcanzada por “Línea de Masas”. Meses después los “brigadistas” de “Línea de Masas” trabajaban junto a los catequistas de Comunidades Eclesiales de Base dirigidas por el obispo de San Cristóbal en las poblaciones indígenas de Chiapas. Ahí estuvieron y trabajaron Orive y Araujo. De ahí surgio años después el EZLN.
Agustín Acosta -uno de los brigadistas de Araujo-, señaló que Hugo Andrés llegó por esas fechas también a la Huasteca. Apenas había salido de la cárcel en Coahuila. Era principios de 1977. La avanzada de “Línea de Masas” estaba ya ahí desde 1975, encubierta como un grupo de “investigadores” y también bajo el amparo político y financiero de Raúl Salinas, entonces ya director de Caminos Rurales de la SCT. Emilio Lozoya Thalmann también apoyaba económicamente.
El grupo trabajaba simultáneamente en Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Durango y Coahuila en la formación de organizaciones campesinas.
Inquieto, Orive se separó de Araujo y formó el grupo “Línea Proletaria”, más radical aún que “Línea de Masas”, que fue su primera creación
Luego todo se pervirtió:
Simplemente, el destino era otro. Carlos se fue a Harvard y Raúl se preparaba para ser Presidente de la República. Fue entonces que empezó a utilizar sus cargos para apoyar a sus viejos amigos e iniciar la construcción de una base popular para cimentar sus aspiraciones. Así nacieron “Antorcha Campesina” -una especie de organización de “porros” campesinos de ultra izquierda- y luego el Partido del Trabajo, dirigido por Anaya. Todo se había distorsionado.
A Los Pinos, en lugar de Raúl, llegó Carlos. Ni modo. Todo quedaba en familia. Las vinculaciones -insospechadas para muchos, incomprensibles para otros-, se fortalecieron. Dos sexenios en el poder es mucho poder. Mucha la ambición. Mucho el dinero.
El maoísmo hacia abajo resultó un éxito, pero hacia arriba fue la perversión. Pronasol se llenó de viejos amigos: “Hacemos lo mismo (organizar al proletariado, luchar contra injusticias) ¡y nos pagan!”, sintetizaba entonces “El Chicali”, Rodolfo Echeverría, ex activista del PC. La lista de ex militantes de organizaciones de izquierda fue larga en las estructuras y mandos del Pronasol. Por eso no extrañó cuando se conoció que quizá grandes recursos del gobierno fueron a dar a la preparación de movimientos y grupos radicales y hasta armados. Un vínculo no aclarado se encuentra en el trabajo de ese enigma llamado Jesús Rubiel Lozano, antropólogo social, con vínculos en todas las organizaciones radicales y quien se “suicidó” el 29 de noviembre de 1993, apenas dos días después del lanzamiento de Luis Donaldo Colosio a la candidatura priísta de la Presidencia de la República.
Rubiél Lozano era entonces el Director General de Organizaciones Sociales de Sedesol. Sus amigos se extrañaron. Nadie creyó realmente lo del “suicidio”.
“¿Suicidarse?, ¿Por qué?. No era cierto que pasara por ninguna depresión. Vivía bien y estaba muy a gusto con lo que hacía. ¡Era el ideal de muchos como él!”, comentó un amigo.
Se llegó a comentar entonces que Rubiel Lozano, podría haber sido el vínculo entre Sedesol y algunos recursos destinados al EZLN o a otros grupos similares.
De todo esto viene el PT que hoy busca alargarse en el poder.
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