Consejeros electorales bloquean una fuerza que restará votos, pero a la oposición
Miguel Ángel Rivera miércoles 2, Sep 2026CLASE POLITICA Miguel Ángel Rivera
En su esfuerzo por intentar eliminar obstáculos a la llamada Cuarta Transformación, los consejeros y magistrados del Instituto (NE) y Tribunal (TEPJF) electorales han colocado obstáculo tras obstáculo para reducir –y de ser posible eliminar– un potencial contendiente contra la llamada Cuarta Transformación.
Una prueba contundente de lo anterior se encuentra en los obstáculos que, de manera repetida, han colocado las “autoridades” electorales para el registro oficial y la entrada en operación del nuevo partido que originalmente se registró como “Somos México” y, abreviado, “SomosMX”, al cual han obligado en dos ocasiones a cambiar sus expresiones de identidad, como son su nombre, su emblema y sus colores.
En su petición inicial para ser registrados como partido político y poder participar en las elecciones federales venideras, en principio las de 2027, donde se renovarán numerosos poderes estatales, y luego en las de 2030, donde estará en disputa la Presidencia de la República, la nueva organización que agrupa a experimentados políticos formados en diversas agrupaciones o provenientes de organismos de la sociedad civil, entregaron documentación donde se acreditaba el nombre, “Somos México”, y el color conocido como “rosa mexicano”.
Somos está compuesto principalmente por ex miembros del Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI), y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), así como por miembros del movimiento Marea Rosa. Su liderazgo refleja esta diversidad. El presidente del partido, Guadalupe Acosta Naranjo, es un ex líder del PRD, mientras que la secretaria general, Cecilia Soto, fue candidata presidencial del PT en 1994 y posteriormente se unió al PRD. Otras figuras y asesores destacados incluyen al ex presidente del PAN, Gustavo Madero Muñoz ; al ex senador independiente Emilio Álvarez Icaza ; al ex secretario ejecutivo del INE, Edmundo Jacobo Molina; al ex presidente del INE, Lorenzo Córdova Vianello; al ex magistrado de la Corte Suprema, José Ramón Cossío Díaz ; al ex gobernador del PAN, Carlos Medina Plascencia; y al ex secretario del PRI, Enrique de la Madrid.
Esta organización cumplió con todos los requisitos exigidos por las leyes electorales, bajo una estricta supervisión de los consejeros electorales. Su solicitud se conoció en enero de 2025 y un año y medio después, en julio del 2026, recibió la aprobación del INE, en donde predominan los consejeros incondicionales de la 4T, pero en todo ese lapso no hubo expresiones de inconformidad con sus formas de presentarse. Fue hasta el momento de otorgarles el registro cuando de manifestaron las inconformidades por su nombre y sus colores.
El partido apeló, argumentando que los consejeros se habían basado en inferencias especulativas y habían aplicado un estándar más estricto que a otros partidos con nombres y emblemas comparables.
El también devoto de la 4T Tribunal Electoral Federal validó la decisión del Consejo General del INE, por lo que el nuevo partido tuvo que cambiar de apariencia en corto plazo. En vez de “Somos México” quedó en únicamente “Somos”, palabra que aparecía sobre una silueta de la República Mexicana, pero esto último tampoco gustó a los rigurosos consejeros electorales, quienes impusieron un nuevo cambio, que deberá ser sometido a su consideración a más tardar hoy, 3 de septiembre, cuando sesione el Consejo General del Instituto.
Con ese lenguaje, pretendidamente jurídico con el cual presentan sus dictámenes, los consejeros electorales, “explicaron” que no aceptaban el nuevo logo de “Somos” para desvincular la palabra México del nombre original que tenía ese partido, con lo cual se elimina la confusión lingüística de pertenencia de los ciudadanos a nuestro país, además de que, al sustituirlo por un elemento gráfico del mapa de México, está incumpliendo con la orden del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Por supuesto, ni la primera ni la segunda orden de cambios a su forma de presentación fueron aceptadas de buena gana por la directiva de Somos, encabezada por el experimentado luchador de izquierda, Guadalupe Acosta Naranjo, pero estaban obligados a acatarlas, como dispone la legislación en la materia.
“Somos un partido de oposición al que no le dejan ni ponerse nombre. ¡No nos van a detener!”, respondió el nuevo partido, que también proclamó: “Podrán cambiarnos el nombre, el color o el emblema. Lo que no podrán es quiénes #SOMOS ni por qué luchamos. Éramos y seguiremos siendo #SOMOS”.
Lo cierto es que ese celo de los consejeros y magistrados por desdibujar a un nuevo partido de oposición resulta excesivo. A menos que sus encuestas que nadie más conoce digan otra cosa, ni Somos ni ninguna otra organización opositora podrá lograr por sí sola superar los bien alimentados cuadros de Morena y sus satélites, vía las numerosas dádivas que se arroga la llamada Cuarta Transformación.
Frente a esos escuadrones bien entrenados, la incipiente organización no tiene ninguna posibilidad, salvo algunos éxitos muy localizados en sus no muy extensas áreas de influencia.
Es de tomar en cuenta que “Somos” viene de la llamada “marea rosa”, que contendió en las elecciones presidenciales de 2024, donde fue superada con amplitud por el bloque oficialista.
La “marea rosa” no participó como un partido político ni contó con una boleta propia en las elecciones federales de México de 2024, por lo que no existe una cifra oficial de votos asignada directamente a este movimiento. Sin embargo, al haberse consolidado como un frente civil de apoyo a la candidatura presidencial opositora de Xóchitl Gálvez (abanderada de la coalición Fuerza y Corazón por México, conformada por el PAN, PRI y PRD), su fuerza electoral no fue suficiente para superar a Morena.
El hecho es que la supuesta abanderada de esa “marea rosa”, Xóchitl Gálvez obtuvo 16,502,458 votos (27.45% de la votación total para la presidencia), según los cómputos del Instituto Nacional Electoral, pero fue superada ampliamente por la alianza oficialista encabezada por Morena, que obtuvo más de 35 millones de votos para su candidata y ahora Presidenta (con A) de la República, Claudia Sheinbaum Pardo .
Con esos antecedentes, los principales dirigentes de la oposición han señalado que para derrotar a Morena y sus rémoras se requiere un fuerte bloque de oposición.
En consecuencia, el surgimiento de nuevos partidos, en vez de contribuir a fortalecer a la oposición, en la práctica la debilita, pues se agenciarán votos de otros opositores, no de la alianza oficialista, pues por ley están impedidos de integrar coaliciones o de presentar candidatos comunes. Si desean sobrevivir, tienen que ganar sufragios de donde sea para rebasar el límite del tres por ciento de la votación total.
Uno de los principales promotores de una alianza opositora que realmente esté en condiciones de frenar a Morena es el presidente del PRI, el senador y ex gobernador de Campeche, Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas.
Al participar en la sesión de Congreso General con motivo del Segundo Informe de Gobierno, el dirigente nacional del tricolor convocó a los partidos políticos de vocación opositora y a los millones de mexicanos hartos de tanta destrucción a unirse en un solo frente nacional opositor. Dijo que “no hay espacio para mezquindades ni cálculos políticos”, porque “hay que defender a México y a las familias mexicanas”.
Afirmó que, después de ocho años de gobiernos de Morena, México enfrenta una profunda crisis marcada por la violencia, la impunidad, el endeudamiento, el estancamiento económico y la falta de rumbo. Sostuvo que el país se encuentra dividido y que el oficialismo ha utilizado el poder para debilitar instituciones, perseguir a sus opositores y limitar libertades.
Por ello, se comprometió a que “vamos a dar la batalla por la gente, con valentía, carácter y determinación, como lo hacemos en el PRI”.
Moreno Cárdenas afirmó que el PRI no será “comparsa” de ningún gobierno y refrendó que su partido mantendrá una oposición firme frente a cualquier intento de someter al Poder Legislativo, debilitar a los órganos autónomos o limitar la libertad de expresión. Subrayó que la defensa de la separación de poderes, las instituciones, los derechos y la democracia constituye una obligación.














