El equilibrio también incluye el desequilibrio
Opinión, Salud domingo 13, Sep 2026REGINA
La verdadera sanación no consiste en estar bien todo el tiempo, sino en aprender a habitar conscientemente cada uno de nuestros estados
Por Regina de los Ríos Guzmán
Terapeuta transpersonal | Alma Sagrada Wellness Community
Vivimos rodeados de mensajes que nos hablan de bienestar, evolución, productividad, cuerpos saludables, pensamientos positivos y vidas extraordinarias. Pareciera que alcanzar nuestra “mejor versión” significara finalmente llegar a un lugar en el que nada duele, nada desestabiliza y todo está bajo control.
Pero la vida no funciona así.
Y quizá tampoco debería hacerlo.
Si buscas una vida óptima, en sanación y alineación genuina, también tendrás que aceptar que eres parte del desequilibrio.
Porque así como existe el día, existe la noche. Así como conocemos la alegría, conocemos la tristeza. Hay momentos de expansión y otros de contracción; días en los que sentimos que podemos conquistar el mundo y otros en los que un miedo puede paralizarnos.
Eso también es estar vivos.
El equilibrio no es permanecer inmóviles
Con frecuencia imaginamos el equilibrio como un punto perfecto al que debemos llegar y permanecer ahí. Sin embargo, podemos comprenderlo de otra manera: como nuestra capacidad de regresar a nosotros mismos después de haber sido movidos por la experiencia.
Hoy puedes sentirte fuerte y mañana vulnerable.
Hoy puedes despertar lleno de motivación y mañana necesitar descansar.
Puedes construir un cuerpo mediante años de disciplina y aun así tener días de cero movimiento.
Puedes amar tu vida y sentir tristeza.
Puedes agradecer profundamente lo que tienes y simultáneamente atravesar un duelo.
Puedes saber quién eres y, en determinados momentos, sentirte perdido.
Una experiencia no necesariamente invalida a la otra.
Somos seres dinámicos viviendo una realidad dinámica.
Y pretender permanecer siempre iguales también puede convertirse en una forma de sufrimiento.
Lo que ocurre y lo que hacemos con ello
La experiencia externa puede ser semejante para dos personas y, sin embargo, la realidad interna ser completamente distinta.
¿Por qué?
Porque entre aquello que sucede y aquello que vivimos existe nuestra percepción.
Nuestra historia, aprendizajes, heridas, expectativas, creencias, temores y recursos emocionales participan en la interpretación que hacemos de cada experiencia.
Por ello, sanar no necesariamente significa conseguir que la realidad se comporte como nosotros queremos.
A veces significa aprender a relacionarnos de una manera diferente con la realidad que ya existe.
Ahí comienza una de las formas más profundas de conciencia:
“Esto está ocurriendo. Esto estoy sintiendo. ¿Qué puedo hacer conmigo frente a ello?”
Sentir sin convertirnos en lo que sentimos
Aceptar nuestra dualidad tampoco significa instalarnos en ella.
Darle espacio a la tristeza no significa convertirnos en tristeza.
Reconocer el miedo no significa entregarle nuestras decisiones.
Sentir enojo no significa construir nuestra identidad alrededor del enojo.
Las emociones son estados. Llegan, contienen información, generan movimiento y pueden transformarse.
El conflicto comienza cuando intentamos expulsarlas inmediatamente porque nos resultan incómodas o cuando, por el contrario, nos aferramos a ellas y las reproducimos una y otra vez.
Quizá podamos aprender algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, profundamente terapéutico:
“Esto es lo que siento hoy, pero esto no es todo lo que soy.”
Porque una emoción necesita espacio para ser experimentada, no necesariamente una habitación permanente dentro de nuestra identidad.
Dejar de esperar para comenzar a vivir
Otra de nuestras grandes fuentes de sufrimiento es la espera.
Esperamos que alguien cambie.
Esperamos cambiar nosotros.
Esperamos tener otro cuerpo, otra economía, otra relación, otro trabajo, otra oportunidad.
Esperamos dejar de sentir miedo para actuar.
Esperamos que las circunstancias finalmente coincidan con aquello que imaginamos que deberían ser.
Y mientras esperamos la vida ideal, podemos terminar alejándonos de la vida real.
El cambio, en realidad, ya está ocurriendo.
Todo cambia constantemente: nuestro cuerpo, nuestras relaciones, nuestras circunstancias, nuestras emociones, nuestros deseos y nuestra manera de comprender el mundo.
Por ello, una de nuestras mayores capacidades humanas no necesariamente consiste en controlar cada variable, sino en adaptarnos conscientemente y utilizar los recursos disponibles para construir la mejor respuesta posible frente a la realidad presente.
Adaptarse no es conformarse.
Aceptar no significa permitir aquello que nos daña.
Y sanar no significa dejar de sentir dolor.
Aceptar significa reconocer dónde estoy para poder decidir conscientemente hacia dónde quiero moverme.
También somos parte del duelo
Hay experiencias que duelen y deben doler.
Hay pérdidas que necesitan duelo.
Hay despedidas que necesitan lágrimas.
Hay cansancios que necesitan descanso.
Hay momentos en los que no necesitamos ser nuestra versión más productiva, luminosa ni extraordinaria.
Necesitamos simplemente ser.
El verdadero poder aparece cuando dejamos de exigirnos perfección emocional y comenzamos a reconocernos completos.
Luz y sombra.
Movimiento y quietud.
Fuerza y vulnerabilidad.
Alegría y melancolía.
Construcción y duelo.
Porque todas ellas forman parte de la experiencia humana.
Y cuando dejamos de luchar permanentemente contra lo que sentimos, algo comienza a cambiar:dejamos de gastar nuestra energía intentando negar la realidad y podemos utilizarla para atravesarla.
Alíñate a tu presente
Quizá alinearnos no signifique conseguir que absolutamente todo esté en orden.
Quizá alinearnos sea reconocer con honestidad qué existe dentro de nosotros en este preciso momento y aprender a relacionarnos conscientemente con ello.
Hoy puede haber alegría.
Mañana miedo.
Después entusiasmo.
Más adelante incertidumbre.
Y nuevamente calma.
Nada de ello necesita definirte para siempre.
Observa lo que ocurre.
Dale lugar.
Escucha lo que tiene que decirte.
Haz aquello que esté en tus posibilidades.
Y después permite que continúe su movimiento.
Porque todo estado es transitorio.
También tú estás cambiando.
La vida óptima no es aquella en la que nunca volvemos a desequilibrarnos. Es aquella en la que desarrollamos los recursos para regresar a nosotros mismos cada vez que la experiencia nos mueve de lugar.
No necesitas esperar a convertirte en alguien diferente para comenzar.
No necesitas esperar a sentirte perfectamente bien.
No necesitas esperar a que todo afuera cambie.
Empieza donde estás.
Con lo que tienes.
Con aquello que hoy sientes.
Acepta. Integra. Transforma.
Porque sanar no es dejar de sentir.
Sanar es aprender a sentir sin perdernos dentro de aquello que sentimos.
Alma Sagrada Wellness Community
Alíñate a tu presente.
Un espacio para la conciencia del ser.
C O M U N I CA T E
IG almasagrada.community














