Día de la Tierra
Mauricio Conde Olivares, Quintana Roo martes 21, Abr 2026HORA 14 Mauricio Conde Olivares
En medio de un debate nacional que insiste en regular, prohibir y restringir, el pequeño comercio está haciendo lo que pocos reconocen: cuidarse por decisión propia. Con base en ello, la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) presentó los resultados de la Encuesta de Vida Saludable 2026, aplicada a 2,017 comerciantes en toda la República Mexicana, revelando una realidad que contrasta con el discurso oficial: los tenderos sí están adoptando hábitos saludables.
“El pequeño comercio está al servicio de sus clientes y se encuentra bajo las mismas condiciones de salud que el promedio nacional. Asimismo, los productos que vende son completamente legales y la gente los demanda porque son los que pude pagar. El problema se llama inflación y desigualdad alimentaria”, sentenció Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.
Para la gente que labora en el canal es prioritario cuidar su cuerpo, ya que es la principal herramienta de trabajo para desempeñar las actividades que abastecen el 52% de la demanda nacional. Por ello, desde hace tres años ANPEC creó el programa Vida Saludable REDtrastienda, el cual tiene como objetivo ayudar a mejorar las condiciones de salud de este sector mediante educación, cultura e información accesible desde donde vive la gente, lo que fortalece, al mismo tiempo, su funcionamiento.
Una vez avanzado el programa y con resultados comprobables, es momento de darlos a conocer ante la opinión pública. Los datos que destacan en la Encuesta revelan que los pequeños comerciantes sí procuran y cuidan su salud: 89.2% consume agua diariamente; 70.4% consume frutas todos los días; 51.6% realiza actividad física; 83.6% no fuma.
“No es discurso, son datos; no son cifras aspiracionales, son prácticas reales. La salud no se puede imponer por decreto ni por prohibiciones comerciales. Es un tema de voluntad, de información y de conciencia. Si el comerciante se enferma, cierra; y si cierra, no hay ingreso”, sentenció Rivera.
Aplicar prohibiciones comerciales al pequeño comercio no resolverá el problema de obesidad en México. Ese no es el camino que, además, perjudica no sólo al sector sino a la población en general al tratarla como si no tuviera conciencia de sí misma, aboliendo su libre albedrío para escoger qué es lo que come y que no. Se deben incentivar políticas públicas de información respecto al cuidado del cuerpo y la salud, promoviendo de manera responsable los buenos hábitos alimenticios, trabajando en conjunto con el canal tradicional y no amarrándole las manos para que no pueda desempeñar su papel en la sociedad.
ANPEC hace un llamado a los medios para que verifiquen las narrativas sobre la salud respecto al pequeño comercio con datos; a las autoridades para que las políticas públicas de salud que propongan y lleven a cabo sean efectivas, puesto que en este país está prohibido prohibir; a los aliados porque la salud del pequeño comerciantes es su principal capital de trabajo y es prioritario fortalecerlo y a los pequeños comerciantes para que se apoyen del programa Vida Saludable REDtrastienda, que lleva tres años operando con educación, actividad física y acompañamiento directo.
En otro orden, le comento que cada alimento que termina en la basura arrastra una cadena invisible de recursos usados en su producción: agua utilizada para producirlo, suelo ocupado para cultivarlo, energía consumida para transportarlo y emisiones generadas a lo largo de todo el proceso. En el marco del Día de la Tierra, el desperdicio alimentario se perfila como una de las crisis ambientales más extendidas e invisible; sin embargo, es una de las más viables de corregir.
La desconexión comienza en la percepción. De acuerdo con la Encuesta Regional sobre Percepción de Desperdicio de Alimentos 2025 de Cheaf, realizada en México, Chile y Argentina, 78% de las personas considera que desperdicia menos comida que el promedio de su entorno, lo que revela una brecha entre lo que la mayoría cree desperdiciar y lo que realmente ocurre en los hogares.
Organismos internacionales estiman que 60% del desperdicio alimentario mundial ocurre en los hogares, por encima del sector restaurantero y del comercio minorista. Es decir, una porción relevante del problema se decide en refrigeradores, despensas y hábitos cotidianos de compra, almacenamiento y consumo.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la producción de alimentos que no llega a consumirse involucra más de una cuarta parte de la superficie agrícola mundial, lo que refleja la presión estructural sobre el suelo cultivable. A ello se suma que la agricultura concentra cerca del 70% de la extracción global de agua dulce, mientras que la pérdida y desperdicio de alimentos representa entre 8% y 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Asimismo, cuando los residuos orgánicos llegan a rellenos sanitarios generan metano, uno de los gases con mayor potencial de calentamiento en el corto plazo.
El impacto alcanza también a la biodiversidad. La expansión agrícola y el cambio de uso de suelo continúan entre los principales motores de degradación de ecosistemas, por lo que producir alimentos que no serán consumidos implica una presión innecesaria sobre bosques, hábitats y especies. Cuando un alimento termina en la basura también se desperdicia el recurso utilizado para sembrarlo, procesarlo, refrigerarlo, transportarlo y comercializarlo.
En este contexto, el desperdicio alimentario comienza a replantearse no sólo como un problema doméstico, sino como una ineficiencia estructural con impacto económico y ambiental. Reducir excedentes permite disminuir presión sobre recursos sin necesidad de expandir producción.
“Durante años confundimos abundancia con eficiencia. El sistema premió anaqueles llenos y estándares perfectos, aunque eso implicaba descartar alimentos totalmente aprovechables. Reducir desperdicio también significa recuperar valor económico y aliviar presión sobre recursos naturales”, señala Braulio Valenzuela, Country Manager de Cheaf en México.
Especialistas advierten que cada merma incorpora costos de producción, transporte, almacenamiento, energía y mano de obra que ya fueron absorbidos, lo que impacta márgenes de empresas y precios al consumidor. En un entorno donde consumidores buscan optimizar su gasto y las empresas mejorar eficiencia operativa, reducir desperdicio dejó de ser sólo una bandera ambiental. Hoy también representa una decisión inteligente de negocio y una agenda pública con impacto inmediato.
Parte del problema responde, además, al llamado costo de la perfección. En cadenas comerciales, frutas, verduras y otros alimentos aptos para consumo pueden quedar fuera del mercado por ligeras variaciones de tamaño, apariencia, sobreinventario o ventanas de venta reducidas, pese a conservar calidad y valor nutricional.
Debemos planear compras, entender fechas de consumo, ordenar mejor el refrigerador y dar salida a alimentos aún utilizables. Pequeñas acciones pueden traducirse en menos desperdicio, menor gasto y un uso más inteligente de los recursos que ya empleó el planeta.
La solución no depende únicamente del consumidor, reconoce Valenzuela, requiere de mejores canales para redistribuir excedentes, alianzas entre empresas y ciudadanía, así como espacios que acerquen el problema de forma tangible.
Por lo que hace al Caribe Mexicano, le informo que en Cancún, Con el fin de impulsar la participación activa, incluyente, cercana y significativa de las niñas, niños y adolescentes del municipio, por primera vez se realizó fuera del Ayuntamiento de Benito Juárez, la Tercera Sesión Ordinaria del Consejo Consultivo de Niñas, Niños y Adolescentes de Benito Juárez, período 2024-2027, encabezada por Presidenta Municipal, Ana Paty Peralta, y teniendo como sede el Domo de la Escuela Primaria “Mario Pantoja Méndez”.
“Para nuestro gobierno, las niñas, los niños, los adolescentes y las juventudes son prioridad, son número uno, estamos aquí, este gran consejo y también los servidores públicos para escucharlos. En Cancún, su voz no solamente cuenta, su voz es la que está construyendo el presente y el futuro a través de este gran consejo”, indicó, la Primera Autoridad Municipal.
La Alcaldesa aseguró que todo lo que digan puede ayudar a otra persona, por lo que les pidió que siempre participen, levanten la mano, opinen y que no tengan miedo de hablar, porque cuando una niña o un niño se atreven a compartir sus ideas, no solamente cambian su escuela, sino también transforman su ciudad.
En tanto, la encargada de Despacho de la Secretaría Ejecutiva del Sistema Municipal de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes de Benito Juárez (SIPINNA), Beyra Miroslava Hadad Castillo, presentó y entregó las Guías Rápidas de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, esto como parte del fortalecimiento institucional y la promoción de derechos, así como la consolidación de las acciones concretas para garantizar el conocimiento y ejercicio pleno de sus derechos.
Por su parte, presidenta del Consejo Consultivo de Niñas, Niños y Adolescentes de Benito Juárez, Samantha Sarahí Mayo Moo, explicó que el Consejo Consultivo es un grupo de niñas, niños y adolescentes que ayudan a que más personas escuchen lo que piensan, lo que sienten y lo que sueñan para la comunidad, además de que sus opiniones son importantes.
Cabe destacar que en este evento también se realizó una ponencia sobre “Diabetes Infantil” a cargo de la secretaria técnica de este Consejo Consultivo, Constanza Guillen Alonso, quien abordó este tema de alta relevancia para el bienestar integral de la niñez, donde sensibilizó promoviendo la conciencia, prevención y atención oportuna de esta condición en entornos escolares y familiares; empero, lo anterior será motivo de otro análisis en posterior entrega de HORA 14.
X: @mauconde













