Explosión de un auto está bien en el cine, pero no en la lucha real contra el crimen
Miguel Ángel Rivera, Opinión lunes 20, Abr 2026
CLASE POLITICA Miguel Ángel Rivera
Los impresionantes filmes de Hollywood, e inclusive del cine mexicano, nos han hecho creer en las terribles explosiones de vehículos en marcha, pero en realidad no dejan de ser una ilusión, pues mínima la posibilidad de que eso ocurra en la realidad.
Una superficial repasada por Internet a portales especializados en automovilismo confirma que, efectivamente, esas “mortales” detonaciones son un mito.
Por ejemplo, una información tomada del portal de Safe Ride 4 Kids dice que resulta extremadamente poco frecuente que un automóvil explote en un accidente de la vida real. Agrega que, contrario a lo que se muestra en las películas de Hollywood, los vehículos no suelen estallar en bolas de fuego tras una colisión.
Los especialistas también mencionan que, de todos los incendios de vehículos, solo una pequeña fracción involucra colisiones, y la gran mayoría de estos incendios son controlados antes de causar una explosión total.
¿Por qué no explotan? La gasolina es inflamable, pero necesita una mezcla muy específica de aire y una chispa para explotar, lo cual es raro en un accidente. Los tanques de combustible modernos están diseñados para romperse o tener fugas antes de acumular la presión necesaria para explotar.
Esta información fue necesaria en cuanto se conoció el trágico fin de cuatro funcionarios policiacos, dos mexicanos, el director de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) de Chihuahua, Pedro Román Oseguera Cervantes, y el agente Manuel Genaro Méndez, así como dos estadounidenses cuyos nombres no fueron revelados y sólo se dijo que eran miembros de la embajada de Estados Unidos.
De acuerdo con tales informes, los decesos ocurrieron como consecuencia de un accidente de auto la madrugada del sábado 18 de abril. Supuestamente, el vehículo en el que viajaban cayó a un barranco y allí explotó. Los cuatro, presuntamente, regresaban de un operativo en la sierra de Chihuahua, donde participaron o presenciaron la destrucción de un laboratorio clandestino donde se procesaban drogas ilegales.
Aquí es donde surgen las sospechas de que no se trató de un simple accidente. Como señalamos, es casi nula la posibilidad de un estallido, cuando más se trataría de un incendio, pero no de una esplosión.
Segundo, seguramente la destrucción del laboratorio clandestino ocasionó enorme disgusto en las organizaciones criminales que controlan grandes zonas de la sierra de Chihuahua, situación que ha sido denunciada inclusive por ministros de la Iglesia católica, dos de los cuales, sacerdotes jesuitas fueron asesinados.
Como ocurre con frecuencia, la presidenta (con A) Claudia Sheinbaum Pardo declaró ignorancia, lo que le sirvió para descalificar indirectamente al gobierno de Chihuahua, encabezado por María Eugenia Campos Galván, conocida como Maru Campos, del Partido Acción Nacional (PAN), es decir, de la repudiada oposición. La mandataria federal implicó en sus declaraciones que el gobierno panista no cumplió con la obligación de informar a la Federación del ingreso a territorio nacional de agentes extranjeros, pues la misma Presidenta debe solicitar permiso al Senado para el ingreso a territorio nacional de agentes extranjeros.
El fiscal de Chihuahua, César Jáuregui Moreno, explicó que, efectivamente, no hubo reporte al gobierno federal porque desde hace tiempo hay un acuerdo de cooperación del gobierno de Chihuahua con sus vecinos de la Unión Americana, para intercambio de información, pero los agentes extranjeros no participan en ningún operativo, como tampoco los chihuahuenses cuando sus acciones abarcan a territorio del país vecino.
Estas diferencias no deben desviar la atención acerca del aspecto principal de este aparente accidente: determinar si se trató o no de una represalia del crimen organizado y, sobre todo, emprender acciones para acabar con el dominio de las organizaciones delincuenciales en esa, como en otras regiones del país.
El mercado inmobiliario también es fuente de ingresos para la delincuencia
Más allá de sospechas, lo que sí es una realidad es que el crimen, organizado o no, se extiende a los más diversos sectores económicos, incluido el inmobiliario.
Es de recordar, por ejemplo, que el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha sumado a los muchos cargos contra organizaciones criminales radicadas en México el de la estafa a sus conciudadanos con los llamados tiempos compartidos.
El fraude en esta materia es operado por cárteles mexicanos como los de Sinaloa y del Golfo, aunque el FBI advierte que el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) es el grupo predominante en esta actividad criminal.
Las alertas no sólo provienen del otro lado de la frontera, también especialistas mexicanos han advertido acerca de ese riesgo. Tal es el caso de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI), la cual emitió una alerta al mercado sobre los riesgos que puede implicar involucrarse en esa área (denominada también propiedad fraccionada) sin la especialización necesaria.
La presidenta nacional de ese organismo, Jenny Althair Rivas Padilla, señaló que, si bien la propiedad fraccionada ha demostrado ser un esquema viable en destinos turísticos consolidados a nivel internacional, su implementación requiere capacidades que van más allá del desarrollo inmobiliario tradicional.
Recordó que el mercado inmobiliario mexicano se encuentra en un punto de inflexión. Su precio crece al 8% anual y el acceso a la propiedad tradicional es cada vez más complejo, por el creciente número de proyectos inmobiliarios que están incorporando esquemas de vivienda fraccional en algunas zonas turísticas y ciudades del país.
“No todo proyecto inmobiliario está preparado para ser fraccionado. Este modelo implica no solo desarrollar, sino operar activos bajo una lógica cercana a la industria hotelera”, señaló.
Explicó que, a diferencia de un desarrollo convencional -donde el desarrollador construye, comercializa y posteriormente entrega la operación-, los esquemas fraccionados exigen una operación continua, especializada y altamente profesionalizada.
Entre los principales riesgos identificados destacan:
– La viabilidad financiera depende de la venta parcial o total de fracciones, lo que puede generar desbalances si no se alcanza el nivel requerido de colocación.
– La operación requiere capacidades similares a las de un hotel o resort, incluyendo gestión de reservas, mantenimiento, atención al cliente y plataformas tecnológicas.
– La demanda debe ser constante y sostenida, lo que limita su viabilidad a destinos con vocación turística.
– La coexistencia de múltiples propietarios en un mismo activo incrementa la complejidad en la toma de decisiones y la gobernanza del proyecto.
– Cerciorarse del uso de tecnologías que aporten certeza legal a la inversión como las plataformas con tecnología Blockchain y cumplan con la NOM151.
– Que los desarrolladores tengan adecuados y correctos estatutos de administración y operación del inmueble para el uso y disfrute de las fracciones.
– Que haya un adecuado retorno de inversión apostando por grupos que cuenten con sistema de gobierno corporativo, criterios ASG, que estén regulados por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y que sus estados financieros estén dictaminados por calificadoras reconocidas.
La especialista también indicó posibles opciones de salida, como lograr que los usuarios tengan opciones para la venta de su fracción en caso de querer dejar de pertenecer al conjunto de propietarios.
Asimismo, la asociación advirtió que el uso del modelo como herramienta comercial puede derivar en proyectos inviables.
“Estamos observando una tendencia donde algunos desarrolladores están adoptando el modelo fraccionado como una estrategia de comercialización, sin contar necesariamente con la experiencia en operación ni con un mercado que respalde la demanda”, dijo Rivas Padilla, al tiempo de hacer un llamado a realizar procesos rigurosos de análisis y debida diligencia antes de participar en este tipo de esquemas.
“El crecimiento del modelo no debe confundirse con su viabilidad. La diferencia entre un proyecto exitoso y uno inviable estará en la experiencia del operador, la fortaleza del mercado y la estructura del proyecto”.













