Hooligans, Tepito y la camiseta pirata: Las otras historias del Mundial México 86
* Destacadas, Deportes, Mundial 2026 miércoles 18, Feb 2026- Bajo la sombra de una guerra reciente
- Argentina e Inglaterra heridas por un conflicto bélico que dejó más de 900 muertos

Aficionados argentinos y ingleses ocupan las gradas del Estadio Azteca antes del inicio del histórico Argentina–Inglaterra de 1986.
Por Arturo Arellano
México 86 se jugó apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas, con Argentina e Inglaterra todavía heridas por un conflicto bélico que dejó más de 900 muertos y una huella emocional profunda en ambos países. Ese contexto cargó de simbolismo el cruce de cuartos de final del 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca, que ya no era solo un partido de futbol, sino una especie de revancha simbólica.
Mientras tanto, en Europa, la cultura hooligan vivía su período más violento, con grupos organizados de aficionados ingleses que ya habían protagonizado incidentes graves en ligas y torneos continentales antes de aterrizar en México.
El flagelo hooligan que llegó a México
Desde el inicio del Mundial, las autoridades mexicanas detectaron que el foco de riesgo principal eran los grupos de hinchas ingleses, especialmente en la sede de Monterrey, donde jugó Inglaterra la fase de grupos.
Crónicas deportivas de la época relatan que, tras un empate con Marruecos, hooligans destrozaron bares y locales del centro de Monterrey y tuvieron enfrentamientos con aficionados regiomontanos, lo que obligó a un operativo masivo de seguridad con miles de policías para desalojar a decenas de ingleses que se negaban a salir del estadio.
Fuera de los recintos, también hubo peleas en las calles de Monterrey entre grupos de ingleses alcoholizados y habitantes locales que les hicieron frente, con saldo de varios contusionados y detenciones, según reconstrucciones posteriores de la prensa deportiva.
Esos incidentes, sumados a la reputación previa de los hooligans, encendieron la alarma de los organizadores y marcaron el tono de lo que ocurriría después en la Ciudad de México, cuando el camino de Inglaterra se cruzó con el de Argentina rumbo al Azteca.
De Monterrey al DF: La guerra anunciada
Inglaterra hizo “base” en Monterrey durante la primera fase, pero al clasificarse para los cruces viajó al entonces Distrito Federal para disputar los partidos de octavos y cuartos de final, arrastrando consigo a sus barras más temidas.
Del lado argentino, para ese entonces ya operaban barras bravas organizadas de clubes como Boca Juniors (La Doce), Vélez, Estudiantes, Rosario Central y Talleres, que viajaron al Mundial y se movían en bloques coordinados, muchas veces liderados por jefes de barra conocidos.
Además de los barras, se sumaron argentinos exiliados que vivían en México y conocían bien la ciudad, así como un grupo de hinchas escoceses —sobre todo del Celtic de Glasgow— dispuestos a apoyar a los argentinos por su histórica rivalidad con Inglaterra.
Según el relato reconstruido por el periodista Andrés Burgo en el libro El Partido, esos grupos comenzaron a planear una emboscada a los hooligans en cuanto se confirmó el cruce de cuartos Argentina–Inglaterra.
La emboscada en el Ángel de la Independencia
La “batalla” más famosa ocurrió en Paseo de la Reforma, en la zona del Ángel de la Independencia, antes del partido en el Azteca.
Crónicas describen cómo barras argentinos, apoyados por escoceses y argentinos residentes en México, eligieron como punto de ataque el tramo entre las calles Río Tiber y Florencia, donde sabían que iban a caminar los ingleses rumbo al estadio o a sus puntos de reunión.
El plan —según estos testimonios— consistía en “arriar” a los hooligans hacia la glorieta del Ángel desde dos frentes: un grupo los empujaba desde Reforma y otro los sorprendía desde atrás, en una encerrona planeada para robarles banderas y símbolos.
La pelea, cuentan los protagonistas, duró alrededor de 20 minutos y terminó con los hooligans repliegándose y dejando atrás varias banderas de clubes ingleses y de la selección, que los barras argentinos consideraron como “trofeos de guerra”.
Esas banderas aparecerían horas después en las tribunas del Azteca, ondeadas y luego incluso quemadas a la vista de las cámaras de televisión, en un gesto que mezclaba pasión futbolera con la memoria todavía fresca de Malvinas.
Para algunos barras, como Raúl Gámez —entonces jefe de la barra de Vélez—, el mito de esa pelea se consolidó así: “El mito dice que ganamos y si después las banderas estaban de nuestro lado, supongo que fue verdad”, declaró años más tarde.
Violencia dentro y fuera del Estadio Azteca
El enfrentamiento no terminó en Reforma. En el propio Estadio Azteca hubo nuevos cruces entre argentinos e ingleses, con las banderas arrebatadas como centro de la provocación.
Durante el partido, una bandera inglesa fue quemada detrás del arco que defendía Nery Pumpido, mientras que otras se exhibían como símbolo de la “victoria” previa en la calle, lo que incrementó la tensión entre hinchadas.
A la salida del estadio, bajo los puentes de Calzada de Tlalpan —vía que conecta el centro con el sur de la ciudad—, algunos hinchas ingleses intentaron recuperar sus banderas y volvieron a enfrentarse con los barras argentinos, con saldo de varios heridos y nuevas intervenciones policiales.
Investigaciones posteriores sobre violencia en México 86, como las publicadas por la Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, recogen también un reporte de prensa escocesa que habla de otro choque donde un grupo de entre 15 y 20 ingleses atacó a argentinos con piedras, riña que habría sido disuelta por alrededor de 200 unidades de la policía mexicana.
¿Y Tepito? Entre barrio bravo y el gran mito urbano
El nombre de Tepito, barrio popularmente conocido por su comercio informal y su cultura de resistencia, se fue pegando con el tiempo a la historia de aquellas peleas entre hinchas argentinos e ingleses.
Relatos que circulan en redes hablan del episodio “Hooligans vs Tepito”, describiendo cómo jóvenes tepiteños se habrían unido a los argentinos —incluso disfrazados de policías capitalinos— para enfrentar a los hooligans.
Sin embargo, en los registros periodísticos contemporáneos y en las reconstrucciones más documentadas de la época, el protagonismo recae sobre las barras argentinas, los escoceses aliados y la policía mexicana, sin menciones claras ni verificables a operativos de vecinos de Tepito haciéndose pasar por policías.
Por eso, hoy podemos enmarcar el “Hooligans vs Tepito” más como mito urbano y orgullo barrial que como un hecho plenamente comprobado, una manera de inscribir al “barrio bravo” dentro de la épica popular de México 86.
La verdadera conexión de Tepito y Argentina
Donde Tepito sí aparece con fuerza en fuentes abiertas es en la historia de la camiseta que Argentina usó ante Inglaterra.
En México 86, Argentina vestía tradicionalmente la camiseta albiceleste de la marca Le Coq Sportif, pero para el cruce con Inglaterra el sorteo de colores obligó al equipo de Carlos Bilardo a jugar con una casaca azul, y la utilería se encontró con que no tenía suficientes juegos adecuados para el calor del mediodía en el Azteca.
El exdefensa Óscar Ruggeri contó años después que, tras haber intercambiado playeras en partidos anteriores —por ejemplo contra Uruguay—, el plantel se quedó corto de uniformes alternativos y hubo que salir de urgencia a comprar camisetas azules en la Ciudad de México.
Según su relato, el arquero Héctor Miguel Zelada, que jugaba en el América y conocía bien la capital, sugirió ir a Tepito; un utilero fue con mochila, compró un lote de playeras azules “pirata” y, tras descartar un primer modelo demasiado grueso, eligieron otras más ligeras.
El testimonio del utilero Rubén Moschella, coincide en que esas camisetas azules compradas en Tepito no eran parte del diseño oficial: eran genéricas y tuvieron que ser adaptadas a toda prisa.
Las playeras no traían números, por lo que la delegación argentina tuvo que ir a una tienda deportiva a comprar numeración termoadhesiva, probablemente pensada para jerseys de futbol americano, de un color gris que contrastaba con los números blancos del uniforme original. Mientras tanto, personal del hotel —las “chicas que nos daban de comer”, según Ruggeri— se encargó de planchar esos números uno por uno sobre las camisetas recién compradas, horas antes del partido contra Inglaterra.
Jorge Valdano ha contado que, cuando Bilardo y el cuerpo técnico revisaban las opciones, Maradona vio una de esas nuevas camisetas azules, se enamoró del modelo y exigió jugar con esa, decisión que terminó sellando la iconografía del partido.
Maradona, dos goles eternos y una camiseta de barrio
Con esa camiseta azul “hecha en Tepito”, Argentina derrotó 2–1 a Inglaterra en los cuartos de final del 22 de junio de 1986. Ese día, Maradona marcó dos de los goles más famosos en la historia del futbol: primero la Mano de Dios, un gol con la mano validado por el árbitro tunecino Ali Bennaceur, y minutos después el llamado “Gol del Siglo”, una carrera desde su propio campo dejando rivales en el camino.
Al terminar el partido, Maradona intercambió su camiseta con el mediocampista inglés Steve Hodge, quien la conservó durante décadas hasta que fue subastada por la casa Sotheby’s por una cifra cercana a los 9 millones de dólares, convirtiéndola en una reliquia que une la mística maradoniana con la artesanía popular mexicana.
Así, la historia de México 86 quedó atravesada por esa paradoja: la mayor obra futbolística del “10” no se escribió con un uniforme cuidadosamente diseñado por una marca global, sino con una prenda improvisada, comprada a última hora en un barrio de tianguis y talleres.
Como suele ocurrir en la historia del futbol, la memoria popular mezcla datos duros con exageraciones épicas, y México 86 se ha convertido en un perfecto ejemplo de cómo un Mundial puede ser, al mismo tiempo, documento histórico y leyenda urbana.
Entre peleas de hooligans en Monterrey, emboscadas en Paseo de la Reforma y una camiseta “hecha en Tepito” que vistió Maradona, México 86 dejó un puñado de historias que cruzan violencia, ingenio popular y memoria barrial.













