La reducción de remesas pega a 2 de cada 3 entidades de México, según Banxico
Finanzas, Mundo lunes 9, Feb 2026- Presión sobre las economías locales
- Los más afectados son el Estado de México y la Ciudad de México, que concentran la mayor población

Familias de 23 entidades sufrieron una reducción de sus ingresos por remesas como consecuencia de las duras políticas antimigrantes de la administración de Donald Trump.
De acuerdo con el Banco de México y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2025, familias de 23 entidades –más de dos tercios del país– sufrieron una reducción de sus ingresos por remesas como consecuencia de las duras políticas antimigrantes de la administración de Donald Trump.
Alrededor de 4.5 millones de hogares mexicanos reciben remesas, principalmente de Estados Unidos. Estas transferencias cayeron 4.5 por ciento el año pasado, al cerrar en 61 mil 791 millones de dólares, por debajo de los 64 mil 746 millones de dólares reportados en 2024. Las entidades más afectadas son el Estado de México y la Ciudad de México, que concentran la mayor población.
En el estado de México los envíos se desplomaron 20.3 por ciento, de 4 mil 601 millones de dólares en 2024 a 3 mil 664 millones en 2025. Le siguió la Ciudad de México, con una caída de 17 por ciento, de 4 mil 684 millones de dólares a 3 mil 887 millones de dólares.
No obstante, el estado de México y la Ciudad de México son las entidades que menos dependen de las remesas. De acuerdo con el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (Cemla), en la capital del país sólo 3.5 por ciento de los adultos reciben estas transferencias, mientras en el estado de México suman 2.9 por ciento.
Otras entidades con fuertes caídas fueron: Sinaloa (-16.6 por ciento, de 916 millones de dólares a 764 millones), Sonora (-14 por ciento, de 844 millones a 725 millones de dólares), Tabasco (-13.5 por ciento, de 381 millones a 330 millones de dólares), Nuevo León (-12.8 por ciento, de mil 354 millones a mil 180 millones de dólares), Coahuila (-10.25 por ciento, de 951 millones a 853 millones de dólares) y Quintana Roo (-10 por ciento, de 395 millones a 355 millones de dólares).
Completan la lista de entidades con menores ingresos por remesas: Colima (-8.5 por ciento); Chihuahua (-8.2), Nayarit (-7.9) Jalisco (-6.5), Durango (-4.9), Querétaro (-4.5), Michoacán (-4.4), Tamaulipas (-4.2), Baja California Sur (-4), Guanajuato (-2.3), Aguascalientes (-2.1), San Luis Potosí (-1.4), Tlaxcala (-1 ), Hidalgo (-0.8), y Chiapas, con 0.2 por ciento.
Las pocas entidades que registraron aumentos fueron Baja California (22.2 por ciento), Campeche (3.5), Guerrero (3.3), Oaxaca (2.1), Morelos (1.9), Puebla (1.7), Yucatán (1.7), Zacatecas (1) y Veracruz, con un incremento anual de 0.5 por ciento.
Presión sobre las economías locales
Aunque en nueve Estados las remesas crecieron en 2025 —destaca Baja California con un aumento de 22,2%—, la mayoría de las entidades registró caídas, particularmente la Ciudad de México y el Estado de México, con contracciones de 17% y 20,4%, respectivamente. Estas cifras anticipan presiones importantes sobre las economías locales.
A los factores migratorios se suma un tercer elemento de riesgo: el tipo de cambio. El peso mexicano se apreció de manera significativa durante 2025, alrededor de 12%, y ha continuado fortaleciéndose a inicios de 2026. Esta apreciación reduce el poder adquisitivo de las remesas en moneda local. De mantenerse esta tendencia, los hogares receptores podrían enfrentar una pérdida cercana al 15% en su capacidad de compra, un impacto especialmente severo si se considera que dos terceras partes de estos hogares se ubican en zonas rurales o semiurbanas.
El mensaje de fondo es claro: las remesas no son una estrategia de desarrollo. No lo han sido nunca. Son, sí, un paliativo. Funcionan mientras el contexto externo es favorable, pero son vulnerables a las decisiones de política pública tomadas fuera del país. La caída de 2025 no debe interpretarse como un evento aislado, sino como una señal de alerta.
México enfrenta el reto de transitar de una economía que se beneficia pasivamente de la migración a una que genere oportunidades suficientes para que migrar no sea una necesidad económica. Apostar al crecimiento de las remesas como sustituto del crecimiento interno es, en el mejor de los casos, una ilusión cómoda; en el peor, una renuncia explícita a una política de desarrollo productivo.











