Cristian Mariani, a la conquista del cine con la película 300 cartas
Espectáculos martes 24, Feb 2026
- El hoy estrella de múltiples campañas publicitarias busca
- nuevas oportunidades actorales en series y telenovelas

Hugo Hernández
Su figura es hoy muy identificable para el público mexicano, que lo ubica rápidamente en alguno de los 25 comerciales publicitarios en los que ha participado en los últimos 18 meses desde que llegó a nuestro país, procedente de su natal Argentina.
Ahora, esos espectadores pueden verlo en su primer protagónico cinematográfico en la película 300 Cartas, que por estos días se exhibe en diversas salas de la Ciudad de México.
Una metrópoli, por cierto, en la que Cristian Mariani se ha establecido luego de recorrer con espíritu aventurero una decena de países. Una etapa que sirvió de preámbulo a una de las decisiones más importantes de su vida: dedicarse plenamente a la actuación.
¿De dónde nace el interés por ser actor?
“Debo de haber tenido no sé si 9 u 8 años, en la primaria. El colegio organizaba cada tanto una pequeña obra de teatro, en donde por lo general participaban los niños, pero esa vez fue muy especial porque eran los maestros que actuaban para nosotros.
“Y había un rol del hijo menor. Yo tenía buen promedio, era como uno de los mejores alumnos, así que me pidieron a mí que yo hiciese ese rol del hermano del profesor de educación física.
“Entonces algo dentro mío me dio la idea de que eso es lo que quería hacer; sin embargo, quedó muy escondido por años y recién a los 30 decidí prestarle atención a eso impulso artístico”.
Antes, Cristian estudió y se tituló en Administración de empresas, pues “vengo de una familia muy conservadora. Nada que ver con el arte, para ellos eso no es una profesión de lo que puedas vivir. Supongo que se basan un poco también en la realidad, o sea, ser artista no es nada fácil en ningún lado del mundo”.
Sin embargo, cuenta que paralelo a sus estudios universitarios “terminé actuando, aunque de manera amateur. Desde los 21 o 22 actúo por distintos motivos o por distintas formas. Mientras estudiaba administración también tomaba clases de actuación, cursos, talleres, pero como un hobby, no como algo profesional”.
Ese hobby lo llevó a trabajar en un club, donde se organizaban noches temáticas. “Se llamaban Santa Kitsch, que tenían que ver con alguna idea; por ejemplo, recuerdo una sobre México, en la que cada uno de nosotros teníamos un personaje, una hacía de Frida Kahlo, otro de Diego Rivera, y obviamente estaban los mariachis, etcétera”.
Fue entonces que “tuve una epifanía. Era el cuarto año de la carrera de administración de empresas, cuando estábamos viendo cuáles eran las partes de la empresa y cómo interactuaban cada sector con cada área. Era una tarde de septiembre, muy calurosa en Córdoba capital y miré al pizarrón y dije ‘Ay, yo evidentemente no voy a trabajar de esto nunca’. O sea, lo sé, no me apasiona, no me interesa, no quiero vivir mi vida, mi tiempo pensando y dedicándome a esto”.
Para cerrar el círculo y no defraudar a sus padres se tituló, “para mí fue como comprar mi pase a la libertad”.
Entonces decidió irse a viajar. Estuvo seis años fuera, en Nueva Zelanda, Australia, China, Dinamarca… realizando actividades muy variadas “trabajé desde en un bar, un café, siendo maestro de inglés en un jardín de infantes en China, trabajé en una plantación de cerezos en Nueva Zelanda. Hice de todo; conocí a múltiples tipos de gente de muchas partes del mundo. Fueron seis años en donde básicamente viví en distintos países y eso fue también parte de mi de mi formación como actor”.
Sin embargo, “había algo dentro mío que no estaba feliz y era que nunca le había realmente dedicado pura y exclusivamente a lo que siempre quise hacer, que era la actuación. Entonces a los 28 y medio decidí que le iba a poner plazo final a esa etapa de viajero y dije: bueno, cuando cumpla 30, no importa dónde esté ni qué esté haciendo, voy a volver a Argentina me voy a empezar a formar como actor de manera profesional”.
Así, en 2020 regresó a Buenos Aires e intentó inscribirse a la Escuela Metropolitana de Arte Dramático; sin embargo, no pudo hacerlo porque ésta cerró por la pandemia del COVID; por lo que tuvo que tomar clases particulares con maestros como Alejandro Catalán, Marco Berger, Felicitas Kamien, Lili Popovich…
Por aquel tiempo protagonizó y co-escribió con Paul Caballero la obra teatral Reconversos con la que en 2022 hizo gira internacional, haciendo funciones en ciudades como Nueva York, Madrid, Puerto Rico, Bogotá, entre otras. El mismo año la obra fue declarada de interés cultural para la Ciudad de Buenos, por los legisladores porteños.
Este trabajo fue el arranque de su carrera con el pie derecho, pues ese mismo año fue ganador del concurso nacional de performances en entornos virtuales.
Ha participado en películas y series como El amor después del amor, El primero de nosotros, El ojo del Abismo, Imágenes del Infierno, Como saber, Al final del muelle.
Y es precisamente al cine que Cristian le debe estar en nuestro país, pues una tarde de enero de 2024, un amigo a quien conoció en un rodaje le digo: “me estoy mudando a México. Hablamos de ello y quedó muy sorprendido cuando le dije: yo me voy para allá también. Lo decidí en ese momento”.
Hace ya casi dos años que Cristian llegó a México, le ha ido estupendamente bien en el mundo de la publicidad, y ya ha sido imagen de marcas como Tarjetas Un, AT&T, Liverpool, Aeroméxico…
Y ahora se le puede ver en 300 Cartas, en su primer rol protagónico, compartiendo créditos con Gastón Frías, Bruno Giganti y Jorge Thefs, Franco Mosqueiras, Jordán Romero, Francisco Cottet y Nancy Meijide, entre otros.
Dirigida por Lucas Santa Ana, la cita ha tenido una excelente recepción en diversos festivales, como los de Amsterdam y San Francisco.
¿Cómo llega la oportunidad para actuar en 300 cartas?
“Estaba tomando un seminario con María Elía; y ella justo es la directora de casting del proyecto. Hice la primera audición sólo en video; luego me llamaron para una segunda vuelta presencial, me machearon con Gastón Frías, quien hace de Tom. Y finalmente nos avisaron que habíamos quedado”.
La cinta se grabó en sólo diez días, en tres locaciones. “El guionista que es Gustavo Cabañas y el director Lucas Santa Ana hicieron un maravilloso trabajo de simplificar la historia para poder realizarla”.
¿Te gusta verte en la película?
“Soy una persona muy exigente y siempre me falta algo. Hay cosas que creo que están bien logradas, hay otras que quizás hoy en día si me dan el mismo papel las haría diferente. Pero creo que eso también tiene que ver con la actuación. Estoy muy orgulloso de mi trabajo y de lo que hice y para ser como mi primer gran papel la verdad es que estoy muy contento”.
Esa exigencia lo lleva a seguirse preparando. Actualmente toma clases para neutralizar su acento, aún sigue se escucha muy argentino; está a la búsqueda de más oportunidades en series, telenovelas y cine; y está trabajando ya en la escritura de su primer guion cinematográfico.
Relajado, tranquilo, sonriente, Cristian Mariani afirma: “Hoy me dejo fluir, aquí me están saliendo un montón de comerciales, publicidades. Es un tipo de actuación diferente a todo lo demás, es una actuación muy concisa. Me encantaría recibir oportunidades de hacer personajes que sean un desafío interesante, o sea un desafío grande, personajes quizás más bien alejados a lo que soy yo en el día a día. Cualquier tipo de personaje o en cualquier tipo de medio, a mí me gusta actuar. Sea una película, sea una serie, es lo de menos”.
Ahora se le puede disfrutar en 300 cartas, película que se proyecta este martes 24 y miércoles 25 de febrero en la Casa del cine (calle República de Uruguay 52, segundo piso, colonia Centro) ambos días a las 20:40 horas; e igualmente se presentará en el Cinematógrafo del Chopo (calle Dr. Enrique González Martínez 10, colonia Santa María la Ribera) de la UNAM, este martes 24 a las 12:30 horas; miércoles 25 a las 16:30 y 18:30 horas; y el jueves 26 a las 12:30 y 16:30 horas.













