En vez de apoyar a la presidenta Sheinbaum, AMLO se ubica por encima
Miguel Ángel Rivera, Opinión jueves 4, Jun 2026
CLASE POLITICA Miguel Ángel Rivera
El caudillo de la llamada Cuarta Transformación, el ex presidente Andrés Manuel López Obrador ha expresado de manera reiterada su admiración por el también ex mandatario mexicano Lázaro Cárdenas del Río, pero fuera de las palabras, no parece haber aprendido nada del ejemplo del expropiador del petróleo.
Para empezar, Cárdenas eligió como integrantes de su equipo de trabajo a los mejores de sus especialidades y no sólo por ser sus amigos o incondicionales. El ejemplo más destacado fue el de elegir como sucesor a Manuel Ávila Camacho y dejar de lado a quien era considerado su mejor amigo, Francisco José Múgica Velázquez, considerado principal arquitecto del contenido social de la Constitución de 1917, al impulsar artículos fundamentales sobre el reparto agrario, la educación laica y los derechos laborales. Otro caso fue el nombramiento de primer director de Petróleos Mexicanos (Pemex) de un real experto en la materia, Manuel Santillán Osorno, profesional que obtuvo tres títulos, primero en ingeniería geológica y geodésica; el segundo en ingeniería metalúrgica y minera; y el tercero en ingeniería civil y que trabajó en gobiernos anteriores desde hacía por lo menos una década.
Segundo, Cárdenas acabó con lo que se denominó “maximato”, es decir, el recurso ilegal de conservar el poder real del país y manejar a trasmano a quienes oficialmente se desempeñaban como presidentes de la República.
Tercero, Cárdenas mantuvo su espíritu revolucionario y de defensa (real) de la soberanía de los pueblos, pero sin proyectar ninguna sombra sobre el gobernante nacional en turno.
Como referencia, cabe tomar una cita de la obra La Revolución Cubana y Lázaro Cárdenas, de Manuel Diego Hernández, publicada por el Centro de Estudios de la Revolución Mexicana que lleva precisamente el nombre del expropiador del petróleo.
“Al terminar su periodo presidencial, el 1 de diciembre de 1940, Lázaro Cárdenas escribió en su diario: “Me retiro a trabajar alejado por completo .de toda actividad política, estimando que así seré más útil a mi país. La fuerza política de que disfruté y las consideraciones que me guardó el pueblo, se debieron principalmente a la investidura legal que tuve como encargado del poder público, consideraciones éstas que le corresponden hoy al nuevo Presidente de la República, que es el legítimo
representante del pueblo y único dirigente».
“Pero no obstante estos propósitos, el alejamiento de Cárdenas de la escena política nacional duró poco tiempo. En 1942, al incorporarse nuestro país a la Segunda Guerra Mundial, fue nombrado por el presidente Ávila Camacho, jefe de operaciones en la zona del Pacífico y, pocos meses más tarde, secretario de la Defensa Nacional. Al finalizar la guerra, en 1945, Cárdenas renunció al cargo y se retiró a la vida privada.
“Nuevamente, empero, su ausencia de la vida pública fue breve. Dos años después, en julio de 1947, aceptó el puesto de vocal ejecutivo de las obras en la Cuenca, del Tepalcatepec, mismo que desempeñó hasta agosto de 1958. Durante todo ese tiempo, la figura de Cárdenas fue siempre noticia; los periodistas lo asediaban pidiéndole su opinión sobre diversos temas de la política nacional e internacional. Por lo regular, el expresidente se abstenía de hacer declaraciones, lo que le valió el mote de La Esfinge. Su nombre era usado por diversos individuos y grupos políticos para tratar de legitimarse ante la opinión pública. Así, por ejemplo, cuando en 1951 se creó la Federación de Partidos del Pueblo para apoyar la candidatura presidencial del general Miguel Enríquez Guzmán, se especuló sobre la participación de Cárdenas en esa organización. Refiriéndose a ello, Olga Pellicer de Brody ha escrito: «Una de las interrogantes más serias con respecto a la nueva organización era el grado de apoyo que le prestaba el general Cárdenas [ … ] Sin embargo, la experiencia demostró que la FPP contó con la benevolencia, pero no la franca simpatía del divisionario michoacano».
Como se aprecia, a pesar de todo su prestigio personal Cárdenas evitó cualquier asomo de intentar influir en la vida política nacional y, siempre, respetó la autoridad presidencial.
El episodio más notable ocurrió en abril de 1961, durante la invasión de Bahía Cochinos, Cuba, patrocinada o promovida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) con el beneplácito del entonces presidente de los Estados Unidos, John. F. Kennedy.
Ante esa violación a la soberanía cubana, el general Cárdenas decidió viajar a la isla para combatir y defender la Revolución cubana. Llegó a organizar su traslado y convocó a voluntarios, pero desistió, se dice que a petición del presidente Adolfo López Mateos.
Contrario a estos antecedentes –probablemente con la anuencia o por lo menos la pasividad de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo– López Obrador y/o sus allegados han fomentado la percepción de que se mantiene como jefe político de la llamada Cuarta Transformación. Por ejemplo, se le atribuye el paso de su hijo del mismo nombre (“no me digan Andy”) por la Secretaría de Organización del partido oficial, Morena.
Para más, prevalece la impresión de que la mayor parte de los funcionarios federales y de los jefes políticos de los estados responden más a la voluntad del político de Macuspana que fue quien los llevó a los altos niveles de la vida nacional.
En este ambiente se da la sorpresiva irrupción del caudillo de Morena en los medios de comunicación al publicar una carta abierta para protestar por supuesta injerencia del gobierno de los Estados Unidos en asuntos del país, situación que se generó al confirmarse versiones aparecidas en los medios de comunicación en el sentido de que las autoridades del vecino país están decididas a castigar a políticos mexicanos supuestamente ligados a organizaciones criminales. Concretamente, como se sabe, el primer grupo denunciado por los fiscales de los Estados Unidos lo encabeza el gobernador de Sinaloa con licencia, Rubén Rocha Moya, muy cercano a López Obrador, quien lo hizo candidato por decisión personal, sin respetar el principio por él mismo fijado de que los candidatos de Morena deben ser quienes aparezcan en primer sitio en las encuestas realizadas por el partido.
En principio, la presidenta Sheinbaum asumió una actitud que se interpretó como defensa de los indiciados, al exigir a los fiscales estadounidenses presentar pruebas de su supuesta culpabilidad. Pero la respuesta desde el vecino país fue la filtración a medios de comunicación de que vendrán nuevas demandas en contra de otros funcionarios mexicanos considerados narco-políticos.
La mandataria mexicana también endureció su discurso, al dejar entrever que se trata de una forma de injerencia en asuntos que sólo corresponden a los mexicanos. La presidenta matizó, al culpar a grupos de ultraderecha de la vecina potencia, pero exculpó al belicoso presidente Donald Trump.
En estas circunstancias es donde aparece la misiva de López Obrador, pero en vez de seguir la línea marcada por la jefa del Ejecutivo Federal, el tabasqueño fue más adelante, al referirse directamente al magnate que gobierna al vecino país.
En su texto, el caudillo presumió haber tenido un mejor trato y mejores resultados en sus negociaciones. En otras palabras, se colocó en mejor posición que la alcanzada por su sucesora y pupila, aunque los antecedentes dicen lo contrario. Por ejemplo, cabe recordar las declaraciones del gobernante estadunidense, cuando se jactó de haber “doblado” rápidamente al gobierno de Andrés Manuel López Obrador al amenazar con imponer aranceles del 25% a las exportaciones mexicanas en 2019. Trump declaró en mítines que el mandatario mexicano cedió a sus presiones enviando miles de soldados a la frontera de forma “gratuita” para contener a los migrantes ilegales en territorio de México.
La percepción de que AMLO rebasó a la presidenta Sheinbaum se ha extendido.
Por ejemplo, la presidenta de la Cámara de Diputados, la panista Kenia López Rabadán pidió al líder de Morena que “deje gobernar a la Presidenta, al menos no estorbando”
En su cuenta de la red social X, la legisladora panista también censuró la política de AMLO de “abrazos, no balazos” para combatir al crimen organizado, que es uno de los factores que desataron el actual conflicto entre México y Estados Unidos.












