Mundial 2026: la Copa se juega en la mesa, en la calle y contra el clima
Deportes, Mundial 2026 miércoles 29, Abr 2026- FIFA elevará a 871 Mdd el reparto económico para las 48 selecciones
- Mientras tanto, México espera una derrama de 3 mil millones de dólares y 24 mil empleos

La FIFA elevó a 871 millones de dólares el reparto entre las 48 selecciones que disputarán el Mundial 2026, la bolsa más alta para una Copa del Mundo masculina.
Por Arturo Arellano
El futbol, más que un deporte, es el termómetro de nuestra identidad colectiva, y este Mundial 2026 se perfila como la prueba de fuego definitiva para nuestro país. No se trata únicamente de los 104 partidos que paralizarán al mundo; se trata de la capacidad de México para articularse como una maquinaria impecable frente a millones de ojos expectantes. Estamos ante una oportunidad histórica no solo para demostrar nuestra pasión en la tribuna, sino para exhibir la resiliencia de nuestras ciudades ante los desafíos logísticos, climáticos y económicos que conlleva organizar un evento de tal magnitud.
La expectativa es tan alta como la responsabilidad, y es precisamente aquí donde el futbol trasciende lo deportivo para convertirse en un eje de desarrollo nacional. La inyección de recursos financieros por parte de la FIFA y la derrama económica proyectada por las autoridades no son solo números en un reporte; son la oportunidad de consolidar una infraestructura que perdure mucho después de que se apague la última luz en el Estadio Banorte (Azteca). México se juega su imagen ante el globo, y la apuesta es convertir nuestra calidez habitual en una organización de clase mundial que deje un legado tangible en empleo y modernización.
Sin embargo, el optimismo debe ir acompañado de una dosis de realismo pragmático, especialmente al enfrentar las condiciones climáticas que, por cronología, nos impondrá la naturaleza. Planear un torneo en plena temporada de lluvias en la capital exige una madurez institucional que va más allá de los discursos; requiere de la coordinación de Protección Civil, de la vigilancia estricta de protocolos y de una comunicación fluida que garantice la seguridad del visitante.
Al final, el mayor triunfo será demostrar que México es, efectivamente, el país más futbolero del mundo no solo por su afición, sino por su capacidad de organización.
El silbatazo inicial está a la vuelta de la esquina y el ambiente ya se respira con esa mezcla única de nerviosismo y euforia que solo el Mundial puede provocar. Las piezas están colocadas en el tablero.
FIFA abre la cartera
La FIFA aprobó un aumento de 15 por ciento en los recursos que repartirá entre las 48 selecciones participantes, con un total de 871 millones de dólares, una cifra récord para una Copa del Mundo masculina. El ajuste se justificó por el “éxito comercial” del torneo y por el nuevo formato de 48 equipos y 104 partidos, una expansión que vuelve más grande el espectáculo, pero también más exigente su administración.
El desglose del reparto quedó así: la subvención de preparación sube de 1.5 a 2.5 millones de dólares por selección; el premio por clasificación pasa de 9 a 10 millones; y las contribuciones adicionales —para costos de delegaciones y asignaciones de boletos— superan los 16 millones de dólares. Gianni Infantino defendió la medida con una frase que resume la lógica del organismo: la FIFA dice estar en su mejor momento financiero y, desde ahí, reinvierte en el futbol mundial.
No se trata sólo de una bolsa más grande; se trata de un mensaje político y deportivo. Con este incremento, la FIFA busca que incluso las federaciones con menos músculo económico lleguen al torneo con mejor respaldo para concentración, viaje y operación interna. En un Mundial que estrena formato, esa ayuda puede marcar diferencias antes incluso del primer partido.
México espera la bonanza
Del lado mexicano, el Mundial aparece como una gran vitrina económica. Mikel Arriola afirmó que la justa dejará una derrama de alrededor de 3 mil millones de dólares en el país y la creación de 24 mil empleos, además de un aumento de 44 por ciento en visitantes internacionales. La lectura oficial es clara: el torneo no sólo traerá aficionados, también impulsará consumo, servicios, turismo y empleo en las ciudades sede.
Arriola sostuvo además que México se consolida como un actor clave en la organización de eventos globales y recordó que el país será sede del Mundial Femenil en 2031. En ese discurso, el futbol aparece como identidad nacional y como plataforma económica al mismo tiempo, una combinación que explica por qué cada anuncio mundialista tiene eco dentro y fuera de la cancha.
El dirigente también subrayó que México es una de las naciones con mayor proporción de aficionados al futbol respecto a su población y que el país vive este torneo como una cita emocional de gran alcance. Esa condición futbolera, convertida en argumento de política deportiva, ayuda a entender por qué el Mundial se discute en el Congreso, en los medios, en las cámaras empresariales y en las calles.
Puebla se mueve
En Puebla, la Canaco ya trabaja en un plan de transporte especial para facilitar la movilidad de los visitantes durante el Mundial. La propuesta contempla servicio desde las inmediaciones del aeropuerto hacia el Centro Histórico y hacia las centrales de autobuses, con la intención de conectar a los turistas con los principales puntos de llegada y salida de la ciudad. La idea es simple y futbolera a la vez: que el visitante aterrice, se suba y empiece a vivir Puebla sin perder tiempo en la confusión logística.
Héctor Landero Camacho planteó además reforzar la experiencia del turista con señalética, menús bilingües y una estrategia para que el viaje no se agote en el partido, sino que se convierta en una visita completa a la ciudad y sus atractivos. También se prepara un festival gastronómico en Madrid para promover la cocina poblana, talavera, mezcal y otros productos locales, con la mira puesta en posicionar a Puebla como destino más allá del torneo.
En torneos de esta escala, la experiencia del aficionado empieza mucho antes de entrar al estadio. Si el traslado es claro, rápido y entendible, la ciudad gana reputación; si es confuso, el partido se gana en la cancha pero se pierde en la calle. Por eso el plan de Puebla intenta convertir la movilidad en parte de la invitación turística y no en un obstáculo.
CDMX contra el aguacero
La otra gran batalla del Mundial se jugará contra el clima. La Ciudad de México prevé un torneo en plena temporada de lluvias, que inicia en mayo y se intensifica en junio, justo cuando comenzarán los partidos más esperados. La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil ya identificó 181 puntos de encharcamiento en la capital, incluidos varios en el Centro Histórico, en Tlalpan y en las vialidades cercanas al estadio Banorte, antes conocido como Azteca.
Miryam Urzúa presentó la estrategia “Gestión integral de Riesgos rumbo al Mundial 2026”, con cinco ejes: Ciudad Alerta, Ciudad Preparada, Ciudad Informada, Ciudad Resiliente y Ciudad Anfitriona. La planificación incluye boletines meteorológicos permanentes, alertas tempranas y protocolos específicos para inundaciones, sismos, emergencias mayores y otros riesgos. El objetivo es claro: que el visitante no quede a merced de una lluvia súbita mientras camina entre el Zócalo, el estadio o las rutas de acceso.
La autoridad capitalina prevé emitir tres boletines meteorológicos diarios y activar avisos tempranos cuando existan variaciones climáticas severas, con difusión a través de celulares, altavoces del C5 y medios tradicionales. El Servicio Meteorológico Nacional ya advirtió que mayo y junio serán meses especialmente activos en lluvias, y que la FIFA fue informada de ese escenario desde meses atrás. La lógica de la prevención es contundente: en un Mundial con turistas de países más fríos, una mala hidratación, una ropa inadecuada o una tormenta repentina pueden convertirse en una mala jornada.
Expertos coinciden en que la prevención es adecuada, aunque subrayan que debe reforzarse la reacción operativa y la señalización en zonas clave como Tlalpan, Fray Servando, San Antonio Abad y el corredor del estadio. En otras palabras, el plan no debe limitarse a advertir: también debe orientar, contener y resolver.
Un torneo bajo lluvia
La preocupación no es menor porque el calendario mundialista arrancará cuando el temporal ya esté instalado en la capital. Eso obliga a pensar en movilidad, drenaje, evacuación, información multilingüe y coordinación interinstitucional como parte del mismo partido. En un Mundial así, la defensa no sólo la juega el equipo que se tira atrás: la juega también la ciudad que se prepara antes de que caiga el primer trueno.
Un país en modo mundial
Si algo deja ver esta etapa previa es que el Mundial 2026 no será una sola historia, sino varias al mismo tiempo. FIFA busca repartir más recursos, México quiere capitalizar la derrama económica, las cámaras empresariales afinan rutas y servicios, y la capital se prepara para una temporada de lluvias que puede complicar el tránsito de millones de personas. Todo eso ocurre antes de que se cante el himno inicial.
Esa es la gran paradoja y, a la vez, la gran emoción del torneo: la Copa del Mundo ya empezó, aunque todavía no haya silbatazo. Se juega en presupuestos, en obras, en pronósticos del tiempo y en la ilusión de un país que se sabe futbolero hasta la médula. Y cuando el balón por fin ruede, México no sólo estará mirando al césped: también estará midiendo si supo convertir la fiesta en oportunidad.
ç













