Salud mental juvenil: emergencia en la CDMX
* Especiales domingo 12, Oct 2025- Caso de Lex Ashton y el fenómeno “incel”
- La depresión y la ansiedad afectan a más del 14% de la población mexicana

Es fundamental prevenir la radicalización digital y el aislamiento afectivo de los jóvenes, pues estos factores alimentan fenómenos como el incel.
Por Arturo Arellano
En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, diversos informes revelan que la depresión y la ansiedad afectan a más del 14% de la población mexicana, con especial incidencia en adolescentes y jóvenes de entre 15 y 24 años. En la Ciudad de México y su área metropolitana, esta tendencia se agudiza por factores como la violencia escolar, la presión académica, la precariedad económica y el aislamiento digital.
Según datos del INEGI, en 2023 se registraron 8,837 suicidios en México, con una tasa nacional de 6.8 por cada 100 mil habitantes. La cifra se eleva a 11.4 por cada 100 mil en hombres, lo que refleja una vulnerabilidad particular en varones jóvenes. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) estima que el 6.5% de los adolescentes ha intentado suicidarse alguna vez en su vida.
El asesinato de un estudiante en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur por parte de Lex Ashton, un joven que se identificaba como “incel” (célibe involuntario), conmocionó a la sociedad mexicana en 2025. Este caso no solo evidenció fallas en la detección de conductas violentas, sino también la presencia de comunidades digitales que promueven el odio hacia las mujeres y la glorificación de la violencia.
¿Qué son los denominados “Incels”?
El término “incel” describe a hombres que se sienten excluidos del afecto y la sexualidad, y que en algunos casos desarrollan discursos misóginos y nihilistas. En México, este fenómeno ha comenzado a ganar terreno entre adolescentes varones que enfrentan inseguridad emocional, baja autoestima y falta de redes afectivas. Expertos advierten que la radicalización digital puede derivar en conductas violentas si no se detecta a tiempo.
Expertos como Fausto Lamont (UNAM) y Luis Mata Zúñiga (UAM) señalan que el fenómeno incel debe entenderse desde una perspectiva multidimensional:
-Aislamiento emocional y falta de redes afectivas.
-Presión social sobre la masculinidad, que asocia el valor personal con el éxito sexual.
-Consumo de contenidos misóginos en redes y foros digitales.
-Ausencia de educación emocional en casa y en la escuela.
-Secuelas psicológicas postpandemia, como ansiedad, depresión y retraimiento.
Silvia Soler, del Instituto de Liderazgo Social y Bienestar, advierte que muchos jóvenes incels no buscan ayuda porque sienten que el sistema los ha excluido
Prevención: ¿qué hacer?
Especialistas en salud mental, docentes y activistas coinciden en que la prevención debe ser integral:
-Educación emocional desde la primaria, con enfoque en empatía, manejo de emociones y resolución pacífica de conflictos.
-Capacitación docente para detectar señales de alerta como aislamiento, agresividad o discursos de odio.
-Redes de apoyo comunitario, incluyendo espacios seguros para hablar de afectividad, identidad y género.
-Regulación de contenidos digitales, con monitoreo de foros que promuevan violencia o misoginia.
-Acceso gratuito a atención psicológica, especialmente en escuelas públicas y centros juveniles.
La salud mental no puede seguir siendo un tema tabú. En palabras de Maya García, periodista especializada en juventudes: “Los jóvenes no solo necesitan contención, necesitan que se les escuche, que se les entienda y que se les acompañe en su proceso de construcción emocional”.
El caso de Lex Ashton debe ser una llamada de atención para padres, autoridades y educadores. No basta con castigar la violencia: hay que prevenirla desde la raíz emocional y social.
El término incel proviene del inglés involuntary celibate y surgió en foros digitales anglosajones. Originalmente, describía a personas que sufrían por no poder establecer vínculos afectivos o sexuales. Sin embargo, en comunidades virtuales —especialmente masculinas— el concepto ha evolucionado hacia una identidad marcada por el resentimiento, la misoginia y, en casos extremos, la glorificación de la violencia.












